domingo, 24 de febrero de 2013

UN CLUB DE CINE QUE NO LO FUE

Pacote debía aportar su película para otra velada de nuestro Club de Cine, pero debido a su intensísima vida social, en este caso fuera de su casa, olvidó traerla, por lo que urgía una solución rápida. En estos tiempos ¿qué mejor opción que alguna de estas dos? "Habemus Papam", de Nani Moretti o "Las sandalias del pescador", de Michael Anderson. Desgraciadamente en mi disco duro externo sólo tenía la más vieja (1968), así que, después de proponerla como opción, se aceptó. Así pues Las sandalias del pescador, fuera del Club de Cine, fue la película que disfrutamos anoche.
Interesante opción justo ahora, en que tenemos un Papa que dimite y mil escándalos en la Iglesia y en el Vaticano. ¿Qué pasaría si lo que propone esta película ocurriese de verdad?

TÍTULO ORIGINAL The Shoes of the Fisherman.
AÑO 1968.
DURACIÓN Trailers/Vídeos 157 min.
PAÍS Estados Unidos.
DIRECTOR Michael Anderson.
GUIÓN John Patrick & James Kennaway (Novela: Morris West).
MÚSICA Alex North.
FOTOGRAFÍA Erwin Hillier.
REPARTO Anthony Quinn, Laurence Olivier, Oskar Werner, David Janssen, Barbara Jefford, Leo McKern, Vittorio De Sica, John Gielgud, Paul Rogers, Clive Revill.
PRODUCTORA MGM
PREMIOS 1968: 2 nominaciones al Oscar: Mejor banda sonora, dirección artística.
1968: National Board of Review: Mejor película
GÉNERO Drama, Religión. Guerra Fría
SINOPSIS Después de pasar veinte años en un campo de trabajos forzados en Siberia, el sacerdote ruso Kiril Lakota es liberado y enviado a Roma, donde el Papa, que está enfermo, le nombra Cardenal. Mientras, el mundo vive en un estado permanente de crisis, con la Guerra Fría como telón de fondo. (FILMAFFINITY).

CRÍTICAS ----------------------------------------
Curiosa película de historia-ficción en la que un religioso ruso es elegido Papa de Roma en medio de una grave crisis entre China y la URSS que amenaza con desembocar en una guerra nuclear. A medio camino entre el drama interno del protagonista -un estupendo y comedido Anthony Quinn-, el análisis crítico del funcionamiento del Vaticano y la fábula político-social, la película se resiente al intentar abarcarlo todo, y, pese a su larga duración, se queda inevitablemente corta en todas las tramas secundarias: ni el conflicto chino-ruso, ni los problemas de un sacerdote con una peculiar visión del cristianismo, ni, sobre todo, la crisis matrimonial de un comentarista de televisión, están bien engranadas en la historia principal. Pese a ello, se deja ver, más que nada porque el correcto pulso narrativo de las escenas individuales nos distrae de los errores generales. (Daniel Andreas: FILMAFFINITY)
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"Impagable Quinn (...) Anderson vuelca en una puesta en escena de aparente gelidez un abanico de emociones ante las que no se puede permanecer impasible." (Miguel Ángel Palomo: Diario El País)
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"Excelentes diálogos y esmeradísima dirección. Espléndido trabajo de Quinn en una historia de un papa que intenta que la paz vuelva a ser la tónica habitual en un mundo amenazado por las armas nucleares" (Fernando Morales: Diario El País).


Extraído del blog CINE/MUSICA ROSALABRANDRERO

Intérpretes:
Después de pasar veinte años de trabajos forzados en Siberia, el sacerdote ruso Kiril Lacota es liberado y enviado a Roma, donde el Papa, que está enfermo lo nombra cardenal , en un mundo en plena crisis ideológica de un mundo dividido en bloques y enfrentado en lo que se llamó la Guerra Fría y el trasfondo de la participación impopular de Estados Unidos en el conflicto bélico de Vietnam, que acabó perdiendo, lo que tuvo un efecto demoledor en el orgullo del pueblo americano.
Comentario:
Film demagógico hecho en momentos cruciales, en los que el pueblo americano estaba perdiendo la autoestima a causa de una guerra contra el comunismo en Vietnam, que llenaba sus calles de movimientos de protesta que movilizaban más gente que la espera de la 'fumata blanca' en la Plaza de San Pedro. En este contexto, al que se sumaba la guerra fría entre bloques ideológicos, capitalismo versus comunismo, Michael Anderson realiza una gran superproducción en la que un cardenal ruso es elegido contra todo pronóstico sumo pontífice (el que extiende puentes entre culturas y religiones), título de origen romano, que le convierte en árbitro en una situación tan delicada. Pero hace algo mucho más notorio: se deshace de todos los bienes de la Iglesia, incluidas las joyas de relicarios y tiaras para combatir el hambre en el mundo.
La humanidad ha perdido su inocencia con los últimos escándalos financieros que han hecho tambalearse a todos los estados, incluido el Vaticano (Banco Ambrosiano, alarma social actual por el caso de los 'Cuervos' en la sede papal, etc.), pero en aquellos momentos el bloque de occidente necesitaba esta inyección de moral. No obstante Anderson lanza la mirada crítica de la cámara sobre una liturgia y unos modos de representación del poder que separan al 'pescador' de los primitivos padres de la Iglesia, como ese traslado del jefe de la Iglesia, recién elegido por el conclave de cardenales, transportado en una silla llamada gestatoria, elevado por encima de los mortales como los jefes de las tribus galas que eran desplazados entre la multitud encima de sus escudos. El atentado sufrido por Juan Pablo II sustituyó la silla por el conocido papamóvil. Un plano cenital muestra la gran mesa cuadrada que se instala en esos momentos cruciales, bajo el baldaquino de Bernini, que adopta la forma de un palio que simboliza el poder jerárquico de la institución, como simbolizaba la democracia la mesa redonda de los caballeros del Rey Arturo.

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