domingo, 24 de febrero de 2013

ADICCIONES


¿Te consideras adicto al móvil? ¿no? ¿estás seguro? Yo, si me preguntaran, contestaría en primera instancia que no, rotundamente, pues no lo uso mucho, pero... El otro día salí a cenar con un amigo y, al salir del garaje me di cuenta que había dejado el teléfono olvidado sobre la mesa del salón. Pensé en volver pero finalmente deci´dí que no importaba. Lo logré, salí sin el móvil y no pasó nada, pero por un momento tuve una sensación de vacío, aunque fuera muy pequeña. ¿Soy por ello adicto? pues supongo que el alguna medida sí, y no me gusta, pero es lo que hay.
Cogí hace un par de días un avión desde Tenerife a Gran Canaria (la foto es del vuelo de regreso, hace un par de horas) y, mientras esperaba el embarque, un poco más de media hora, tenía un pasajero frente a mi, con un pinganillo conectado a su teléfono móvil, caminando de aquí para allá, moviendo los brazos de manera ridícula y sin parar de hablar hasta que ´mandaron a apagar los aparatos electrónicos un momento antes del despegue. Llegamos a Gran Canaria y yo, que ya había olvidado al pasajero, coincidí con él de nuevo en la guagua que nos llevaba a la terminal; como si el tiempo no hubiese pasado, allí estaba el hombre moviéndose en su reducido espacio de la guagua, con sus movimientos de brazos y hablando sin parar de no-se-sabe qué. Me vino a la cabeza, en aquel momento, que ese tipo lo pasaría realmente mal en un vuelo largo, como si del mono de fumar se tratase.
Y no es únicamente en los aeropuertos o en los aviones; ¿quién no ha visto, durante una película, al histérico que revisa si tiene mensajes cada diez minutos durante toda la proyección...? Me cuesta imaginarme a estas personas, las que son realmente adictas, con mayúsculas, antes de que se inventara el aparatito.
La pregunta no es si hay vida después de la muerte, ¿a quién le importa? La pregunta es: ¿hubo vida antes de los teléfonos móviles?

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