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miércoles, 29 de julio de 2026

EL PUEBLO DE LOS MALDITOS


Pensaba escribir  sobre la película de terror de 1960 "El pueblo de los malditos" (Village of the Dammed), protagonizada por George Sanders, dirigida por el director alemán Wolf Rilla y basada en loa novela "Los cuclillos de Midwich", de John Wyndham. Pero no, la realidad siempre supera a la ficción y mejor compartir esta noticia de Aragón, muchísimo más interesante por su actualidad; sí, rabiosa actualidad, si lo prefieren...

Operación Herodes: la ofensiva de Vox contra los niños
La formación ultra retira la paga de 17 eurazos a un grupo de chavales extranjeros.
Sergio del Molino, 29.07.2026

Bravos y valientes, nuestros patriotas sulfurosos ya luchan a brazo partido por imponer la “prioridad nacional” y hacer España grande (y una, y libre) otra vez. Para ello, no temen enfrentarse a los más temibles enemigos. Impasible el ademán, acaban de protagonizar un hito en la lucha por la españolidad: la delegación aragonesa de Vox le ha quitado la paga a un grupo de chavales extranjeros bajo la tutela del Gobierno autonómico. La Administración, en un dispendio woke intolerable, les concedía una propina semanal de 17 eurazos (quién los pillara), para que llevasen algo en el bolsillo si salían a darse un garbeo y tenían que pillar el autobús de vuelta. Pues se acabó lo que se daba. Los 17 euros serán solo para los menores españoles tutelados. Los extranjeros, que recurran al trueque o que los roben.

Propongo dedicar el dinero ahorrado por la supresión de la paga a la erección de un monumento a los patriotas de esta gloriosa victoria. La estatua debería representar a un cargo de Vox, con traje y corbata, robándole la cartera a un chiquillo de rasgos magrebíes que suplica arrodillado. Si se quiere acentuar el triunfo de la España inmortal, el escultor puede representar al patriota carterista riéndose a grandes carcajadas.

Vamos, queridos amigos de Vox: España es un patio de colegio, y vosotros, sus legítimos matones. Que no escape ningún niño sin que le robéis la merienda y los cromos.

No sé qué otras hazañas emprenderán los nuevos Roberto Alcázar y Pedrín contra la invasión que sufre España. Aún hay muchos hijos de inmigrantes comiendo helados y chuches impunemente por las plazas, donde también juegan al fútbol, los muy sarracenos, dejando en ridículo a los nacionales con regates imposibles. Lo de Lamine Yamal no puede repetirse: algún voluntario de Vox debe pinchar esos balones antes de que los chavales que los patean sean seleccionados para otro Mundial. A esta ofensiva contra la infancia podríamos llamarla Operación Herodes.

Bien está que Vox aprenda de los errores de la historia. Las revoluciones de antaño se hacían contra reyes y zares, y eso daba mucho trabajo e implicaba demasiados riesgos. Había muchas posibilidades de fracaso, porque los reyes suelen vivir en palacios fortificados y tienen ejércitos que no dudan en abrir fuego contra los asaltantes. Escarmentada en sus enemigos comunistas, la ultraderechita cobarde española no plantea batallas que puede perder. Los niños extranjeros a menudo no tienen ni padres que los cuiden. Están ahí mismo, vulnerables, blancos perfectos de todos los odios racistas. En su contrarrevolución, Vox se busca enemigos más que asequibles, a la altura de sus principios morales.

ALL STARS


Starmus celebra en Canarias los diez años de la Medalla Stephen Hawking
Starmus, el festival global de la ciencia, las artes, la exploración y la música, regresa a Tenerife y La Palma. El físico Brian Cox recibirá un reconocimiento global por su contribución a la curiosidad, la creatividad y el descubrimiento científico en el festival. Pero no será el único. La antropóloga Christiana Figueres será la primera reconocida en una nueva categoría.
J.P.Z., 21.07.2026

El próximo 17 de octubre coinciden en Tenerife varios motivos para señalar en rojo esa fecha. Ese día comienza una nueva edición de Starmus, el festival global dedicado a la ciencia, la exploración, la música y el arte, que se celebrará entre Tenerife y La Palma, convirtiendo a las Islas Canarias en el punto de encuentro de algunas de las mentes más brillantes del mundo. Este enfoque ecléctico y creativo refleja la visión de sus fundadores —el astrofísico Garik Israelian y el guitarrista de Queen y también astrofísico Sir Brian May— y en cada edición “reúne a premios Nobel, astronautas, científicos, pensadores y artistas para celebrar la curiosidad, la creatividad y el descubrimiento humanos”, explican desde la organización.


Será una edición especial: este año celebra que en 2016 (el festival en sí nació en 2011 y en 2026 organiza su octava edición) tuvo lugar uno de los encuentros más emblemáticos de la divulgación científica y artística en lo que va de siglo cuando se reunieron el astrofísico Stephen Hawking, el físico de partículas Brian Cox, los astronautas Chris Hadfield y Rusty Schweickart, el astrónomo Sir Martin Ress o los músicos y compositores Brian Eno y Brian May, entre otros.

El nacimiento de la Medalla Stephen Hawking para la divulgación científica tuvo lugar en una edición de Starmus dedicada, de hecho, al astrofísico más famoso de la historia bajo el lema Beyond the Horizon: A Tribute to Stephen Hawking (Más allá del horizonte: Un tributo a Stephen Hawking). “Aún resuena en la memoria de los asistentes la conferencia magistral impartida por el protagonista: A Brief History of Mine", añade el festival.


“La Medalla fue creada para reconocer a aquellas personas cuyo trabajo contribuye a acercar la ciencia, la exploración y el pensamiento crítico a la sociedad, y se ha convertido en un símbolo mundial de excelencia en la comunicación científica que distingue a algunas de las voces más influyentes de nuestro tiempo”, detalla la organización.

Entre esas voces reconocidas se encuentran David Attenborough (celebridad por sus documentales sobre naturaleza), el director de cine, guionista y productor Christopher Nolan, el empresario Elon Musk, compositores y músicos como Hans Zimmer, Jean-Michel Jarre o Brian Eno, un icono conservacionista de la talla de Jane Goodall, o el astrofísico y escritor Neil deGrasse Tyson.


“Hace diez años, Stephen Hawking nos ayudó a poner en marcha un sueño”, afirma Garik Israelian. “Este año, celebramos no solo lo que se ha conseguido, también la extraordinaria comunidad que ha crecido en torno a la idea de que la ciencia pertenece a todos”.

Para Sir Brian May, “la Medalla Stephen Hawking nació de una convicción compartida: que la ciencia debe inspirar a las personas mucho más allá de la comunidad científica. Una década después, su mensaje es más importante que nunca, en un momento en el que la verdad, la evidencia y el pensamiento crítico se enfrentan a desafíos cada vez mayores. Nos sentimos orgullosos de celebrar a quienes ayudan a llevar la ciencia, el asombro y el conocimiento al mundo”.

Ese mundo no tendrá que esperar a conocer al elegido porque la organización del festival acaba de anunciarlo: “El profesor Brian Cox recibirá la Medalla Stephen Hawking para la Comunicación Científica 2026 en reconocimiento a su extraordinaria contribución a la divulgación de la ciencia ante audiencias globales y a su capacidad para inspirar a millones de personas a través de su labor como físico, divulgador y comunicador público”.

No será, además, el único premiado. Para completar la celebración del décimo aniversario, la organización añade una nueva categoría que agradece su labor a científicos de primera fila. Con ese objetivo, estrena la Medalla Terrestre Jane Goodall, y su primera receptora será la antropóloga y economista Christiana Figueres “por su extraordinario liderazgo en la promoción de la conciencia medioambiental global, la acción climática y la gestión sostenible de nuestro planeta”.

La antropóloga y economista Christiana Figueres.

La doctora Jane Goodall, dama comandante del Imperio Británico, mensajera de la Paz de Naciones Unidas y fundadora del Instituto que lleva su nombre, entregó al desarrollo del conocimiento descubrimientos fundamentales en etología “y entregó toda su vida, hasta su fallecimiento en 2025, a la conservación de la naturaleza, de ahí su elección para nombrar y dotar de contenido esta nueva Medalla”, explican desde Starmus.

¿Qué podrán ver los asistentes además de la entrega de ambos galardones? La ceremonia inaugural del festival, el 17 de octubre, volverá a fusionar ciencia, música y cultura con la participación de Andrea Bocelli (cantante, músico, productor y escritor), Sarah Brightman (cantante, actriz, bailarina y directora de orquesta) y Sir Brian May, acompañados por la Orquesta Sinfónica de Las Palmas y la banda Starmus All Stars. “Entre los invitados especiales, ya están confirmados Rick Wakeman (compositor y miembro del grupo Yes) y Rusanda Panfili (compositora y virtuosa del violín), aunque en los próximos meses anunciaremos otros participantes”, concluye la organización.

martes, 28 de julio de 2026

GESTOS


Máxima de Holanda ha hecho historia en la realeza con su apoyo al colectivo LGTBI. ¿Y qué hay de los reyes Felipe y Letizia?
La reina de Países Bajos ha sido la primera royal en inaugurar el WorldPride, donde ofreció unas palabras de respaldo al colectivo.
The HuffPost, Guillermo Álvarez Corrales, 27.07.2026

Buena parte de las casas reales han dado pasos a favor del colectivo LGTBIQ+. Aunque queda mucho por hacer -y los avances conquistados siempre pueden estar en riesgo-, que figuras de tanta relevancia como miembros de la realeza tengan gestos, aunque sean más o menos tímidos, siempre es de agradecer.

Una de ellas ha sido Máxima de Holanda, que no es tímida en ningún aspecto, y que ha hecho historia al inaugurar el WorldPride de Amsterdam, acontecimiento que se celebra entre el 25 de julio y el 8 de agosto de 2026.

Nunca antes un miembro de la realeza había inaugurado este evento internacional. Además, ha coincidido con el 25º aniversario de la aprobación en Países Bajos del matrimonio igualitario, siendo el primer estado del mundo en reconocer este derecho que en España llegó en 2005.

La reina neerlandesa, que también visitó los stands de Sport Pride y Youth Pride, que contribuyen a la inclusión y que forman parte del festival, fue muy aplaudida a su llegada al Vondelpark de Amsterdam, donde expresó la importancia de "poder ser uno mismo y amar a quien quieras. ¿No es eso lo normal?", aunque añadió que, por desgracia, "eso no es algo que se dé por sentado".

Máxima no terminó sin añadir: "Sosteneos los unos a los otros y apoyaos mutuamente y disfrutad", y por supuesto presionó el botón rojo con el que se dio por inaugurado el WorldPride de Amsterdam, un momento histórico por ser la primera vez que se celebraba en Holanda y por ser también la primera vez que inauguraba una reina.

No se puede obviar el look elegido. Máxima hizo nuevamente honor a su nombre y, lejos de acudir veraniega e informal, se enfundó un vestido en tono arena de alta costura de Natan, una de sus firmas predilectas.

Además, completó su indumentaria con un enorme tocado de Berry Rutjes con hojas de laurel que se había puesto ya en 2019 para acudir a Ascot junto a la familia real británica, y en una visita oficial a Alemania en julio de 2021.

Es decir, la reina de Países Bajos, amante de los tocados, ha querido vestirse como hace en otros actos de vital relevancia, porque ella se ha tomado muy en serio haber inaugurado el WorldPride, y también el apoyo al colectivo LGTBI.

De hecho, anteriormente ya lo había respaldado. En 2008 había asistido a la Conferencia Internacional sobre los Derechos de Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transgénero celebrada en los Países Bajos. Fue el primer miembro de la casa real neerlandesa en hacerlo. Posteriormente ha participado en los actos por el Día Internacional contra la Homofobia, la Bifobia, la Interfobia y la Transfobia.

Mary de Dinamarca, también implicada por el colectivo

Si bien el paso de Máxima de Holanda ha sido importante, cinco años atrás, su homóloga danesa también contribuyó al apoyo al colectivo. Lo hizo en 2021, cuando Mary de Dinamarca ejerció como presidenta de honor del WorldPride de Copenhague.

Además, durante la celebración, asistió a una conferencia de Derechos Humanos. "Todo el mundo tiene derecho a ser quien es", declaró la reina Mary, que también ha apoyado los Danish Rainbow Awards.


Los gestos (tímidos) de Felipe y Letizia

Mientras tanto, los reyes de España han tenido gestos de apoyo al colectivo LGTBI desde la subida al trono de Felipe VI. El primero de ellos fue en una audiencia ofrecida a representantes de una serie de asociaciones que tuvo lugar a los pocos días de la proclamación. Dentro de ellas estuvieron organizaciones LGTBI. Este encuentro fue calificado como histórico al ser la primera vez que la monarquía se acercaba al colectivo.

También han invitado a asociaciones LGTBI en la recepción a representantes de la sociedad balear en Palma. Por otro lado, La Zarzuela publicó en un tuit un mensaje de felicitación "a todos los participantes y a todas las instituciones y servicios que garantizan el desarrollo festivo del WorldPride 2017" celebrado en Madrid.

Además, Felipe VI envió sus mejores deseos a la revista de temática LGTBI Shangay y aceptó ser portada de la publicación Regap, que le colocó en primera línea por ser "el Primer Jefe de Estado de España que escucha a la comunidad LGTB".

Sin embargo, aunque han tenido sus gestos, y eso les honra, siempre han sido tímidos y poco explícitos. Se esperaría que quizás tuvieran una participación mayor, como ocurre en otras casas reales. No olvidemos que los derechos LGTBI son derechos humanos.

domingo, 26 de julio de 2026

MIEDO


Entre Trump y la ciberseguridad: de qué hablo cuando hablo de terror
Vivimos entre dos amenazas, elijan: la del regreso a un pasado despótico y la de un futuro de ‘ciber-inseguridad’.
Berna González Harbour, 25.07.2026

Son días extraños. Para quienes nos dedicamos a generar y consumir información, la velocidad que han adquirido los acontecimientos nos ha sometido a tal estrés que añoramos un verano o, en el peor de los casos, al menos un día entero sin noticias. Julián Casanova me hablaba hace unos días de la increíble aceleración de la historia. Vivimos en una centrifugadora donde es imposible relajarse y reestablecer de cuando en cuando ciertas coordenadas estables, las que todos necesitamos para orientarnos.

Hoy, por ejemplo, y aparte del terror de los incendios capaces de devorar pueblos como en la Edad Media, vivimos atrapados entre dos amenazas brutales: una es fea, antigua, la conocemos demasiado bien, es lo peor del pasado; otra es moderna y parece más bonita y futurista, pero oculta peligros que ya son presentes. La primera no nos gusta. La segunda nos asusta. Y entre las dos, parecemos atrapados entre el despotismo y un mundo distópico que ya hubieran querido George Orwell o Steven Spielberg como argumento.

Vamos con la primera. Es un dirigente arbitrario, cruel y cero compasivo llamado Donald Trump. Sus modos de monarca absoluto, su odio, sus guerras y sus barreras comerciales nos van metiendo en una espiral de incertidumbre ante la que seguimos anonadados. Lo mismo quita una tarjeta roja que castiga nuestros productos; nos insulta o nos ama; firma un acuerdo nuclear con Arabia Saudí que al día siguiente invalida; o alcanza una paz con Irán que anula en pocos días. La ley y el orden internacional que nos hicieron tan previsibles y aburridos han muerto. Y el trumpómetro o termómetro de sus locuras se ha instalado en el rojo constante, se dispara tantas veces que nos satura y nos sobra. En general no queremos saber nada más, pero cuidado. Siempre nos la vuelve a liar.

La segunda es aún más inquietante. Un modelo de IA en pruebas ha sido capaz de escapar esta semana de un entorno de aislamiento, recorrer cauces imprevistos hasta salir a Internet y buscar respuestas en otra, que se ha visto asaltada y hackeada sin piedad. El extintor del incendio, nos dicen, fue una IA china. La ciberseguridad ya es lo contrario: inseguridad total. Y poner barreras es cada vez más difícil. ¿Recuerdan el Ministerio de Abundancia para abordar el hambre o el de la Paz para tratar la guerra? Pues ya saben de qué hablamos cuando hablamos de “ciberseguridad”.

Entre el pasado absolutista (que entendemos, porque lo conocemos) y el futuro de ciber-inseguridad (que no entendemos, pero que tememos), cuesta sentirse a salvo estos días. Así que antes de acelerar más la historia, aceleremos las vacaciones. ¡Feliz agosto!

DE MAGNATES Y MANGANTES


Circo sin pan
El espectáculo ha devenido en estructura profunda de nuestro mundo. Es el sol que nunca se pone en el imperio de la pasividad moderna.
Irene Vallejo, 26.07.2026

Las celebridades nos persiguen, nos asedian, nos acosan con ubicuidad, alevosía y cháchara motivadora. Se diría que viven obsesionadas por nuestra mirada. Su presencia es insistente, acechante, indiscutible, sin réplica. Te asaltan en la sala de espera del dentista, en la peluquería, en los informativos, en la parada de autobús, en una inofensiva charla de ascensor. Sin querer, sin importarte, sin pretenderlo, averiguas sus peripecias, sus cumbres y sus derrumbes. Recuerdo que, siendo aún niña, mientras atravesaba la ría de Vigo en un barco de línea regular con mi pelo corto alborotado por un viento ensordecedor, la televisión retransmitía una boda principesca. Me parece estar viendo aquella pequeña pantalla parpadeante y muda. Con tres años, contemplaba boquiabierta los metros de cola de un vestido interminable —más larga que la estela de espuma del ferry que me llevaba a bordo—. Fue la primera aparición, palpitante y tersa, de lo irreal.

En su raíz latina, la palabra “célebre” significaba “concurrido, abarrotado”, antónimo de desertus. Compartía raíz con celer, de donde viene nuestra “aceleración”. Los famosos activan un veloz hervidero de pasiones, el centrifugado del fisgoneo. Ya en tiempos remotos la mitología se nutría de dramas aristocráticos: fiestas fastuosas, caídas en desgracia, frivolidades e infidelidades, reputaciones dudosas y crónica rosa. Los primeros arquetipos de celebridades globales fueron Aquiles y Helena.

Cuenta la leyenda que Aquiles afrontó una decisión radical sobre la fama. Pudo elegir una existencia larga y oscura, como heredero del trono de su padre, reinando en paz, rodeado de sus hijos y nietos, sin dejar eco en la posteridad. Según las profecías, si participaba en la guerra de Troya, sus hazañas perdurarían en los cantos heroicos, pero moriría en el esplendor de la juventud. Aquiles quiso sacrificarlo todo por los fulgores del renombre. Escogió una muerte gloriosa y la tuvo. Terminada la guerra, Odiseo visitó fugazmente el mundo de los muertos, donde reencontró a su antiguo compañero de armas: “No debe apenarte estar muerto, porque allá arriba los hombres honran tu memoria”. Pero Aquiles, repentinamente enamorado de la vida, contesta: “Preferiría ser labrador en tierra ajena antes que reinar sobre todos los muertos. ¡Ay, si pudiera volver bajo el sol!“. Desde las sombras, el legendario Aquiles envidia las vidas corrientes, anónimas y apacibles.

Bien sabían los poetas épicos del pasado que a nosotros, su audiencia, nos encanta el chismorreo, pero todavía más moralizar sobre los melodramas humanos y divinos. En la mitología griega los inmortales son muy entretenidos: caprichosos, frívolos y pendencieros. Un grupo de deidades con comportamientos bufonescos decide los destinos humanos. Cuenta la leyenda que un certamen de belleza entre concursantes corruptas desencadenó la guerra de Troya. Tetis y Peleo, futuros padres de Aquiles, celebraron en el Olimpo la boda más esperada de la era pagana. Pero, ay, olvidaron invitar a Eris, diosa de la discordia, que tomó venganza arrojando en medio del baile una manzana de oro “para la más bella”. Hera, Atenea y Afrodita la reclamaron. Las tres querían ser la primera reina de la belleza documentada, así que exhibieron sus encantos ante el príncipe troyano Paris, único jurado. A escondidas, ofrecieron regalos a cambio de su voto —el soborno, divino tesoro—. Hera le prometió que dominaría Asia y Europa; Atenea, sabiduría infinita; Afrodita, el amor de Helena, esposa del rey de Esparta, la mujer mortal más hermosa del mundo. Paris, que tenía claras sus prioridades, eligió seducir a la más bella. De aquel juego sucio en las cloacas de miss Olimpo nació el amorío que, según la tradición, desató la masacre entre griegos y troyanos.

Si hacemos caso a Guy Debord en La sociedad del espectáculo, los realities, el pavoneo en bodas tumultuosas, los chanchullos por todo lo alto y los líderes pueriles han ido a más con el paso de los milenios. Como escribió en su célebre ensayo, el espectáculo ha devenido en estructura profunda de nuestro mundo. Es el sol que nunca se pone en el imperio de la pasividad moderna. El autorretrato del poder, que prefiere la copia al original y se guía por la representación antes que por la realidad. El monólogo autoelogioso que el orden actual mantiene acerca de sí mismo. Su falaz paraíso.

La Roma clásica dominó el arte de los espectáculos de masas con fines políticos. Es difícil igualar sus trepidantes carreras hípicas, sus luchas de gladiadores y naumaquias. El poeta satírico Juvenal acuñó la expresión “pan y circo” para denunciar ese cinismo imperial que ofrecía alimentos gratuitos y juegos grandiosos al pueblo, y así lo mantenía entretenido y apaciguado. La parte del pan se refería al reparto mensual de una ración de cereales entre las familias pobres: en tiempos de Augusto, casi un cuarto de la población de la capital se benefició de esta medida. Hoy, gobernantes nostálgicos de viejos imperios dispensan ración cotidiana de circo, pero nos dejan sin pan. El público mira hipnotizado la farsa del poder mientras magnates —y mangantes—encarecen los precios con sus aventuras bélicas, recortan la sanidad pública, eliminan programas de alimentos y traman rebajas en bajas laborales y pensiones. Jerarcas adictos al espectáculo invitan a sus seguidores a invertir en criptodivisas, negocios familiares y otras estafas piramidales; y, mientras ellos multiplican sus fortunas, incautos desplumados aplauden a rabiar la sagacidad de sus amados líderes. Según Oscar Wilde, dadme lo superfluo, que lo necesario es una vulgaridad. Como súbditos, no tenemos precio: la ciudadanía romana, al menos, sabía lo que valía el pan.

En El rugido de nuestro tiempo, Carlos Granés interpreta que hemos invertido los términos: la política debería ser aburrida y el arte provocador. Los líderes macarras transgresores se disfrutan más en una serie que en una legislatura. Las ficciones podrían saciar nuestro apetito de despropósitos. En el pasado, tras las escenificaciones fascinantes, la realidad siempre fue más banal. Nadie atacó la amurallada Troya por una mujer, sino por un estrecho. No fue un conflicto pasional, sino comercial. La ciudad estaba situada estratégicamente en la entrada de los Dardanelos. Controlar ese acceso permitía a sus gobernantes dominar las rutas de navegación hacia el mar Negro y cobrar lucrativos peajes. En la partitura de la historia, el bajo continuo siempre evoca codicia.

Eurípides denunció en una de sus tragedias los motivos inventados para justificar la guerra. La propia Helena confiesa que jamás estuvo allí: “No fui a tierra troyana, un fantasma era”. Y le replican: “¿Qué dices? ¿Por una nube entonces sufrimos tanto?“. Siglos después, otro griego, Georges Seferis, dedicó un poema a los hechos bélicos alternativos: ”Diez años nos degollamos por Helena. Los ríos se hinchaban con el barro, con la sangre". En los versos finales se pregunta si la humanidad volverá a creer el viejo engaño, si después de los siglos escucharemos de nuevo a mensajeros llegados para contar “que tanto dolor, tanta vida se fueron al abismo por una túnica vacía, por una Helena”. En la leyenda troyana hasta las celebridades son tramoya: Aquiles se arrepiente y Helena fue tan solo un vacío, un bulo. Eurípides y Seferis sabían que las pasiones bélicas se enardecen con cuentos. Antiguamente, aedos y trovadores daban voz a esas ficciones, pero hoy los juglares se sientan en el trono. La historia y la mitología enseñan: cuídate de las guerras donde triunfan el espectáculo y los especuladores.

AVISO A NAVEGANTES


“Una familia, un voto”: los hombres (y las mujeres) que quieren prohibir el sufragio femenino en Estados Unidos
La propuesta, marginal hasta hace poco, gana visibilidad en la América de Trump gracias a defensores como el pastor del secretario de Defensa, ‘influencers’ ultraconservadoras y líderes de la ‘machosfera’.
Iker Seisdedos, 26.07.2026

El teólogo y pastor Doug Wilson lleva desde los años 70 predicando desde su rincón, literal y metafórico, de Estados Unidos. Es cofundador de su propia denominación cristiana, que lleva el nombre de Comunión de Iglesias Reformistas Evangélicas y cuenta con unas 170 congregaciones por todo el país. También es líder de un emporio de ideas ultraconservadoras que cuenta con una pequeña universidad y una escuela de primaria y secundaria, un servicio de streaming y una editorial. Todo ello lo maneja desde la localidad de Moscow, en Idaho, uno de los Estados más conservadores de la Unión.

Hay muchos predicadores como él en un país en el que la religión es también un suculento negocio, pero no todos cuentan entre sus feligreses con el secretario de Defensa, Pete Hegseth, que ha llegado a invitar a Wilson al Pentágono para que dé un sermón.

Esa proximidad al nuevo poder de Washington ha concentrado últimamente los focos mediáticos sobre las ideas de este religioso que defiende con desparpajo una teocracia basada en los principios del nacionalismo cristiano blanco. Especialmente, sobre su propuesta de acabar con la Decimonovena Enmienda, cuya aprobación legalizó en 1920 el voto femenino. Aspira a cambiarlo por el sistema con el que, suele recordar, se toman las decisiones en su congregación, en la que el sufragio es “por unidad familiar”. Se trata de combatir el “cáncer del individualismo” que, según él, trajo la citada enmienda.

Suena estrambótico y poco realista que Estados Unidos vaya a despojar a las mujeres de su derecho a participar en el proceso democrático; haría falta el apoyo de los dos tercios del Congreso y de tres cuartas partes de los Estados. Aunque con este país nunca se sabe. Tampoco parecía probable que el Tribunal Supremo fuera a tumbar la protección federal al derecho al aborto. Y sucedió en 2022.

El éxito del viaje de esas teorías marginales al centro del discurso en mitad de un proceso de regresión global ”radica en el hecho mismo de que tengan cierta vigencia o visibilidad”, opina en un correo electrónico la filósofa Wendy Brown, una de las pensadoras políticas más influyentes de Estados Unidos. “Las respaldan tanto hombres como mujeres, lo cual significa que las que lo hacen están dispuestas a renunciar conscientemente a su propia condición de ciudadanas”. A Brown le parecen, con todo, más graves, por mucho más “realistas”, las estrategias con las que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenaza con influir en las elecciones del próximo noviembre: “la manipulación de los distritos electorales (gerrymandering), las leyes que obligan a la identificación de los votantes y las estrategias de intimidación que restringen la participación de la población negra y limitan su peso electoral”.

“A Wilson le encanta provocar, escucharse hablar y hacerse viral con los comentarios más extravagantes y llenos de odio”, según el profesor Matthew Avery Sutton, autor de Chosen Land (La tierra prometida, sin traducción al español), ensayo de reciente publicación que aspira a historia definitiva del cristianismo en Estados Unidos. “Casi nadie en Moscow ve en él nada que les recuerde a Jesucristo, pero las milicias nacionalistas blancas del norte de Idaho adoran lo que representa”.

Tal vez sea el más famoso, pero el pastor no es el único con un un megáfono para abogar por despojar a las mujeres de un derecho centenario. Todo forma parte de un movimiento llamado “masculinismo”, a falta de mejor etiqueta. Se ha hecho fuerte gracias, como siempre, a las redes sociales y en los círculos de la machosfera MAGA (Make America Great Again).
El auge del ‘masculinismo’

Helen Lewis lo definió en el artículo de portada de junio de la revista The Atlantic como “un movimiento para contrarrestar los avances del feminismo y reafirmar la supremacía del hombre”. Es un cuerpo de ideas con origen religioso, basado en la noción del poder del cabeza de familia y en “la creencia de San Pablo de que las mujeres piadosas deben ‘guardar silencio”, escribe Lewis, que advierte que también abundan los masculinistas laicos, entre ellos, “los que se identifican como musulmanes, como el streamer Sneako", “el autoproclamado proxeneta Andrew Tate” o Nick Fuentes, líder antisemita y misógino de un sector de hombres insatisfechos de la generación Z.


“Atacar a las mujeres funciona bien en las redes sociales y genera muchos ingresos publicitarios de sectores como las criptomonedas, las apuestas deportivas y los suplementos. Se puede ganar mucho dinero diciéndoles a los hombres que ellos son el sexo verdaderamente oprimido”, cuenta Lewis en su artículo. Es también posible encontrar trazas de masculinismo en Washington; quizá en ningún otro lugar tantas como en la cúpula del Pentágono, cuyo jefe, el secretario de Defensa Hegseth, bloquea sistemáticamente los ascensos de mujeres y minorías en el Ejército y la semana pasada provocó un pequeño terremoto político al anunciar exámenes obligatorios de testosterona para los soldados (“guerreros”, los llama) estadounidenses mayores de 30 años.

La defensa de la ecuación “una familia, un voto” (siempre que el voto sea el del marido o, en el caso de las solteras, el del padre, un hermano, un tío...) encuentra asimismo eco entre algunas mujeres en la América de Trump y del auge en internet del estilo de vida retrógrado de las tradwives (esposas tradicionales). Tal vez la más famosa de todas sus postulantes sea la influencer Savanna Stone, que participó en junio en la Cumbre de Liderazgo Femenino, celebrada en San Antonio (Texas) por la organización de proselitismo juvenil MAGA Turning Point. Fundada por Charlie Kirk, asesinado en septiembre de 2025, ahora la preside su viuda, Erika Kirk.

Donald Trump y Erika Kirk, en el funeral de Charlie Kirk en Glendale (Arizona), el pasado 21 de septiembre. Julia Demaree Nikhinson (AP)

Stone definió sobre el escenario el feminismo como el “espíritu de Jezabel redivivo”, en referencia a la reina bíblica que pasó a la historia como ejemplo de manipulación. “Se trata de la mayor mentira que nos han contado a las mujeres”, dijo Stone, “cuando en realidad se trata de un movimiento financiado por los ricos más malvados para destruir el matrimonio y la familia”.

En las elecciones de 2024, una versión de “una familia, un voto” hizo fortuna en algunos círculos republicanos, también entre los hispanos, en los que se animaba al hombre de la casa a controlar lo que sus esposas e hijas iban a votar. Se trataba de evitar que lo hicieran por Kamala Harris y no por Trump. Un 54% de las mujeres la escogieron a ella, frente al 44% que optaron por él.

De aquellas urnas salió un Gobierno con una agenda conservadora que está cambiando Estados Unidos de tal manera que ideas descabelladas como prohibir a las mujeres votar no lo parecen tanto. Es lo que en ciencia política se define como la “ventana de Overton”, modelo que describe cómo ciertos activistas logran que sus propuestas, impensables y radicales al principio, acaben pareciendo aceptables a base de mover esa ventana con ideas aún más descabelladas. Trump ha demostrado ser un firme creyente en la eficacia de esa estrategia y en la de que cualquier cosa puede llegar a sonar razonable si se repite muchas veces.

FORMULARIO


Da un poco de vergüenza
La paz consiste en que la gente pueda ir, sin que la bombardeen, de su casa a la panadería.
Juan José Millás, 26.07.2026

La mirada se va al soldado, como si fuera el centro de gravedad de la fotografía. El casco azul, el fusil, el uniforme: todo parece diseñado para llamar nuestra atención. Después, casi por accidente, uno descubre a la persona sentada junto a un puñado de judías verdes.

El militar trabaja para la misión de paz de la ONU en una localidad de la República Democrática del Congo. Forma parte, pues, de un entramado de vehículos de guerra, cadenas logísticas, negociaciones diplomáticas, intérpretes, resoluciones internacionales… Ese inmenso mecanismo ha viajado miles de kilómetros para detenerse aquí, delante de una persona que prepara unas verduras para sí misma o para un comprador francamente improbable. La imagen produce una extraña sensación de desajuste. Sin embargo, basta reflexionar unos minutos para comprender que las guerras destruyen, sobre todo, mercados u oficinas, arrancan cosechas, vacían pozos, matan gallinas, pudren el maíz. La guerra siempre va a por los seres insignificantes o a por el menú del día. No nos parecería mal por tanto que el soldado estuviera defendiendo esas judías.

De hecho, la paz consiste en que la gente pueda ir, sin que la bombardeen, de su casa a la panadería, o del bar de la esquina a los billares. Resulta fundamental proteger a quien prepara unas legumbres. Ahora bien, ¿da vergüenza que hayamos llegado a este estado de cosas? Sí, pero la civilización, cuando funciona, no está al servicio de las grandes palabras, sino al de los pequeños bienes que dejan de parecer importantes precisamente cuando los ponemos a salvo. Principio del formulario.

Final del formulario.

¿DÓNDE COMENZÓ TODO?


El mapa del Holocausto en Viena
Un historiador crea un centro de datos para localizar en el plano de la capital austriaca las últimas viviendas de miles de víctimas del nazismo, y reconstruir sus vidas.
David Granda, 25.07.2026

Cuando preparaba el documental Shoah, Claude Lanzmann se preguntó hasta el tormento por el desenlace del exterminio: “Siempre me han perseguido los últimos momentos de los condenados, los últimos instantes antes de la muerte. ¿Qué significaba esperar desnudo y congelado, entrar a una cámara de gas en Sobibor o Treblinka?”. Cuatro décadas después, el proyecto Memento Wien se hace ahora otra pregunta con la misma obsesión, y la sitúa en el mapa: ¿dónde comenzó todo?

Su responsable, el historiador Wolfgang Schellenbacher, se propuso ubicar en el plano de Viena los nombres de todas las víctimas del Holocausto en esa ciudad. Quiso que se conociera dónde vivían en el momento de su deportación y reconstruir sus historias, en los casos en los que hallara información, con fotografías y documentos oficiales. Se trata de una cartografía exhaustiva de 55.285 nombres y 8.109 edificios —incluidas sedes emblemáticas de la represión nazi, como el cuartel general de la Gestapo— que Schellenbacher ha compilado manualmente.

Memento Wien es una herramienta diseñada para acceder con el móvil mediante geolocalización activa (memento.wien, disponible en inglés y alemán). Mientras paseas por la ciudad, el mapa te guía igual que Google Maps, pero el destino no es un restaurante o una tienda, sino la evocación de las víctimas y del paisaje urbano de entonces, como las sinagogas destruidas durante el pogromo de la Noche de los cristales rotos.

En Europa proliferan diversos trabajos de mapeo de la memoria —archivos históricos con datos de geolocalización— como Joods Monument en Ámsterdam, Mapping the Lives en Berlín y otras ciudades continentales, o MemoMap en Praga, que de inicio plantea: ¿Te preguntas qué ocurrió en tu casa, en tu calle o en tu barrio durante la II Guerra Mundial?

Schellenbacher arrancó su proyecto vienés hace una década, nutriéndose de los archivos del Centro de Documentación de la Resistencia Austriaca (DÖW, en sus siglas en alemán), fundado en 1963 por antiguos miembros de la resistencia durante el Tercer Reich. También exploró archivos belgas y checos.

“El objetivo es poner rostro a las víctimas, crear un archivo vivo que comunique historias individuales ocurridas en nuestro vecindario y que cuentan el destino de la ciudad”, dice Schellenbacher en la sede del DÖW, un edificio barroco en el patio del antiguo Ayuntamiento de Viena. El historiador matiza que Memento Wien no es la versión digital de los Stolpersteine, las placas de latón de 10x10 centímetros que conmemoran a las víctimas de la Alemania nazi en las aceras de sus domicilios. “Nosotros quisimos incluir a todas las víctimas y documentar su última dirección conocida, que en muchos casos no era la misma que la de 1938”.

En los días del Anschluss (la ocupación alemana de Austria en 1938), Viena era una de las mayores metrópolis judías del mundo. Cerca de 200.000 ciudadanos vieneses eran clasificados como judíos según las Leyes de Núremberg, que legalizaban el racismo. Un 10% de la población total. La burocracia nazi empezó entonces una operación logística de desahucio y concentración de los judíos en reubicaciones forzosas. Gran parte de la población fue obligada a mudarse al menos una vez antes de su deportación final.

Uno de los edificios que albergaban los llamados apartamentos de reagrupamiento, antesala de los trenes que llevaban a los campos de exterminio, se encontraba en Adlergasse 4. De esta dirección salieron 55 personas rumbo a los campos. El número 19 de la calle Berggasse, donde Sigmund Freud vivió y pasó consulta durante casi 50 años (hoy un museo), también fue utilizado como vivienda de concentración de judíos. De aquí fueron deportadas 23 personas. Cuatro hermanas de Freud murieron en los campos de concentración nazis.

Junto al Canal del Danubio, Seegasse 9 albergaba la mayor residencia de ancianos de la comunidad judía. Fue el último domicilio de 952 víctimas del Holocausto, según la recopilación de Schellenbacher.


“¡Siempre echaré de menos mi hogar!“, escribió Johanna Weiss cuando tenía 18 años en una foto que regaló a una amiga cuatro días antes de su deportación. El 28 de octubre de 1941 fue conducida con sus padres al gueto de Lodz. Su último domicilio en Viena, Zirkusgasse 10, fue la última residencia de 110 personas antes de ser asesinadas.

No hace falta recorrer la periferia, una calleja apartada o el tradicional barrio judío de Leopoldstadt para encontrar a las víctimas. A Anna Strauss, vecina de la Ópera y el Albertina en Maysedergasse 1, la deportaron con 62 años al gueto de Theresienstadt en 1942 y fue asesinada en Auschwitz dos años después. A la enfermera Freide Beile Ries, de 53 años, la sacaron de su casa en Bösendorferstraße 7, una calle elegante entre el Musikverein y el Ring, para trasladarla directamente a la cámara de gas de Auschwitz.

Hildegard Lustig vivía con su hijo a las puertas de la catedral de San Esteban en Schulerstraße 1. Los deportaron en el transporte número 27 a Sobibor en la primavera del 42. Él resistió un par de meses en el campo de concentración de Majdanek, también en la Polonia ocupada. A ella le obligaron a quitarse la ropa nada más llegar, le confiscaron sus objetos de valor, la raparon y la condujeron desnuda por un pasadizo de 150 metros de largo, junto con otros 950 prisioneros, a la cámara de gas. Así lo atestiguan los documentos recopilados por el DÖW.

La foto de la cantante Herta Maringer es un documento irrepetible. La encontró Schellenbacher en el Archivo Estatal de Bruselas. La artista vienesa se muestra escotada y vestida de marinero, saludando sonriente con la mano en la visera. Había huido a Bélgica tras el Anschluss, como muchos otros judíos austriacos, y allí las autoridades de inmigración eran más relajadas con las fotos exigidas en los documentos de identidad. Esa imagen fue la que vieron luego los agentes que tramitaron su deportación a Auschwitz.

Muy conocida en su época fue la dirección de la Gestapo en el centro de Viena. La policía secreta ocupó un hotel de lujo en Morzinplatz 4, el Metropole. Era más grande que el cuartel general de Berlín y empleaba a 900 agentes. Cada día engullía hasta medio millar de personas para su interrogatorio, tortura y, con frecuencia, deportación a campos de concentración a través de la antigua entrada de reparto del hotel. Los bombardeos aliados lo redujeron a escombros y hoy solo queda un memorial.

Los convoyes se sucedieron hasta octubre de 1942, cuando el gauleiter (líder de zona nazi) Baldur von Schirach declaró Judenfrei (libre de judíos) a Viena en “una contribución a la cultura europea”. Las víctimas habían partido durante años, regularmente, de la estación de ferrocarril a los campos de tránsito, concentración y exterminio del Tercer Reich. ¿En qué momento sospecharon que esas deportaciones conducían a la muerte? “Nunca. Al menos, no en Viena”, deduce Schellenbacher.

El DÖW exhibe una exposición permanente sobre la persecución nazi en Austria. En sus archivos guarda una singular colección sobre la participación austriaca en la Guerra Civil española. Desde 1984 ha recopilado material de referencia (documentos oficiales, fotografías, cartas, artículos periodísticos y textos autobiográficos) de más de 1.400 brigadistas que se movilizaron para luchar contra el fascismo en España.

En su hazaña cinematográfica, testimonio único de los supervivientes del Holocausto, Claude Lanzmann proclamaba que Shoah abolía toda la distancia entre el pasado y el presente. Quien vive en Viena hoy puede saber cuántos de sus antiguos vecinos terminaron en los campos de exterminio.

jueves, 23 de julio de 2026

LOS DESACOMPLEJAMIENTOS


Estefanía Molina, 23.07.2026

En España se hace notar ya el giro sociológico a la derecha. Resulta curioso que los dos momentos en que ha habido mayor repliegue últimamente en nuestro país hayan girado alrededor de la visita del Papa León XIV y de la victoria de la selección española en el Mundial de fútbol. Es decir, instituciones que hasta hace poco se creía que eran de derechas. Aunque obviamente ni la fe católica ni el patriotismo van tan de ideologías como se cree el imaginario woke, el momento actual sirve para explicar algunos de los desacomplejamientos de Junts, el Partido Popular o Vox, a lomos del giro que parece estar dando nuestro país políticamente. No es casual que Alberto Núñez Feijóo se aventure a abrir debates como el absentismo laboral o la concesión de nacionalidades, mientras que Isabel Díaz Ayuso habla del concebido no nacido o Vox hace lo propio con la “prioridad nacional” y Junts se niega a apoyar más regulaciones de la izquierda en materia de vivienda. Lo que hasta no hace mucho habría sido para la exaltación de unos pocos, hoy son los temas de discusión que más movilizan a esa parte de la ciudadanía, pese a la polémica que acarrean entre el progresismo.

La izquierda debería preguntarse por qué sus consignas o sus lemas no generan tanta repercusión como en otro tiempo. De un lado, el progresismo parece haberse quedado sin nuevas ideas, ya sea por aplicación de estas, por errores, o por agotamiento. Hasta hace poco, normas como la ley del sí es sí, la exhumación de Franco o la amnistía eran el principal foco de discusión en España. En cambio, hoy parecen formar ya parte del mainstream o la normalidad del día a día, o ya no suenan a algo disruptivo. En segundo lugar, el progresismo también ha asistido a una especie de efecto disolvente. Que formaciones como Podemos se hayan erigido como la representación de los movimientos populares —desplazando al feminismo, o los sindicatos—, sumado a que desde 2014 entraron muchos representantes del activismo en las instituciones, da cuenta de hasta qué punto el músculo de la izquierda se ha ido debilitando. Sus caras visibles están hoy representadas en los partidos, pero menos en la calle o las organizaciones sociales. En consecuencia, tenemos un gobierno de izquierdas en un contexto social que no parece ir por ese camino.

Pedro Sánchez nada a contracorriente. Si no puede aprobar más normas en el Parlamento, el Ejecutivo se dedica a preparar la siguiente campaña electoral para 2027. Probablemente, esperan que sus socios les tumben los presupuestos, y a partir de ahí, vestir su puesta de largo para las generales del año que viene. El caso es que la legislatura empezó cohesionada por la cuestión territorial, y hoy hasta eso ha saltado por los aires. A Junts le renta mucho más hacer seguidismo de Aliança Catalana, consciente de que una parte de su electorado no quiere saber nada de las leyes del llamado “bloque de progreso”. El PNV coexiste en una situación no tan lejana: tiene voto que se le va a la abstención, y no a Bildu. Existe un votante vasco incómodo con la izquierda gobernante, que seguramente no sería capaz de votar a la izquierda abertzale solo por la cuestión nacional porque se identifica más con cuestiones de centroderecha o liberales.

Feijóo asume ese yugo de Junts o el PNV frente al PSOE, y de ahí los debates que viene abriendo, sumado a la fuga de votos que sufre en favor del partido de Santiago Abascal. Para las pymes vascas y catalanas la productividad sí es un tema, molestos con algunas medidas de Yolanda Díaz: en ese caladero está intentando pescar ahora el PP en dos territorios que no le suelen ser favorables a su discurso en materia nacional. El caso es que hasta el sentimiento patriótico ha dejado de ser una cuestión de pugna. Estos días muchos independentistas catalanes lamentan el tirón que tiene la Roja entre sus hijos. Es obvio que Puigdemont solo le puede vender ya al movimiento —como si fuera una victoria— el haberse plegado al entierro del procés, mientras que algún jugador del Barça se pone la gorra del Make Spain Great Again, quién sabe si a modo de burla a Donald Trump o porque realmente así lo siente. Sea como fuere: la selección emociona, y el secesionismo es la viva imagen de la derrota no reconocida en casi diez años desde que el líder de Junts se marchara de España. Claro que muchos jóvenes catalanes apoyan a nuestros jugadores: no siempre el sentimiento de pertenencia tiene un tamiz político; a veces, simplemente, es de pertenencia.

En definitiva, parte de la pasarela que tiene puesta la derecha viene dada por un cambio social que tiene síntomas en la calle, en la forma en que se abordan los debates o en la descapitalización de la izquierda. Aunque PSOE, Podemos o Sumar piensen que todo esto va de retener el poder o de que simplemente sus afines ocupen espacios para el siguiente ciclo, en el fondo, tal vez vaya también de la necesidad de reconstruir desde la base ciertos debates. Feijóo, el Papa o la Roja no son el motivo, sino el síntoma del momento que atraviesa en España el progresismo. Y, aun así, no deja de ser curioso que el PP no las tenga todas consigo sobre si gobernará a partir del año que viene.

DE TRENES Y PERROS

Ningún perro vive 20 años
Es sorprendente la querencia de este país por sacar las antorchas por asuntos que no tienen más enjundia que la comentadita de café.
Bárbara Ayuso, 23.07.2026

Pensé, al ver ese último aleteo del rabo de Argos en La Odisea de Christopher Nolan (no es spoiler, lleva escrito casi 3.000 años) que nada nos prepara para una muerte vieja. Tampoco el IMAX. Envejecer consiste en volver a ver en pantalla, una y otra vez, las muertes de personajes que ya murieron pero las sucesivas adaptaciones resucitan para arrebatárnoslos de nuevo. Siempre creemos que ya valió, que hemos visto suficientes veces agonizar al tío Ben (o tía) de Peter Parker, pero está escrito en las leyes cinematográficas que en algún momento alguien hurgará en esa herida y tendremos que ver a Artax, el caballo de Atreyu en La Historia Interminable, hundirse en el fango y desgarrarnos el corazón, otra y otra vez.

Tan interminable esa historia como la querencia de este país por sacar las antorchas por asuntos que no tienen más enjundia que la comentadita de café. Esta semana ha sido el anuncio de Renfe de permitir que los perros de hasta 40 kilos viajen con sus dueños en los trenes. Fue publicarlo el ministro Óscar Puente (o precisamente porque lo hizo él) y empezaron a tronar las trompetas del Apocalipsis en las redes. “Qué asco. Los que no tenemos mascota no tenemos por que aguantar malos olores, suciedad o ruidos de los perros de los demás”, decía uno. “Con sus ladridos de hasta 40 kilos, sus meadas de hasta 40 kilos y sus cagadas de hasta 40 kilos. Si tienes alergia te jodes”, protestaba otro. La cosa se embarulló y todo desbarró por la sempiterna pendiente guerracivilista: los contrarios acabaron ciscándose en una sociedad enferma que no quiere tener hijos pero sí perros con los que encima viajar en tren; y los defensores pretextaron con esa larga lista de comportamientos humanos que se ven diariamente en los vagones y que son más repugnantes que los de cualquier perrete. Desde deglutir a boca abierta chorizo pamplonica a bebés con habilidades fonadoras de auténticas mezzosopranos.


Por ahí andaban también, navegando en la marejada, algunos Odiseos en su viaje imposible de la sensatez, suplicando detener la batalla porque bastaba con leerse el reglamento de Renfe. Más allá del titular bombástico, los perros de menor peso ya viajaban en tren sin que se haya registrado fallecimiento alguno de población alérgica, extremo que continuará cuidando esta norma colocando a los animales en un solo vagón de los más de una decena de un tren medio, y solo podrán ir dos. Por si no fuera suficiente para los olfatos exquisitos, los dueños pagarán 40 euros extra y harán uso de un kit de fundas en los asientos y suelo. Y quedan excluidos los cachorros y los perros potencialmente peligrosos, para pánicos locos. Nada de eso satisfizo a los contrarios, claro, tan atareados desgañitándose porque dos unidades de perros dormiten a cinco vagones de distancia, que no se percataron de lo verdaderamente pernicioso de la norma: que al imponerles ir en asientos contiguos a sus dueños, el resto de pasajeros veremos cercenado nuestro derecho amparado por todos los organismos internacionales de disfrutar de su compañía y ellos de nuestras carantoñas (si quieren). Se les obliga a subir y bajar con bozal del tren, pero se desperdicia la ocasión de ceder durante el viaje el tapa hocicos a los encorbatados que vociferan en sus importantísimas llamadas de trabajo, incluso en el vagón silencio.


No es un conflicto de convivencia, es que nos pierden las luchas homéricas. Da igual las veces que escuchemos al fiel Eumeo enunciar la verdad universal de que “ningún perro vive 20 años”. Seguiremos secretamente pensando que quizás sí, que nuestro perro transgredirá la norma. Aferrados a esa esperanza, tan estúpida como tozuda, de que Argos no solo agitará la cola y hará el más bello ejercicio de anagnórisis jamás escrito, sino que tras 20 años de espera podrá embarcarse con Odiseo y abandonar Ítaca juntos. Y eso vale mas de 40 euros.

FÚTBOL Y ARQUITECTURA


Una lección de fútbol
Jacques Herzog, AV, 23.07.2026

Crecí con el fútbol. Desde nuestro balcón podíamos ver el que era entonces el campo del FC Basilea. El ambiente de los partidos me marcó ya de pequeño, y todos jugábamos durante días y días en cada una de las calles y plazas posibles de nuestro barrio. Son recuerdos que seguramente muchos conocen y comparten, con el inevitable apego que ello conlleva hacia una ciudad y un club concreto. Se trata de un vínculo emocional un tanto extraño, incluso incómodo, que en su día te convirtió en aficionado sin que hubieras tomado nunca una decisión consciente al respecto. Pero resulta difícil desprenderse realmente de esa emotividad, aunque con la edad debiera ser más fácil ver un partido de fútbol de forma neutral, objetiva, distanciada o incluso con tranquilidad.

Como arquitecto, he podido plasmar este intenso vínculo emocional con el fútbol en nuestros trabajos de estadios —empezando por St. Jakob Park en Basilea, al que siguieron el Allianz Arena en Múnich, el nuevo estadio de Burdeos o el proyecto no realizado para Stamford Bridge—, con una arquitectura que teje entre jugadores y espectadores una relación espacial lo más estrecha posible. Debe merecer la pena seguir los partidos en persona desde el estadio, donde los olores, los colores y las voces se mezclan con la arquitectura circundante para crear una experiencia sensorial que la retransmisión en casa no puede ofrecer.

Sin embargo, en la pantalla se ve más; incluso aquellas cosas que uno no quiere ver se hacen de repente perfectamente visibles, a cámara lenta y desde diferentes ángulos. No solo la belleza de la brillantez técnica, sino también la mezquindad de las faltas sistemáticas, de la provocación y de la hostilidad. En este Mundial de 2026 se ha visto de todo. ¿Qué queda? El fútbol no es justo, el azar interviene y, paradójicamente, los momentos de profunda decepción a menudo, perduran más en la memoria que los de triunfo. La pelota rebota en el poste y vuelve al campo, o entra directamente en la portería: Inglaterra 1966. No se sancionan las manos ni las faltas: México 1986.

En la disputada final de esta Copa del Mundo se habría producido otra herida imborrable si, al final, la rudeza sistemática y el odio manifiesto hubieran llevado al éxito. Pero el balón de Ferran Torres entró en la portería ‘correcta’. Tarde, sí, muy tarde, ganó aquel equipo que, más que ningún otro, supo combinar el genio individual de algunos con la cohesión colectiva y la inteligencia de todos para formar un conjunto fantástico.

España nos ha dado una lección. A todos nosotros, y no solo a los aficionados al fútbol, sino también a los dirigentes y a los políticos que asistieron al partido. Una lección sobre cómo deberíamos organizarnos y funcionar como sociedad.

martes, 21 de julio de 2026

Y OTRA BUENA NOTICIA (TAMBIÉN SUMA)


Una terapia solo para Connor: un adolescente camina por primera vez sin ayuda gracias a una ‘tirita’ genética
Un tratamiento experimental contra la epilepsia hecho a medida para cada paciente ofrece esperanza contra enfermedades neurológicas raras e incurables.
Nuño Domínguez, 21.07.2026
https://elpais.com/ciencia/2026-07-21/una-terapia-solo-para-connor-un-adolescente-camina-por-primera-vez-sin-ayuda-gracias-a-una-tirita-genetica.html

Ocho meses después de nacer, Connor, un chaval estadounidense, segundo de tres hermanos, empezó a sufrir ataques epilépticos. El niño llegó a padecer más de 50 crisis al día. Hasta 2014 no tuvo un diagnóstico claro: su enfermedad estaba causada por una mutación en el gen SCN2A, una enfermedad muy rara, pero que supone una de las causas más comunes de epilepsia infantil y autismo monogénico. La mutación distorsiona los impulsos que encienden y apagan las neuronas e impide el desarrollo neurológico y motor de los niños. Los médicos creían que Connor no llegaría a los cinco años.

Cumplidos los 15, Connor ha conseguido levantarse de la silla y caminar sin ayuda. Ha sido gracias a una nueva terapia génica específicamente desarrollada para su mutación. Tras recibir dos dosis, las crisis epilépticas se redujeron un 90%, y también mejoraron otros marcadores, como el habla o el autismo que también sufre.

La enfermedad de Connor pertenece a un grupo de trastornos conocido como encefalopatías epilépticas del desarrollo. En este niño la causa de la enfermedad es una mutación surgida de novo, es decir, que no es hereditaria, sino que ha aparecido de forma espontánea. El problema afecta a uno de cada 80.000 niños, y en muchos casos, cada uno tiene una mutación diferente, lo que dificulta enormemente el desarrollo de una cura.

Un estudio publicado este martes describe el tratamiento de Connor y el de otro niño de nueve años con una mutación diferente en este mismo gen, en un ensayo que ha durado dos años. La publicación en Nature Medicine muestra que en este segundo caso los resultados fueron más modestos. Los ataques epilépticos bajaron un 26%, pero también se observaron una mejora de la capacidad de hablar, moverse y el alivio de los síntomas de autismo. Los médicos no observaron efectos secundarios graves del tratamiento.

Estos resultados forman parte de una nueva tipología de ensayo clínico con un solo paciente (n=1). El tratamiento se desarrolla específicamente para la secuencia genética de cada niño, y en teoría sirve solo para él. Pero los responsables de esta investigación creen que probablemente la misma terapia podría ayudar a otros niños con mutaciones incapacitantes en el mismo gen.

La terapia utilizada se conoce como oligonucleótidos antisentido. Estas moléculas no modifican la secuencia genética de ADN, donde está la mutación que causa la enfermedad, sino que se adhiere a esta como si fuera una tirita y bloquea la acción del gen defectuoso. En este caso los pacientes tenían una copia funcional del SCN2A y otra mutada. La terapia se adhiere a esta última y bloquea su funcionamiento, lo que reduce la producción de proteínas que desbocan la estimulación cerebral innecesaria. La copia sana, en cambio, sigue funcionando.

Connor, en el centro, junto a sus dos hermanos en una imagen de archivo. Care & Cure Institute

Esta es la terapia más personalizada que pueda imaginarse, explica Olivia Kim-McManus, neuróloga de la Universida de California en San Diego, que ha liderado el ensayo. Los responsables del trabajo han analizado el genoma de otros pacientes y creen que el 16% podrían beneficiarse con la misma terapia desarrollada para el joven Connor.

En los últimos años, los oligonucleótidos antisentido han permitido tratar dolencias genéticas raras que se pensaban incurables. El primer caso de éxito, que inauguró todo el campo, fue el de Mila, una niña de ocho años con enfermedad de Batten tratada en 2019. La muchacha tenía unos 30 ataques epilépticos al día, y el tratamiento, desarrollado específicamente para ella, los redujo un 80%.

En marzo se anunciaron los resultados de otro ensayo en el que 81 niños y adolescentes con síndrome de Dravet, otra enfermedad rara, recibieron un tratamiento con oligonucléotidos antisentido. El objetivo era solo probar la seguridad del tratamiento, pero los investigadores vieron cómo las crisis epilépticas se redujeron un 85% en tres meses en los pacientes que recibieron dosis altas. Los beneficios se mantuvieron durante 20 meses de seguimiento, con reducciones de entre el 60 y el 90%. La terapia experimental también mejoró otros achaques del síndrome, como los graves retrasos cognitivos y motores.

Connor empezó a andar por sí mismo después de recibir la segunda dosis. Estos nuevos tratamientos no cambian el genoma, por lo que hay que administrarlos de forma periódica con inyecciones en el líquido cefalorraquídeo que rodea el cerebro y la médula espinal.

La neuróloga Kim-McManus explica en un correo cómo una aproximación que parecía ciencia-ficción ahora parece no solo posible, sino amplificable a otros enfermos más allá de la aproximación individual, y desde el ámbito académico. “Hemos desarrollado esta terapia en colaboración académica con una organización sin fines de lucro. Estas terapias génicas n=1 pueden ser factibles y viables para múltiples pacientes según el diseño terapéutico. El desarrollo inicial de los oligonucleótidos antisentido, más el diseño del ensayo, y la ejecución en el centro médico, fue financiado en parte con una subvención de un millón de dólares [del Instituto de Medicina Regenerativa de California]. Este enfoque podría aplicarse a muchas otras enfermedades”, señala la médica.

El primer tratamiento de oligonucleótidos antisentido, autorizado en 2016, fue el nusinersen contra la atrofia muscular espinal. Apareció con un precio de 750.000 dólares el primer año, y 375.000 en los años sucesivos por cada paciente. El coste aproximado de la terapia Milasen, que inauguró el campo, fue de unos 1,6 millones de dólares. Un artículo publicado en 2024 reflexionaba sobre si esto es mucho o poco dinero, y lo comparaba con otro dato: el coste de desarrollar un fármaco convencional es casi 1.000 veces mayor, aunque potencialmente beneficia a mucha más gente.

Paula Río, experta en terapia génica del Ciemat, que no ha participado en el estudio, destaca su valía. “La conclusión más potente es que se pueden revertir problemas neurológicos que se consideraban irreversibles, lo que amplía la ventana terapéutica enormemente”. La bióloga también advierte limitaciones de estas nuevas terapias: “Sólo se estudian dos mutaciones en dos pacientes, y los resultados entre ambos son bastante diferentes, ya que solo uno recupera la posibilidad de caminar. ¿Por qué? No lo sabemos aún. También es importante determinar cuánto tiempo durará la mejoría y el efecto a largo plazo de las dosis, pues hay que administrar el tratamiento de forma seriada”, añade.

Juan Valcárcel, investigador del Centro de Regulación Genómica, también ha trabajado en este campo. EL uso de esta aproximación “para bloquear específicamente la producción de la proteína que produce la enfermedad abre muchas posibilidades para explotar esta estrategia en enfermedades genéticas donde el problema se pueda resolver bloqueando el efecto dañino del gen mutado”, opina. “Aunque los costes son altos ahora mismo, será posible reducirlos muy significativamente en un futuro próximo”, destaca.

El investigador cuenta una historia que ejemplifica la enorme complejidad de llegar a tiempo con estos tratamientos experimentales. “Junto a varios laboratorios hemos tratado de desarrollar una terapia para una niña que sufría ataques epilépticos, hija de unos colegas de Boston. Era Margot Burge, sus padres publicitaron su caso en las redes sociales para aumentar la conciencia sobre este tipo de enfermedades y posibles tratamientos emergentes. El trabajo de varios laboratorios consiguió desarrollar una terapia que fue eficaz en ratones, peor lamentablemente la niña falleció en diciembre cuando se estaban haciendo las pruebas de toxicología en ratas”, relata.