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viernes, 7 de marzo de 2014

YOSEMITE





He tenido la suerte de haber visitado en varias ocasiones Yosemite National Park, en California, incluso una vez que había nevado tanto que solo pudimos acceder a parte de él. Una forma fácil es ir a pasar el día saliendo temprano desde San Francisco, o por ejemplo de camino si uno tiene intención de ir conduciendo a Las Vegas o al Gran Cañón. El paisaje es grandioso.

sábado, 25 de enero de 2014

REFLEXIONES PARA VIVIR MEJOR


Drauzio Varella, oncólogo brasileño y ganador del Nobel de Medicina


Nadie está sano después de los 50. Sanos están los jóvenes; los viejos tienen siempre uno o varios achaques que son propios de la edad. De lo que se trata entonces es de envejecer saludablemente, es decir, con los achaques controlados y sin complicaciones.

 Si quieres saber cuánto vivirás y cómo llegarás a esa edad, mira o recuerda a tus padres. La carga genética es fundamental para establecer un pronóstico de vida. Quien tuvo cáncer o infarto antes de los 60 lo trasmitirá en los genes a sus hijos por lo que éstos tendrán mayor  probabilidad de desarrollar las mismas enfermedades. Lógicamente el desarrollo de una enfermedad crónica requiere la presencia de varios factores, pero el genético es sólo uno de ellos.


"Somos lo que comemos" dicen los naturistas y no les falta razón. Si además de tener una carga genética desfavorable te pones 3 o 4 cucharaditas de azúcar en cada café que tomas, saboreas todas las pieles del pollo asado y te relames con las cortezas de cerdo del aperitivo del fin de semana, estás convirtiendo tus arterias en cañerías atascadas. Ergo, no habrá buena circulación, no habrá buena oxigenación, lo que equivaldrá a muerte celular o, dicho de otro modo, envejecimiento acelerado o prematuro. En consecuencia, si quieres tener una vejez saludable, a partir de los 50 años cuida tu alimentación y deja de comer cosas "químicas", de abusar de las grasas... Un buen desayuno, un buen almuerzo y una pésima cena son la clave para equilibrar tu medio interno. Aparejada a la dieta está la bebida. Abandona todas las bebidas gaseosas; esas las pueden tomar los jóvenes y con mesura, nosotros no. Todos esos líquidos tienen carbonato de sodio, azúcar y cafeína. A nuestra edad, estas sustancias vapulean al páncreas y al hígado hasta desgastarlos. Toma mejor limonada, zumos... Hasta la cerveza es preferible ya que se hace con agua hervida, tiene componentes naturales y no contiene sodio.


Por otro lado hay bastante evidencia clínica que demuestra que el consumo moderado de alcohol después de los 50 años mejora la calidad de vida pues tiene tres efectos definidos: vasodilatador coronario, disminuye el colesterol y es un sedante moderado. En consecuencia, y de forma práctica, a la hora del almuerzo o por la noche, cuando llegues a tu casa y ya no tengas que conducir, pégate un lingotazo. Los licores más recomendados son el whisky, el vino tinto y el aguardiente puro.


En lugar de tomar nitroglicerina para dilatar las arterias, o estatinas para bajar el colesterol, o un valium para estar tranquilo, consigues todo eso con un buen trago. Y si lo haces en compañía de las personas que quieres, el efecto se duplica. Ahora bien, sólo una advertencia: consumo moderado equivale a uno o dos vasos, porque si te pasas todos los días, el efecto es exactamente el contrario y te matará más rápido de lo que te imaginas.


Esto quiere decir que todas estas pautas son buenas, pero sin exagerar y, sobre todo, sin dogmatizar. Si haces una barbacoa para tu familia o tus amigos, no vengas con que "no como chorizo porque es muy grasiento" o "mi médico me ha dicho que solo beba dos copas y punto".


Nada reemplaza la alegría y el placer de compartir con los que te quieren; no hay grasa ni copa que no se pueda metabolizar en una buena tarde de esparcimiento. Los mecanismos de compensación de nuestro cuerpo son aún poco conocidos, pero así sucede: si disfrutas verdaderamente, el "pecado mortal" dietético se transforma en "venial".

"Nadie me quitará lo bailado": eso es absolutamente cierto porque todo lo que comas y bebas te dejará huella y, cual retrato de Dorian Gray, tu cuerpo lo mostrará en la vejez. Las noches de juerga, los atracones, los excesos de todo tipo harán la vida de viejo muy desgraciada. Y no solamente a ti, sino a tu familia. La principal desgracia para un anciano es la soledad. Lo habitual es que las parejas no lleguen a viejos juntas; siempre alguien se va primero, con lo que se desequilibra todo el statu quo que sostenía a los componentes de la pareja. El viudo o viuda comienza a ser una carga para su familia.


Mi recomendación personal es que traten de no perder - mientras tengan lucidez - el control de su vida. Eso significa, por ejemplo: yo decido cuándo y con quién salgo, qué como, cómo me visto, a quién llamo, a qué hora me acuesto, qué leo, en qué me distraigo, qué compro, en dónde vivo, etc. Porque, cuando ya no puedas hacer todo eso, te habrás transformado en un plomo completo, en un lastre para la vida de los demás.


domingo, 3 de marzo de 2013

EL CULTIVO DE LA AMISTAD

Txoko Efímero
 
Euskadi tiene tantas cosas maravillosas que no entrarían en una enciclopedia, pero una de las más sobresalientes es su culto y cultivo de la amistad. Su gastronomía, nunca demasiado ponderada, no es más que una manifestación soterrada de esa proverbial generosidad en el compartir con los amigos y uno de los máximos exponentes de todo ello son los Txokos.
Txoko, palabra vasca que significa rincón, es como se conocen las cientos de sociedades gastronómicas que existen en Euskadi. En el tradicional matriarcado vasco, los Txokos surgieron como punto de encuentro de los hombres, para poder compartir con los amigos. Dicen que hay cerca de un millar: Gaztelubide, Unión Artesana, Gaztelupe e Itxas Buru en Donosti; Abando Txoko, Arbat, Gure Txoko y Txoko Barikua en Bilbao, por citar algunas.
Pero el más epatante es el nuevo concepto: Txoko Efímero, que se va moviendo por la geografía española y que recrea la auténtica esencia de los Txokos. Reúne amigos de toda España, aportando cada uno un producto de su tierra y consiguiendo una armónica unión de todas las comunidades alrededor de una mesa. Grandes cocineros, grandes vinos, gran coctelería, gran compañía y mejor conversación.


Recibí una invitación del multidisciplinar anfitrión Javier Vicandi para acudir a ella. En esta ocasión, fue en Barcelona, en el restaurante Ipar Txoko (calle de Mozart, 22), privatizado para la ocasión. Aperitivos de la mano del afamado coctelero Manu Iturregi con sus conocidos Martinis y Negronis.
Cada invitado debía aportar un vino y se reunieron: Chateau Petrus 2004, Chateau Lafite 2001, Chateau Latour 2001, Vega Sicilia Único 1964, Chateau Mouton 2001, L' Ermita 1999, Enate reserva especial Tapies 1989, Valbuena 1990, Romanée-Conti La Tache 2003, Clos Erasmus 2001, Pingus 2008, Columella 2006. La comida fue operística y preparada por los siguientes intérpretes: Xavier Franco (Saüc), Raúl Aleixandre (534, antiguo Ca Sento), Josemi Olazabalaga (Aizian), Beñat Ormaetxea, Sergio Ortiz de Zarate, Baltasar Díaz Corbacho y los chuletones cortesía de Carlos García Ronda que nos deleitó con un cabecero de carne gallega de 15 kilos.
Otras de las características más fascinantes de Euskadi es el perfecto equilibrio entre modernidad y tradición. Ejemplo de esa modernidad es la deslumbrante reconversión de una ciudad como Bilbao. También mantiene el equilibrio en su gastronomía, sin duda, una de las mejores del mundo. Desde los pequeños pero excelsos productores artesanos ligados a la más ancestral tradición, como los quesos Isusi Anaiak (de leche de oveja carranzana cara negra, especie autóctona), el pan de horno de leña de Pablo Azkoaga de Orozko, la verdura de Arrospide o Víctor Arguinzoniz, que ha evolucionado y revolucionado un arte tan consustancial en Euskadi como la brasa, conjugándola con la creación de nuevos utensilios ?inventó una sartén con malla metálica para usar con diferentes maderas, adecuadas para cada plato: angulas a la brasa, caviar a la brasa, risottos impregnados con la fragancia de la madera?.
Uno de los mejores ejemplos de innovación a nivel mundial es Andoni Luis Aduriz, para muchos el mejor chef del mundo. La influyente revista 'Restaurant' le ha otorgado el 'Chef's Choice Award' por su impresionante trabajo en Mugaritz y también ha sido reconocido este año con el prestigioso premio Witzigmann a la innovación.
Pero hay cientos de experiencias para paladear en Euskadi: El atardecer desde el Monte Igueldo, navegando por la costa hasta el Flysch de Zumaia ?uno de los cinco lugares del mundo en el que mejor se ven las distintas eras de la Tierra?; un día en Getaria visitando las bodegas de Txakoli con sus viñas mirando al mar, admirando el Museo Balenciaga y disfrutando del magisterio de Igor Arregi en el Kaia y el ElKano ?sin duda el mejor rodaballo salvaje de Europa?; las sidrerías de Astigarraga, el espectáculo de los Bertsolaris, recorrer la Ría de Bilbao con la coctelería de Manu Iturregi del Residence-Evidence...
... San Juan De Gaztelugatxe, interpretar las obras del Guggenheim y los platos de Josean Martínez Alija de Nerua en el mismo museo, el milagro de Azurmendi (primer restaurante sostenible, gracias al uso de acumuladores de agua, a la energía solar que captan sus cubiertas acristaladas, a su calefacción geotérmica, a sus instalaciones fotovoltaicas, a su drenaje vegetal y sobre todo, a una espectacular huerta cultivada con más de 36 vegetales autóctonos), la excelsa música de Inma Shara (que ha dirigido las orquestas sinfónicas más importantes y ha sido galardonada con el premio a la Excelencia Europea por su proyección internacional y su aportación a la música clásica, igualmente ha sido nombrada 'Embajadora Honoraria de la Marca España'), las fotografías de Aitor Ortiz, los cuadros de Juan Mari Lazkano, la poesía de Kirmen Uribe, el museo de Bellas Artes de Bilbao, los partidos de pelota vasca, los partidos del Athletic quedando en el txoko a comer antes del mismo... Dicen que soñar es gratis, pues soñemos. ¿Se imagina a todos juntos recreando la 'Belle Époque' donostiarra...?
Por último, una circunstancia que siempre me ha sorprendido y he viajado por más de 100 países: ¡Siempre me he encontrado Coca-Cola y un vasco! Es un pueblo tremendamente viajero. Por todo ello, lo mejor de Euskadi es la amistad. ¡Aurrera (adelante) Euskadi!

jueves, 15 de marzo de 2012

2 LIBROS

Se acerca San José y, como cada año, me regalo un libro, a sumar éste a los que espero me regalen en casa de mis padres y padrinos. Hoy recogí en mi librería de referencia La Isla mi autorregalo y, de camino, otro que había pedido la semana pasada con la intención de disfrutar su lectura (cada uno el suyo, todo sea por la comodidad) junto a un buen amigo con el que comparto aficiones, confidencias, el amor por los principios de los libros, los libros en si mismos, y un steak tartar de vez en cuando. El LORD JIM de Conrad es el libro que compartiremos y comentaremos, el cual quiero empezar a disfrutar este mismo fin de semana. Por otro lado, el onomástico regalo que me he hecho este año es "La seducción de las palabras", de Álex Grijelmo (un recorrido por las manipulaciones del pensamiento). 
Veamos sus comienzos:
Lord Jim, Joseph Conrad
Por dos dedos, quizá un poco más, no superaba el metro ochenta, era de complexión fuerte y avanzaba hacia uno con paso firme, los hombros ligeramente caídos, la cabeza echada hacia delante y la mirada baja, clavada en su objetivo; recordaba a un toro dispuesto a embestir. Tenía una voz profunda, sonora, y sus gestos expresaban una tenaz confianza en sí mismo carente de cualquier agresividad. Diríase más bien una obligación, y, al parecer, no solo consigo mismo, sino con todos los demás. Su aspecto era impecable, iba ataviado de blanco níveo desde el sombrero hasta el calzado, y era muy conocido en los diversos puertos orientales donde se ganaba la vida como corredor comercial de proveedores de buques.
La seducción de las palabras, Ález Grijelmo
Nada podrá medir el poder que oculta una palabra. Contaremos sus letras, el tamaño que ocupa en un papel, los fonemas que articulamos con cada sílaba, su ritmo, tal vez averigüemos su edad; sin embargo , el espacio verdadero de las palabras, el que contiene su capacidad de seducción, se desarrolla en los lugares más espirituales, etéreos y livianos del ser humano.

viernes, 16 de diciembre de 2011

AMTERDAMS BLAUW DENIM

Amsterdams Blauw® is the colour of paint that was used in the golden century between 1500-1750 to paint dutch porcelain. The striking blue colour was obtained by mixing indigo from china and japan with an oil based paint. Nowadays you will still see the colour present on Amsterdam street signs and house number plates.We use the name Amsterdams Blauw® for the denim collection of Scotch & Soda. A Dutch based brand from the denim capital of the world Amsterdam. Scotch & Soda Amsterdams Blauw® is an ambitious young denim project that draws inspiration from American and Japanese denim aesthetics. We're constantly inspired by our great city, Amsterdam which allows us to be free in our approach to things. We want to play the maverick card and be the new and fresh alternative for the denim establishment. We are going to portray the Scotch & Soda Amsterdams Blauw® collection as the challenger brand.    
Amsterdams Blauw Denim Spring/Summer 2011 from Scotch & Soda on Vimeo.

martes, 20 de septiembre de 2011

DEL BLOG 'EL RINCÓN DEL DISTRAÍDO'

Mutilados
20 septiembre, 2011 - José Andrés Rojo

En El malogrado (traducción de Miguel Sáenz), que Alfaguara acaba de recuperar hace un par de meses, Thomas Bernhard cuenta la historia de tres amigos que coincidieron estudiando piano con Vladimir Horowitz en el Mozarteum de Salzburgo. Uno de ellos es Glenn Gould, el prodigioso intérprete de Bach, pero el personaje en torno al que gira la historia es Wertheimer, que un día se fue a un pequeño pueblo de Suiza, Zizers, y se quitó la vida a unos cien pasos de la casa de su hermana. El tercero de los amigos es el propio narrador. A él le toca dar los detalles y explicar los pormenores del conflicto central que recorre el libro. Cuenta que un día Wertheimer y él escucharon tocar a Gould las Variaciones Goldberg y que entonces comprendieron que no tenían nada que hacer. Llevaban años tocando el piano, estaban recibiendo clases del gran Horowitz, iban a convertirse en grandes concertistas y podrían recorrer el mundo dando giras, recibir el aplauso del público, labrarse una pequeña fama. Pero cuando escucharon a Gould entendieron que por mucho que hicieran jamás lograrían tocar como él lo hacía. "Estudiamos durante un decenio un instrumento, que hemos elegido, y oímos entonces, después de ese decenio fatigoso, más o menos deprimente, unos compases de un genio y estamos acabados, pensé", escribe Bernhard. Y de eso va esta historia, de lo que ocurre cuando se descubre que nunca se alcanzará la meta soñada, cuando se sabe que es inútil proseguir una batalla que no conduce a parte alguna, cuando se advierte que la perfección o la verdad o la belleza (o, en fin, lo que pueda perseguir un artista) no están al alcance de la mano. Fue Gould, explica el narrador, el que llamó a Wertheimer "el malogrado". "Nuestro Malogrado es un fanático, dijo Glenn una vez, se muere casi ininterrumpidamente de lástima de sí mismo".
La narración, uno de esos largos monólogos tan propios de Bernhard (en la imagen), no pierde de foco en ningún momento el asunto central. Glenn Gould le sirve para mostrar al genio, al que confía ciegamente en lo que hace, al que está más allá de cualquier melindre y asume cuanta dureza pueda haber en su camino, al que va siempre más allá y se permite cuantos caprichos le resultan necesarios. Para hacerlo no tiene el menor pudor en alterar su biografía verdadera. Miguel Sáenz, el gran maestro a la hora de trasladar la música de la literatura de Bernhard al español, explica en la biografía del escritor austriaco que publicó en Siruela que ni siquiera respeta sus últimos días. "Lo hace morir románticamente sobre el piano, interpretando las Variaciones Goldberg",cuenta, "cuando la realidad es que sufrió un ataque mientras dormía y murió en el hospital unos días más tarde".
A Bernhard, pues, le importa un diablo lo que de verdad pasó con Gould porque está mucho más preocupado por atrapar la verdad de su obra y de su talento y de su fascinante personalidad. "Apenas se sentaba Glenn al piano, se encogía sobre sí mismo, pensé, parecía una animal, mirándolo mejor, un inválido, pero mirándolo mejor aún, la persona inteligente y hermosa que siempre fue", escribe por ejemplo. O también: "Le gustaban las definiciones claras y odiaba lo impreciso". Y más adelante: "Tenemos que proporcionarnos continuamente aire puro, decía, si no, no podremos avanzar, nos veremos paralizados en nuestro propósito de alcanzar lo más alto". Incluso: "Aborrecía a los hombres que decían lo que no habían pensado hasta el fin, es decir, aborrecía a casi toda la humanidad".
Quién sabe cuánto de Bernhard hay en el Gould de Bernhard, y cuanto de Bernhard hay en Wertheimer e, incluso, en el narrador, que parece ser el más próximo a la propia historia del escritor (como ocurre casi siempre con sus narradores). En la novela los tres estudian piano, pero solo uno de ellos sigue adelante (¡y con qué grandeza!). El narrador asume con naturalidad torcer sus planes después de escucharlo aquel día tocando las Variaciones Goldberg. No así Wertheimer, y lo pasa mal hasta que se cuelga de un árbol. "Sólo vemos, cuando miramos a los hombres, mutilados, nos dijo Glenn una vez, exterior o interiormente, o interior y exteriormente mutilados, no hay otros, pensé", escribe Bernhard. Y de eso va El malogrado, de mutilados: trata de las pérdidas y de lo que les ocurre a los hombres cuando las padecen. Con esa inquietante ferocidad tan propia de Bernhard, y con su hondura y con su humor.
Glenn Gould, *Bach's Goldberg Variations (Part 1 of 6)

ALIMENTO PARA EL ALMA

Que me perdone el piano y el chelo, el arpa y el oboe, la viola y el contrabajo, la flauta y el trombón, que me perdonen todos los demás instrumentos.
Que me perdone Beethoven, Thaikovsky, Sibelius, Mozart, Bach, Vivaldi y tantos y tantos otros... que me perdonen. Pero, ¿hay algo más sublime que el Concierto para violín en mi menor, Op. 64, de Mendelssohn?
Escucharlo es disfrutarlo desde sus primeras notas, retrotraerme a mi infancia en casa de mis abuelos, donde aprendí a amar la música clásica. Escucharlo es recordar los discos de vinilo que hacían ruido en los mismos surcos, el cuarto del piano donde estaba el modesto equipo de HI FI, como se llamaban antes, y en el que colocaba los pesados discos de vinilo con su característico olor. Allí aprendí a a amar no sólo los maravillosos conciertos de violín, los de Brandenburgo de Bach o su Tocata y Fuga, el drama Peer Gynt de Grieg, la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvôrak, el chelo de Pau Casals, María Callas, los cuadros de una exposición de Musorsky, el mercado persa de Ketelbey, el Príncipe Igor de Borodín, las sinfonías de Beethoven o los conciertos de Vivaldi o Mozart, los valses de Strauss, las danzas húngaras de Brahms, el claro de luna de Debussy, la Barcarola de Offenbach o la música gregoriana que me gustaba para relajarme. La ópera la redescubriría algunos años más tarde.
¡Oh la música! qué gran alimento para el alma.

Solista: Sarah Chang
Primer Movimiento (parte I)
 Primer Movimiento (parte II)
Segundo Movimiento
Tercer Movimiento
El Concierto para violín en mi menor, Op. 64 es la última gran obra orquestal del compositor alemán Felix Mendelssohn-Bartholdy. Forma una importante parte del repertorio de violín y es uno de los conciertos para violín más populares y más interpretados de todos los tiempos. Una interpretación habitual tiene una duración de casi media hora.
Mendelssohn originalmente prometió un concierto para violín en 1838 a Ferdinand David, un amigo cercano que era un consumado violinista. Sin embargo, la obra tardó seis años en completarse y no fue estrenada hasta el año siguiente, en 1845. Durante este tiempo, Mendelssohn se carteó con regularidad con David, en busca de consejos para el concierto. La obra es uno de los primeros conciertos para violín del Romanticismo e influyó en las obras de varios compositores. A pesar de que el concierto consta de tres movimientos en la estructura típica rápido-lento-rápido y cada movimiento sigue la forma tradicional, el concierto era innovador e incluía características nuevas para la época. Como aspectos distintivos del concierto se destacan la entrada inmediata del violín al comienzo de la obra y el enlace entre movimientos sin solución de continuidad.
La obra fue inicialmente bien recibida y pronto fue considerada como uno de los conciertos para violín más grandes de todos los tiempos. Sigue siendo popular y se ha forjado la reputación de ser esencial su dominio para todos los virtuosos del violín, y normalmente es uno de los primeros conciertos románticos que aprenden. Varios violinistas profesionales lo han grabado y éste se interpreta con regularidad en salas de concierto así como en competiciones de música clásica.
Tras su nombramiento en 1835 como director principal de la Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig, Mendelssohn eligió a su amigo de la infancia Ferdinand David como concertino de la orquesta. Los orígenes de la obra proceden de la colaboración entre ambos. En una carta fechada del 30 de julio de 1838, Mendelssohn le escribió a David:
    «Me gustaría escribir un concierto para violín para ti el próximo invierno. Tengo uno en mi menor rondándome por la cabeza, cuyo comienzo no me deja en paz».
El concierto tardó seis años en completarse. Varios posibles motivos justifican el retraso, entre ellos las propias dudas del compositor,[6] el tiempo empleado en componer su tercera sinfonía y el infeliz periodo en Berlín tras la solicitud del Rey Federico Guillermo IV de Prusia. Sin embargo, durante este periodo, Mendelssohn se carteó con regularidad con David, en busca de consejos para el concierto. Además, este concierto para violín fue el primero de los muchos que serían compuestos con la colaboración de un violinista profesional e influenciaría las colaboraciones futuras. La partitura autógrafa tiene la fecha del día 16 de septiembre de 1844, pero Mendelssohn todavía necesitaría los consejos de David hasta su estreno. El estreno tuvo lugar en la Gewandhaus de Leipzig el 13 de marzo de 1845, interpretado por David y con la Orquesta de la Gewandhaus bajo la batuta del compositor danés Niels Gade, ya que Mendelssohn, se encontraba demasiado débil. Sin embargo, el 23 de octubre del mismo año se volvió a interpretar el concierto con un gran éxito, dirigido esta vez por el propio Mendelssohn e interpretada de nuevo por David.
El concierto fue interpretado otra vez el 3 de octubre de 1847 por el joven Joseph Joachim, violinista húngaro y protegido de Mendelssohn, que se hizo famoso sobre todo por la interpretación del Concierto en re mayor de Beethoven en el memorable concierto del 27 de mayo de 1844 que tuvo lugar en Londres.
La obra esta orquestada para violín solista y una orquesta clásica normal compuesta de dos flautas, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, dos trompas, dos trompetas, timbales y cuerdas.