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jueves, 4 de junio de 2026

MARJANE SATRAPI, RIP

Muere la dibujante iraní Marjane Satrapi, autora de 'Persépolis'
La artista ha fallecido a los 56 años.
Lara Gómez Ruiz, 04.06.2026

El mundo de la cultura y de cómic está de luto tras conocerse este jueves la muerte de la artista franco-iraní Marjane Satrapi, autora de Persépolis, una de las novelas gráficas más leídas de la historia, que cuenta la revolución islámica iraní vista desde los ojos de una niña. La historia también fue llevada a la gran pantalla por la propia Satrapi junto al cineasta e historietista Vincent Paronnaud.
La familia ha confirmado la triste noticia a la agencia francesa AFP. “Ha muerto de tristeza poco más de un año después del fallecimiento de Mattias Ripa, su esposo y el amor de su vida”, han explicado, sin por el momento dar más detalles. El productor, actor y guionista Mattias Ripa falleció el 8 de abril de 2025. Un año después lo hace su esposa, a los 56 años.

Galardonada con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2024, el jurado destacó su figura como “una voz esencial para la defensa de los derechos humanos y la libertad”, siendo considerada un símbolo del compromiso cívico de las mujeres. “Si me convierto en un símbolo del diálogo y de tolerancia es que el mundo va mal, porque ni soy supersimpática ni muy tolerante”, bromeó ella entonces en una rueda de prensa telemática, tras recibir el reconocimiento. En su discurso no faltó la denuncia a la situación de su país de origen, Irán: “La situación se ha agravado, la dictadura es aún más violenta, con un 85% de la población que quiere una democracia laica y el 65% viviendo bajo el umbral de la pobreza”.

Su último libro Mujer, vida, libertad (Reservoir Books, Finestres en catalán) es una obra colectiva de no ficción que conmemora el inicio de la revolución del velo en Irán tras la muerte de Mahsa Amini, una mujer iraní de origen kurdo a quien la policía religiosa islámica arrestó y torturó por no usar su hiyab correctamente.

viernes, 5 de diciembre de 2025

EL ABISMO DEL OLVIDO


Durante el velatorio de mi madre tuve la oportunidad de hablar con mucha gente, posiblemente más que los que logro recordar porque ya se sabe que la cabeza estaba en su mundo de duelo. Sí recuerdo la conversación con un buen amigo de mi padre, que le tenía mucho cariño a mi madre y a nosotros, sobre la biblioteca de cine de mi padre y, no sé cómo una cosa llevó a la otra, sobre mi prima M, presidenta de la Memoria Histórica de Tenerife. 
> ¡Ah!, eres primo de la que está obsesionada con el Monumento a Franco de Santa Cruz.
> Sí, obsesión que comparto con ella, por cierto.
Como no era el momento ni el lugar para discutir y dado que ambos éramos dos caballeros, desviamos el tema y la conversación fluyó agradablemente.
El tema de la memoria histórica es simple, aquellos que quieren recuperar a sus muertos suspiran por ello; enterrarlos de forma digna, cerrar el círculo como las familias de los marinos cuando pierden a un ser querido en el mar y no pueden darle sepultura. Según he leído, el ser humano es el único animal que entierra a sus muertos. Entiendo que muchos no quieran "remover el pasado" -frase repetida constantemente por los más reaccionarios, claro que si no tienes cuerpo, padre, tío, abuelo, amigo que recuperar, entiendo que te sea fácil postularte negacionista.
Cuando los arqueólogos occidentales abrían las tumbas del antiguo Egipto se decía que las almas de sus ocupantes se liberaban tras milenios de silencio. 
En cierta forma lo mismo ocurre con nosotros.
No hemos hecho más que esperar en silencio durante más de setenta años. Esperamos casi cuarenta años a que muriese la dictadura y volviese la democracia. Y esperamos cuarenta años más para que la democracia se preocupase por devolver la dignidad a los muertos.
Ha sido una larga espera.
"El abismo del olvido", Paco Roca/ Rodrigo Terrasa.
La lectura de "La penísula de las casas vacías", de David Uclés, me ha enseñado otra visión de la Guerra Civil española, dura y crudísima, escrita con tanta dulzura, a pesar de todo, que deseas que el libro no se termine nunca. Ahora empiezo un cómic sobre un viaje al pasado para recuperar la historia real de Leoncio Badía, un joven republicano obligado a trabajar de sepulturero; de José Celda, fusilado y enterrado en una fosa común (ejemplo de las decenas de miles de españoles represaliados por el régimen franquista, incluso "en tiempos de paz"); y de Pepica Celda, hija de José -tenía 8 años cuando mataron a su padre-, ya octogenaria, y que espera poder recuperar por fin los restos de su padre para restaurar su dignidad.
Los dibujos son una delicia y el texto duro también, como no podía ser de otra manera.


Un desgarrador laberinto que intenta desentrañar las miserias de un país obsesionado con despreciar su memoria. Astiberri Ediciones.

sábado, 15 de febrero de 2025

NUNCA MÁS


‘¡Nunca más!’: Art Spiegelman y Joe Sacco se dibujan a sí mismos en Gaza
El primero ganó el Pulitzer con ‘Maus’, el gran cómic sobre el Holocausto. El segundo firmó ‘Notas al pie de Gaza’, sobre el éxodo en los territorios ocupados. Ahora, los dos maestros de la novela gráfica colaboran en una tira sobre Gaza.
Art Spiegelman y Joe Sacco, 15.02.2025

Art Spiegelman (Suecia, 1948). Cofundador de las revistas Raw y Arcade, obtuvo el premio Pulitzer por Maus (1991) la monumental obra en la que trabajó durante más de una década y que realizó a partir de las entrevistas con su padre superviviente de Auschwitz, cuya familia fue aniquilada en el campo de exterminio nazi.

Joe Sacco (Malta, 1960). Periodista de formación, su libro Palestina (2001) marcó un punto de inflexión en la novela gráfica. Lo firmó a partir de los testimonios de palestinos durante la primera Intifada. Tambien ha publicado Notas al pie de Gaza (2009), sobre la nakba en el territorio ocupado.



sábado, 7 de diciembre de 2024

Y LOS GALOS PREOCUPADOS...

...porque no se les cayera el cielo sobre sus cabezas.



Sinvergüenzas al poder
La segunda llegada de Trump al poder significa que la lucha del nacionalpopulismo contra la democracia liberal prosigue.
Javier Cercas, 07.12.2024

A raíz de la victoria de Donald Trump en las elecciones estadounidenses, he leído numerosos análisis de las causas y consecuencias de su triunfo; hasta donde alcanzo, sin embargo, nadie ha dicho lo más obvio, quizá porque es lo más obvio o porque lo más obvio es lo que con más facilidad pasa inadvertido (precisamente porque es lo más obvio). A riesgo de incurrir en la perogrullada, intento exponerlo a continuación.

A la vista de todos está, y el propio interesado no hace el menor esfuerzo por ocultarlo; al contrario, se enorgullece de ello: Trump es básicamente un impresentable, un sinvergüenza —dicho sea con el máximo respeto—, un tipo con quien nadie con dos dedos de frente se tomaría un café. ¿Qué otra cosa puede decirse de un ególatra furioso, un narcisista de manual, un evasor de impuestos, un delincuente convicto, un mentiroso redomado, un tipo cuyo entusiasmo por la democracia es perfectamente descriptible, el principal responsable de un intento de golpe de Estado, un hombre capaz de insultar a diestra y siniestra, de burlarse de personas con discapacidad o de alardear de un machismo inigualado por aquellos hitos del séptimo arte protagonizados por Fernando Esteso y Andrés Pajares (incluso por ¡Qué gozada de divorcio!)? Es muy posible que la victoria de Trump se deba menos a sus méritos que a los deméritos de sus adversarios, a que, pese a la buena marcha general de la economía estado­unidense, la Administración de Biden fuera incapaz de reducir la inflación y la desigualdad, a que los demócratas hayan olvidado o abandonado a los trabajadores (como no se cansa de repetir el demócrata Bernie Sanders), a que Biden frenara demasiado tarde la carrera de su reelección y Harris no tuviera tiempo de preparar la de su elección. Todo esto es posible. Pero lo indudable es que la reelección de un hombre como Trump para la presidencia de la primera potencia mundial es la plasmación insuperable de uno de los rasgos definitorios de la política actual: el divorcio absoluto entre ética y política, la maquiavelización de la política (entendiendo a Maquiavelo como un prescriptor y no como un descriptor, que es como no hay que entenderlo), la idea de que, en política, lo único que cuenta son los resultados y no cómo y quién y de qué manera se consiguen. “Gato negro o gato blanco, da igual: lo importante es que cace ratones”, decía Deng Xiaoping (y Felipe González lo repitió en cuanto le oyó decirlo). Es posible que la moralina tribal del wokismo haya ayudado al triunfo de la completa amoralidad de Trump; lo seguro es que Trump ha convencido a una mayoría de estadounidenses de que con él serán más prósperos, y que esa mayoría ha decidido que, aunque el gato sea más negro que el carbón, lo importante es que cace ratones. ¿Qué será lo siguiente? ¿Y si, igual que Trump ha convencido a sus votantes —pobres y ricos— de que con él vivirán mejor, los convence de que vivirán mejor sin democracia? ¿Imposible? Gideon Rachman citaba en el Financial Times dos estudios recientes del Pew Center: según el primero, el 32% de los norteamericanos cree que sería una buena idea tener un líder fuerte que pudiera gobernar sin las constricciones del poder legislativo o el judicial; según el otro, un poco anterior, el 38% de los norteamericanos y el 48% de los republicanos pensaban que el país necesitaba un líder dispuesto a “romper algunas reglas, si eso era lo necesario para arreglar las cosas”. Sin comentarios.

¿Qué será lo siguiente? La primera llegada de Trump al poder, en 2017, simbolizó a la perfección el triunfo del nacionalpopulismo en Occidente; además de simbolizar el divorcio absoluto entre ética y política, su segunda llegada al poder significa que la lucha del nacionalpopulismo contra la democracia liberal prosigue. Trump y lo que Trump representa constituye un experimento inédito en la democracia más antigua del mundo; no tiene sentido preguntarse si se extenderá a nuestras democracias, porque ya lo ha hecho (y no solo gracias a la ultraderecha); la pregunta es: ¿hasta dónde se extenderá? ¿Y cómo va a acabar? La verdad: yo ahora mismo no veo cómo esto puede acabar bien.

miércoles, 20 de noviembre de 2024

PERDEDORES DE VIDA EMBARRADA


Daniel Clowes, retratista del patetismo estadounidense en el cómic: “Estoy enfadado y horrorizado con mi país”
El historietista regresa a sus primeros trabajos en los tebeos con ‘Bola Ocho Integral’ y contempla en Madrid la idea de mudarse a Europa: “Piensas en los judíos en 1932… y tienes que ser precavido”.
Eneko Ruiz Jiménez, 20.11.2024

Sucia, llena de perdedores de vida embarrada, patética y también surrealista, llena de humor y colorista. Nadie ha dibujado la experiencia estadounidense como Daniel Clowes (Chicago, 63 años), retratista de la adolescencia contestataria en Ghost World y también autor de la biografía traumática de Mónica (Fulgencio Pimentel, 2023). Pero, sin embargo, a uno de los historietistas más relevantes de EE UU se le nota agotado y frustrado por la idea actual de su país: “Estamos contemplando la posibilidad de mudarnos a Europa, por si acaso. Piensas en los judíos en 1932… y tienes que ser precavido”, apuntaba en Madrid a primeros de noviembre, antes de dar una charla en el Museo Reina Sofía que nada casualmente se llamó: Make America Weird Again (Hagamos raro a EE UU otra vez): “Nadie quiere a los estadounidenses aquí por buenas razones. Pero mi esposa siempre me dice: ‘En Europa valoran a los artistas, así que igual algún país te adopta”.

Ahora que presenta en español el recopilatorio de su primera revista de cómics en Bola Ocho Integral (Fulgencio Pimentel, 2024), donde publicó Ghost World, Clowes casi mira con nostalgia aquel 1989 cuando comenzó a publicar cómics. Aquel veinteañero solitario y marginal vio entonces que el tebeo underground era el que le podía sacar de su encierro en la mesa de dibujo: “Esa época fue una de las más tranquilas y menos locas de la historia estadounidense. Era muy aburrido. Recuerdo que en las elecciones ambos partidos eran básicamente lo mismo. No tenías elección real. Y los escándalos eran la nada. Pero sentías que por debajo había una rabia contenida que siempre había estado allí. Quería explorarla. Hoy esa locura ha tomado la delantera y se ha liberado. Ha sido como una caja de Pandora”, explica a EL PAÍS.


Su obra exploraba personajes incómodos y de rasgos complicados con los que no te querrías tomar un café. Tramas enrevesadas y surrealistas inspiradas por el cine negro, su gran afición. Y quizás ninguna tuviera sentido ni se dirigiese a un lugar claro. Era una experimentación del género. Tenía voz propia, y sus cómics han mantenido esa rareza. En Paciencia (Fulgencio Pimentel, 2016), un hombre del futuro viaja en el tiempo para recuperar a su amante asesinada. En Wilson (Reservoir Books, 2010) retrataba a un sociópata de mediana edad en la más atípica y depresiva tira de periódico. Pero a él le sigue sorprendiendo lo que puede llegar a creerse el público actual: “Cuando iba al supermercado de niño, había periódicos como The National Enquire que publicaban que el gemelo de Elvis había sido descubierto en un feto. Me preguntaba: ¿quién se lo va a creer? Y mi madre decía que había quien lo hacía solo por estar impreso, pero ¿quiénes eran? Pues hoy son la mitad del país. Eso siempre estuvo ahí. Y yo, que siempre estuve interesado en las teorías de la conspiración, me encuentro luchando contra ellas. Los cultos y las conspiraciones son ahora mainstream”, algo en lo que precisamente se adentraba Mónica, su última obra hasta el momento y que tardó en escribir siete años.

Clowes siempre ha tratado de entender a sus personajes, por complicados e insufribles que fueran, incluso con las malas decisiones que tomaran. “He tratado de representar personajes opresivos. O con quienes tuviera alguna relación. Cuando vamos por ahí, mi esposa me dice: ‘Ese es como uno de tus personajes’. El objetivo siempre es tratar de habitar en ellos y entender su perspectiva y decisiones. A veces pienso: ¿qué personajes no podría escribir? Quizás carceleros nazis, gente que fuera malvada sin pensarlo. No puedo meterme en esa mente, pero me gustan los tipos antisociales y ver cómo se sienten. Sería muy difícil encontrar empatía en un Elon Musk o Silicon Valley, se notaría un desprecio, pero seguro que hallaba algo, tienen que tener cierta fragilidad. Aunque parece inútil y quizás no lo merezcan, intento entenderlos”, reflexiona.


Con el tiempo, Clowes había dejado atrás el cinismo de la juventud para abrazar una ternura que, aunque sigue portando (“Te das cuenta de que hay muchas cosas dignas de tu afección y aprovechas las cosas buenas”), le cuesta expresar en este momento: “Estoy demasiado enfadado y horrorizado para contestar algo más sobre las elecciones ahora mismo”, responde por email días después de su visita a Europa, ya con Trump elegido como presidente. “La gente en Europa apoya mucho más las artes que en EE UU, y la cultura es mucho menos estresante. Volveremos”, asegura. En su visita ya hablaba de su fascinación por la capital española, ya que ve en su realidad sucia algo que le recuerda al oscuro Chicago de su adolescencia donde erigió su mundo de ficción, aunque lleve más de 30 en la progresista Oakland (California).

¿Cómo ha cambiado él en lo personal? “Yo era una persona muy aislada, muy tímido y con ansiedad. Lo único que hacía era estar encerrado en mi habitación trabajando. Me sentaba frente a una hoja y pensaba en mujeres bonitas y amigos molones, en que alguien me leyera. Era mi conexión con el mundo. Hoy habría estado completamente pegado a las redes, así que estoy feliz de haber crecido con esa soledad. Con 63 años y tras viajar y conocer mucho, creo que ese chaval tomó muy buenas decisiones sobre su arte, y me siento orgulloso de tener una visión propia desde el principio, eso nunca falla”, recuerda este hombre delgado y calvo, como se ha autorretratado innumerables veces, que ha aprovechado su estancia en Madrid para darse varias comilonas y disfrutar.

Recuerda que aquel niño solitario habría deseado que con 12 años compartir con algún compañero en el recreo su afición por los cómics de Thor, que entonces no eran populares. “Y ahora ves a un tipo de 50 años con una camiseta de Thor por la calle. Es perturbador, y alienígena. En Europa al menos ves a adultos vestidos como adultos”, apunta, y reconoce que dejó de coleccionar y leer cómics Marvel con 14 años: “Nunca volví a mirarlos”.

Clowes es especialmente crítico con la deriva emocional de la sociedad, y ese “frustrante” mensaje de la generación Z de solo querer ver personajes con los que identificarse: “Es devastador para la ficción y para desarrollar pensamiento crítico. La única manera de desarrollar perspectiva y entender a los personajes es leer ficción y los clásicos, y los jóvenes ya no lo hacen. Hay quienes ahora leen Ghost World y piensan que las protagonistas son viles y horribles. Nadie decía eso en los primeros 30 años tras su publicación, sino que te sentías reflejado, eran humanas. Pero ahora tienen que representar nuestros ideales y valores. Admiro a los artistas jóvenes, porque en este momento yo me autocensuraría. Todo el que se censure no tendrá una obra que viva en 20 años y será visto con desprecio en el futuro”.

Él fue raro desde el principio. “Veo la tensión por ser profesional en esos dibujos primigenios, las venas explotando en mis manos, en el trazo. Fui aprendiendo mientras lo hacía. Mi vida dependía de que fueran buenos. Hoy ya no siento el pincel en mi mano, es como la pluma de un pájaro”, cuenta este autor que todavía se niega a llamar a sus obras largas novela gráfica: “Es tonto, pretencioso, aunque la verdad es que ha sido útil para acercar a otro público. Chris Ware y yo tratamos de dar con un nombre mejor y no nos salió, solo pensamos en bromas”. Para él siempre serán cómics, y punto, sean en formato revistas, serializados o en obras autoconclusivas para adultos.

Pese a que hoy presente su obra en un museo, Clowes sigue creyendo que los “cómics no están hechos para los museos. Deben ser leídos en soledad, en una butaca cómoda y en silencio. Así consigues la conexión emocional”. Eso y la película que se pone cada noche constituye su refugio frente a un mundo que hoy le aterra un poco más que ayer. “Y se va a volver peor, con la inteligencia artificial, todo espacio público va a estar contaminado. Acabaremos no sabiendo si hablamos a nuestros amigos. Quien asegura que una IA producirá mejor que un humano deja claro que no tiene ni idea de lo que es el buen arte, pero es como discutir con un trumpista. No sirve de nada”, claudica.

jueves, 11 de julio de 2024

PROCRASTINAR


La palabra de moda, como lo fue consenso en su momento, aparece por todos lados. Nos recuerdan de cualquier forma que tenemos que estar activos ("Encontrar a Dios en el trabajo", que diría el fundador del Opus Dei; "Arbeit macht frei", El trabajo libera, escrito en tantas entradas a los campos de concentración nazis), que no puedes dejar para mañana nada, que las metas hay que cumplirlas cada día. Nos han inculcado estas premisas tanto que ya forman parte de nuestra manera de ser y el complejo de culpabilidad campa a sus anchas dentro y fuera de nosotros.
Uf, esta tarde no he hecho nada. Estoy hecho un vago, mal. Qué cansado estoy, pero si no trabajo esta tarde, mal. Se me está acumulando el trabajo, mal. ¿Estaré entrando en una depresión? mal.
No, no, no. El trabajo no te hace libre, te cansa. Necesario porque hay que comer, en modo resumido, poco más. Se nota que suspiro por la jubilación, no lo duden. La fórmula suele ser infalible: la capacidad de trabajo es directamente proporcional a las ganas de jubilarse.
¿Qué vas a hacer tú cuando te jubiles? me decían el otro día con rictus rabioso en el semblante. ¿Yo?, no lo sabes tú bien, contesté.

Por lo pronto ristra de ajo en la entrada de mi oficina -los vampiros existen, palabra-, despertador de lunes a jueves a las 04:15am, trabajo presencial y teletrabajo en el exilio y jueves con sabor a viernes. Y así pasa la vida, que diría la copla.

martes, 2 de abril de 2024

PUNK IS NOT DED


Las noticias de ayer me preocupan, tanto que en uno de mis sueños vívidos de anoche, recuerdo veladamente, pensé en la guerra. Nuestra época, un puzzle como cualquier otro, a pesar del confort al que hemos llegado, cada vez tiene más fichas que no encajan y que nos retrotraen a tiempos pasados que jamás fueron mejores. Jamás.
Parece que Israel bombardea en Siria la residencia del embajador de Irán y mata a varios mandos militares pertenecientes al Cuerpo de Guardias de la revolución Islámica, cuerpo creado por Jomeini. ¡Agüita! (Si les apetece repasar la historia nada mejor que leer el maravilloso cómic "Persépolis" de Marjane Satrapi).
Pues sí, cómo no darme miedo ver lo que pasa en Oriente Medio, en Israel, en Palestina, en El Líbano, en Siria... todo bajo la sombra de Irán. ¿En qué acabará todo esto? Si es que termina.
Ahora que NETFLIX nos muestra la serie "El problema de los tres cuerpos", verdadera cuestión matemática irresoluta, es un buen momento para replantearnos si no sería mejor, tal y como preocupaba antaño a los galos, que el cielo cayera sobre nuestras cabezas. Sin hijos, sólo les pido a las nuevas generaciones que lean, que viajen y que disfruten de las bellezas que aún nos ofrece el planeta porque la cosa se pone fea, muy fea. Y lo dice un optimista recalcitrante.
¿Lo peor? Como siempre la poca altura de nuestros políticos, allá y acá.

Nick Cave & The Bad Seeds, *O Children.

jueves, 20 de abril de 2023

PENÚLTIMA JOYA

Empecé anoche a leer este último cómic que me ha llegado, después de haberlo descubierto, sabido que se trata de una de las joyas de este tipo de literatura. Leí un buen rato hasta que sopesé las horas que me quedaban hasta que sonara el despertador, siempre pocas unos y otras.

martes, 12 de octubre de 2021

ENTRE LÍNEAS

Entretenido he estado un rato esta mañana investigando en el apasionante mundo de las librerías de segunda mano online. Busqué ayer con interés el cómic "Persépolis" en mi biblioteca y no lo encontré, lo que significa que posiblemente lo presté y nunca me lo devolvieron, cosa bastante común. Así, buscando con calma, he encontrado no sólo la novela gráfica que buscaba sino "Persépolis 2", de manera que el resultado ha sido redondo, y con una inversión bajísima; claro que también he descubierto que la saga sigue hasta un cuarto volumen.
Hoy también he comenzado una nueva novela de título sugerente y excelentes críticas: "El bosque sabe tu nombre". Esta manía nada recomendable de leer varios libros al mismo tiempo -les prometo que no me vuelvo loco y que, al abrir cada uno de ellos, logro volver a sumergirme en él sin mayor problema-, hace que ahora ante con tres: junto a la mencionada novela de Alaitz Leceaga, el primer tomo de "Dragonball", que empecé durante mis vacaciones y que saboreo (mi amigo S me recrimina mi lentitud lectora), escrutando cada página como si de un jeroglífico se tratara y que estoy apunto de terminar y ya con ganas de comenzar el siguiente; y la última de Julia Navarro, "De ninguna parte", que transcurre entre El Líbano, París e Israel. 




sábado, 6 de febrero de 2021

BULLYING

Acoso escolar, bullying o como lo quieran llamar, qué gran putada para el que lo sufre. Otra vuelta de tuerca al abusón de toda la vida, tan fuerte que puede amargarle la infancia a cualquiera. Yo lo sufrí, muchos años, aunque es algo que creo tener superado. No cabe duda que esto forjó mi forma de ser, entre otras cosas, y me ha ayudado no tener el rencor como defecto (muchos otros seguro, que éste precisamente no). Quizá ayudado la pérdida absoluta de recuerdos del colegio, esos recuerdos idealizados que uno guarda de la infancia y que yo casi tengo borrados. Estas paradojas de la vida que nos quita una cosa y al mismo tiempos nos da otra: aún conservo a mis mejores amigos de la infancia. Los demás conocidos ni están ni se les espera. Muy al contrario.

Respecto al cómic del que se habla a continuación, lo leí hace un par de meses y me gustó. Cualquier granito de arena que logre borrar del mapa a los abusones bienvenidos sean.
Donizzeti, "La hija del regimiento".
*A mes amis (Javier Camarena)

“El acoso escolar es un monstruo con cara de niño”
IÑAKI ZUBIZARRETA | EXJUGADOR DE BALONCESTO Y PROTAGONISTA DE ‘SUBNORMAL: UNA HISTORIA DE ACOSO ESCOLAR’.

El ex jugador de baloncesto del CB Tenerife-Canarias, Iñaki Zubizarreta (Madrid, 1972), es el protagonista del cómic ‘Subnormal: una historia de acoso escolar’, cuyo guión ha corrido a cargo de Fernando Llor, arropado con ilustraciones de Miguel Porto. El álbum se presenta hoy en el Club de Lectura de la Biblioteca Insular en su versión online y reproduce la historia verídica del deportista que sufrió la dureza del bullying durante su etapa escolar. Su altura y fuerza no sirvieron para defenderse de los acosadores que lo llevaron al borde de la muerte. El cómic busca concienciar y educar a jóvenes y mayores sobre el problema.

¿Le gusta el título que le han puesto al cómic de ‘Subnormal: una historia de acoso escolar’? ¿No es un poco denigrante y fuerte?

El título fue una petición expresa mía de que tenía que ser ese. No hace alusión, en ningún momento, de manera despectiva, a alguien que pueda tener una discapacidad. Se trata de una denuncia al adjetivo que me pusieron y con el que me destruyeron la vida siendo muy joven porque me lo dijeron una y otra vez hasta que llegó el momento en que creí que era subnormal. Es un título que muestra la cara real del acoso escolar. Basta ya de decir que son cosas de niños cuando no lo son porque, si alguien que vea el cómic lo piensa, tiene un problema. Independientemente de los niños que lo sufren, muchos adultos que lo han pasado siguen llevando sobre sus hombros la mochila del niño o la niña rota que deriva del tiempo escolar. Por tanto, es un problema social. Va mucho más allá del recinto estudiantil y más hoy en día, con las redes sociales, que ya no ofrecen tregua en ningún lugar del mundo. Con darle a un simple botón ya te ven todos e incluso te puede destrozar la vida.

¿Cómo una persona con su altura y con su gran físico y fuerza pueden sufrir bullying en el colegio? Parece una paradoja. En todo caso, tendría que ser usted el protagonista de la amenaza a otros niños. ¿No le parece?

Eso es una pregunta para las personas que solo ven el físico y no ven al niño. Por mucho que yo midiera 1,82 tenía solo 11 años cuando los que vinieron a por mí contaban con 16 y 17. No tienes nada que hacer frente a gente de esas edades. Por el físico podría dar más el perfil de ser un acosador, pero no lo he sido en mi vida. He defendido a muchas personas. El acoso escolar es un monstruo con cara de niño.

Llegar al borde del suicidio. ¿Qué tiene que ocurrir para alcanzar tal extremo?

Una persona que se va a suicidar, independientemente de la edad, no se planta delante de un acantilado, como hice yo, porque no quiere vivir. Esa persona está tan sumamente rota que lo que quiere es dejar de sufrir. A eso se le llama desesperación. Sin referirnos al tamaño ni a la fuerza, hay algo que se llama corazón, que te pueden destruir por completo por muy grande que seas. No es un tema físico, sino de personas. Para llegar a ese extremo antes me habían humillado, aislado, insultado, escupido, dado palizas y hasta me hicieron comer lo que había en un retrete…

Y estar después al borde de la muerte por una paliza. ¿No se decidió a denunciar en ese momento? Se trata de un hecho punible...

Denunciar, ¿dónde? El acoso escolar ha salido a la luz el 21 de septiembre de 2004. Anteriormente, se consideraban asuntos de chavales. En aquella época no había acoso escolar. Estaba muy aceptado que las cosas eran así y te tenías que hacer el fuerte. El bullying salió a la luz a raíz del suicidio de Jokin Ceberio en Hondarribia y se mostró ante todos porque su tío era Jesús Ceberio, director de El País. En el año 83, en el que a mí me ocurrió esto, no existían protocolos ni conciencia, e incluso había profesores que te estaban destrozando, como fue mi caso, con una a quien le vino el tema grande y que también me llamaba subnormal. El problema no era mi altura ni que otro fuera gordo, sino que te eligen. Nadie elige ser acosado como nadie elige que le peguen a causa de la violencia de género.

¿Qué le parece el guión que ha creado Fernando Llor para narrar su historia? ¿Cupo todo en el cómic o faltan datos por contar?

Fantástico. Hemos estado trabajando para elaborar el guión un largo periodo de tiempo. Me tuve que abrir metafóricamente a Fernando y contarle muchas cosas. Hubo que hacer una selección de toda mi historia porque en este formato no cabe entera. Con este guión se ve qué se siente con el acoso y las secuelas, y lo que pasa después, algo de lo que nadie habla. No es un cómic políticamente correcto ni con paños calientes. Nos han comprado los derechos del guión para hacer un largometraje que llevará el mismo título. Queremos narrar en él que también se trata de una historia de superación, es decir, que del acoso escolar se sale y hay buena vida después, que es lo que se cuenta en el cómic. El filme pretende educar y ayudar a los jóvenes que sufren acoso. Estamos preparando, por otro lado, una guía didáctica que se pueda utilizar en los centros.

¿A qué edades se dirige y por qué en formato cómic?

Se puede leer a partir de quinto o sexto de Primaria. El formato se eligió por ser el más sencillo para llegar a los jóvenes.

¿Cómo son las ilustraciones de Miguel Porto? ¿Reflejan bien la realidad vivida?

Hay viñetas que, aun careciendo de texto, consiguen revolverte el estómago. Miguel Porto ha hecho un trabajo espectacular de composición.

¿Qué recomienda hacer a los jóvenes que sufren bullying para terminar con la situación?

El problema es la gente de alrededor que ve el acoso y no hace nada y no se da cuenta de lo que sufren los chavales. Sigue imperando la ley del silencio. Por mucho que hayan pasado los años, las personas que lo ven apartan la mirada y, como no va conmigo, me retiro de aquí. Y de este modo, lo que hacen es colaborar a que ocurran este tipo de cosas. No eres un chivato por denunciar estas situaciones; al contrario, con el silencio se tiene la misma responsabilidad que los acosadores. A los jóvenes que sufren bullying les recomiendo que nunca se callen, que busquen ayuda. Es imposible para una persona sola enfrentarse a muchos. Sobre todo, quiero destacar que la gente que lo vea lo comunique y no permita que los demás lo pasen mal. No hace falta un enfrentamiento directo, pero sí decírselo a un profesor o a los padres para que puedan actuar sin tener que exponer a los niños. Los silencios matan. Yo he estado allí y no se lo deseo a nadie.

¿Observa muchos casos hoy en día? ¿Hacia qué perfiles de personas se dirige el acoso?

Muchísimos. Hoy en día, los jóvenes tienen acceso a todo tipo de información, igual que nosotros, pero no saben utilizarla. No se les educa para ser unos ciberciudadanos de bien que generen un entorno seguro. El acoso le puede ocurrir a cualquiera, no hay un perfil.

Usted sigue trabajando por erradicar el bullying. ¿Qué actividades realiza?

Doy charlas, formación y trabajo con una fundación ayudando a deportistas y a otros jóvenes. Intento dar voz a todos los chavales y chavalas que lo sufren o han sufrido.

sábado, 14 de marzo de 2020

EMPEZANDO


Releo estos días el magnífico libro de cómic de Guy Delisle "Crónicas de Jerusalén", más aún cuando llegué de Israel hace menos de un mes y aún no he podido sentarme con calma a escribir mi modestísima crónica del viaje, como me gusta hacer para recordarlo en cada foto y en cada letra que escribo aquí.
Jerusalén es maravillosa, se respira Historia desde que llegas a la ciudad o desde que atraviesas una de las puertas de la Ciudad Vieja. Espero que este confinamiento de dé algo más de tiempo para poder escribir que es una de las pocas cosas que sigue apasionándome a pesar de mi visión escéptica de este mundo.