martes, 18 de septiembre de 2018

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HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

SIEMPRE

KEITH HARING

LO PÚBLICO

Conversaban el otro día dos amigos de lo que implica trabajar para la Administración Pública, en concreto la conversación versaba sobre el trabajo en un Ayuntamiento. Uno de los interlocutores defendía su actuar "en defensa de los intereses del Ayuntamiento", el otro estaba en desacuerdo. Si bien no se debe olvidar que se trabaja en la Administración, defendía, y vaya la legalidad siempre por delante, se debe trabajar "en defensa del administrado", que ésta es la verdadera labor de quién trabaja en el sistema público. Desgraciadamente parece que estos dos conceptos resultan antagónicos. Obviamente ya pueden imaginar cuál de los dos sufre más en su puesto de trabajo.

domingo, 16 de septiembre de 2018

MAZEPPA

Liszt, *Mazeppa (Transcendental Etude nº4).

PERO ¿QUÉ HACES TÚ AQUÍ?

¡Un cachalote en Madrid!.

Expectación por la aparición de un cachalote en Madrid
R.D. | Madrid | 14/09/2018
https://ultimahora.es/noticias/nacional/2018/09/14/1025363/expectacion-por-aparicion-cachalote-madrid.html

Los viandantes no daban crédito. Aquellos que este viernes por la mañana han pasado por el puente de Segovia, en Madrid Río, han comprobado como en el estanque cercano se hallaba lo que parece ser un cachalotevarado. Un gran mamífero marino a muchos kilómetros del mar, rodeado de personal con batas blancas.
La zona estaba acordonada y se ha llenado de curiosos. El propio Ayuntamiento de Madrid prometía dar más detalles del sorprendente 'hallazgo'.
Todo se trata de una campaña, en este caso, a favor del medio ambiente y por la concienciación de la sociedad en relación a un problema que atañe a todos.
Así es ‘Whale’, una intervención artística del colectivo belga Captain Boomer, que simula la actuación que en la vida real se lleva a cabo ante la aparición de una ballena varada, una representación que ya ha tenido lugar anteriormente en grandes capitales europeas, como Londres, Amberes o París, e incorpora a varios actores que simulan ser científicos que interactúan con el cetáceo e invitan al público a participar como un agente más.
Esta instalación abre la programación de otoño de CiudaDistrito, que se presentará el próximo miércoles en el Teatro Galileo de Chamberí y contará con más de 200 actividades culturales gratuitas por toda la ciudad.
La intervención, centrada en la enorme escultura hiperrealista a tamaño real, estará instalada en el espacio madrileño todo el fin de semana.

Caco senante, *Una gaviota en Madrid.

LA PIEDAD

Cine anoche. Isabel y yo optamos por "Un océano entre nosotros", absurda traducción de "The Mercy". Una película extraña sobre un pobre hombre superado por las circunstancias, por sus circunstancias.

sábado, 15 de septiembre de 2018

EL GRAN HERMANO DIGITAL

Herejes de la religión digital
La redención tecnológica que algunos vieron en Internet puede convertirse en una condena. Varios ensayos alertan del peligro del control digital de la sociedad, pero no siempre consiguen que coincidan teoría y práctica. 
https://elpais.com/cultura/2018/09/13/babelia/1536828693_419316.html

En 2014 el bloguero iraní Hossein Derakhshan, que se hizo célebre como uno de los impulsores del periodismo ciudadano, fue liberado tras pasar seis años en la cárcel. Cuando tuvo acceso de nuevo a Internet se quedó espantado de los cambios que había experimentado la Red durante su encierro. En distintas intervenciones públicas denunció que la tecnología digital había perdido su capacidad para la transformación política y social y se había convertido en una fábrica de entretenimiento. La razón, según Derakhshan, es que en la época de las redes sociales, el hipertexto —que, a su juicio, era el elemento definitorio del Internet original— se había visto desplazado por la lógica de la novedad y la viralidad. La comunicación digital se habría convertido así en un flujo constante de imágenes controlado por algoritmos opacos.

El desencanto de Derakhshan es interesante porque contrasta con el entusiasmo que desató la eclosión de las redes sociales, aún mayor que el que se produjo con la gran marea de blogs de unos años antes. La web 2.0 fue anunciada como un retorno del espíritu comunitarista de los tiempos heroicos de la contracultura informática. Es una pauta habitual. La historia de la recepción de la tecnología digital es una sucesión de exaltaciones y decepciones explosivas y fugaces. Los cambios técnicos —algunos francamente triviales— son vividos como el albor de un mundo nuevo o un anuncio del apocalipsis. Precisamente si algo caracteriza el momento actual, al menos desde el punto de vista de la producción intelectual, es la generalización de la literatura crítica con las redes sociales. Se trata de un cambio profundo respecto a la situación de hace apenas un lustro, cuando muchos tecnólogos consideraban casi una ofensa personal que alguien escribiera sobre Internet sin la deferencia debida a los medios sociales.

Uno de los pioneros e impulsores de este giro crítico es Jaron Lanier, ingeniero informático y miembro prominente de la cultura digital estado­unidense, que se dio a conocer como ensayista con dos libros —Contra el rebaño digital y ¿Quién controla el futuro?— que denunciaban respectivamente las dinámicas de linchamiento que se estaban generalizando en la web social y la concentración de poder en manos de unas pocas megacorporaciones tecnológicas. Todos los textos de Lanier parten de una idea lúcida que desarrolla de un modo superficial pero interesante. Por desgracia, tiende a sepultar sus tesis sobre aquellos temas que conoce de primera mano bajo varios estratos de opiniones que exceden manifiestamente su ámbito de competencia y, peor aún, recordatorios de sus inagotables talentos e intereses. Si el narcisismo fuera una enfermedad infecciosa, las autoridades sanitarias confinarían a Lanier en una cámara de aislamiento. Por eso su último ensayo, en el que repasa algunos de los aspectos más perniciosos de las redes sociales, se beneficia de un tono mucho más directo y modesto que los anteriores. Lanier no se priva de darnos su opinión sobre un amplio abanico de temas y parece creer en serio que las redes sociales han provocado una desviación maléfica en el curso de la historia (literalmente atribuye las políticas gubernamentales de su país a una supuesta adicción a Twitter de Donald Trump). Pero su análisis de la retroalimentación negativa de la arquitectura de las redes sociales, los intereses comerciales de sus propietarios y sus anunciantes y las conductas sociales de sus usuarios es valiente, claro y sugerente.
a centralidad de las redes sociales en las comprensiones contemporáneas de la cultura digital está alimentando un heterogéneo conjunto de estudios académicos que recibe mucha atención mediática, pero cuya coherencia es cuestionable. Esta especie de redología abarca desde desarrollos rigurosos en el campo de la biología y la matemática hasta planteamientos sociológicos o filosóficos mucho más impresionistas. La metáfora de la Red imprime una pátina de unidad a un campo de análisis que, en realidad, recuerda a aquella escena de Amanece que no es poco en la que el maestro pone un examen a los niños del pueblo diciendo: “Tomad nota de las preguntas: Las ingles. Su importancia geográfica. ¿Son verdad las ingles? Historia de las ingles. Las ingles en la antigüedad. Las ingles de los americanos. ¿Cómo hay que tocar las ingles? El ruido de las ingles…”. Basta sustituir “ingles” por “redes” para obtener una panorámica bastante precisa de las versiones más ampulosas de los estudios netológicos.

Precisamente el crédito que el historiador conservador Niall Fergusonda a la teoría de las redes es el principal lastre de un ensayo, por lo demás, robusto y divertido. La plaza y la torre hace un recorrido vertiginoso por el modo en que a lo largo de la historia organizaciones emergentes poco estructuradas (las “redes”) han logrado imponerse a instituciones con una urdimbre burocrática más rígida (las “jerarquías”). Ferguson relativiza la novedad de las redes digitales subrayando la continuidad de los usos de la tecnología actual con el pasado analógico. El ascenso de la web social sería, desde su punto de vista, un subproducto de la crisis de la institucionalidad jerárquica que se había generalizado en Occidente tras la Segunda Guerra Mundial. A partir de los años setenta del siglo pasado, en cambio, se habría ido difundiendo una nueva arquitectura social reticular de contornos más vagos, un proceso en el que resultó esencial la apuesta por la mercantilización.

Es una tesis vigorosa y probablemente correcta. El problema es que Ferguson trata de convertir la contraposición metafórica entre redes y jerarquías en un mecanismo teórico de largo alcance histórico. La estructura topológica de ambas dinámicas sociales explicaría así toda clase de acontecimientos de los últimos cinco siglos: desde la reforma protestante, las sectas masónicas y el movimiento Taiping hasta las estrategias políticas de Henry Kissinger y el ascenso de Donald Trump, pasando por casi todo lo demás. Es difícil exagerar la concupiscencia conceptual de un libro en el que aparecen, separados por unas pocas páginas, Pizarro, Lutero, Paul Revere, Rothschild, Virginia Woolf, Kim Philby, Lenin, Lucky Luciano, Hayek o John Perry Barlow. Ferguson mezcla y confunde un repertorio complejo de conceptos sociológicos —burocracia, jerarquía, clase, estatus, capital social…— y somete procesos muy diferentes a una interpretación reductiva con un fuerte aire de cherry picking. Se precisa una fe fanática en la topología para aceptar que las dimensiones formales de la organización social tienen tal poder explicativo. Sencillamente es un marco teórico demasiado estrecho para la inmensa cantidad de tramas históricas que estudia.

Algunas de las críticas filosóficas más vehementes de la economía política de las redes sociales están siendo elaboradas por herederos intelectuales del último Michel Foucault. Es el caso de Éric Sadin, que se dio a conocer en nuestro país con La humanidad aumentada y cuyos estudios tecnológicos beben de la obra de teóricos del neoliberalismo como Christian Laval y Pierre Dardot o, sobre todo, Luc Boltanski y Ève Chiapello. La tesis central de La silicolonización del mundo es que se está imponiendo globalmente una forma extrema de liberalismo —el tecnoliberalismo— basada en una “alianza entre la vanguardia de la investigación tecnocientífica, el capitalismo más aventurero y conquistador, y los gobiernos social-liberales que ven en la algoritmización de las sociedades la ocasión histórica de responder al núcleo de su proyecto”. Sadin exhibe músculo histórico y sociológico para radiografiar la capacidad legitimadora de la tecnología digital, el modo en que se ha convertido en la tabla de salvación de un régimen social agotado que afronta una crisis estructural.

La silicolonización del mundo describe de forma convincente los cambios en las “visiones del mundo” dominantes, el modo en que las promesas de redención tecnológica que emanan de Silicon Valley desempeñan un papel fundamental en nuestra aceptación del orden social. Sin embargo, en sus páginas a menudo queda difuminada la frontera entre el análisis ideológico y la realidad. Da la sensación de que Sadin se toma la ideología californiana más en serio que los propios ciberutopistas. Es indiscutible que los mitos tecnológicos tienen capacidad consensual y están muy presentes en los discursos políticos públicos. Otra cosa muy distinta es el papel efectivo que desempeñan, por ejemplo, la economía del conocimiento o la inteligencia artificial en nuestro sistema económico y político. Como recuerda Jaron Lanier con honestidad, “inteligencia artificial” nunca ha sido nada más que una metáfora propagandística. Y el maná de la economía del conocimiento es una especie de fábula edulcorada que nos contamos para ignorar problemas como el agotamiento de los combustibles fósiles. Los datos no son el nuevo petróleo: el nuevo petróleo es el viejo petróleo pero más caro y escaso. A fin de cuentas, tal vez la cuestión no sea tanto entender cómo las redes sociales están cambiando el mundo —o incluso si lo están haciendo realmente—, sino, al contrario, pensar cómo ha cambiado el mundo para que atribuyamos tanta importancia a las redes sociales.

Diez razones para borrar tus redes sociales de inmediato. Jaron Lanier. Traducción de Marcos Pérez. Debate, 2018. 188 páginas. 14,90 euros.
La plaza y la torre. El papel oculto de las redes en la historia: de los masones a Facebook. Niall Ferguson. Traducción de Inga Pellisa y Francisco J. Ramos. Editorial, 2018. 652 páginas. 27,90 euros.
La siliconización del mundo. Éric Sadin. Traducción de Margarita Martínez. Caja negra, 2018. 320 páginas. 22 euros.

DIBUJO Y BACH

Me siento a dibujar ahora con la perspectiva de terminar un plano complicado. De fondo Johan Sebastian Bach.

Goldberg Variations, *BWV 988, Aria.

JETA INCONMENSURABLE

Lo de las inmatriculaciones de edificios que ha hecho la Iglesia en España durante los últimos años no tiene parangón. ¿Cómo ha acabado la Mezquita de Córdoba perteneciendo a la Iglesia Católica? Esta gente, experta en expolios y en no pagar impuestos, a lo tonto va engrosando su patrimonio a costa del que pierde el Estado, o sea del que perdemos todos. Sin comentarios.

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

LLGH



Invitados estábamos a la inauguración de "Lassotea", terraza situada en la cubierta del La Laguna Gran Hotel. Allí, con motivo de los fuegos de las Fiestas del Cristo, en La Laguna, estábamos reunidos los amigos más cercanos, teniendo la oportunidad de saludar, además, a muchos amigos y conocidos a los que uno no tiene la oportunidad de ver a menudo. Buenas compañía, un lugar privilegiado para disfrutar de los fuegos y una música estupenda convirtieron el encuentro -el evento, que dirían hoy- en una noche de lo más agradable. Antes, por la tarde, había tenido lugar la procesión del Cristo, la "del retorno".




DOLCE FAR NIENTE

Lo normal es que llegue al viernes exhausto, y esta semana no ha sido diferente. La entrega que me supone el trabajo diario, por la mañana al 100% y por la tarde, aunque algo más relajado, también a tope, hizo que el jueves, entrada para el concierto de música de cámara en el auditorio, se quedara sin usar, no tuve fuerzas para vestirme y bajar de nuevo a Santa Cruz, con este cansancio, con este calor sofocante. Una siesta que me supo a poco y algo de dibujo, el jueves estaba metido en la cama a las 11, quedándome como un tronco en unos minutos. Ayer viernes vuelta a empezar, con calor aún, trabajé por la mañana y, después de comer, me tiré en el sillón a no hacer nada, mejor dicho, a disfrutar del placer de la lectura. Mis perritas entraban y salían, los ventanales del jardín estaban abiertos (Mies hubiera preguntado ¿qué está dentro, qué está fuera?) y yo seguía con el libro "La desaparición de Stéphanie Mailer" mientras sonaban en mi iPod arias de ópera.. Qué sensación placentera la de poder disfrutar de una tarde leyendo, sin mayores preocupaciones. Lástima que esto no sea más recurrente.

jueves, 13 de septiembre de 2018

BACH PARA REFRESCAR UN JUEVES MUY CALUROSO

Glen Gould plays Bach.
*Concierto in D Minor, BWV 974

BEFORE & AFTER

Todo está escrito: antes pan y circo, ahora fútbol y cortinas de humo.

TONTOS


Los másteres sin control de quienes nos toman por tontos
El ‘caso Montón’ demuestra que las inspecciones educativas no funcionaron en la Rey Juan Carlos.

Cada vez que un político español es señalado por conductas irregulares intenta explicarse públicamente tomando por tontos a los administrados. El caso más sangrante y que la justicia investiga es el del presidente del PP, Pablo Casado. Llegó a decir que para obtener el título de un máster en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) no se le exigió ni acudir a clase ni hacer exámenes. Entonces, ¿qué hizo? En un país con tan alta proporción de universitarios (por encima de la media europea) son demasiados los que conocen los procedimientos de la enseñanza superior, razón por la cual suenan también extravagantes las explicaciones de la expresidenta de Madrid, Cristina Cifuentes, y la actual ministra de Sanidad, Carmen Montón. Extravagantes y poco convincentes.

El caso de Montón es nueva y golosa munición para la refriega política, pero es mucho más trascendente para el sistema educativo español. Ayer mismo, Pilar Aranda, vicepresidenta de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE), pretendió tranquilizar a los ciudadanos asegurando que lo ocurrido en la URJC es “una práctica aislada” y que el sistema, riguroso y transparente, dispone de “mecanismos de control”. Pero creerla obliga a hacer un acto de fe.

Ahora sabemos —gracias a investigaciones periodísticas y no a controles internos— que el Instituto de Derecho Público (IDP) de la URJC llevaba diecisiete años impartiendo másteres en los que presuntamente se falsificaban firmas, se cambiaban las notas arbitrariamente, se convalidaban asignaturas de forma irregular y se regalaban títulos a la gente importante. Y todo ello, sin fiscalización alguna, gracias a la dispensa otorgada al IDP por el entonces rector Pedro González Trevijano, hoy magistrado en el Tribunal Constitucional. ¿De qué controles habla Aranda? ¿Basándose en qué creer que este era el único agujero negro del sistema?

La CRUE ha prestado inspectores propios para investigar todo lo ocurrido en el IDP. El propio ministerio tiene su agencia de evaluación y acreditación, ANECA. ¿Meses después del caso Cifuentes, no habían detectado el caso Montón?Defender a la universidad pública es también investigar lo ocurrido y dar a conocer el resultado de una indagación realizada con el dinero público. Eso es transparencia. De no hacerlo, el daño es doble al quedar en entredicho una institución y, de paso, esos mecanismos de control que no funcionaron y no defendieron, por tanto, el prestigio y el valor de los títulos de los que sí estudiaban, acudían a clases, se examinaban y elaboraban de verdad su tesis final.

Los recortes educativos han perjudicado a nuestro sistema, aunque, como explicaban los expertos este lunes en este peródico, no solo importa cuánto se invierte; también el cómo. Las cosas mejorarían mucho si unos cuantos responsables de la docencia y el control hicieran bien su trabajo.

De los políticos —los tres señalados son universitarios— que se dejaron agasajar con un título académico solo cabe decir que son solo una parte de la historia, pero que no deberían ocuparse de gestión pública alguna. Ah, y que no nos tomen por tontos.

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE


EMPEZAR Y CONTINUAR

Se podría hablar horas sobre la conveniencia, o no, de sacar a Franco del horroroso Valle de los Caídos, espantoso pastiche construido a la mayor gloria del dictador. Podríamos discutir el momento, la oportunidad, si hay cosa más importante (recurrente argumento de la derecha), sin "son cosas de los rojos", etc. Yo ¡qué quieren que les diga! estoy feliz de ver cómo, después de la muerte del susodicho, hay un Gobierno que por fin se atreve a poner los puntos sobre las íes. Mi tío bisabuelo, con el que comparto nombre y segundo apellido, era el alcalde de Santa Cruz de Tenerife el 18 de julio de 1936, aciago día. Lo detuvieron aquel mismo día y lo mataron en octubre, nunca se volvió a saber de él. Mi prima Mercedes escribe acerca de ello:
"(...).Mi abuela supo dónde estaba enterrado su marido por un anónimo que le llegó, pero como era un desaparecido, no cobró pensión alguna hasta después de la democracia. Cuando algunos familiares hicieron gestiones para recuperar el cadáver, les llegó otro anónimo en el que se les aconsejaba que estuvieran quietos si no querían acabar igual". Declaraciones de Mercedes Pérez Schwartz durante la presentación de la Asocieación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Tenerife.
Un paso más para que las nuevas generaciones olviden a este sujeto, como así a los demás dictadores del siglo XX. Un paso más que hace que la derecha española vuelva a retratarse absteniéndose en algo tan importante, coincidiendo a demás con la negativa en el Parlamento Europeo a apoyar las políticas fascistoides de Hungría. Franco al hoyo, pero en otro sitio, fuera de nuestra vista y de nuestra memoria. Ahora falta que encuentren de una vez a los muertos enterrados en fosas comunes y, ya que estamos, que le quiten a la Iglesia todas las prebendas de las que disfrutan. Claro que con el fantasma de la derecha recalcitrante volando sobre nuestra vieja Europa no podemos cantar victoria aún. Pero que nos quiten lo bailado, carpe diem
Un 10 para Pedro Sánchez por continuar y otro a Zapatero por empezar.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

SIN VERGÜENZA/ SINVERGÜENZA

¿Quedará alguien en España, salvo los caraduras, que se apunten para un Máster en esta dichosa universidad? A mi este tema me ofende soberanamente, imagino que como a cualquiera que haya estudiado, haya tenido que ir año tras año a clase, examinarse, pagar, etc. Estos sinvergüenzas no tiene  disculpa alguna. Menos mal que siempre nos queda el humor patrio...




martes, 11 de septiembre de 2018

A MÍ QUE ME LO EXPLIQUEN


Esta "señora", duquesa por la jeta -ya me dirán ustedes qué ha aportado ésta a la historia de España o la la Corona-, debe medio millón de euros a Hacienda y sigue tan campante. Y aquí el españolito medio acojonado por pagar los impuestos religiosamente no sea que le planten una multa. Esta es la justicia igual para todos en España, ¡qué vergüenza!

OTRA MINISTRA QUE DIMITE

Al que inventó esto de los Másteres habría que darle un premio. Aquí no se salva ni el apuntador.

PEQUEÑA CRÓNICA PORTUGUESA

Pasar las horas muertas en un aeropuerto es un asunto de lo más pesado, cada vez más. Si viajar es un placer -y que siga siéndolo hasta que el cuerpo aguante-, esperar la salida del avión se hace tedioso y muchas veces hasta insoportable. Uno echa mano de lo que tiene más cerca cuando ya pasear dando vueltas como un tonto se hace aburrido: libro, iPad, móvil, crucigramas y el enésimo vistazo al panel que anuncia el número del mostrador de facturación o la puerta de embarque. Por otro lado, es tanto el bullicio del personal que deambula por cualquier rincón que uno no puede evitar fijarse, y más si se trata de alguien como yo que es un gran observador. Es interesante ver cómo las modas se van asentando entre las personas, ya sean absurdas, incómodas, más feas o más bonitas; si Beckham inventó la metrosexualidad y puso de moda, hasta la saciedad clónica, los pendientes de brillantes (bueno, los de él, el resto de bisutería) y los tatuajes, ahora se va implantando otra, esta vez exportada por jugadores de la NBA: las cholas con calcetines. Muy cómodo debe ser caminar con el pie resbalando a cada paso, pero allí está, dentro de poco será algo tan normal como las esclavas havaianas que se han implantado en los meses veraniegos.
Así he pasado la vuelta, ayer por la mañana, en el caluroso aeropuerto de Lisboa después de cuatro días de asueto. Tres días visitando la ciudad y el penúltimo Sintra. No puedo quejarme, el viaje me gustó, pero la cantidad de turismo es tan exagerada que en algunos momentos me resultaba muy desagradable.El transporte público -tranvías y guaguas- repleto, colas para entrar en las tiendas, monumentos atestados, gente, gente y más gente. 
Bajarse del tren en Sintra y salir de la estación es encontrarse con un muro de vendedores de todo: excursiones, tours, taxis, jeeps descapotables, pequeños vehículos... menos mal que ahí no tienen a pobres burros como en otros lugares. Sintra es un parque temático gigante coronado por el Palacio Da Pena, un pastiche espectacular que, además, es Patrimonio de la Humanidad. De allí el Castelo Dos Mouros, caminata por la ciudad, Palacio Nacional y de vuelta a Lisboa.








Lisboa es preciosa, no cabe duda, viva y decadente a la vez, vieja y joven a partes iguales. Pasear por las calles, si podemos olvidarnos de los turistas (en algunas zonas me recordó al agobio de Venecia) el paseo se hace realmente bonito. Los edificios, sus azulejos, ese gusto por lo recargado y lo simple, por lo sobrio.

Mi encuentro con la ciudad comenzó por un paseo desde el hotel hasta la preciosa Plaza del Comercio, atravesando la Rua Augusta y la Baixa. Turistas y más turistas (sí, como yo, cómo negarlo) se cruzaban conmigo en una tarde calurosa pero agradable, que terminó regresando al hotel por la Rua Dos Franqueiros. Cena en un japonés y a dormir. 
Mi intención, como ya había adelantado anteriormente, era ponerme en modo OFF lo antes posible, y lo estaba logrando: otra ciudad, otro idioma, otra luz, otros olores. Claro que Lisboa me ofrecía la oportunidad de visitar una de mis obras preferidas de la arquitectura contemporánea, en este caso de Álvaro Siza, su Pabellón de Portugal de la Exposición Universal del año 1998. Éste sería mi paseo mañanero del día siguiente, el Parque das Nações. Si cuando escribí sobre mi primer viaje a Dublín comentaba que sólo visitando la Biblioteca del Trinity College ya valía la pena viajar a Irlanda, en este caso diría lo mismo de Lisboa, el pabellón de Siza es simplemente maravilloso. No sólo por el alarde constructivo, que lo es, sino por su geometría, el espacio que crea, su sobriedad y elegancia. Podría estar un día entero dando vueltas alrededor, paseando por debajo de la lona de hormigón o estudiando cada detalle de sus azulejos.












Imbuido del espíritu de Álvaro Siza y del agradable espacio allí creado, el siguiente punto de parada fue Belem, adonde llegué en guagua ¿o fue en tranvía? absolutamente lleno de gente. Monasterio, Torre, Monumento, cual turista recorrí una por una las bellezas que ofrece la zona. Los turistas somos gente predecible, vemos lo que se supone que debemos ver, como corderitos hacemos interminables colas (bueno, en este caso soy una excepción), compramos en las mismas tiendas... Mientras esperaba el transporte para regresar al canto me fijé que frente a la parada se encontraba una pastelería con el consiguiente toldo que anunciaba la antigüedad del negocio -finales del XIX, creo recordar- y la cola para comprar los susodichos Pasteles de Belén daba la vuelta a la manzana. Pasteles, realmente sabrosos, que se venden en cada una de las esquinas de Lisboa.





Ya, como despedida, último paseo por la ciudad fotografiando las magníficas fachadas alicatadas (¡qué técnica en colocar azulejos en suelos y paredes!), cena en un restaurante nepalí muy rico y finalmente partido de Osaka y Serena del Open USA en el hotel. Un fin de semana corto pero intenso.