miércoles, 22 de marzo de 2017

BRONSKI

Bronski Beat, *Small boy town.

VELOCIDAD, FLEXIBILIDAD Y ALTURA DE MIRAS

Hablar de Urbanismo es incluso más difícil que hablar de Arquitectura, son hermanas, bien avenidas, aunque no siempre. Además debemos unir otros parientes como las leyes, las ordenanzas, el planeamiento, etc. Y si a todo esto le unimos la palabra maldita, "prevaricación", se acabó lo que se daba. Errar ya no existe, se prevarica, uno no se equivoca ahora. ¿Cómo luchar con esta pared frente al obligado y necesario desarrollo de nuestras ciudades? Complicado planteamiento y difícil respuesta.
Yo empezaría hablando de la velocidad con la que la sociedad avanza, mucho más rápido que las leyes, de manera que -utilizando el sentido común- (sí, lo sé, soy un ingenuo), pudiera haber mecanismos legales para que puntualmente se resolvieran los problemas surgidos, con altura de miras, pensando en el ciudadano y en el bien común. Pongamos un ejemplo:
  • Un barrio del centro de una ciudad cualquiera tiene un edificio que está cerrado, sin uso, por las circunstancias que sea. Un promotor decide rehabilitarlo completamente, cambiarle las carpinterías, las instalaciones, colocar un ascensor para hacerlo accesible, remozar la fachada completamente, etc., de manera que se pueda habitar y embellecer en lo posible la zona en la que se ubica..
  • Acude al Ayuntamiento a pedir la licencia y ahí que empieza su periplo, todo son problemas; que si no puede poner el ascensor, que si la escalera no cumple, que si la luz de obra, el agua, que si esto que si lo otro.
  • Finalmente, en muchos de los casos, el promotor desiste, tira la toalla, y el edificio continúa cerrado, sin uso, arruinándose día tras día (si no se llena de okupas, por ejemplo), afeando el barrio y constituyendo, en el mejor de los casos, un lugar para que se acumule la basura, las ratas, las palomas...
  • Epílogo: la ciudad sigue teniendo un edificio que se deteriora día a día perdiendo la oportunidad de que cuatro, cinco, las familias que sean, se muden al barrio, paguen sus impuestos ayudando a las arcas municipales, compren en los supermercados de la zona, coman en sus restaurantes, etc., etc.
  • ¿Quién gana? Perdemos todos.
¿Qué ha faltado ? Altura de miras, flexibilidad y mecanismos legales para que esto no funcione, para que casos como éste y como tantos otros encuentren en la Administración una fórmula legal que permita soluciones. ¿Quién ganaría? Todos: la ciudad, los ciudadanos que la moran y disfrutan, el desarrollo, la economía. Repito, todos.

LONDON, AGAIN

Otra vez Londres, malditos terroristas. ¿Dónde estamos seguros? en ningún lugar, por eso tenemos que seguir viajando; esta gente no podrá con nosotros. 

lunes, 20 de marzo de 2017

JOSÉ GONZÁLEZ

*Stay Alive (The secret life of Walter Mitty).

OF MONTERS AND MEN

*Dirty Paws (The secret life of Walter Mitty). 

FACE LAB

https://prikid.eu/chocolate-lab-face-t-shirt/

BON IVER

*I can't make you love me / Nick of time.
*Holocene.

THE HOPE


Munich soundtrack, *Hatikvah & End Credits.

NOA X 2

*Beautiful that way.
*I don't know.

¿QUÉ FUE DE BABY JANE?

Si algo bueno tiene estar enfermo (ya ven, el que no se consuela es porque no quiere) es que como las ganas de hacer cualquier cosa desaparecen sólo queda dormir directamente o dormitar bajo una manta viendo una buena película antigua.

EMPAPADO Y GRANIZADO

Domingo 19 de marzo, "Día del Padre" en España, cielo con nubes y claros, perfecto para bajar en moto a Santa Cruz a comer a casa de mis padres, y más cuando a las 4 de la tarde juega el Tenerife, y ya se imaginan cómo colapsa un partido de fútbol la ciudad.
Bien, me visto de motero y, como hay algo de sol, opto por ponerme unos tenis sin calcetines, unos de esos cómodos, con neopreno en el interior que son el paraíso. Salgo de casa y al llegar a La Laguna, ¡cómo no!, la dichosa Ley de Murphy que se cumple una vez más, empieza a llover. A medida que bajaba hacia la ciudad la lluvia se intensificaba más y más, aumentando el peligro por lo que reduzco la velocidad y bajo el agua incesante, que se tornó granizo durante un tramo, logré llegar a casa de mis padres, aparcar y bajarme de la moto para comprobar a) los tenis estaban llenos de agua, al caminar sentía el chop chop de mis pies, b) la chaqueta de la moto, aunque había calado poco, estaba completamente empapara, c) los vaqueros rezumaban agua como si los sacara de una lavadora sin centrifugado. 
Almuerzo, felicitaciones y bla bla bla. Vuelta a casa, vestido con la misma ropa, los mismos a), b) y c), menos mal que esta vez sin lluvia, para llegar a casa congelado. Hoy, malo como un perro, resfriado de nariz, tos dolorosa y quién sabe si algo más, aún no he entrado en calor. Palabrita.

BIENVENIDO, SEÑOR PÉREZ

Hoteles inteligentes y la madre que los parió
http://www.zendalibros.com/hoteles-inteligentes-madre-pario/

Les juro a ustedes, con una mano sobre la primera edición de El cetro de Ottokar, que cuanto voy a contar es cierto. Acabo de sufrirlo en la habitación de un hotel español nuevo y flamante, dotado con todos los adelantos tecnológicos imaginables. Un lugar de vanguardia tan avanzada que te deja de pasta de boniato.

La primera en la frente fueron las luces. Allí no había conmutadores normales, de ésos que les das, clic, clac, y encienden y apagan. Había unos sensores planos de colorines, que según acercabas un dedo encendían cosas de modo aleatorio, a su rollo. Todas de golpe o una a una, dabas a ésta y se encendía o apagaba aquélla, tocabas la de la mesilla de noche y se iluminaba un armario, o el cuarto de baño, y así todo el rato. No había forma de aclararse. Y para más recochineo, la habitación estaba iluminada a la moda de ahora, con coquetos puntos de luz que dejaban el resto en penumbra; lo que es precioso, pero tiene la pega de que no ves un carajo. Además, las pocas luces estaban situadas en lugares divinos, pero no donde las necesitabas, por ejemplo, para leer. Así que estuve un rato moviendo muebles para colocarlos donde podía verse algo; con el simpático detalle de que al ir y venir en la penumbra, más ciego que un topo, una manija de una puerta, estilizada, larga y bellísima de diseño, se me enganchó en el bolsillo de la chaqueta, rasgándolo.

Blasfemé, lo confieso. Algo sobre el copón de Bullas. Por suerte tenía otra chaqueta, pero al ir a colgarla se le cayó un botón. La alfombra era de las que más detesto en el mundo. Si la moqueta me parece ya una guarrería infame, calculen mis sentimientos ante una alfombra peluda de medio palmo de espesor, con rayas de cebra, entre cuya fronda podría camuflarse una boa constrictor. Por pura ley de Murphy, el botón cayó entre el pelamen; y con la falta de luz estuve diez minutos a cuatro patas, buscándolo con las gafas de leer puestas, mientras mis blasfemias subían de tono, cuestionando ya los más sagrados Misterios. Y de ahí para arriba.

El siguiente episodio fue la tele. Vi un mando, presioné la tecla, y lo que se descorrieron fueron las cortinas de la ventana, que ya nunca pude volver a correr. Al fin, con otro mando que parecía perfecto para abrir cortinas, encendí la tele. «Bienvenido, señor Pérez», dijo una voz cantarina sobre una imagen del hotel. Quise ver el telediario, pero el televisor me exigió una complicada serie de datos que incluían mi nombre, número de habitación y algo así como código Waca Plus –que sigo sin tener ni idea de qué podía ser–. Pese a ello, introducido todo, o casi, la tele se negó a pasar a los canales. Quise apagarla, pero no había manera de apagarla del todo, porque se encendía ella sola cada diez minutos, y cada vez la misma voz repetía: «Bienvenido, señor Pérez».

Les ahorro la noche. La cortina abierta de piernas, con la luz de las farolas de la calle dándome en la cara –con ésa sí habría podido leer–, y el televisor encendiéndose solo, «Bienvenido, señor Pérez», cada diez minutos. Además, cuando quise mirar el reloj en la mesilla debí de tocar algún sensor o algo, porque los pies de la cama se levantaron, zuuuuum, y me quedé con ellos en alto y toda la sangre congestionándome la cabeza. A punto de nieve para el derrame cerebral.

Al fin llegó el alba. Yo había notado ya que el grifo del lavabo no era un grifo, sino un caño misterioso que requería ciertos pases mágicos alrededor para que saliera el chorro de agua. Y con la ducha pasaba lo mismo. Me puse enfrente, empecé el abracadabra, y ni flores. Al fin, al hacer no sé qué movimiento, brotó el agua de la ducha. Fría, no, oigan. Ártica. Salté hacia atrás, empapado, y me quedé allí intentando desesperadamente resolver el problema. Entre el mando –que seguía sin saber cómo funcionaba– y yo se interponía el chorro gélido de la ducha. Al fin me dije: vamos, chaval. Sobreviviste a los puentes de Bijela, así que échale cojones. De modo que tomé aire, me metí bajo el chorro –mis blasfemias debían ahora de oírse en la calle– y estuve dando pases mágicos hasta que al fin, al borde ya de la congestión pulmonar, salió de pronto un chorro de agua hirviendo que me abrasó la piel. Y cuando al cabo, exhausto, apoyado en los azulejos bajo un chorro más o menos regulado, miré al suelo, comprobé que el arquitecto, o su puta madre, habían diseñado un plato de ducha sin escaloncito, a ras con el piso, y que por debajo de la puerta de cristal se había ido el agua, que ahora corría alegre por toda la habitación, anegándola. Y mientras, en el televisor, la amable voz femenina seguía repitiendo cada diez minutos: «Bienvenido, señor Pérez».
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Publicado el 19 de marzo de 2017 en XL Semanal.

domingo, 19 de marzo de 2017

QUÉ BELLEZA

SUP, KF

¡MÁNDENSE A MUDAR! (QUE DIRÍAMOS EN CANARIAS)

Artículo de Risto Mejide en el periódico El Mundo.

Largaos de una vez. Largaos, sí. Los que trincáis, los que habéis trincado, los que permitisteis que otros trincaran y los que todavía hoy no hacéis nada porque se deje de trincar. Todos. Sobráis, de verdad, dejadnos en paz de una puñetera vez.

Dais asco. Vuestra falta de vergüenza ha llevado la nuestra hasta límites que jamás deberíamos haber conocido. Y ahora os cubrís el culo los unos a los otros, un culo que tenéis tan sucio que hasta las pústulas de vuestra ignominia os han invadido el cerebro, y ya no es posible distinguir vuestras declaraciones rellenas de mierda de la peste que emana de un zurullo común.

Callaos. Callaos de una vez. Dejad de contaminar los medios, las noticias y nuestro estado de ánimo. Dejad de hacer comunicados y ruedas de prensa, disolved todos los chanchullos, deponed vuestros privilegios y salid con la cabeza bien baja y las manos en alto.

Dejad de desanimar a la gente. Dejad de decirnos que todo fue por nuestra culpa. Dejad de tomarnos por gilipollas. Ah, y no os atreváis a volver a decir que sois reflejo de la sociedad en la que vivís. Que si robasteis fue porque os lo pusieron delante. Que sois víctimas de un vacío legal, un entorno corrupto y una dudosa moral. Que sois reflejo de la gente, representantes elegidos por el pueblo. Vosotros no sois pueblo, vosotros sois escoria.

Devolvedlo. Devolvedlo todo. El dinero, las propiedades, los cargos, las dietas, los sobresueldos, las comisiones, la dignidad que os quede y la honorabilidad que algún día se os supuso. Y cuando hayáis acabado, devolved la nacionalidad que se os dio por error. Porque no merecéis formar parte ni de este ni de ningún país. No hagáis ni las maletas, saltad por la borda, como las ratas, salid nadando. Y quien no sepa, que se joda, francamente nos da igual.

Pedid perdón. Disculpaos. Ante todo aquel que votó. Ante todo aquel que piensa seguir votando. Porque ellos han creído en un sistema democrático que vosotros habéis violado, sodomizado y puesto del revés. No, yo no os concedo la presunción de inocencia. Porque cuando uno deja que ciertas cosas ocurran, acaba siendo cómplice aunque solo sea por ignorancia, por desidia u omisión.

Y por último, largaos, sí, pero sin dejar rastro. Ni se os ocurra nombrar sucesores, ni gestores, ni primos segundos que calienten vuestra silla. No tengáis la cara dura de intentar dejar un legado. Vuestro único legado será la vergüenza. Y tampoco os atreváis a interponeros nunca más entre la gente de bien y sus lícitos objetivos. Porque en este país aún quedan ciudadanos, empresas e incluso algún político honrado que construyen, que siguen luchando y que ahora ya solo tienen una misión: que no les jodáis la vida, que les dejéis hacer.

Pero sobre todo y ante todo, por lo que más queráis, seguid ignorando estas órdenes, exigencias demagógicas de un publicista que de vez en cuando hace el capullo en televisión.


Seguid creyendo que no pasará nada. Porque así quedará menos para que pase.

CHUCK BERRY, RIP

Chuck Berry, *You never can tell.

sábado, 18 de marzo de 2017

LA MUDANZA

8 CONTUNDENTES MOTIVOS POR EL QUE TODOS LOS BORBONES DEBERÍAN EMIGRAR A SUIZA
Extraído del Blog EXTRAMBOTIC

“Qué ganas tengo de que acabe esto para no volver a pisar este país” dijo con amargura la infanta Cristina cuando la juzgaban por el delito de haber confiado los asuntos económicos a su marido, ex jugador de balonmano, como haría cualquier mujer liberada, de su tiempo, culta y con estudios superiores. Cómo no guardarle rencor a un país tan cruel y cainita que sienta en el banquillo a una mujer enamorada.
En Suiza, por el contrario, sí que saben respetar a sus próceres, y eso que se trata de una sucia república federal. Dejando de lado esta pequeña tara, es sin duda un país moderno en el que merece la pena vivir. De hecho, podría decirse que el país helvético se hizo para los Borbones y éstos se hicieron para Suiza. ¿Por qué no emigrar todos allí? Serían mucho más felices por los motivos que expondremos a continuación.

Froilán habría podido dispararse en ambos pies dentro de la legalidad
En 2012 una ola de indignación recorrió la piel de toro al conocerse la noticia de que, como vimos en El País,  Froilán, el hijo mayor de la infanta Elena y Jaime de Marichalar, se había disparado en un pie mientras realizaba ejercicios de tiro con su padre. Froilán —que de no mediar un articulito de la Constitución estaría ahora entregando premios Príncipe de Asturias a científicos y artistas— tenía por aquel entonces trece años, cuando la ley, sin duda redactada una vez más para perjudicar a los Borbones, no permite utilizar armas a menores de catorce. Sin embargo, en Suiza, según leemos en NPR, es totalmente legal que sus jóvenes se formen desde muy temprana edad en el uso de armamento, para preservar la neutralidad del país o con la idea de proteger al papa en el futuro.
De los Borbones se ha dicho que es una familia con cierta tendencia a disparar sobre sus miembros (ya sea el propio pie o un hermano que te puede disputar el cariño de Franco y el trono) y quizá en España no sabemos apreciar como es debido esta tradición.
Por salud
Admitámoslo: no se le puede pedir al monarca emérito que recorra grandes distancias, pues las caderas reales ya no son lo que eran después de años de intensísima actividad pélvica. Esto, y que el sistema de sanidad suizo es de los mejores de Europa, nos llevan al siguiente punto.
Podrían vivir todo el año en fabulosos refugios alpinos
La vida es un gran bufé libre cuando por tus venas corre pura sangre Borbón. Y más cuando estás enamorado y compartes, contó El Español, nidito de amor de siete mil euros al día con una Frau complaciente como Corinna. Cómo no sentir nostalgia de tus días de vino y rosas (sobre todo cuando el vino es Pétrus de dos mil euros la botella). Ir en moto por carreteras españolas y ayudar a ganapanes a los que se les avería el coche está muy bien para un rato, pero un guerrero necesita su descanso. Entre montañas suizas, si es posible.
Porque la cabra tira al monte (suizo)
Las familias reales son muy tradicionales, en parte porque precisamente se basan en la costumbre para defender sus privilegios, y la querencia por Suiza es otro hábito borbónico de muchas generaciones. Ya Alfonso XIII tuvo una cuenta allí y no para blanquear capitales como podría creer algún malintencionado, sino para pagar, leímos en El Mundo,  la educación de sus hijos bastardos como han hecho todos los padres desde que el mundo es mundo.
Por representación internacional
El rey Juan Carlos siempre ha sido nuestro mejor representante en el mundo. ¿Que nuestros atribulados empresarios iban mal de dinero? No pasaba nada, nuestro monarca se reunía con gerifaltes árabes y les vendía alguna corbeta o algún AVE en el desierto o lo que hiciera falta, que la campechanía no entiende de obstáculos.
De igual manera, nos representaba a todos los españoles en el terreno del amor. ¿Qué sería de nuestra fama de latin lovers sin él? Sobre todo ahora, que con tanto recorte en las becas Erasmus resulta imposible enviar a nuestros jóvenes al extranjero a impresionar a la población autóctona con nuestro desempeño sexual, siendo sustituidos en esto por los italianos o, peor aún, los franceses.
Nuestro antiguo monarca, en su bonhomía, ya ponía de su parte en el pasado llevándose a alguna amiga para dar lecciones a los fríos suizos y afortunadamente para los españoles existen rumores, reflejó La Voz Libre, de que el rey Felipe habría seguido sus pasos en esa bendita tierra en la que florece el amor tanto como la edelweiss en sus montañas.
Tendrían el banco a la vuelta de la esquina
¿No es un engorro tener que ir hasta el banco a comprobar qué tal van los ahorros? Pues todavía lo es mucho más cuando el banco lo tienes en Suiza y tienes que coger un avión para llegar. Puesto que  los Borbones suelen tener cuentas bancarias en el país de la neutralidad (desde el  padre de Juan Carlos I, como desveló El Mundo, hasta unos primos suyos que se acogieron a la amnistía fiscal, según publicó El Diario.es ), lo más práctico sería que la familia al completo estableciera su residencia allí, cerca del dinero, no sea que los banqueros suizos se extralimiten en sus funciones.
Porque las familias han de permanecer unidas
Si algo nos han enseñado las comedias románticas, aparte de que los millonarios se casan con prostitutas como en Pretty Woman, es que el amor triunfa sobre toda dificultad y que la reagrupación familiar ha de ser siempre el objetivo. Así, Jaime de Marichalar aprovecharía sus viejos contactos en Credit Suisse para desplazarse a Suiza y reconquistar a Elena. «Pero ahí no vive esa infanta, sino la otra», podría aducir el avispado lector. En efecto, pero la reina Sofía, según El Nacional.cat mostró interés en mudarse allí para estar cerca de Cristina y la lógica o la simple competitividad entre hermanas nos dice que pronto la seguiría Elena-
Por amor al deporte
Una familia habituada a la mejor nieve estaría encantada de cambiar Baqueira Beret por las excelentes pistas suizas, como ya han hecho los reyes en alguna ocasión. Además, la sede de la Federación Internacional de Balonmano  se encuentra en Basilea y seguro que estarían encantados de contar con la experiencia profesional del actual marido de la infanta Cristina.
BONUS TRACK SENTIMENTAL
Por si todas éstas no fueran suficientes razones prácticas y sentimentales, la moneda de Suiza sigue siendo el franco.
Imagen de cabecera obra de Javier Ramos, de Agudeza Visual Creativos
Gabriel Noguera es escritor y autor de la novela de culto Fuera de Trama.

VERGÜENZA AJENA

ESPÉRAME EN EL CIELO


WILD DOG

Toto, *Africa.

LA GALLINA

En mis años mozos, más mozos, viví unos meses en Kenya, ya lo habrá contado, y fue allí donde aproveché para ampliar mis conocimientos del inglés. Palabras nuevas surgían todos los días, y más cuando me encontraba en un entorno salvaje con animales de los que iba aprendiendo sus nombres. La primera hiena que vi en uno de los safaris, realmente una manada de ellas corriendo con una forma tan peculiar, fue tan emocionante como cada vez que descubría en la sabana un nuevo animal al que observé. Escuché atento para saber el nombre y alguien lo dijo claramente, look over there, a big group of gallinas! O al menos fue lo que entendí. Al cabo de algunos días volvimos a encontrarnos con otra hiena y yo la nombré como dios manda, a gallina; claro que no contaba con las risas de mis amigos, que hablaban español también, al escuchar mi pronunciación de hyena. Para aquellos que no sepan ahora cómo se pronuncia hyena en inglés los invito a) a no prejuzgar mi ignorancia, b) escuchar su pronunciación en cualquier traductor. Después hablamos.

¡COMPRA ¡COMPRA!

Leo un estupendo artículo de Elvira Lindo hace un rato, artículo que reproduzco más abajo, donde hablaba, resumiendo, sobre la mala educación. Ayer, por otro lado, comentaba con un amigo lo bien que nos iría si la nobleza o la aristocracia, que no es lo mismo pero es igual, desapareciera de un plumazo, que ya estábamos hartos de tanta tontería, tantas prebendas, tanta gente estupenda; y ¡zas!, el inefable Álvaro de Marichalar sale a la palestra.
Recordé que hace años, -añísimos, que diría el bardo-, estaba yo pendiente de entrar en una reunión con un grupo de gente y uno de ellos hablaba con su móvil dando vueltas y sin importar que todos lo escuchásemos. Caminaba en círculos, movía los brazos y gritaba ¡compra! ¡compra! La verdad es que en aquel momento sólo pude pensar, vaya un imbécil, por favor.
Blablacar, el sainete
Si un tío habla a voces en el vagón es que no le importa difundir sus secretos-

Después de que un tipo se pusiera chulo en el tren porque le pedí que hablara más bajo por el móvil, decidí que mi campaña por el buen uso del celular había concluido. Ya lo conté. Ante la amenaza física, me rindo. Pero, cuidado, no soy un alma cándida y mi cabeza maquina venganzas. Desde entonces, pienso que si un tío habla a voces en un vagón es porque no tiene problema alguno en que sus secretos se difundan. Desde entonces, estimados lectores, pongo oído. Y oigo cosas. Oigo a hombres que dicen que están llegando a Sevilla cuando están llegando Madrid, oigo a mujeres que asesinarían a sus cuñadas si pudieran, oigo a un señor del PP (este jueves) que cuenta a voz en grito que comió con unos colegas en Horcher (alto copete) y que se zamparon no sé cuántas botellas de vino y que, para rematar, acabaron en el Habanera y allí siguió el juergón. Siento sus risotadas en mi nuca, porque va en el asiento de atrás. Soy consciente de que me metería en un lío si escribiera su nombre, en caso de saberlo, pero me parece injusto que a él no le suceda nada por invadir acústicamente el espacio de otros viajeros aireando sus secretos a voces.

No en un tren, pero sí en un Blablacar, le sucedió a la periodista Sabina Urraca si no algo parecido sin duda extraordinario. Entre los pasajeros que ocupaban el espacio limitado del coche, donde se hace necesaria una buena convivencia, se encontraba Álvaro de Marichalar, el navegante español y hermano del exyerno. El tipo no paró de hablar, según la versión de Urraca, sin importarle que los demás escucharan, y la periodista no desaprovechó la oportunidad de contar en un jocoso artículo que la viralidad convirtió en relevante, Pesadilla en Blablacar, lo que ocurrió en aquellas horas de estrecha y problemática convivencia.

Al cabo del tiempo, don Álvaro, contestó públicamente a doña Sabina en una carta abierta que destilaba un tono de patriotismo herido, y la citó a un acto de conciliación en el que exigía a la cronista 30.000 euros por daños morales. Desde entonces, esta historia bastante sainetesca no ha dejado de colear y esta misma semana aparecía el ofendido en el Vanity Fair llamando “pájara de cuenta” a Urraca y declarando que “desde la Revolución francesa se viene intentando criminalizar a los mejores por el solo hecho de ser los mejores. Hoy se sigue en lo mismo, como resulta más difícil asesinar, ahora tratan de guillotinar las almas, lo que casi es peor. Es la destructora mentalidad comunista una vez más rompiéndolo todo”.

¿Ein?
En fin, espero que todo se resuelva de la mejor manera, porque tanto está dando de sí que ahora tecleas en Google el nombre de uno de los afectados y aparece la imagen de ambos, unidos para siempre en el ciberespacio por el Blablacar. No sé si la justicia estimará que Marichalar tiene alguna razón cuando apela a su honor, pero si así fuera, me parece del todo imposible que a Sabina Urraca le pueda sacar algo más allá de unas disculpas. Tras las disculpas, tal vez podríamos hacer por que compartieran de nuevo un Blablacar hasta Burgos, por ejemplo, a ver si a la segunda se van entendiendo mejor. Yo me ofrezco a ir en medio, de conciliadora.
En esta historia (de ser yo una astuta productora estaría encargando ya a un guionista una comedia tipo Camera Café), lo que resulta verdaderamente tragicómico es que a una de las columnistas de la nueva hornada alguien pueda soñar con sacarle esa cantidad, 30.000 euros. Ese y no otro es el chiste del asunto.

Puede que haya gente que no sepa lo que ganan los jóvenes periodistas. Y es comprensible que pueda ocurrir, dado que los medios que tendrían que informar sobre la infrarremuneración de este gremio en su versión juvenil suelen contar los conflictos laborales de cualquier sector mientras no sea el suyo. Cuando se habla de que el tramo de población más castigado por la crisis ha sido el de los jóvenes debemos incluir a los periodistas, que se mueven, si es que tienen trabajo, entre los 600 y los 1.000 euros, todo esto con jornadas laborales a menudo partidas que llevan a finalizar el día a las ocho de la noche. Pero de esto sí que no hablamos. Abundan los medios digitales, aparecen nuevas firmas, algunos de los veteranos les aplaudimos sus gracias, porque en algunos casos la tienen, vaya que si la tienen, pero no hay manera de saber cómo coño llegan a fin de mes. Echa de menos una un estudio serio para saber cuántos años debería trabajar Sabina Urraca para pagar los 30.000 euros a su ofendido compañero de viaje. Y es que algunas cabezas tendrían que rodar, sí, para que una juventud que está dejando de serlo pueda prescindir algún día del socorrido Blablacar.

Por lo demás, Sabina, Álvaro, hagamos ese viaje a Burgos. Convirtamos el sainete en épica, ¡venga ya!

viernes, 17 de marzo de 2017

UNA NOCHE EN LA ÓPERA

Una mañana de trabajo, un amigo que llegó de Madrid, la tarde inmersa en la arquitectura (y en el futuro), y por la noche ¡a la ópera!. ¿Y la cena? Japonesa.
La ópera estupenda.

FELICIDADES


LA MEJOR NOTICIA

http://politica.elpais.com/politica/2017/03/17/actualidad/1489746514_043951.html

miércoles, 15 de marzo de 2017

YOU DON'T HAVE CANCER ANYMORE

Hoy he recibido -hemos recibido- una buena noticia, quizá la mejor: la madre de una amiga ha reducido hasta su desaparición sus valores tumorales. Yo, que no soy médico, lo leo como si su enfermedad se hubiera esfumado ¡han sido unos meses tan duros para ella y su familia!
Cuando nos dio la noticia nos abrazamos, se nos puso la carne de gallina nos emocionamos, se nos rayaron los ojos, ¡como debe ser! No imagino (o quiero hacerlo) la felicidad que debió sentir ella al escuchar esta noticia.
Ya, hace años, un amigo me había contado algo parecido, en aquella ocasión al repetirme la frase que le había dicho un oncólogo al terminar su tratamiento: you don't have cancer anymore
Y una tercera, esta vez siendo una de mis amigas más íntimas la que sufrió el cáncer y del cual salió airosa también. Alegrémonos entonces por tercera vez, y que sigan.

LO TENGO TODO

Si tienes una biblioteca con jardín, lo tienes todo.
Cicerón (106 AC-43 AC)

UNA FAMILIAR CURIOSIDAD

Autor: Carlos A. Schwartz (Tenerife, 1942)


VOLANDO VOY A LA PALMA (Y REGRESO A TENERIFE)
Crónica:ATLAS LITERARIO DE ESPAÑA.
Un avión entre dos islas al ritmo de chachachá. Recuerdos de La Habana entre el humo de un habano. Hollywood a los pies del Teide. Los zapatos de Manolo Blahnik. Guión de un viaje al archipiélago canario.

Para llegar a La Palma tuve primero que volar a Tenerife y en la terminal del norte coger el avión que va a La Palma como quien va a Casablanca (la película), y es una nave de hélice y dos motores que hace el recorrido en menos de media hora. La Palma queda en el océano Atlántico y es en su realidad geográfica una isla volcánica. Es casi como cantar el chachachá iniciático Viajar a la Yunai (léase la isla de Manhattan).

El primer chachachá, una especie de danzón que enseguida se hizo moda y música, no fue como dice Cuba y sus sones, escrito por el difunto compositor serio Natalio Galán; no fue como se cree La engañadora, que entonaba todo el mundo en los años cincuenta. Esa primicia le corresponde a Silver Star, donde se canta: 'El Silver tiene lo que más yo quiero. / Tiene una luz que alumbra mi sendero'. (Esto es una digresión). Silver Star es el nombre de un tren, de una máquina del espacio que recorre en el tiempo el sur de Estados Unidos, como el Twentieth Century es el tren que une a Nueva York -o mejor, a Chicago- con Los Ángeles, es decir, con Hollywood, que se identifica con un enorme letrero que el cine hace redundante y obligado. Silver Star es un tren y un largo apéndice de vagones.

El avión que une a Tenerife con La Palma es contemporáneo con el Silver y vuela enquistado en aluminio que parece plata ('¡Mira ese pájaro de acero!', dijo una vez una voz amiga) y viaja en dirección Sur-Suroeste para llegar a La Palma, una isla de lava con una leve ciudad atlántica. Es un avión largo y estrecho y en su interior de doble fila de asientos y un pasillo que es un pasadizo exiguo, se parece mucho a la cabina de pasajeros del Concorde: he volado en ambos, pero en el avión a La Palma las azafatas, como dijo Jorge el piloto, son zafios zafiros que ordenan abrocharse el cinturón y hay que obedecerlas. 'Los actores son ganado', declaró Alfred Hitchcock -aunque debió decir pasajeros en vez de actores-. Pero Orson Welles tuvo la primera y última palabra: 'En un avión no hay más que dos sentimientos posibles: el aburrimiento o el pánico'. Antes de que cundiera el pánico ya yo estaba aburrido.

A La Palma no hay que confundirla con Las Palmas, capital de otra isla del archipiélago canario. Fue Plinio el Viejo (o tal vez fuera el Joven: no los puedo distinguir desde aquí) quien explicó el nombre de las islas Canarias, 'porque había muchos canes'. Los canarios vinieron después, pero todavía no cantaban en jaula. Desde el aire, La Palma parece un arrecife prominente a punto de ser eminente, para luego revelarse como una ciudad que debe al mar su fundación. La ciudad capital de la isla parece haber sido colonizada, Colón de vuelta, por cubanos.

Aquí aparecen y reaparecen cubanos canarios, los que han ido a Cuba y han vuelto para vivir el resto de sus vidas. He encontrado tabaqueros locuaces que hablaban de La Habana como una ciudad vecina. Encontré, además, veteranos fumadores. Uno de ellos incluso había vivido en el pueblo en que nació Míriam Gómez, en la sierra del Escambray, que tiene un nombre exótico aun entre los nombres aborígenes de Cuba. Se llama Taguasco. Este fumador, al que se puede llamar empedernido, vino a la charla que di una de las noches palmeras. Había conocido a parientes y amigos de la familia de Míriam Gómez y recordaba, casi por orden analfabético, los nombres y apellidos de Taguasco. Pero esto, que era un alarde de memoria, no era nada comparado con su habilidad de fumador cuidadoso. Como no podía fumar durante mi conferencia, dejó su tabaco (el hombre se había vuelto tan cubano que no decía puro) a la puerta. Cuando terminó mi acto, que incluía preguntas y respuestas, bajó las escaleras con nosotros todavía hablando de parientes. De pronto se hizo a un lado, metió la mano por entre las bases del portón y sacó un puro que procedió a fumar sin tener que encenderlo. El palmero todavía tiraba.

En La Palma encontré mujeres felices. La mayor parte habían venido a mi charla, mientras los hombres se habían quedado en casa o estaban en un bar vecino para presenciar no sé qué partido de soccer decisivo para los fanáticos. Como ven, éste no es precisamente mi deporte favorito. Es un juego inglés, football, con los nombres de las jugadas derivadas de la nomenclatura inglesa, jugado por mercenarios extranjeros. En las Islas no hay corridas de toros (hay una plaza desaforada por el tiempo y el desuso), pero hay, ¡ay!, fanáticos del fútbol dondequiera. Nos retiramos a uno de los paradores más tranquilos de España: allí donde no llegaba el rumor de las patadas.

Al otro día se suponía, de acuerdo con el programa, que visitaría el observatorio de Los Muchachos, una de las instalaciones más avanzadas de la astronomía mundial. También podía ir a una fábrica de puros, una tabaquería, que resultó fascinante. Las instalaciones recordaban a una de las fábricas habaneras y en sus pasillos me vi flanqueado por toda clase de fumas por fumar: había hasta puros torcidos en Cuba. No tengo que decir dónde decidí quedarme. Reaccionario que soy, no me encontrarían en el observatorio refulgente, sino entre los sombríos pasadizos decorados con cajas de puros, y los habanos se podían ver y oler entre los palmeros. En la fábrica estuvo esperándome el viejo Vargas, el dueño de la fábrica: de pie, delante de su escritorio y con un purito sin encender entre los labios. Su hijo, el actual gerente de la fábrica, se refería al anciano como papá, y me recordó al viejo Sosa, desplazado de su plantación en el Escambray, ahora en su exilio de Miami, con cerca de noventa años, que todavía llamaba papá al difunto dueño de la plantación que había heredado. Pero el actual tabaquero (no hay otra manera de decirlo) fue el guía de este paraíso y se explayó entre las diferentes clases y especies de puros, y me colmó con cajas de puros y hasta con un humidor hecho de maderas preciosas. ¿Habría ganado más felicidad tratando de descubrir un planeta entre las castas estrellas?

El regreso a Tenerife era un regreso doble. Aquí había estado por primera vez hace ¡dieciocho años, Dios mío! Me reuní con viejos amigos para almorzar. Entre ellos estaba Carlos Schwartz, que había descubierto en mi apartamento de Londres una ventana llamada pineal. Carlos, además de ser excesivamente alto y nada alemán (es un canario puro), es arquitecto. Pero es también un fotógrafo extraordinario, que ha hecho álbumes con fotos de las islas, descubriendo Canarias como si retratara a Hawai o las Galápagos, aunque dedicado más a la geografía que a la historia humana. Además, no sólo había descubierto mi ventana pineal y la excesiva arquitectura victoriana que rodea mi edificio. En la visita anterior había incluso fotografiado al barbero canario que cortó mi melena. Sin ser una versión masculina de Dalila, porque yo no soy precisamente Sansón, siempre llamado en Cuba Sansón Melena. Con Carlos estaba su mujer, Lola, una de esas mujeres canarias que no envejecen, y casi veinte años después seguía tan bella como vehemente. La Lola, como la llamamos, es, como dicen los ingleses, un alivio para los ojos cansados -de mirar, de ver-.

Si La Palma, célebre en Londres por ser la patria elegida por Manolo Blahnik, su hijo más ilustre, que cuando habla de ella siempre dice 'mi isla', fue un descubrimiento, es una lástima que no la escogiera Cristóbal Colón (lo hizo con la Gomera) como el puerto para lanzarse al interminable océano: una suerte de Última Tule, y de allí vislumbrar el abismo desconocido que era el Atlántico.

Pero ahora regresaba a otro Tenerife. Como entonces tenía de anfitrión, como colaborador más bien, al valioso y demasiado modesto Luis Alemany, que permitió que yo titulara mi charla anterior Del gofio al golfo, y que esta vez quiso hablar siempre de mis libros y no de los suyos. Después de la cena, hacia la medianoche, nos reunimos en la barra del hotel Mencey y agradecí que fuera más un bar que un pub, porque detesto los pubs. Ahora, que ya no soy su huésped, puedo hablar del hotel. El Mencey es uno de los grandes hoteles de España, de Europa. Es amplio sin ser enorme y sus innúmeros pasillos son un laberinto amable: un dédalo delicioso. Sin ser Teseo, pero llevándome de la mano mi Ariadna más de nexo que de Naxos, recorrimos sus galerías, atravesamos sus diversos lobbies y dormimos el sueño del viajero que sabe que ha llegado a una de sus estaciones elegidas.

Pero más que el hotel me asombró Tenerife. La que dejé detrás casi veinte años atrás era una ciudad de provincias, más remota que próxima, acogedora como suelen serlo las ciudades que visitamos sólo una vez. Ahora Tenerife era toda una capital de un archipiélago; sus amplias avenidas flanqueadas por arboledas que no recordaba; sus paseos múltiples, sus calles bulliciosas me harían reconocer a otra ciudad del pasado que se presenta como un posible futuro: Los Ángeles y sus suburbios dramáticos.

Rodeada por colinas innúmeras (no recuerdo haber visto en esta ocasión el Teide nevado), toda la ciudad era como una visión de un futuro que estaba pasando frente a mis ojos. Los edificios modernos (y hasta el posmoderno auditorio aún sin terminar, pero que ya amenazaba con ser la estructura que era una concha y ella misma su perla para rivalizar con el Museo Guggenheim de Bilbao) no eran rascacielos agresivos, sino falansterios a la medida humana y toda la ciudad era un modelo que se arma. No faltaba más para completar la ilusión angelina, que en una de las laderas -tal vez el Teide- se erigiera un letrero monumental que dijera Tenerife.

lunes, 13 de marzo de 2017