domingo, 15 de julio de 2018

EN UN ESPLÉNDIDO TERRITORIO SIN FRONTERAS


Ahora le toca a la lengua española
25 Jun 2018. Patente de corso
https://www.zendalibros.com/perez-reverte-ahora-le-toca-la-lengua-espanola/

No me había dado cuenta hasta que hace unos días, mientras lamentaba las incorrecciones ortográficas de una cuenta oficial en Twitter de un ministerio, leí un mensaje que acababan de enviarme y que me causó el efecto de un rayo. De pronto, con un fogonazo de lucidez aterradora, fui consciente de algo en lo que no había reparado hasta ese momento. El mensaje decía, literalmente: «Las reglas ortográficas son un recurso elitista para mantener al pueblo a distancia, llamarlo inculto y situarse por encima de él».

No fue la estupidez del concepto lo que me asombró  –todos somos estúpidos de vez en cuando, o con cierta frecuencia–, sino la perfecta formulación, por escrito, de algo que hasta entonces me había pasado inadvertido: un fenómeno inquietante y muy peligroso que se produce en España en los últimos tiempos. En determinados medios, sobre todo redes sociales, empieza a identificarse el correcto uso de la lengua española con un pensamiento reaccionario; con una ideología próxima a lo que aquí llamamos derecha. A cambio, cada vez más, se alaba la incorrección ortográfica y gramatical como actividad libre, progresista, supuestamente propia de la izquierda. Según esta perversa idea, escribir mal, incluso expresarse mal, ya no es algo de lo que haya que avergonzarse. Al contrario: se disfraza de acto insumiso frente a unas reglas ortográficas o gramaticales que, al ser reglas, sólo pueden ser defendidas por el inmovilismo reaccionario para salvaguardar sus privilegios, sean éstos los que sean. Ello es, figúrense, muy conveniente para determinados sectores; pues cualquier desharrapado de la lengua puede así justificar sus carencias, su desidia, su rechazo a aprender; de forma que no es extraño que tantos –y de forma preocupante, muchos jóvenes– se apunten a esa coartada o pretexto. No escribo mal porque no sepa, es el argumento. Lo hago porque es más rompedor y práctico. Más moderno.

Todo eso, que ya por sí es inquietante, se agrava con la utilización interesada que de ello hacen algunos sectores políticos, en esta España tan propensa secularmente a demolerse a sí misma. Jugando con la incultura, la falta de ganas de aprender y la demagogia de fácil calado, no pocos trileros del cuento chino se apuntan a esa moda, denigrando por activa o pasiva cualquier referencia de autoridad lingüística; a la que, si no se ajusta a sus objetivos políticos inmediatos, no dudan, como digo, en calificar de reaccionaria, derechista e incluso fascista, términos que en España hemos convertido en sinónimos. Con el añadido de que a menudo son esos mismos actores políticos los que también son incultos, y de este modo pretenden enmascarar sus propias deficiencias, mediocridad y falta de conocimientos. Otras veces, aunque los interesados saben perfectamente cuáles son las reglas, las vulneran con toda deliberación para ajustar el habla a sus intereses específicos, sin importarles el daño causado.

Tampoco el sector más irresponsable o demagógico del feminismo militante es ajeno al problema. Resulta de lo más comprensible que el feminismo necesario, inteligente, admirable –el disparatado, analfabeto y folklórico es otra cosa–, se sienta a menudo encorsetado por las limitaciones de una lengua que, como todas las del mundo, ha mantenido a la mujer relegada a segundo plano durante siglos. Aunque es conveniente recordar que el habla es un mecanismo social vivo y cambiante, pero también forjado a lo largo de esos siglos; y que las academias lo que hacen es registrar el uso que en cada época hacen los hablantes y orientar sobre las reglas necesarias para comunicarse con exactitud y limpieza, así como para entender lo que se lee y se dice, tanto si ha sido dicho o escrito ahora como hace trescientos o quinientos años. Por eso los diccionarios son una especie de registros notariales de los idiomas y sus usos. Forzar esos delicados mecanismos, pretender cambiar de golpe lo que a veces lleva centurias sedimentándose en la lengua, no es posible de un día para otro, haciéndolo por simple decreto como algunos pretenden. Y a veces, incluso con la mejor voluntad, hasta resulta imposible. Si Cervantes escribió una novela ejemplar llamada La ilustre fregona, ninguna feminista del mundo, culta o inculta, ministra o simple ciudadana, conseguirá que esa palabra cervantina, fregona, pierda su sentido original en los diccionarios. Se puede aspirar, de acuerdo con las academias, a que quede claro que es un término despectivo y poco usado –cosa que la RAE, en este caso, hace años detalla–, pero jamás podrá conseguir nadie que se modifique el sentido de lo que en su momento, con profunda ironía y de acuerdo con el habla de su tiempo, escribió Cervantes. Del mismo modo que, yéndonos a Lope de Vega, cualquier hablante debe poder encontrar en un diccionario el sentido de títulos como La dama boba o La villana de Getafe.

Se está llegando así a una situación extremadamente crítica. Del mismo modo que se ha logrado que partidarios o defensores sinceros del feminismo sean tachados de machistas cuando no se pliegan a los disparates extremos del feminismo folklórico, a los defensores de la lengua española, de sus reglas ortográficas y gramaticales, de sus diccionarios y de su correcto uso, se les está colgando también la etiqueta de reaccionarios y derechistas –lo sean o no– por oposición a cierta presunta o discutible izquierda que, ajena a complejos lingüísticos, convierte la mala redacción y la mala expresión en argumentos de lucha contra el encorsetamiento reaccionario de una casta intelectual que –aquí está el principal y más dañino argumento– mantiene reglas elitistas para distanciarse del pueblo que no ha tenido, como ella, el privilegio de acceder a una educación (como si ésta no fuera gratuita y obligatoria en España hasta los dieciséis años). Del mismo modo que, según marca esta tendencia, quien no se pliega al chantaje del feminismo folklórico es machista y todo machista es inevitablemente de derechas, quien respeta las reglas del idioma es reaccionario, está contra la libertad del pueblo, y por consecuencia es también de derechas. Pues, como todo el mundo sabe, no existen machistas de izquierdas, ni maltratadores de izquierdas, ni taurinos de izquierdas, ni acosadores de izquierdas, ni tampoco cumplidores de las reglas del idioma que lo sean. Resumiendo: como toda norma es imposición reaccionaria y todo acto de libertad es propio de la izquierda, quien defiende las normas básicas de la lengua es un fascista. En conclusión, todo buen y honrado antifascista debe escribir y hablar como le salga de los cojones. O de los ovarios.

No sé si los españoles somos conscientes –y me temo que no– de la gravedad de lo que está ocurriendo con nuestro idioma común. Del desprestigio social de la norma y el jalear del disparate, alentados por dos factores básicos: la dejadez e incompetencia de numerosos maestros (algunos ejercicios escolares que me remiten, con preguntas llenas de faltas ortográficas y gramaticales, de atroz sintaxis, son para expulsar de la docencia a sus perpetradores), que tienen a los jóvenes sumidos en el mayor de los desconciertos, y el infame oportunismo de la clase política, que siempre encuentra en la demagogia barata oportunidad de afianzar posiciones. Pero no pueden tampoco eludir su responsabilidad los medios informativos; sobre todo las televisiones, donde hace tiempo desapareció la indispensable figura del corrector de estilo –un sueldo menos–, y que con tan contumaz descaro difunden y asientan aberraciones lingüísticas que desorientan a los espectadores y destrozan el habla razonablemente culta. Y más, teniendo en cuenta que el Diccionario de la Lengua Española no lo hace sólo la RAE, sino también las academias de 22 países de habla hispana (de ahí tantas palabras que llaman la atención o indignan a quienes ignoran ese hecho), abarcando el habla no sólo de 50 millones de españoles que nos creemos dueños y árbitros de la lengua, sino de 550 millones de hispanohablantes, muchos de los cuales ven con estupor nuestro disparate suicida y perpetuo.

Tampoco la Real Academia Española, todo hay que decirlo, es ajena a los daños causados y por causar. En vez de afirmar públicamente su magisterio, explicando con detalle el porqué de la norma y su necesidad, exponiendo cómo se hacen los diccionarios, las gramáticas y las ortografías, dando referencias útiles y denunciando los malos usos como hace la Academia Francesa, en los últimos tiempos la Española vacila, duda y a menudo se contradice a sí misma, desdiciéndose según los titulares de prensa y las coacciones de la opinión pública y las redes sociales, intentando congraciarse y no meterse en problemas. Esa pusilanimidad académica que algunos miembros de la institución llevamos denunciando casi una década ante la timorata pasividad de otros compañeros, ese abandono de responsabilidades y competencias, esa renuncia a defender el uso correcto –y a veces hasta el simple uso a secas– de la lengua española, ese no atreverse a ejercer la autoridad indiscutible que la Academia posee, envalentonan a los aventureros de la lengua. Y crecidas ante esa pasividad y esos complejos, cada día surgen nuevas iniciativas absurdas, a cuál más disparatada, para que la RAE elimine tal acepción de una palabra, modifique otra y se pliegue, en suma, a los intereses particulares y, lo que es peor, a la ignorancia y estupidez de quienes en creciente número, con la osadía de la ignorancia o la mala fe del interés político, se atreven a enmendarle la plana. Por eso, en el contexto actual, pese a que de las nueve mujeres académicas admitidas en tres siglos seis han ingresado en los últimos ocho años, pese a su formidable e indispensable labor para quienes hablan la lengua española, la Academia es considerada por muchos despistados –basta asomarse a Twitter– una institución reaccionaria, machista, apolillada y autoritaria. Cuando en realidad, gracias a algunos de sus académicos, sólo es una institución acomplejada, indecisa y cobarde.

Y ojo. Aquí no se trata de banderitas y pasiones más o menos nacionales. Aquí estamos hablando de un patrimonio lingüístico de extraordinaria importancia; un tesoro inmenso de siglos de perfección y cultura. De algo que además nos da prestigio internacional, negocio, trabajo y dinero. Hablamos de una lengua, la española, que es utilizada por cientos de millones de hispanohablantes que hasta hoy, gracias precisamente a la Real Academia Española y a sus academias hermanas, manejan la misma Ortografía, la misma Gramática y el mismo Diccionario; cosa que no ocurre con ninguna otra lengua del mundo. Constituyendo así entre todos, a una y otra orilla del Atlántico, un asombroso milagro panhispánico. Un espléndido territorio sin fronteras. Una verdadera patria común, cuya auténtica y noble bandera es El Quijote.

I♥SF





LA SEMANA

Me senté a trabajar esta tarde, hace unas horas, con la única intención de terminar un plano que tenía a medias y así lo hice. Terminado y enviado por e-mail a los promotores (no dejo de maravillarme con esto del correo electrónico; antes lo hice con el fax). Acabado el dibujo y a otra cosa mariposa: responder algún correo atrasado, escuchar mientras a Sabina y a Serrat y marcar en los días de esta semana que empieza mañana los compromisos. Los compromisos, sí, de lunes a viernes todos los días de la semana tienen algo escrito, no me dan las horas. Necesito, por este orden, salud, tiempo y vacaciones; de amor voy servido.
Bueno, y como soñar es gratis, ya que estamos, también ganarme el euromillón.

REBELDES Y SUBVENCIONADOS. MAGISTRAL


Otra vez Bambi
De momento, en España, ganan sin esfuerzo aquellos que aplauden los festejos populares en los que semaltrata o mata a un animal.

Llega julio y es matemático: salen los mozos a defender la Fiesta con la misma bravura con la que salen los toros del toril. Defienden las corridas, los encierros, la liturgia de la sangre y la nobleza que, al parecer, dicha tradición conlleva. Salen los mozos precipitados, tempraneros, se manifiestan en la defensa de las fiestas taurinas mucho antes de que alguien escriba una opinión en contra, valientes sin necesidad o, como ahora se dice, políticamente incorrectos, hacen correr ríos de tinta acusando a los amantes de Bambi de querer amargarles una diversión tan genuina. Más que pasión es furia la que muestran los mozos en sus palabras, tanta que el ministro de Cultura, recién estrenada su cartera, tuvo que amagar y suavizar su pasado de ponente animalista. Que nadie se extrañe. Si el ministro se hubiera metido en ese jardín no hubiera durado dos días. Y ya fue suficiente con el anterior que tuvo que pedir perdón por no ser futbolero (aunque al final su salida fuera por cuestiones fiscales). Honestamente, creo que a un ministro de Cultura se le perdona más en nuestro país que no lea un libro a que se atreva a disentir de los espectáculos nacionales. En cuanto al cine, se solventa con ver Cine de Barrio.

Llegan estas fechas y es que da como susto escribir sobre la crueldad de algunas imágenes brutales que te llegan de los encierros españoles (incluyo a Cataluña). Son escenas que tiene una en la memoria de cuando era niña y veía pasar desde el balcón a los toros huyendo de los mozos que disfrutaban haciéndoles perrerías en un tiempo en el que nadie en mi entorno había pronunciado la expresión “maltrato animal”. Daba miedo el sonido que hacían las patas del animal contra el suelo, la sangre brotando del lomo y la saliva gruesa deslizándose por la lengua, daban miedo también el sudor de los mozos que aún exhalaban el alcohol de la noche anterior, los gritos de las mujeres, las onomatopeyas con que los muchachos provocaban a los animales y los palos golpeando los cuernos. Era un espectáculo que me provocaba estupor, porque intuía en aquello una especie de bautismo de brutalidad. Yo crecí, desarrollé una personal sensibilidad hacia los animales, al margen de cualquier grupo organizado, pero algunas de las personas que quería entonces y luego, ni peores ni mejores que yo, siguieron disfrutando de su tradición sin que les quepa la menor sombra de duda. Están tan seguros de que esa es una manera indiscutible de divertirse y de defender la identidad de su pequeña patria que entenderían como una intromisión inaceptable que por decreto se les prohibiera lo que algunos aseguran estar esperando todo el año. Será el tiempo o la educación en la empatía con el sufrimiento animal quien ponga fin a esto, en ningún caso una columna como la que ahora escribo.

Por eso, por lo poco optimista que soy con respecto a ver algún día el fin de los encierros, me sorprende el desgaste de energía de los que salen a las columnas de opinión a defenderlos como si tuvieran que hacer acopio del mismo valor que el que sale a correr delante del toro. La vehemencia se transforma en agresividad cuando la ejerce quien va ganando, y de momento, en España, ganan sin esfuerzo aquellos que aplauden los festejos populares en los que se aturde, vapulea, maltrata o mata a un animal. Tanta defensa de la incorrección política y lo que desean es que el disidente cierre la boca para no amargarles la fiesta. Y sí, es fácil ridiculizar a quien ama a los animales, o a quien se limita a respetarlos, a no perturbar el curso natural de sus vidas. Es sencillo y muy tópico ya definirlos como idiotas que se han creído las ficciones de Disney y quiere abrazar cobras y acariciar coyotes: “¡Pero luego bien que matáis el mosquito que no os deja dormir, eh!”.

Lo molesto es la vehemencia y la repetición de conceptos. Por estas fechas, los muchachos airados salen a defender lo más subvencionado, lo más alentado por los Ayuntamientos, lo extra publicitado, lo que disfruta de una relevante visibilidad en los medios; gritan, a los cuatro vientos hasta quedarse afónicos, que una ola de puritanismo pretende acabar con la diversión más auténtica, esa que entiende que la fiesta es transgresión, intercambio de papeles, desmadre liberador, subversión, desfogue y blablablá. Pero no les moverán. Eso está claro. Así lleva siendo desde que tengo memoria, y así será me temo por mucho tiempo; de tal forma que quede tranquila la muchachada. Aunque presiento que somos muchos a los que no nos gusta este espectáculo, nuestra voluntad, de momento, vale menos que la suya.

No presumáis, queridos mozos, de arrojo en vuestra defensa cerrada porque aquí, de momento, camináis de la mano de la autoridad competente. Y eso sí que es incompatible: ser rebelde y estar subvencionado.

VIENTO, OLAS Y MÁS VIENTO



LA ESPERANZA

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

CUANDO DUERMO SIN TI CONTIGO SUEÑO

Joaquín Sabina, *Y sin embargo.

sábado, 14 de julio de 2018

SOBRE EL PERMISO DE PATERNIDAD




Cosas que he aprendido en mi permiso por paternidad de siete meses en Alemania
Repartir el permiso con mi pareja me ha permitido entender el sacrificio que tradicionalmente han asumido las mujeres.

El primer día de mi baja por paternidad Amalia y yo acompañamos a su madre al trabajo. Allí le da de mamar una vez más y nos despedimos. Camino de casa vamos al supermercado, a la farmacia, y a hacer recados. Amalia va envuelta en una gran tela que me rodea el torso, apretadita contra mi pecho, plácidamente dormida. Las mujeres en el autobús, sobre todo las mayores, sonríen al vernos. Los hombres hacen como que no nos ven.

Cuando supimos que la baja por maternidad y paternidad en Alemania, Elternzeit, "tiempo de padres", es de hasta 14 meses a repartir entre la pareja, en seguida nos pusimos a organizarnos muy contentos. Mis amigos españoles, jóvenes y no tan jóvenes, me felicitaron al saberlo, sobre todo los que han sido padres, poseídos por una sana y alegre envidia.

Mientras que nosotros teníamos por delante unas 58 semanas, los permisos por maternidad de mis amigas españolas solo habían sido de 16 semanas. Los de paternidad, por su parte, solo habían durado dos semanas, y voluntarias, ampliadas a cuatro desde enero de 2017. El padre también tenía la posibilidad de intercambiarse con la madre, aunque finalmente muy pocos lo hicieron.

Padres y madres sí coincidían al preguntarnos cómo nos lo íbamos a repartir. Tanto mi pareja como yo queríamos pasar el máximo tiempo posible con Amalia, que solo iba a ser bebé una vez, y tampoco queríamos desvincularnos de nuestros respectivos trabajos. Decidimos hacer juntos el primer mes, en familia, y dividir el resto en dos mitades.

Todavía no sabíamos que, como en España, en Alemania tampoco es común dividirse el permiso a partes iguales. La duración media por permisos maternales es de 13,8 meses, mientras que la duración media por permisos paternales es de 3,7 meses, según las estadísticas de 2017. Estas cifras se están igualando, pero los hombres, si adoptan un permiso largo, siguen oyendo comentarios sexistas en su entorno. Así supe, por ejemplo, que algunos hombres llaman "vacaciones para padres" al permiso por paternidad, como si cuidar de un bebé no supusiera un trabajo, sino una excusa para no trabajar. "¡Quedarte en casa!" me decían otros sorprendidos... "¿Y tu mujer?".

Aquella fue la primera vez que me sentí cuestionado por mi género, algo que siempre me había parecido humillante, pero que nunca había vivido en mis carnes. Era un ataque doble, pues cuestionaba al mismo tiempo la conveniencia de que cuidara de mi bebé y el derecho de mi compañera a regresar antes a su vida profesional. Como otras veces, aunque me sienta cobarde al escribir esto, evité ser lo beligerante que habría querido. Insistí simplemente, a cada embestida, en que esa decisión era asunto mío y de mi pareja.

La primera mitad de nuestro permiso la tomaría la madre, por su vínculo con el bebé. Yo iría a trabajar, no sin imaginarme cada día cómo sería mi baja por paternidad: esos meses que pasaría viviendo tranquilito con mi bebé, en los que, además, mientras durmiera o jugara, podría disfrutar de un poco de tiempo para mí, mis proyectos, la escritura, el arte, etcétera. Pero la realidad resultó ser otra.

Cuando llegamos a casa, aprovechando que con Amalia atada a mi cuerpo tengo las manos libres, ordeno la compra y la cocina. "Bueno mi niña, aquí estamos", le digo dulcemente al desenvolverla del portabebés. Ella se despierta y rompe a llorar, como siempre que la sacamos del portababés, y su llanto llena de pronto la casa, la luz y el frescor mañanero.

La consuelo, le cambio el pañal. Jugamos. Luego se pone penosa. Bosteza y se restriega los ojos. La mezco con ternura, mientras repaso las cosas que tengo que hacer: limpiar el desayuno, ordenar, burocracias atrasadas... Cosas que me tocan a mí porque después de todo, soy yo el que "se queda en casa". Con suerte quizá hasta me dé tiempo a echarme yo mismo junto a ella a leer o escribir un poco. No se duerme. Tampoco quiere comer y cada vez que me alejo de ella, me llama insistentemente, con chillidos y llantitos. Empiezo a preguntarme qué hacer de las miles de cosas que puedes hacer con tu bebé. Tenía muchas pensadas... ¿Por dónde empezar?

Lo primero que me ha sorprendido de mi permiso por paternidad ha sido, como he dicho, ver cuestionadas mis capacidades y derechos por mi género.

Lo segundo es mi bebé mismo, el darme cuenta de que tiene una energía y una expresividad y un carácter que no le conocía. En los buenos momentos flipo. Y en los malos... flipo también.

Hasta ahora solo veía a Amalia apenas unos minutos por la mañana, feliz pero poseído por la bulla de tener que irme a trabajar, y a última hora de la tarde, ya cansados los dos, ella un poco llorona, yo algo gruñón, con el humor y la paciencia desgastados, pero feliz de volver a casa. Mi pareja entonces parecía también muy cansada, a veces más que yo. Entonces procuraba hacerle el relevo con la niña y con lo que quedara por hacer en casa... aunque me sorprendiera, pues era yo el que venía tras ocho horas de trabajar. Luego, estaban los fines de semana, pero entonces estábamos los dos para cuidar juntos de la niña, con el alivio de un día sin obligaciones.

Ahora, con días enteros para mi bebé, he descubierto que cuidarla, estar con ella, es estar con una persona mucho más compleja y exigente, que requiere mucha más atención, tiempo y energías de las que suponía. Por suerte los tengo y no son restos del día sino el tronco de mis horas y de mi potencial.
Lo tercero más sorprendente es que, de algún modo, no solo he descubierto a mi hija, sino que ella me ha descubierto a mí también. Hemos construido una conexión, una intimidad, una confianza, una complicidad en la que para ella todo es nuevo, y para mí, en cierta medida, también lo es. Porque junto a Amalia he descubierto las energías, la paciencia, el amor, la fuerza y la entereza que hay que tener para estar días enteros, uno tras otro, a solas con tu bebé, como único responsable de este y de la casa, sin que ninguna de las dos se te vaya de las manos: tener a la niña limpia, bien alimentada, descansada y segura para desarrollarse en paz, acompañarla y a la vez mantener el orden y la limpieza en la casa, la despensa controlada, la compra hecha, las comidas planeadas,... ¿Te olvidas de algo?... Sí, de ti mismo, de estar bien comido, bien aseado, vestido como te gusta, cosas buenas para la salud, el humor que de nos hacen gustarnos un poco más, a nosotros mismos y a los demás.

Son trabajos y esfuerzos que, en nuestro mundo machista, han hecho siempre las mujeres, muchas veces solas, incluso después de que sus parejas volviesen del trabajo. Mi madre, mis abuelas, mis tías, mis primas, mis amigas... mujeres, la mujer, generalizando, porque siguen siendo una aplastante mayoría, a las que ahora veo con otros ojos, por el enorme trabajo realizado y que tan poco se les valora, del mismo modo que veo con otros ojos a los hombres, por todo el trabajo que no realizarán y la experiencia que ya no va a enriquecerlos.

Desde el pasado 5 de julio, el permiso de paternidad se amplió una semana más en España. Ya vamos por las cinco semanas, intransferibles y no obligatorias. Y no es el único cambio a la vista. El pasado 27 de junio se aprobó una proposición de ley en el Congreso para ir ampliando progresivamente el permiso de paternidad hasta llegar a las 16 semanas en 2024.

Cuando vuelve mi compañera del trabajo no le importa que algunas cosas que tenía que hacer no estén. Se pone a ayudarme enseguida del mismo modo que yo la ayudaba cuando llegaba de mi trabajo. Nos miramos cómplices. Ella se ríe porque ahora sabe que comprendo aquel cansancio, yo, porque ella conoce los celos que siento por Amalia, que al verla llegar da saltos de alegría y agradecimiento entre mis brazos, como las daba cuando yo volvía del trabajo, aunque fuera ella la que se había pasado dándole su tiempo, sus energías y su amor.

Y aquí llega la última sorpresa y es que todo esto no ha hecho sino unirnos más como pareja, afianzando nuestra confianza en el otro para dejar las cosas en sus manos, seguros del respeto por el trabajo de cuidar de nuestros hijos, nuestra casa y nuestras respectivas vidas profesionales. 

BELLEZA

CORTESANOS

A ver, seamos sinceros, si la noticia de Juan Carlos I y Corinna de apellido impronunciable fuera con un actor, político, cantante con la Corinna de turno, ¿no tendríamos hasta en la sopa este asunto? Aquí, salvo El Español de Pedro J., los medios no dicen ni mú. Aunque pueda parecer una paradoja, flaco favor le hacen tantos cortesanos a la monarquía española de hoy.

UN DÍA EN EL MUSEO

SIN (CON) PALABRAS

viernes, 13 de julio de 2018

HISTORIA


La Historia que estudiarán nuestros hijos nos acecha, la corrupción en España es terrible. Si han caído numerosos políticos, empresarios, actores, etc., ahora le toca al anterior rey y Juan Carlos I está en todos los medios, aunque los grandes periódicos se guardan de dar publicidad a las declaraciones de la ínclita Corinna. ¿Estará la Justicia a la altura de las circunstancias o se correrá un tupido velo como siempre se ha hecho? Es éste un buen momento para que se demuestre la ingenua máxima de "TODOS SOMOS IGUALES ANTE LA LEY".
Sólo me queda apuntar que la gran mayoría de los españoles pagamos religiosamente a Hacienda, cumplimos la ley, respetamos las señales de tráfico conduciendo, aportamos parte de nuestro sueldo a la Seguridad Social y no tenemos cuenta alguna en Suiza, Gibraltar, Mónaco o las Islas Vírgenes. Palabrita.

CONOCIDO POR...

La historia de la humanidad está llena de reyes con apodos, no digamos España: Juana, la Loca; Felipe, el Hermoso; Alfonso X, el Sabio; Felipe II, el Prudente; Carlos I, el Emperador; Calos II, el Hechizado; José I, Pepe Botella, etc.  Trump no es rey ni emperador, pero desde luego pasará a la historia como Trump I, el Desestabilizador.

miércoles, 11 de julio de 2018

YO LO VEO MUY CLARO


Leo esta noticia en El País y me quedo algo perplejo, ¿tan difícil es saber cuando alguien consiente una relación sexual? Si el problema es exigir un "sí" expreso pues nada, basta entonces con un NO expreso, tan fácil como eso. No es no y se acabó la polémica.

CALLAS, AUGUSTA, OCTAVIA, LIBROS Y EL JARDÍN FUERA

Julio de 2018.

lunes, 9 de julio de 2018

RADAZUL

DESASOSIEGO

Esa sensación de congoja, de que algo va mal, de que las piezas hoy no encajan todas en su sitio. Creo que la razón, además, es pura estupidez, esas pequeñas cosas que nos llegan a afectar demasiado sin que tenga lógica ninguna. Pero es lo que hay.

I♥NY

2 PELÍCULAS

"Hereditary". Un planteamiento interesante, un nudo demasiado nudoso y un desenlace que no entiende nadie. Una mala vuelta de tuerca a "La semilla del diablo".
"Danny Collins", en España "Nunca es tarde", muy entretenida. Magníficos actores, una historia bien construida y una banda sonora estupenda. Un descubrimiento, sin duda.

¿LA RESPUESTA? ¡EDUCACIÓN!


Equidad y laicismo
Es necesario reformar los aspectos más retrógrados de la LOMCE.
https://elpais.com/elpais/2018/07/08/opinion/1531051843_787522.html

Pocas leyes educativas han tenido tanta contestación como la LOMCE, aprobada en 2013 por el Gobierno de Mariano Rajoy. Hasta tal punto fue contestada que el propio Ejecutivo dio marcha atrás en algunos de sus aspectos más controvertidos, como el sistema de reválidas. La ley ha dejado una situación de confusión e inseguridad que lastra el buen funcionamiento del sistema educativo. Era, pues, previsible que el nuevo Gobierno socialista quisiera romper una dinámica tan negativa y decidiera intervenir lo más pronto posible. Así ha sido. La nueva ministra de Educación ha anunciado que revisará los aspectos más retrógrados y disfuncionales de la ley y aplicará medidas para revertir los recortes de los últimos años. Ambos aspectos son necesarios y exigen la máxima colaboración de todas las fuerzas políticas, incluido el PP, responsable de un desaguisado que urge corregir.
Entre las modificaciones anunciadas destaca la supresión de los itinerarios que segregan a los estudiantes en función de su rendimiento, que actúa como rémora para la igualdad de oportunidades. En edades tan volubles por los cambios de la adolescencia, la segregación priva a muchos alumnos de oportunidades de mejora y les cierra puertas académicas de las que depende su futuro. Si algo es importante preservar en un sistema educativo público es la equidad. La educación ha sido en España el principal motor del ascensor social, y debe seguir siéndolo.

Otra de las novedades es el cambio en el tratamiento de la religión anunciado por la ministra. Este fue uno de los grandes caballos de batalla de la LOMCE, que volvió a introducirla como materia evaluable. Con la revisión de la ley, dejará de serlo y ya no contará para la nota media de la ESO o el Bachiller ni para la obtención de becas y ayudas. La solución que dio el ministro José Ignacio Wert a la pretensión de la Conferencia Episcopal fue establecer dos materias optativas evaluables, Religión y Valores Cívicos y Éticos. Pronto se comprobó la verdadera finalidad del cambio: tras años de fuerte caída en el número de alumnos que cursaban Religión, en cuanto se hizo evaluable las cifras aumentaron hasta llegar a duplicarse en algunos centros. Al ser percibida como una materia fácil, los alumnos la elegían para mejorar la nota media.

La ministra ha anunciado que se creará una nueva materia obligatoria para todos sobre valores cívicos y éticos. Este planteamiento es mucho más congruente con los principios constitucionales. No tiene sentido que unos alumnos aborden cuestiones esenciales para el buen funcionamiento de la democracia desde la perspectiva de una sociedad plural y diversa, y otros se formen según las reglas de una moral religiosa concreta, presentada como incompatible con la primera.

Los valores cívicos son universales y deben ser explicados y conocidos por todos los alumnos, al margen de que algunos opten por recibir también una instrucción religiosa, que nunca puede ser obligatoria ni impartida como un instrumento de evangelización dentro del sistema educativo. El Estado no puede actuar de forma confesional y debe limitarse a fomentar una moral cívica.

domingo, 8 de julio de 2018

sábado, 7 de julio de 2018

EL GATO

Villa de La Esperanza, Tenerife.

DESPUÉS DE LOS TOROS


Ringo Starr: “Me hice vegetariano después de ver una corrida de toros en España”
http://www.m80radio.com/2018/ringo-starr-me-hice-vegetariano-despues-ver-una-corrida-toros-espana-38147.html?id_externo_promo=ep-ob&prm=ep-ob&ncid=ep-ob

A sus 77 años, desembarca Ringo Starr con una nueva gira con la que pondrá los pies en España por primera vez desde la histórica visita de The Beatles en 1965, algo que el batería no ha olvidado del todo pese a aquellos días de locura de juventud “en la mejor banda del planeta”.
“Me temo que en esos tiempos yo era un chiquillo y que estaba de gira. Me suena que fuimos a una corrida de toros y que me volví vegetariano ese día“, ha dicho el músico con tono de sorna durante la charla en una entrevista.
También se ha referido Ringo Starr a la situación política de su país, especialemente después de la votación del Brexit. “Yo no estaba ni en el país cuando sucedió, pero eso es la democracia. Mucha gente murió en el pasado para que pudiéramos tener derecho al voto, pero ahora hay otra mucha gente que se muestra disconforme con ese voto. No lo comparto. Lo que apoyo es a la gente que salió a votar y su decisión“, ha afirmado.
El exBeatle probablemente más discutido se ha pronunciado personalmente sobre la que considera su mayor contribución a la música. “Toco de manera emocional. Tuve suerte de comprarme mi primera batería sin tener ni idea y eso me hizo diferente. … Y además soy un ser humano encantador”, ha bromeado ante el micrófono, minutos después de confesar ante el resto de medios que, de poder elegir entre la gloria del solista o los platos, siempre elegiría lo segundo.
Y a la pregunta sobre si nunca en estas casi seis décadas de carrera ha acabado harto de la industria musical, contesta: “No formo parte de la industria musical. Soy un músico al que le encanta tocar y así ha sido siempre”.
*What goes on.

viernes, 6 de julio de 2018

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

EN LA LAGUNA

VAN

Van Morrison, *In the garden.
*Whenever God shines his light.
*Nothern muse.

¡CHUPI!

Comienzan los sanfermines. Ahora una semana de encierros hasta en la sopa, corridas de toros, borracheras y noticias de esta fiesta, quieras o no quieras. A mi tampoco me gustan los sanfermines.