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domingo, 16 de agosto de 2026

PURO MA


Juan José Millás, 09.08.2026

Las fotografías documentan. Dicen: “Esto ocurrió aquí y entonces”. Fijan, pues, un momento y lo conservan. Pero su relación con el tiempo es simple: pasado que se guarda en un cajón. La de un Messi de 21 años sosteniendo en brazos a un bebé de meses llamado Lamine Yamal es otra cosa: pliega el tiempo sobre sí mismo como se dobla una hoja de papel para que dos puntos alejados coincidan. Lo que nos descoloca de esta imagen no es el desafío estadístico de que dos de los mejores futbolistas de la historia compartan ese instante. Lo que nos descoloca es que el tiempo aparece roto. Messi sostiene en brazos a alguien que en el futuro le ganará un Mundial. Yamal ocupará el espacio simbólico que el argentino está construyendo en el momento mismo en el que acuna a su heredero. Nos conmueve hasta el tuétano la ignorancia de ambos. La del bebé, porque es un bebé. La de Messi, porque nadie puede mirarse en el espejo del futuro. En ese instante, Yamal no es todavía nadie en particular, y Messi no sabe aún que ese nadie le abrazará 20 años después, tras un partido, para darle consuelo.

La fotografía, en fin, no habla del fútbol. Habla de algo que el fútbol, en este caso, ha tenido la extraña gentileza de hacer visible: que el tiempo, más que una línea, es una superposición. Hay una palabra japonesa, ma, que designa el espacio significativo entre dos cosas. Esta fotografía es puro ma: el intervalo cargado de sentido entre un hombre que ignora lo que abraza y un bebé que ignora quién lo abraza. El fútbol, que no es dado a la lírica, produjo en esta ocasión un gran poema.

jueves, 23 de julio de 2026

FÚTBOL Y ARQUITECTURA


Una lección de fútbol
Jacques Herzog, AV, 23.07.2026

Crecí con el fútbol. Desde nuestro balcón podíamos ver el que era entonces el campo del FC Basilea. El ambiente de los partidos me marcó ya de pequeño, y todos jugábamos durante días y días en cada una de las calles y plazas posibles de nuestro barrio. Son recuerdos que seguramente muchos conocen y comparten, con el inevitable apego que ello conlleva hacia una ciudad y un club concreto. Se trata de un vínculo emocional un tanto extraño, incluso incómodo, que en su día te convirtió en aficionado sin que hubieras tomado nunca una decisión consciente al respecto. Pero resulta difícil desprenderse realmente de esa emotividad, aunque con la edad debiera ser más fácil ver un partido de fútbol de forma neutral, objetiva, distanciada o incluso con tranquilidad.

Como arquitecto, he podido plasmar este intenso vínculo emocional con el fútbol en nuestros trabajos de estadios —empezando por St. Jakob Park en Basilea, al que siguieron el Allianz Arena en Múnich, el nuevo estadio de Burdeos o el proyecto no realizado para Stamford Bridge—, con una arquitectura que teje entre jugadores y espectadores una relación espacial lo más estrecha posible. Debe merecer la pena seguir los partidos en persona desde el estadio, donde los olores, los colores y las voces se mezclan con la arquitectura circundante para crear una experiencia sensorial que la retransmisión en casa no puede ofrecer.

Sin embargo, en la pantalla se ve más; incluso aquellas cosas que uno no quiere ver se hacen de repente perfectamente visibles, a cámara lenta y desde diferentes ángulos. No solo la belleza de la brillantez técnica, sino también la mezquindad de las faltas sistemáticas, de la provocación y de la hostilidad. En este Mundial de 2026 se ha visto de todo. ¿Qué queda? El fútbol no es justo, el azar interviene y, paradójicamente, los momentos de profunda decepción a menudo, perduran más en la memoria que los de triunfo. La pelota rebota en el poste y vuelve al campo, o entra directamente en la portería: Inglaterra 1966. No se sancionan las manos ni las faltas: México 1986.

En la disputada final de esta Copa del Mundo se habría producido otra herida imborrable si, al final, la rudeza sistemática y el odio manifiesto hubieran llevado al éxito. Pero el balón de Ferran Torres entró en la portería ‘correcta’. Tarde, sí, muy tarde, ganó aquel equipo que, más que ningún otro, supo combinar el genio individual de algunos con la cohesión colectiva y la inteligencia de todos para formar un conjunto fantástico.

España nos ha dado una lección. A todos nosotros, y no solo a los aficionados al fútbol, sino también a los dirigentes y a los políticos que asistieron al partido. Una lección sobre cómo deberíamos organizarnos y funcionar como sociedad.

SABER GANAR Y PERDER (POR TUS ACTOS TE CONOCERÉ)

 



domingo, 19 de julio de 2026

PANIS ET CIRCI, SED CUM PEDILUDIO







 

El fútbol lo es todo, o casi, en España, pero en Argentina va más allá. Aquí ni una final de un Mundial eclipsa la mierda del odio político. Harto del Mundial, espero que gane España para dar una bofetada sin manos a todos esos fachas racistas que verán a Lamine Yamal levantando la copa de la FIFA. Rubios de bote, peludos, blancos, morenos y negros, todos españoles.




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miércoles, 15 de julio de 2026

HARTO DEL MUNDIAL

Pues eso, estoy harto del Mundial, parecería que no ocurre nada más en el mundo. No me gusta el fútbol, así que esto que escribo no aporta nada, como casi siempre, pero sí quiero que gane España (me niego a decir La Roja, porque en este contexto a aquellos parece no molestarles). Parece que no sólo de pan vive el hombre, también de fútbol.
Estas son las noticias en EL PAÍS semanal hoy.

Esto en "primera página". Pero hay más...