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martes, 14 de marzo de 2023

GANADORES ABSOLUTOS


Que los móviles han ganado la partida es ya un hecho incuestionable. No hay momento, reunión, comida, cine, teatro, ópera, concierto, oficina, videoconferencia... donde el dichoso aparatito no esté presente. Nadie, jamás, pudo prever esta hegemonía. El desagradable sonido de una llamada, el interminable beep de un mensaje, sin hablar del fogonazo de luz en un espacio oscuro, todo sumado a la ridícula posición del  pulgar pasando pantallas de arriba a abajo, o viceversa, del no menos maldito Facebook, Instagram; escoge la red social que quieras.
Ver a algún pasajero esperando un avión que no esté con el móvil en ristre es una tarea ímproba, como ya lo es ver a alguien leyendo por la calle que no sea la pantallita.
Ya parece no concebirse estar unos minutos sin este cordón umbilical que nos conecta a Matrix. 
Cuarto de baño → móvil, no vaya a ser que esos minutos alerten de la inminente llegada de un tsunami y perezcamos ahogados.
Cine → móvil. Todos tienen que saber dónde estamos, qué película vemos y qué cosas tan importantes nos estamos perdiendo en Instagram los 90 minutos que dura la película. Lo mejor es cuando suena, el susodicho lo coge y dice: ahora no puedo hablar, estoy en el cine y bla bla bla. 
De paseo por la calle → móvil. Estos momentos de relax, otrora disfrutando del paisaje, nos han vuelto autómatas tontolcúlus.
Comida → Sólo justificable para evadirse de la conversación del petardo, léase graciosillo, de turno. Las otras veces sólo responde a una educación pésima, como mínimo. 
Seguro que el mundo no se para si compartimos un rato agradable cara a cara. Si no se ve la vida a través de la pantalla parece que ésta no existe.
Otro día escribo sobre las fotos de comida, esos platos elaboradísimos que tenemos que compartir a la hora del desayuno, media mañana, aperitivo, merienda y cena. Y otro más sobre las llamadas durante las horas de trabajo entre A y B acerca de la comida del mediodía, de las verduras aquí o allá en la nevera, de la caquita del niño y/o de la niña, de si ¿has comido? ¿has dormido?, de la compra que hay que hacer.
Primperan. 

viernes, 8 de marzo de 2019

ALEXA ESTO, ALEXA LO OTRO

“Es más peligroso tener a Alexa encima de la mesa que a un señor observándote cada día en el salón” 
La abogada Paloma Llaneza explica que borrar ‘apps’ como Facebook y WhatsApp es la única forma de evitar que recopilen nuestros datos.
ISABEL RUBIO 4 MAR 2019 - 17:18 CET
https://elpais.com/tecnologia/2019/02/21/actualidad/1550768323_045000.html

Paloma Llaneza (Madrid, 1965) fue una de las primeras usuarias de Facebook. Pero esta abogada experta en protección de datos, al ver cómo funcionaba la red social y la información suya que recopilaba, borró su cuenta. El día que la compañía de Zuckerberg compró WhatsApp también desinstaló de su teléfono este servicio de mensajería instantánea. Y envió un mensaje a todos sus contactos: “Facebook ha comprado WhatsApp y lo ha comprado por los usuarios, lo ha comprado por vuestros datos. Yo me voy”. 
“Los datos son valiosos porque dicen muchísimo de nosotros y somos votantes potenciales, compradores potenciales y peticionarios de servicios de transporte, salud, educación y crédito potenciales. El mundo gira alrededor de nuestras necesidades. Cuanto mejor te conozca a ti, mejor seré capaz de venderte lo que creo que necesitas, aunque tú no creas necesitarlo aún, y de negarte lo que pides”, explica en una entrevista a EL PAÍS. Llaneza, que también es auditora de sistemas y consultora en ciberseguridad, acaba de publicar Datanomics, un libro en el que explica qué hacen las empresas tecnológicas con nuestros datos personales. 
El coste de tener instaladas aplicaciones como Facebook, Whatsapp o Instagram “es muy alto”: “El día que WhatsApp hable de todo lo que le hablamos se acaba el mundo”. Los gigantes tecnológicos llegan a conocer al usuario mejor que unos padres, una pareja o incluso uno mismo. “Lo que más nos dice de un ser humano es aquello que oculta de sí mismo: su parte emocional. Las redes sociales permiten saber cuál es tu estado de ánimo en tiempo real, si estás sufriendo de amores o buscando medicación para los nervios, si tienes depresión, si abusas demasiado del alcohol, si sales mucho o si la música que escuchas indica una tendencia al suicidio o una melancolía transitoria que forma parte de tu carácter”, asegura la abogada. 
Facebook analizó datos de más de seis millones de adolescentes australianos y neozelandeses para determinar su estado de ánimo y facilitar a los anunciantes información sobre los momentos en los que se sentían más vulnerables, según un documento de la compañía en Australia filtrado en 2017 por el periódico The Australian. Al saber cómo es una persona y cómo siente en cada instante, las empresas pueden venderle en el momento oportuno “cualquier cosa que emocionalmente necesite”: “Una idea, un pensamiento, un partido político, un modo de vida o incluso un sentimiento de superioridad nacional”. “Esto que es preocupante ha funcionado muy bien en el Brexit, en las elecciones de Trump y en alguna elección reciente en España”, afirma Llaneza.

Cómo evitar la recopilación de nuestros datos 
Para evitar que las compañías tecnológicas recopilen datos sobre nosotros, Llaneza afirma que la única solución es borrar este tipo de aplicaciones: “No hay un consejo intermedio, da igual compartir más o menos publicaciones”. “La parametrización de privacidad que hace Facebook está pensada para terceros, pero Facebook lo ve todo y guarda hasta tus arrepentimientos, incluso ese correo que ibas a mandar poniendo a caer de un burro a alguien y que luego decidiste no hacerlo. Porque un arrepentimiento dice de ti mucho más que lo que mandas”, explica. Hacer un uso menos intensivo de estas aplicaciones no serviría, según Llaneza, ya que “tienen un montón de permisos para acceder a tu teléfono móvil”: “Incluso por cómo mueves el teléfono y tecleas, tienen una huella biométrica tuya que te identifica con un alto grado de probabilidad”. 
Los dispositivos y las aplicaciones están pensados para ser “usables, molones y altamente adictivos”. El problema es que la percepción del riesgo entre los usuarios “es muy baja”: “Nadie es consciente de la cantidad brutal de información que da a un móvil incluso sin tocarlo”. “Tener un móvil o a Alexa encima de la mesa de tu casa te parece lo más normal y, sin embargo, no tendrías un señor sentado en el salón de tu casa todos los días observando cómo hablas o viendo como meriendas. Es mucho más peligroso tener a Alexa encima de la mesa que a ese señor, que tiene una memoria humana y se le va a olvidar la mitad de lo que oiga”, concluye Llaneza. 

CÓMO SACAN LAS COMPAÑÍAS RENTABILIDAD A LOS DATOS 
Las compañías sacan rentabilidad a los datos de sus usuarios “a base de vender la publicidad targetizada y de generar otros negocios alrededor de esa información”. Mientras que en Europa hay una regulación “más o menos estricta”, en EE UU “el hecho de que te caiga una pena más o menos grave, tengas acceso a distintas universidades o te denieguen un crédito, un seguro o un servicio médico dependerá de los datos tratados sobre ti”. ¿Por qué a pesar de no haber impagado nunca una deuda, te pueden denegar un crédito? “Porque los nuevos sistemas son predictivos y no analizan el pasado, sino que leen el futuro”, afirma Llaneza. Si un modelo predice por ejemplo que alguien tiene una alta probabilididad de divorciarse y su capacidad económica bajará, es posible que no se le conceda una hipoteca. El uso de estos sistemas conlleva un riesgo, ya que los datos con los que los algoritmos son entrenados están condicionados por nuestros conocimientos y prejuicios. Además, las máquinas terminan siendo en ocasiones una caja negra que hace imposible entender qué camino ha seguido el modelo para llegar a una determinada conclusión: “Una de las grandes cuestiones que tenemos delante es la transparencia algorítmica. Usted ha tomado una decisión: ¿Por qué y cómo?”. “La propiedad de datos ya está regulada. Lo que ahora debemos regular es el control sobre el resultado del tratamiento sobre esos datos”, afirma la abogada.

miércoles, 16 de abril de 2014

DAWSON CREEK O CÓMO HEMOS CAMBIADO

Desde el último viernes, día en que operaron a Augusta de "cosas de mujeres", he pasado más tiempo en casa, así he tenido la oportunidad de vigilarla con atención y evitar colocarle el collar isabelino -llamado lámpara de IKEA por un amigo-. Augusta se va recuperando, el sábado le quitarán los puntos, o al menos eso espero, y yo podré volver a recobrar la poca vida fuera de casa de la que disfruto (por elección, no me quejo en absoluto). Así, a más tiempo dentro de casa más tiempo también para disfrutar de la lectura, de la música y de alguna serie. Respecto a esto último, como había traspapelado el disco duro portátil con el que ando de aquí para allá, eché un ojo a mi dvdteca, y en ella encontré una serie de 1998 que había comprado quién sabe cuándo y de la que jamás había visto capítulo alguno: "Dawson Creek", o "Dawson crece" como la llamaron en España. No va esta pequeña reflexión sobre la serie en sí, que lo poco que he visto me entretiene, sino de algo en lo que caí en el capítulo III, la vida de los cuatro personajes transcurre entre el instituto, sus casas, sus hobbies, sus trabajos... ¡y no hay ni móviles ni ordenadores ni Internet! Increíble. ¡Una generación completa de adolescentes pre-Internet! y tan felices. Todo un estudio sociológico se podría hacer de series como Dawson Creek. 

Presuntos Implicados, *Cómo hemos cambiado.

viernes, 28 de febrero de 2014

Y LA CIUDAD INVENTÓ LA RUEDA

Una alternativa ecológica para desplazarse en la ciudad
Mezcla de monopatín, moto y bicicleta. Esta rueda sostenible llamada Gauswheel parece estar llamada a revolucionar el transporte urbano. 
Ciclosfera. http://www.ciclosfera.com/noticia-ciclismo-urbano-531-y-la-ciudad-invent-la-rueda
Su creadores son dos húngaros llamados András Göczey y Soma Ungar, un arquitecto y un diseñador industrial que han aunado fuerzas -y talento- para desarrollar esta rueda sostenible que ya se puede ver en las calles de Polonia, Rumanía, Hungría o Canadá. Y es que, además de su ingenioso diseño, la Gauswheel puede llegar a alcanzar los 30 km/h, característica que incrementa sus eficacia en la ciudad como medio de transporte, aunque pueda ser utilizada igualmente para hacer deporte.
Su estilizado y orgánico diseño, así como sus prestaciones tecnológicas, hacen de esta máquina futurista una alternativa ideal para fomentar el transporte urbano sostenible. Más rápida que un monopatín y sencilla de transportar, esta rueda es, sobre todo, divertida. El usuario no sólo está utilizando un medio respetuoso con el medio ambiente, también está experimentando una sensación única de libertad al utilizarla.

Gauswheel está patentada en la  Unión Europea, China y los EE UU, pero, curiosamente, es casi desconocida en Hungría, país donde fue concebida. De ahí que algunos aficionados ofrezcan asiduamente en el centro de Budapest un espectáculo rodante para promover su uso. Una iniciativa que pretende dar a conocer a la gente este excelente medio de transporte y que, cada vez más, atrae la atención de una generación joven más concienciada con el medio ambiente, y que más que llegar a su destino, quiere disfrutar en su desplazamiento.
Su estilizado y orgánico diseño, así como sus prestaciones tecnológicas, hacen de esta máquina futurista una alternativa ideal para fomentar el transporte urbano sostenible. Más rápida que un monopatín y sencilla de transportar, esta rueda es, sobre todo, divertida. El usuario no sólo está utilizando un medio respetuoso con el medio ambiente, también está experimentando una sensación única de libertad al utilizarla.
Gauswheel está patentada en la  Unión Europea, China y los EE UU, pero, curiosamente, es casi desconocida en Hungría, país donde fue concebida. De ahí que algunos aficionados ofrezcan asiduamente en el centro de Budapest un espectáculo rodante para promover su uso. Una iniciativa que pretende dar a conocer a la gente este excelente medio de transporte y
que, cada vez más, atrae la atención de una generación joven más concienciada con el medio ambiente, y que más que llegar a su destino, quiere disfrutar en su desplazamiento.
Gauswheel está patentada en la  Unión Europea, China y los EE UU, pero, curiosamente, es casi desconocida en Hungría, país donde fue concebida. De ahí que algunos aficionados ofrezcan asiduamente en el centro de Budapest un espectáculo rodante para promover su uso. Una iniciativa que pretende dar a conocer a la gente este excelente medio de transporte y que, cada vez más, atrae la atención de una generación joven más concienciada con el medio ambiente, y que más que llegar a su destino, quiere disfrutar en su desplazamiento.