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viernes, 3 de julio de 2026

EL MENGELE ESPAÑOL (II)


Veamos qué dice la Wikipedia de esta joya. No tiene desperdicio alguno.

Antonio Vallejo-Nájera (o Vallejo-Nágera) Lobón (Paredes de Nava, 1889-Madrid, 25 de febrero de 1960) fue un médico español, primer catedrático numerario de Psiquiatría en la Universidad de Valladolid. Es considerado como «el Mengele español» o «el Mengele de la psiquiatría franquista» por sus teorías ultraderechistas racistas y su participación en las depuraciones del franquismo. Fue padre del también psiquiatra Juan Antonio Vallejo-Nágera y abuelo de la escritora María Vallejo-Nágera y de la cocinera Samantha Vallejo-Nágera.

Realizó los estudios de Medicina en la Universidad de Valladolid, donde obtuvo la licenciatura en 1909. A continuación ingresó en el Cuerpo Militar de Sanidad, desempeñando su función con notable mérito, principalmente en las epidemias y en las acciones de guerra de la época, por lo que obtuvo diversas condecoraciones nacionales. Prestó servicio en Marruecos como miembro del Cuerpo de Sanidad Militar. En 1917 fue nombrado agregado de la embajada de España en Berlín, como miembro de la comisión militar que debía inspeccionar los campos de prisioneros de guerra; por el cumplimiento de esta misión se hizo acreedor de otras varias condecoraciones de diferentes países europeos.

Durante su permanencia en Alemania tuvo oportunidad de conocer las clínicas psiquiátricas, así como de escuchar las lecciones de Emil Kraepelin, Ernst Kretschmer, Hans Walter Gruhle y Gustav Schwalbe, cuyos trabajos dejaron una honda influencia en él. Estas circunstancias determinan en Vallejo-Nájera su definitiva vocación por la Psiquiatría. Allí tradujo al castellano las obras de Gruhle y Schwalbe. De nuevo en España, fijó su residencia en Madrid y dirigió, desde 1930, la clínica psiquiátrica de Ciempozuelos.

Cultivó su relación con Franco dedicándole su libro sobre la psicopatología de la guerra, al que incorporaba algunos estudios previos sobre la relación entre marxismo y deficiencia mental, «en respetuoso Homenaje de admiración al invicto Caudillo Imperial, Generalísimo de los Ejércitos Españoles de Tierra, Mar y Aire». Vallejo-Nájera mantenía además estrechos vínculos con Auxilio Social, la organización del régimen encargada de atender a los huérfanos de la guerra, a través de su amigo, el psiquiatra Jesús Ercilla Ortega. Ercilla, buen amigo a su vez de Onésimo Redondo, fue uno de los fundadores de las JONS. Era además miembro del Comité Ejecutivo de Auxilio Social, en calidad de asesor médico, y el hombre de enlace con otros grupos del régimen. Terminada la guerra, Ercilla fue nombrado director médico de la clínica psiquiátrica de San José, en Ciempozuelos, un hospital oficialmente dirigido por Vallejo-Nájera.

En 1931 fue profesor en la Escuela de Aplicación de Sanidad Militar, centro donde se impartía la primera enseñanza de la especialidad. Afecto al nazismo, durante la guerra civil española el coronel Vallejo-Nájera dirigió los Servicios Psiquiátricos del Ejército franquista y escribió extensamente sobre la degeneración de la raza española, que, según él, habría ocurrido durante la República, postura adoptada también por Juan José López Ibor, Ramón Sarró, José Solé Segarra, Marco Merenciano y otros psiquiatras de su mismo bando. Esto no quiere decir que las relaciones personales o académicas entre los distintos profesores fueran fluidas. Como revela su hijo, también psiquiatra, los equipos de ambos (Vallejo Nájera y López Ibor) tenían una rivalidad furibunda que les llevaba a despreciar y oponerse a cualquier afirmación del otro "bando", algo que al parecer era habitual en la medicina y en la academia española cuando dos "ilustres" catedráticos se dedicaban a una misma rama de especialización.

Su identificación con los militares sublevados le llevó a publicar, a partir de 1936, escritos de tipo político que nada tenían que ver con la psiquiatría. Así, en 1938 publicó Divagaciones intrascendentes, panfleto propagandístico del nacionalcatolicismo donde se exalta a quienes combatían bajo el mando de Franco en la "Cruzada": «Todos debemos unirnos en el Ejército y en su Caudillo, constructor de la Patria», exhortaba. En esta obra proponía la creación de una Inquisición para la prensa, la tribuna y la radio, y presentaba la guerra como necesaria para reconquistar los principios del cristianismo, todo ello con profusión de expresiones racistas-antisemitas. Finalmente, confiaba en que los enemigos de la Patria (demócratas e izquierdistas) «sufrirán las penas merecidas, la de muerte la más llevadera». En El factor emoción en la España nueva, otro opúsculo de «agitación y propaganda de guerra» y auspiciado por Acción Católica, llegó a sostener que la sonrisa equilibrada del Caudillo atraía a los seguidores del bien.

El 10 de agosto de 1938 escribió a Franco solicitando permiso para crear el Gabinete de Investigaciones Psicológicas, y dos semanas más tarde recibió la autorización esperada. Su propósito era patologizar las ideas de la izquierda. Los resultados de sus investigaciones proporcionaron al alto mando militar los argumentos "científicos" necesarios para justificar por qué presentaban a sus adversarios como una especie infrahumana, y Vallejo-Nájera fue ascendido a coronel.

Franco se mostraba entusiasmado con la obra de caridad llevada a cabo con los huérfanos republicanos por Auxilio Social, y la veía como una pieza esencial para la definitiva "redención" de los errores izquierdistas cometidos por el pueblo español. En el marco de esta misión, el 14 de diciembre de 1941 se promulgó la ley que permitía el cambio de nombre de los huérfanos republicanos, de los hijos de prisioneros, que obviamente no podían hacerse cargo de sus hijos, y de los bebés separados de sus madres en las prisiones inmediatamente después de nacer. Lo cierto es que a muchos niños se los llevaron por la fuerza.

En 1947 fue nombrado por las instituciones franquistas profesor de Psiquiatría en la Universidad de Madrid, puesto que desempeñó hasta 1959; es, por tanto, el primer catedrático numerario de dicha especialidad en la Universidad española. Su actividad docente se pone de manifiesto en su obra y en el ingente número de cursillos y conferencias que organizó. En 1951 fue elegido miembro de la Real Academia Nacional de Medicina.

Teorías

Como jefe de los Servicios Psiquiátricos Militares de la dictadura franquista, le fue encargado un estudio que demostrase la inferioridad mental de las personas de ideología marxista. Según Eduard Pons Prades en su obra Los niños republicanos (RBA, 2005), Antonio Vallejo-Nájera «dirigió, en 1938, un estudio sobre los prisioneros de guerra republicanos para determinar qué malformación llevaba al marxismo. O sea: iba en busca del gen rojo». En estos estudios afirmaba que las mujeres republicanas tenían muchos puntos de contacto con los niños y los animales y que cuando se rompen los frenos sociales son crueles por faltarles inhibiciones inteligentes y lógicas, además de tener sentimientos patológicos. Pons también afirma en su libro que Vallejo-Nájera pidió en otro de sus trabajos la creación del Cuerpo General de Inquisidores.

Para llevar a cabo el estudio, sometía a los prisioneros a distintos test psicológicos cuando estos se encontraban ya al borde del colapso físico y mental. El equipo de Vallejo-Nájera contaba con dos médicos, un criminólogo y dos asesores científicos alemanes. Seleccionaron a sus sujetos clínicos de entre dos grupos: uno de prisioneros miembros de las Brigadas Internacionales de San Pedro de Cardeña, y otro compuesto por 50 presas republicanas de la cárcel de mujeres de Málaga, 30 de las cuales se encontraban a la espera de ejecución. El estudio de las mujeres, a partir de la premisa de que eran seres degenerados y, por tanto, proclives a la delincuencia marxista, se tituló «Psiquismo del fanatismo marxista. Investigaciones psicológicas en marxistas femeninas delincuentes» y sirvió al psiquiatra para explicar la "criminalidad revolucionaria femenina" en relación con la naturaleza animal de la psique femenina y el "marcado carácter sádico" que se desataba en las hembras cuando las circunstancias políticas les permitían "satisfacer sus apetencias sexuales latentes". Algunas de las conclusiones del estudio realizado por Vallejo-Nájera son las siguientes:


Además de argumentar las bases biológicas de las opciones políticas, sus textos contribuyeron a fomentar la idea de la inferioridad de las mujeres


Otras de sus conclusiones son:


Su purificación de la raza incluía el resurgimiento de una Inquisición en contra de las personas que consideraba antipatrióticas, anticatólicas y antimilitares que corrompían la raza española. Afirmó que:


«Parte de su bibliografía y sus investigaciones están encaminadas a demostrar que el marxismo es una enfermedad mental, que existe un gen rojo que hace enfermar a las personas y que lo mejor es que los rojos no tengan hijos o, si los tienen, se les separe de sus padres», explica Montse Armengou. El comandante y psiquiatra Antonio Vallejo-Nájera (1889-1960) fue una de las figuras clave de la represión franquista en la posguerra porque la revistió de un manto seudocientífico.

El 23 de agosto de 1938 Franco autorizó la creación del Gabinete de Investigaciones Psicológicas, cuya finalidad era «investigar las raíces biopsíquicas del marxismo», tal y como le había demandado Vallejo-Nájera, que era un psiquiatra prestigioso desde los años veinte. Vinyes explica que resultó «decisivo» para desvelar el drama de los niños perdidos acceder a la documentación del gabinete de Vallejo-Nájera.

La autorización oficial para desarrollar sus teorías le llegó gracias a los contactos personales que mantenía tanto con Franco (su mujer era amiga de Carmen Polo) como con la Falange.

Para corroborar sus hipótesis preconcebidas, el militar estudió a 297 brigadistas internacionales encarcelados en Burgos y a 50 presas políticas recluidas en la cárcel de Málaga, y publicó los resultados en Biopsiquismo del fanatismo marxista, que demostrarían la inferioridad mental de los partidarios de la igualdad, social y política, la brutalidad de su fanatismo e incluso su fealdad.

En su libro Eugenesia de la hispanidad y regeneración de la raza, Vallejo defendía la «eugenesia positiva», cuyo fin era «multiplicar los selectos y dejar que perezcan los débiles», que en su universo obsesivo eran los rojos, a quienes consideraba «individuos mentalmente inferiores y peligrosos en su maldad intrínseca». La dramática conclusión de sus teorías la expuso en La locura y la guerra: psicopatología de la guerra española, en el que abogaba por la separación de los hijos de los padres de los marxistas, pues «la segregación de estos sujetos desde la infancia podría liberar a la sociedad de una plaga tan temible».

Estas teorías se emplearon para justificar el secuestro de niños republicanos. Sus planteamientos, más ambientales que biológicos, postulaban que la raza era el resultado de un conjunto de valores culturales. Los valores que en España contenían los requisitos indispensables para la salud nacional eran jerárquicos, castrenses y patrióticos. Cualquier valor defendido por la República y la izquierda se consideraba hostil y había de erradicarse de inmediato. Obsesionado por lo que él llamaba «esta labor tan trascendente de higienización de nuestra raza», su modelo era la Inquisición que en el pasado había protegido a España de doctrinas envenenadas. Reclamaba «una Inquisición modernizada, con otras orientaciones, fines, medios y organización; pero Inquisición». La salud de la raza exigía separar a los niños de sus madres "rojas".

martes, 23 de junio de 2026

ELLOS

Mi primer viaje a Estados Unidos fue hace cuarenta años, más o menos, y aunque ya había estado en Madrid y los había visto allí, no fue hasta mis paseos por Manhattan cuando fui verdaderamente consciente de ELLOS.
Cuando niño, en el colegio donde estudiaba, de vez en cuando llegaba una empresa externa para hacernos a todos los estudiantes un test, la verdad nunca supe si era de inteligencia, de carácter o a saber, supongo que mi padre los habría guardado en su momento y con el tiempo acabarían en la basura. De aquellos tests recuerdo dos cosas, una era que parece que ya de niño supieron ver mi capacidad espacial, cosa que me ha ayudado mucho para ser arquitecto (diría que la visión espacial es una capacidad imprescindible en nuestra profesión); la otra fue que tenía una "personalidad secundaria", o al menos así lo recuerdo, ahora conocida como rumiación, fijación atencional o alta sensibilidad. ¡La jodimos! 
veamos qué nos dice la IA sobre esto de la resonancia secundaria:
Cuando algo cotidiano (como una escena en la calle) se te queda "grabado a fuego", vuelve una y otra vez a la mente y tardas días o semanas en digerirlo, la psicología lo explica a través de varios mecanismos:

1. La Resonancia Secundaria (Enfoque Clásico).
Como mencionábamos antes, autores de la psicología clásica como René Le Senne definían a los individuos secundarios precisamente por esta característica. Las impresiones no se quedan en la superficie; caen en el fondo de la conciencia y siguen vibrando durante mucho tiempo. Un evento simple de la calle (una mirada, una injusticia, un accidente o un detalle estéticamente chocante) no se olvida al dar la vuelta a la esquina; la mente "secundaria" lo procesa, lo analiza y lo conecta con sus propios valores o vivencias pasadas, manteniéndolo vivo.

2. El Fenómeno de la Rumiación y la Intrusión Mental.
Desde la psicología cognitiva actual, este proceso se entiende como pensamiento intrusivo o rumiación. El gancho emocional: Si lo que se vio en la calle generó una emoción intensa (incomodidad, tristeza, asombro, empatía profunda), el cerebro lo clasifica como "información importante no resuelta". El bucle de procesamiento: El cerebro vuelve a traer la imagen a la memoria una y otra vez en un intento de buscarle una explicación, una solución o simplemente para terminar de procesar el impacto emocional que causó.

3. Alta Sensibilidad (PAS) y Procesamiento Profundo.
También es un rasgo muy común en las Personas con Alta Sensibilidad (PAS). Una de las cuatro características pilares de este rasgo es el procesamiento profundo de la información. Quienes lo poseen no solo perciben más estímulos del entorno, sino que sus cerebros analizan los datos de manera mucho más minuciosa y consciente, lo que hace que una escena casual en la vía pública adquiera un peso y una permanencia mucho mayores que para el resto de la gente. Es una forma de funcionar mentalmente que, aunque a veces puede resultar agotadora o abrumadora, está íntimamente ligada a una gran capacidad de introspección, empatía y sensibilidad hacia el entorno.
¿Y todo esto a qué viene? Ya va, ya va.
¿Qué ocurre entonces cuando paseas por una ciudad y te cruzas con un homeless, un sintecho, un sinhogar, uno de ELLOS, invisibles? No me refiero a los que llamamos perroflautas, vistos muchas veces durante los carnavales en las Islas Canarias, muchos con VISA que se recorren el mundo a la manera hippie de antes, ahora hippijos más que hippies; me refiero a esa pobre gente que abarca todas las edades que viven pegados a un carrito de supermercado, si eso, alcoholizados o con demencia, que duermen bajo cartones y que mueren a la intemperie durante los meses de más frío. ¿Qué hacemos con ellos? ¿Es la solución despojarlos de lo poco que tienen? No, evidentemente ésta no puede ser la solución. No debe ser fácil, lo sé, muchos ni siquiera se dejan ayudar, pero el mero hecho de que existan es la demostración que el sistema NO FUNCIONA.
Tener empatía se paga caro en esta época. La empatía, o la falta de ella según se mire, fue la causa de que borrara todas mis redes sociales por la imposibilidad de contestar a los mensajes odiosos de gente que me decía, ante algo que comentaba respecto a esto de los sinhogar o de los inmigrantes, ¡Qué, ¿y por qué no te los llevas todos a casa?!

Limpiar la calle
Nos incomoda ver a las personas sin hogar. Quizás por eso no reaccionamos ante actuaciones como las del Ayuntamiento de Madrid.
Pilar Mera, 23.06.2026

“Yo tampoco me imaginaba que podía terminar en la calle”. No deja de resonar en mi cabeza esta frase que Andrés, un hombre de barba embarullada, ojos tristes y risa atronadora, me regaló en una de mis noches universitarias santiaguesas. Mis amigos y yo estábamos de botellón en la Alameda. Despedíamos uno de los mejores cursos que recuerdo haciendo planes y brindando a bajo precio antes de bajar a la zona nueva a bailar y seguir riendo. Entonces entró en juego lo que mi hermana llama mi yo oficina oficial de Turismo, que viene a ser la suma de un imán para que la gente me pare en cualquier sitio para preguntarme cualquier cosa y una tendencia natural a largas conversaciones con personas desconocidas. Terminé sentada en las escaleras que bajan al campus escuchando la historia de Andrés. Un buen trabajo, una familia feliz, unas decisiones equivocadas por aquí, un poco de alcohol por allá, deudas, vergüenza, más alcohol y una vida rota. “Te pareces a mi hija”, decía. Terminamos en una cabina a punto de llamarla, pero eran las tres de la mañana y le dio miedo. Con ojos llorosos prometió hacerlo al día siguiente. No volví a verlo. Me temo que no lo hizo, aunque me gustaría pensar que sí, que ese fue el primer paso de una nueva etapa. De una vida mejor.

Cualquiera puede terminar en la calle. Lo difícil es salir de ella. La voluntad no llega para superar el miedo, la vergüenza y las barreras materiales. Imagínate ir a una entrevista de trabajo sin ducharte, sin ropa limpia. O alquilar una habitación sin dinero. Querer es poder sólo es posible cuando poder es una opción. Mientras los Andrés de la calle sobreviven, su visión nos incomoda y preferimos no pensar en ellos. Quizás por eso no reaccionamos ante actuaciones como las del Ayuntamiento de Madrid, que ha decidido que el agua a presión se lleve por delante lo poco que tienen quienes duermen en sus calles. Da igual que sean cartones sucios, colchones o papeles de identidad, juguetes, fotografías o cualquier recuerdo. Limpiar, lo llaman. El derecho de la propiedad mengua en importancia cuando no cotiza en Bolsa.

Quizás Almeida y su vicealcaldesa no sabían nada hasta que lo leyeron en la prensa. Es la magia de las subcontratas. Te sirven de excusa mientras diluyen el valor de lo público, la calidad del servicio y la capacidad de control de quien contrata. Pero ya lo saben. No vale seguir negándolo o afirmar que sólo están dando “un futuro a personas que lo han perdido todo”. ¿Qué harán ahora? ¿Qué haremos ahora?

jueves, 30 de abril de 2026

COMPARTE PASEOS


Comparte paseos: terapia asistida con animales
Albia, 28/05/24

Grupo Albia, compañía líder en la gestión de servicios funerarios en España, ha presentado hoy en el Tanatorio Crematorio Municipal de Torrejón de Ardoz su nuevo Programa de Terapia Asistida con Animales (TAA) ‘Comparte paseos’. La actividad, pionera en sector funerario en España, se llevará a cabo cada martes hasta el próximo 18 de junio y está pensada para niños y adultos que se encuentren en proceso de duelo por la pérdida de un ser querido. A partir del mes de septiembre se establecerá de manera permanente como un servicio más del tanatorio.

Las familias que acudan al Tanatorio de Torrejón de Ardoz podrán beneficiarse de este servicio gratuito, que tiene como objetivo facilitar la expresión emocional durante la velación, a través del acompañamiento por parte de una psicóloga experta en duelo y de una terapeuta especializada en terapia animal junto con un perro adiestrado.

Este acompañamiento durante el duelo aporta múltiples beneficios, contribuyendo al bienestar emocional, reduciendo la ansiedad y trasladando serenidad en el momento de afrontar la pérdida, especialmente en población infantil y con discapacidad. En España, es una técnica de reciente incorporación, aunque en ámbitos como el hospitalario tiene una gran acogida y efectividad desde hace años.

Daniel Palacios, director general de Grupo Albia, ha destacado que, para la compañía, “esta iniciativa es un paso muy importante en nuestro compromiso con la atención emocional, un ámbito en el que cada vez enfocamos más nuestros esfuerzos, con el objetivo de que las familias reciban el mejor cuidado posible en el momento de la despedida de sus seres queridos. Nuestro propósito es expandir este proyecto al resto de centros y consolidarnos como la empresa funeraria pionera en la gestión y el cuidado psicológico de las familias”.

Por otro lado, Marian Carvajal, responsable de Atención Emocional de Grupo Albia, ha añadido que “la puesta en marcha de este proyecto, con el apoyo de Crecer en la pérdida, y Perruneando, supone un avance muy importante en el sector, cada vez más centrado en mejorar la experiencia de las familias en los tanatorios. El propósito principal de ‘Comparte paseos’, de facilitar el inicio y el tránsito por el duelo de la forma más sana, llega en el momento justo, cuando ha aumentado la conciencia en torno al bienestar emocional y la importancia de proteger la salud mental”.

Por su parte, Alejandro Navarro Prieto, alcalde de Torrejón de Ardoz, ha apuntado que “estamos encantados y muy ilusionados de presentar la iniciativa ‘Comparte paseos’ en el tanatorio de Torrejón, que cuenta con unas instalaciones muy apropiadas para desarrollar esta labor con animales, especialmente por su amplio jardín. Es toda una suerte que Torrejón de Ardoz pueda beneficiarse de esta iniciativa pionera que, sin duda, va a contribuir a ofrecer un servicio mejorado a las familias”.

El proyecto ‘Comparte paseos’ se realiza con el apoyo del gerente del tanatorio Albia de Torrejón de Ardoz, Israel Cuba, y de todo el equipo funerario, y con la colaboración de Crecer en la pérdida, equipo de profesionales especialistas en duelo y Perruneando, expertos en educación canina y en intervenciones asistidas con perros.

miércoles, 4 de marzo de 2026

SILENCIO NEUTRAL

Laurence Joseph, psicoanalista: “Callarse, a veces, significa aprender a escuchar y eso es algo raro en la sociedad actual”
La autora francesa publica ‘Nuestros silencios’, un ensayo en el que reflexiona sobre secretos, violencias y ‘omertá’.
Enrique Alpañés, 04.03.2028

Igual que hay muchos tipos de ruidos, hay también distintos tipos de silencios. Algunos pueden servir para proteger a la víctima o para encubrir al verdugo. Pueden enquistarse y hacerse bola cuando envuelven un vergonzoso secreto. Pueden ser silencios cómplices o una siniestra omertá. En la sociedad hiperconectada y ruidosa en la que vivimos, a veces el silencio se convierte en un bien de lujo. Cristales insonorizados, cascos con cancelación de ruido, retiros para meditar... Aunque el silencio puede ser también una especie de intemperie, un lugar inmenso y desprotegido para quien no tiene a nadie con quien hablar. De todo esto habla Laurence Joseph (Le Mans, 1980) en su libro Nuestros silencios, por qué callamos (Gatopardo, 2026).

Joseph trabaja con silencios. Es psicóloga clínica y psicoanalista y, como explica en su libro, solo ante el mutismo de su interlocutor puede una persona empezar a contarse. Se llama escucha silenciosa. Aprender a callar en provecho del otro, con el propósito de que pueda explorar y explotar su discurso. “Callarse, a veces, significa aprender a escuchar, y eso es algo bastante raro en la sociedad actual”, explica la autora en videollamada desde su casa de París. Ella escribió este libro basándose en su experiencia de más de 20 años en consulta. Pero no es una simple recopilación de casos clínicos. Joseph recurre a la mitología, la literatura y la filosofía para trazar una cartografía de nuestros silencios individuales y colectivos.

La autora arranca explicando los silencios más duros e incómodos que ha vivido en su consulta. “He tenido muchos pacientes, especialmente niños, víctimas de incesto o violencia sexual, así que es evidente que hay un aspecto del silencio que rodea a niños, adolescentes y mujeres, que se debe a la imposibilidad de escucharlos”, reflexiona. Pero cree que algo está cambiando. Cita como prueba varios éxitos literarios recientes, especialmente El Consentimiento, donde la editora Vanessa Springora cuenta la relación que mantuvo a los 14 años con un escritor de 50, Gabriel Matzneff, y el silencio y hasta la connivencia social con un pederasta celebrado en el mundo de las letras hasta hace muy poco.

“Creo firmemente en el poder del ejemplo para permitir que las personas se expresen, la narrativa de la vergüenza hace posible que pasen cosas”, señala. “El hecho de que figuras públicas se pronuncien demuestra que estos testimonios se escuchan. Y esto tiene un efecto dominó. A través de estas historias mediáticas, descubrimos nuestro potencial para compartir nuestros secretos, para que nuestra relación con la vergüenza pueda cambiar. En este sentido, la historia del movimiento #MeToo es fascinante”.

Fue el filósofo francés Roland Barthes quien explicó que el silencio es neutral. Luego las personas lo manipulan a su manera para darle un significado, y a veces para convertirlo en algo político, explica la autora. “De esta forma el silencio no es una simple ausencia de sonido, no es una pausa pasiva, sino un acto cargado de significado”. Joseph considera que veníamos de años, décadas de silencio político. Y que denuncias como las de Springora han empezado a quebrarlo.

Procesos de reparación de las víctimas y persecución de los agresores, como el que en España se ha realizado con los abusos en el seno de la Iglesia católica, son otro ejemplo de este antiguo silencio que dejó de serlo. Hay un componente político innegable en todo ello. Hay un mutismo social que cobija muchos secretos individuales. Al pinchar la burbuja del primero, las historias van saliendo a flote una a una.

Pero Nuestros silencios no solo analiza la ausencia de palabras que rodea al trauma. Habla de la necesidad de silencio en un mundo especialmente ruidoso. Las redes sociales tienen un papel importante en todo esto. Ahora podemos tener una opinión sobre todo. Cada vez que sucede algo, nos animan a compartir nuestra opinión, a rebatir y discutir. Y esa actitud se ha extendido al resto de nuestras vidas, de modo que la gente no para de hablar y opinar sobre todo.

Se ha trasladado al mundo laboral, donde tenemos demasiadas reuniones. Se ha trasladado al ocio, donde tenemos millones de canales y plataformas de televisión. Y esto genera demasiado ruido, una sobrecarga de información que nuestros cerebros no están preparados para manejar.

La autora traza un arco generacional, pues los silencios cambian según la etapa vital en la que estemos. Para una madre, el silencio puede ser una bendición, un momento de paz y relax (bien lo sabe ella que tiene dos hijos adolescentes). Pero para una abuela suele estar asociado a una mayor soledad. “Pensé mucho en mi propia abuela, y en las personas mayores en general, mientras escribía el libro”, explica. “Imaginé cómo transcurría su jornada, tenía más de 90 años y vivía sola en casa. Si yo no la llamaba, no hablaba con nadie en todo el día. Y traté de imaginar cómo sería un día entero sin ruido. En el silencio absoluto de la soledad”.

Joseph habla mucho de hijos, abuelas y padres. El silencio, explica, es algo inherente a la familia. Hay secretos que existen con el propósito de proteger, que solo se cuentan en lo más íntimo de la tribu. “Y eso es lo interesante”, explica. “El secreto puede ser el núcleo ético de un grupo. La capacidad de guardar secretos sobre la muerte, la enfermedad, los orígenes o la sexualidad”.

La sexualidad también tiene un rol importante en el libro. “Entre los nombres secretos, hay uno que se impone siempre”, explica la autora, “el del amado o la amada”. La homosexualidad, las aventuras fuera del matrimonio, las castas, la diferencia de edad… “Algunos nombres resultan impronunciables durante un tiempo o para siempre. ¿Qué sucede con una aventura amorosa sin testigos? ¿Se vuelve más intensa o, por el contrario, se convierte antes en una quimera? ¿El secreto aviva las palabras susurradas en la intimidad?”.

También aquí tira de literatura para explicar su tesis. La protagonista de Pura pasión, de Annie Ernaux, acepta el silencio, el secretismo que rige su relación con un hombre casado, extranjero, más joven. Un hombre con quien nunca podrá conversar, dado que carecen de palabras en común: ella no habla su lengua ni él la suya; el cuerpo es su único diccionario.

“Toda la infelicidad de los hombres se debe a una sola cosa: la incapacidad de permanecer en silencio a solas en una habitación”. La frase la dijo el matemático y filósofo Blaise Pascal y la recupera Joseph en su libro. Es buena. “Sí, pero el problema de Pascal es que olvida la importancia de los demás”, matiza la autora. “Esta idea del silencio en una habitación me recuerda a Virginia Woolf, a Una habitación propia. De hecho, lo interesante es que Pascal, aquí, se inclina por la oración, la fe, la meditación, tiene una visión más masculina. Virginia Woolf parte de otro lugar, ve los momentos de soledad como una bendición, quizá porque las mujeres tenemos acceso a ella más tarde en la vida”.

miércoles, 3 de septiembre de 2025

¿QUÉ TE MUEVE A SER DESAGRADABLE?

 
 
Somos todos muy diferentes, más o menos simpáticos, más o menos amables, más o menos felices, en definitiva. A lo largo de nuestra vida nos cruzamos con un sinfín de personas y por eso que aún no han sabido explicar ni filósofos, ni neurólogos, ni psiquiatras, nos unimos a ciertas personas y dejamos pasar a otras o, incluso, las aborrecemos.
 
Como más sabe el diablo por viejo que por diablo, más tarde o más temprano uno va aprendiendo -o al menos así lo quiero creer- quién suma y quién no. ¿Qué mueve a las personas a ser desagradables unas con otras? Compañeros de trabajo, amigos, familiares... ¿No sería más sencillo si fuésemos por la vida siempre con una sonrisa en la cara? La procesión se lleva por dentro, claro está, cada uno tiene sus propios problemas, pero ¿tienen los demás la culpa de ello? Recuerdo un anuncio americano donde una persona se cruzaba en un ascensor con otra malencarada y, sin perder la sonrisa, abría su bolso y le ofrecía una pequeña caja que no era otra cosa que pastillas para el estreñimiento. Constipation o no, cuesta lo mismo una cara agradable que la contraria, una palabra entusiasta que el continuo sarcasmo, un más que un menos.
 
La falta de empatía que se deja ver, incluso en amigos cercanos, siempre me ha parecido un tema fascinante para estudiar, quizá porque he tenido la suerte (es ironía) de conocer a personas realmente tóxicas. Narcisistas, egoístas, amargados, tóxicos todos. Pasivo-agresivos, egocéntricos, de actitud no colaborativa, con los que siempre la comunicación se torna confusa, tensa o agresiva, de manera que uno termina callándose para evitar conflictos. De estas personas, verdaderos agujeros negros que todo lo absorben, debes cuidarte como de la peste si no quieres acabar en una espiral de culpa o inseguridad, de cansancio emocional e incluso de pérdida de autoestima.
¿Cómo llegan estas personas a ser así? El buenismo generalizado los exculpa: la vida misma, sus infancias, familias disfuncionales, inmadurez, mimetismo (a fuerza de compartir la almohada, se comparte el alma); otras teorías son más duras con ellos: trastornos de personalidad, simple narcisismo o puro egoísmo.Sea una cosa u otra, nada justifica el daño que pueden llegar a causar.
No podemos olvidar al celoso, inseguro emocionalmente, posesivo y con igual falta de empatía y asertividad. Un cóctel igualmente explosivo que, unido a su complejo de inferioridad lo hace necesitado de tener el control, sumamente desconfiado y ávido de atención y de aprobación constante. Así, la combinación celos+narcisismo+toxicidad los termina aislando socialmente.
No olvidemos que esta gente todo lo lleva a su terreno: yo, yo, yo; como les cuesta escuchar, sólo esperan su turno para hablar, son incapaces de alegrarse por los éxitos ajenos (restan importancia a tus logros: bah, tampoco es para tanto), expertos en meter un comentario envenenado para rebajar el entusiasmo ajeno. Siempre señalan los defectos de los demás, sus comentarios suelen ser irónicos, sarcásticos y despreciativos, ni felicitan ni reconocen pero sí encuentran el más mínimo fallo, el mundo siempre les debe algo.
 
¿Qué podemos hacer nosotros antes una persona con estas características tan luminosas a la que hemos calado? De entrada, debes saber que tu cuerpo y tu intuición las detecta antes de tu mente, así que no discutas con ellas, el narcisista sólo quiere ganar, no resolver nada. Como dice Keanu Reeves, el gurú del sentido común a la par que actor, buena persona y amante de los animales, lo importante es no tomarse las cosas mal sino respirar y alejarse de ellas. Tan simple como eso. 
No lo olvides, si te resta energía, ésta es la señal. 
 
PD. Comparto estas frases-escudo contra esta gente, en caso de que no tengas fuerzas para la solución final, o sea el alejamiento. Respuestas no agresivas que te hacen ganar tiempo, no alimentan el fuego ni crean oleaje y te dan control en la conversación. Mano de santo.
- Ante sus críticas constantes:
"Lo tendré en cuenta".
"Gracias por tu opinión".
"Es tu forma de verlo". 
- Cuando rebajan tus logros:
"Estoy contento con el resultado y eso es lo que importa".
"A mi me hace ilusión, gracias".
"Lo disfruto, aunque no lo veas de la misma manera". 
- Cuando buscan discutir sin aportar:
"No voy a entrar en eso".
"Podemos pensar distinto y ya está".
"No es el momento de hablarlo". 
- Cuando se hacen las víctimas:
"Siento que lo vivas así".
"Es tu decisión cómo lo afrontas".
"No puedo resolver eso por ti". 
- Cuando intentan manipularte o exigirte:
"Ahora no me viene bien".
"No puedo comprometerme a eso".
 
 PD2. ¡Ja, ja ja, ja! Estoy yo como para dar lecciones de nada. 
Rimsky-Korsakov, *El vuelo del moscardón. 

sábado, 5 de julio de 2025

PROCRASTINARE


Llevo un tiempo dándole vueltas a esto de la procrastinación, aunque más que darle vueltas diría que viviéndolo en primera persona y, como algo nuevo y desconocido, me intriga a la vez que me preocupa. Durante mis primeros años ejerciendo de arquitecto no disfrutaba de fin de semana alguno, ahora tengo dos trabajos y casi no duermo; nunca fui perezoso, ni vago, ¿hasta ahora? Disfruto de un cansancio crónico, de falta de ganas, de motivación y, repito, me intriga y me preocupa a la vez. Me intriga por desconocido, aunque ya llevo un tiempo sintiéndome así; me preocupa porque igual se resume en exceso de trabajo o en ansiedad por incapacidad de abarcarlo todo. 
Esta tarde he bajado algunos textos interesantes de Internet y voy a leerlos ahora mismo.

Etimológicamente hablando, sobre la base del latín en procrastināre, formulado por el prefijo pro-, que remite a ‘adelante’, y el término crāstinus, por ‘día siguiente’ o ‘mañana’, este último conjuga crās, por mañana, y el sufijo -tinus, en propiedad de adjetivación a nivel temporal.
La procrastinación es el comportamiento de optar por postergar la realización de una tarea o responsabilidad para más adelante, generalizado por mañana, cuando se la puede concretar en el presente. Este actuar está asociado al estado anímico-emocional de la persona y el interés que tiene.

En el ámbito profesional nos encontramos nuevos datos. La procrastinación en profesionales no es simplemente falta de ganas: está influenciada por complejos factores psicológicos, emocionales y estructurales. Al implementar estrategias concretas (gestión del tiempo, apoyo, refuerzo positivo y técnicas emocionales), es posible recuperarse, mejorar el rendimiento y evitar impactos negativos en la carrera y la salud. 
Todo muy bien explicado, muy técnico, pero con un tufillo a "auto ayuda" que no me gusta demasiado. No obstante sé que tengo un problema.

jueves, 21 de noviembre de 2024

jueves, 24 de octubre de 2024

LA GENERACIÓN DE CRISTAL

 

Sobre la generación de cristal: 
A lo largo de la historia, la persona tiene patrones conductuales y de afrontamiento similares, según los tiempos en los que vivieron. De esta manera, se estudia a la persona desde su perspectiva histórico-cultural.
Tal es así que personas que pertenecieron a la generación de los tiempos de post guerra, tienen como características el ser amantes de su trabajo y, sobre todo, colocan a su familia como pilar de su vida. De esta manera, con el transcurso de las décadas, las personas adquieren características similares de comportamiento y formas de percibir el mundo y a sí mismos.
En la actualidad, la juventud también cuenta con patrones similares de conducta que, en muchas ocasiones los padres no comprenden el porqué de estos comportamientos, situación que lleva a desencadenar una difícil convivencia familiar. A esta juventud se le conoce como se mencionó líneas arriba, como la “Generación de Cristal”.
Sus padres son parte de la Generación “X”, constituida por personas que sufrieron carencias y tuvieron medidas disciplinarias más drásticas. Por ello, trabajan mucho para que nada falte a sus hijos. Suelen decir “No quiero tratar a mi hijo como me trataron” o “Quiero dar a mi hijo todo lo que no tuve”.

– Desde que nacieron, la tecnología y las redes sociales forman parte de estilo de vida, a diferencia de sus padres, para quienes la tecnología es una herramienta de trabajo.
– Como la tecnología forma parte de su día a día, generar amistades y romances vía redes sociales se convierte en una realidad y no una simple ilusión.
– Muestran interés disminuido por la lectura o los eventos culturales. Hoy en día es poco común ver a un joven con estos intereses.
– Sus habilidades están mayormente enfocadas hacia lo audiovisual.
– Son sensibles a la problemática social, ahora protestan ante realidades que la generación de sus padres llegó a normalizar. Por ejemplo, antes era “normal” para aquellas personas de la Generación “X” el quedarse en silencio ante el maltrato físico. Quienes pertenecen a la Generación de cristal, protestan contra el racismo, la misoginia, la contaminación ambiental, la violencia de género, los abusos o la discriminación.
– Son defensores de aquello que consideran injusto.
– Sensibles emocionalmente y menos tolerantes a la frustración.
– Sensible al rechazo y a la crítica.
– Son altamente demandantes.
– Son cuestionadores.
– Expresan abiertamente sus emociones y pensamientos.
– Tienen un baja tolerancia a la frustración.
– Sus pequeños esfuerzos les parecen hazañas.
– Tienden a deprimirse puesto que se cuestionan. Las cosas no suelen ser como lo esperan.
– Están condicionados a premios, recompensas y negociaciones.
– Son altamente creativos y evaden el sufrimiento.

Otra vuelta de tuerca, los padres helicópteros: 
La sobreprotección de los niños/as es un fenómeno cada vez más común. El miedo a lo desconocido y la necesidad de tenerlo todo bajo control son algunas de las causas de los padres helicóptero más comunes. 
Un padre helicóptero o una madre helicóptero es una persona que se preocupa en exceso por sus hijos/as, conllevando una sobreprotección y un control ante fenómenos externos que afecta al desarrollo emocional de los hijos/as. En definitiva, son padres controladores, que se preocupan demasiado por lo que hacen sus hijos/as y por cómo pueden afectarles todo lo que ocurra a su alrededor. Cualquier movimiento, decisión o proyecto del hijo/a necesitará del consentimiento de los padres.
El término padres helicópteros o helicopter parenting fue acuñado por el Dr. Haim Ginott después de la publicación de su obra “Padres y Adolescentes”, en 1969. Con ella, percibió que muchos niños/as y, sobre todo, adolescentes, eran conscientes de que “sus padres se encontraban sobre ellos, protegiéndoles, limitando su libertad de movimiento, como si fuesen helicópteros”. No sería hasta el año 2011 cuando comenzó a utilizarse este término de forma oficial.
Como es obvio, un padre helicóptero o una madre helicóptero frenará la autonomía del adolescente, con las consecuencias que eso conlleva. Son padres demasiado preocupados, que quieren llegar a todo e influir directamente sobre las acciones y los planes de sus hijos/as. Pero… ¿Qué ocurrirá cuando esos niños/as deban enfrentarse solos al mundo real? Una relación amorosa, un empleo, una entrevista de trabajo… Por supuesto, ese momento siempre llega, pero ellos se encontrarán sin la preparación ni la madurez suficientes para hacerlo.
No conocemos demasiados beneficios del comportamiento sobreprotector, pero sí las amplísimas consecuencias negativas que conlleva:
  • Problemas emocionales. Esta es una de las principales consecuencias de tener unos padres helicóptero. Los niños/as no sabrán gestionar sus emociones e impulsos. ¡Sus padres lo hacen por ellos! La regulación emocional brillará por su ausencia y, con el paso de los años, es mucho más complicado gestionarla.
  • Autoestima negativa. Si un niño/a siente que necesita a sus padres para enfrentarse a cualquier reto de la vida, su autoestima, muy probablemente, será nefasta. Sentirá que no es válido/a porque no puede hacer nada por sí mismo/a.
  • Dificultades de aprendizaje. Como sabes, la educación de un niño/a en casa, tiene sus consecuencias en el aula, ¿verdad? Por eso, una crianza helicóptero pueden conllevar problemas en su aprendizaje escolar. En el aula se exige cierta autonomía que, por supuesto, este niño/a no tendrá. Además, puede conllevar ciertos problemas de comportamiento, tanto dentro como fuera del aula.
  • Miedo al futuro. Cuando un niño/a es criado entre algodones, muy probablemente tendrá un miedo irrefrenable al futuro. No sabrá cómo actuar en numerosos escenarios de la vida diaria y, por ende, el miedo y la incertidumbre aflorarán.

lunes, 2 de septiembre de 2024

BURNOUT


No, las vacaciones no solucionan el problema del ‘burnout’. “A las dos semanas estamos igual”
El parón estival tiene efectos positivos en la mayoría de trabajadores y hay técnicas para prolongarlos.
Enrique Alpañés, 01.09.2024
https://elpais.com/salud-y-bienestar/2024-09-01/no-las-vacaciones-no-solucionan-el-problema-del-burnout-a-las-dos-semanas-estamos-igual.html

“Pues mira, mal”. Si fuéramos sinceros, esta sería la respuesta estándar a la pregunta más formulada estos días en las oficinas de media España. Estamos mal, quizá porque ayer estábamos muy bien. Hemos cambiado la novela de misterio por cientos de mails sin leer, la paella por el táper, y la sillita de playa por la silla ergonómica de la oficina. Volvemos con buen color y mala cara. Morenos pero quemados.

Los psicólogos describen el burnout o síndrome del trabajador quemado como una sensación persistente de agotamiento y alienación ante el trabajo. La OMS lo considera un fenómeno laboral, no una enfermedad mental. Esto no significa que sea menos importante, solo que no obedece a una condición interna del que la sufre. No eres tú, es tu jefe. Informes de esta misma organización estiman que cada año se pierden 12.000 millones de días de trabajo debido a la depresión y la ansiedad, lo que cuesta a la economía mundial casi un billón de dólares. No todos los casos son tan extremos, hay gente que no está quemada, que no está deprimida, que simplemente no quiere trabajar. Y es normal.

Se suele decir que volvemos de las vacaciones con las pilas cargadas, pero la gestión del estrés no funciona de ese modo. Y si diéramos por válido el símil, deberíamos subrayar que la batería se agota bastante rápido. Un metaanálisis publicado en la revista Journal of Occupational Health descubrió que las vacaciones reducían ligeramente el agotamiento y las dolencias asociadas al trabajo. Pero sus efectos se iban erosionando nada más poner un pie en la oficina hasta desaparecer totalmente entre las dos y las cuatro semanas. El estudio señalaba también que los beneficios de este tiempo de relax no están relacionados con su duración. “Este hallazgo hace evidente que la calidad puede ser más relevante que la cantidad de vacaciones”, explica Oliver Weigelt, psicólogo y profesor de la Universidad en Groningen (Países Bajos).

Weigelt, que no participó en el estudio, señala que sí hay una cantidad mínima de días para que notemos un cambio, pues “los beneficios de la primera semana de vacaciones son más pronunciados”. La dosis perfecta también depende de en qué nos fijemos. Un estudio reciente con profesores descubrió que los síntomas de ansiedad y depresión disminuyen durante la primera semana e incluso la segunda. Luego se mantienen. Por el contrario, el agotamiento emocional continúa disminuyendo hasta la cuarta semana.

Ante esta evidencia, muchos expertos aseguran que lo mejor es espaciar las vacaciones en bloques de unos diez días a lo largo del año. Creen que… “Yo me posicionaría de manera un poco diferente”, interrumpe Weigelt. “Unas largas vacaciones de verano pueden tener beneficios únicos, dan la posibilidad de realizar actividades extraordinarias que no podemos realizar en pocos días, por ejemplo, cruzar los Alpes en bicicleta”.

Weigelt participó en un reciente ensayo vacacional de título elocuente: All I want for Christmas is Recovery. En él, analizó el humor de 145 empleados desde cinco semanas antes de Navidad hasta mediados de marzo. Y pudo constatar que los resultados no eran iguales para todos. “La disminución del bienestar después de las vacaciones fue menos pronunciada para algunas personas que para otras”, explica. Así que su equipo empezó a investigar, para dar con la fórmula de la felicidad rutinaria. “Vimos que se trata de adoptar una serie de hábitos o rutinas de recuperación adaptativas. Era gente que se relajaba más durante los fines de semana. Incorporar la calidad de las vacaciones a la vida laboral cotidiana es clave. Microdescansos, socializar, dar paseos por el parque después de comer…”

Los beneficios para la salud de las vacaciones van más allá de los psicológicos. Un estudio relacionó el hecho de tomar pocas vacaciones con el riesgo a largo plazo de sufrir enfermedades cardiovasculares y mortalidad prematura. En la misma dirección apuntaba otro estudio de la Universidad de Helsinki que empezó a seguir la vida y costumbres de 2.700 hombres (ninguna mujer) de negocios en 1974. Tenían una media de 47 años. Durante los 26 años de seguimiento que duró el experimento, 778 hombres murieron. Analizando sus hábitos de vida, los científicos concluyeron que “unas vacaciones más cortas se asociaron con un mayor tiempo de trabajo, un mayor índice de masa corporal, un aumento del consumo de café y una peor salud sexual”. Y por último, como consecuencia de todo esto, con una mayor tasa de mortalidad.

Kira Schabram, profesora de la universidad de Washington, tiene la solución a este problema. No trabajar. Schabram es la autora de una investigación publicada en 2023 sobre los beneficios de los años sabáticos. No sorprende mucho constatar que los 50 entrevistados describieron la experiencia como positiva y transformadora. El estudio muestra cierta diversidad en cuanto a género, edad y raza, pero al mirar los currículos de los participantes algo llama la atención. Todos tienen estudios universitarios, todos tienen puestos intermedios o directivos. Todos son unos privilegiados.

“Lo primero, sí, tienes razón”. Schabram acepta la crítica con deportividad en un intercambio de mensajes. No todo el mundo puede permitirse dejar de trabajar un año. Pero las conclusiones de su estudio, defiende, son válidas para cualquier trabajador. Es interesante saber qué pasaría, aun en un mundo hipotético, si dejáramos de trabajar durante un año. A partir de los tres meses, los cambios en la salud y en el estado de ánimo del antiguo trabajador son mucho más potentes que el de unas simples vacaciones, explica la experta. En algunos casos, señala, son cambios que definen una vida, que reorientan una carrera.

Schabram lleva décadas estudiando temas de salud y psicología en el trabajo, y para aquellos que no puedan permitirse desaparecer sin más de su puesto, también tiene algunos consejos. El primero sería intentar no llegar nunca a una situación de agotamiento o burnout, pues en este caso, explica, funciona mejor la prevención que la corrección. “La buena noticia es que incluso las pequeñas cosas parecen ayudar”

Pero ¿cómo saber si estás sufriendo una situación de burnout? Una de las impulsoras del término, Christina Maslach, profesora de la Universidad de Berkley, explica en conversación telefónica: “Es una experiencia que responde a factores estresantes crónicos en el lugar de trabajo. No es una cosa necesariamente dramática, pero es molesta y constante. Es como tener unas piedras en el zapato, y día tras día te duelen hasta que no te dejan caminar”. Durante las vacaciones, señala la experta, podemos disfrutar y relajarnos, pero a la vuelta, al volver a calzarnos los zapatos, las piedras siguen estando ahí. “Estos días libres no resuelven el problema. Son agradables porque sirven para ponerse al día con otras cosas, pagar las facturas, disfrutar del tiempo libre, arreglar la casa, ir a visitar a tus padres… Para recuperar tu vida”, dice. Pero a la vuelta a la rutina, el problema sigue ahí.

Maslach empezó a ver que había algo que no funcionaba con el trabajo en los años setenta. Realizó una serie de entrevistas a trabajadores que parecían alienados, exhaustos y enfadados. Siempre cerraba las preguntas intentando poner nombre a aquello que les sucedía. ¿Quizá era deshumanización y autodefensa? No. ¿Desapego laboral? Tampoco exactamente… ¿Burnout? “Sí, sí, es exactamente así”, le dijeron todos los pacientes. Así fue como llamó a su estudio. Maslach intentó publicarlo en las revistas científicas de la época, pero el tema no interesaba, se lo rechazaron. Una amiga periodista le dijo que probara en una revista comercial. “Esto le pasa a los trabajadores corrientes, seguro que si lo lee la gente corriente alguno se sentirá identificado”, le dijo. Fue exactamente lo que pasó. El teléfono de Maslach no dejó de sonar los días siguientes. Las televisiones se hicieron eco de esta idea. El burnout era pop. “No existía internet entonces, pero fue el equivalente de hacerse viral”, explica la psicóloga con una sonrisa.

Maslach era consciente de que el término se popularizó porque mucha gente estaba en la misma situación. Pensó que esa concienciación serviría para atajarlo. Pero no fue así. En los últimos años, a pesar de avances en los derechos laborales, la situación no ha terminado de mejorar. “Uno de los principales obstáculos es que planteamos el burnout como un problema individual”, reflexiona la experta. “Y por lo tanto buscamos soluciones individuales. ¿Por qué no descansas? ¿por qué no aguantas más? ¿por qué no te lo tomas de otra forma? Y así no estamos lidiando con el problema. No estamos detectando la causa. La pregunta que deberíamos hacerlo no es el quién lo sufre, es el por qué lo sufre”.

En los últimos años se ha empezado a hablar menos de burnout laboral. Pero está es una buena noticia. En la conversación le ha sustituido otro concepto más global, el gran agotamiento. Le dio nombre el periodista Carl Newport al salir de la pandemia, cuando descubrió una sociedad en la que todo el mundo está cansado, quemado, con la sensación de que no le da la vida. En este contexto, la gente busca restablecer su relación con el trabajo y priorizar su vida personal. No parece que unas vacaciones puedan frenar esta tendencia. Pero al menos suponen una alegre pausa en la rutina.

miércoles, 14 de agosto de 2024

LA CLAVE DE LA FELICIDAD

Llevo 20 años midiendo mi felicidad en un diario y esto es lo que he aprendido
El autor, analista del Instituto de la Felicidad de Copenhague, reflexiona sobre cómo ha cambiado su vida puntuar sus días.
Alejandro Cencerrado, 14.08.2024
https://elpais.com/salud-y-bienestar/2024-08-14/llevo-20-anos-midiendo-mi-felicidad-en-un-diario-y-esto-es-lo-que-he-aprendido.html

En enero de 2005 tomé una decisión que cambió mi vida para siempre: empecé a medir mi felicidad. Cada noche desde aquel día hasta hoy escribo una nota en una escala de 0 a 10 que representa lo feliz que he sido; si pongo menos de 5 no fue un buen día, si pongo más de 5 sí lo fue, así de sencillo. A día de hoy mi registro contiene 6.158 entradas en las que también describo con quién estuve o qué hice, de manera que hoy puedo ir atrás y ver lo que sentí el día en que el gobierno decretó la cuarentena por la covid 19 o usé un smartphone por primera vez.

En este tiempo he aprendido muchas cosas sobre la felicidad y quería contaros aquí algunas de las más importantes:

Quien te quiere te hará llorar

He revisado mi diario de todas las maneras posibles tratando de averiguar qué es lo que me hace feliz o infeliz, y una y otra vez he encontrado lo mismo: en los días más felices estaba la gente que más quiero, y en los infelices, también. Mis parejas me han hecho sentir muy especial, pero nadie me ha hecho sentir tan solo como ellas. Los años en que más aparece la palabra “amor” en mi diario son los mismos años en que más aparece el enfado. Parece ser que, a más intensidad en una relación, más fuertes son los contrastes, algo que me ha llevado a la conclusión de que en la vida uno debe elegir entre dos tipos de amor: el turbulento amor de la adolescencia, lleno de pasión y miedo, o el amor maduro y aburrido de la edad adulta. Hoy por hoy yo elijo el segundo.

Probablemente tu ex no fue tan horrible como recuerdas

Tener un diario por tantos años me ha permitido jugar a un extraño juego: ¿fue aquel viaje con amigos tan excitante como lo recuerdo?, ¿lo pasé tan mal en aquella relación? Cuando reviso mi diario por aquellos días, la respuesta a estas preguntas casi siempre es negativa, nada es tan malo o bueno como lo recuerdo. Del pasado solo nos quedan grabados los momentos emocionales más intensos y los últimos días, y es por esto que en general tendemos a pensar erróneamente que nuestras antiguas relaciones fueron un desastre, cuando la realidad es que solo recordamos el final, que es siempre la peor parte. Si quieres dejar un buen recuerdo en la gente, esfuérzate, sobre todo, cuando llegue la despedida.

Un diario es un filtro de gente tóxica

 Hace un tiempo descubrí que siempre que quedaba con una pareja de amigos, al volver a casa, mi diario se llenaba de inseguridades. La razón, de la que yo no era consciente entonces, es que esta pareja iba mucho al gimnasio y criticaba el físico de los demás delante de mí, algo que, por un lado, me hacía sentir digno de su confianza, pero por el otro me volvía demasiado autoconsciente de mi propio físico. Esto me ha ocurrido con muchas otras personas con las que a priori me llevaba bien, pero que en perspectiva llenaron mi diario de suspensos. Está bien que la gente te diga las cosas que haces mal de vez en cuando para poder mejorar, pero cuando tu amor propio no hace más que resentirse año tras año cerca de ciertas personas, ¿realmente quieren lo mejor para ti? Yo creo que no.

Tener un diario no es garantía de que vayas a dejar esa relación tóxica

Entre 2018 y 2019 pude ver cómo mi felicidad bajaba en picado por un trabajo en el que me sentía solo y poco valorado, pero no fui capaz de dejarlo. Cada día me resultaba más cómodo ir a la oficina de siempre a tomar el café de siempre, que ponerme a tomar decisiones difíciles que no sabía si saldrían bien. Hasta que no me echaron no volví a ser feliz en el trabajo. Esto no solo ocurre con el trabajo, sino también con nuestros hábitos alimenticios, rutinas y parejas. Por eso, si quieres mejorar tu vida, céntrate en generar hábitos beneficiosos desde el inicio, pues una vez se asienten será muy difícil cambiarlos.

La paternidad es el periodo más difícil desde que apunto

Desde hace cuatro años soy padre, y en este tiempo mi diario se ha llenado de días por debajo del 5. Antes de tener hijos tenía al año 100 días buenos y 80 malos. Desde que soy padre es justo al revés, 100 días malos y 80 buenos. Me he sentido inseguro muchas veces al expresar esta verdad sobre mis datos, porque parece que ser menos feliz implica que no quieres a tus hijos, pero nada más lejos de la realidad. Daría mi vida por mis hijos, pero eso no quita que mi día a día ahora consista en dormir poco, hacer cosas que no me apetecen y ver a mi mujer convertirse lentamente en mi compañera de piso.

La clave de la felicidad

Si has llegado hasta aquí probablemente estás esperando que te dé la clave para ser feliz, pero siento decirte que no hay clave. Tras dos décadas midiendo mi felicidad no he conseguido eliminar ni el aburrimiento, ni la tristeza, ni la soledad de mi vida. Haga lo que haga, los malos días vuelven. Acabé la carrera pensando que por fin sería feliz, pero la felicidad no vino. Me casé, tuve hijos, me compré una casa y un coche... pero la paz plena y duradera tampoco llegó. Tras 20 años de análisis, el único consejo que puedo darte es que si algún gurú de la felicidad te dice cómo ser feliz eternamente desconfíes de todo lo que venga después.

Las emociones negativas tienen una función en nuestras vidas, como todo lo demás que ocurre en nuestro cerebro, y no se me ocurre un mensaje más importante que dar en estos tiempos de apariencias: la infelicidad es parte natural e inevitable de la vida. Dejemos de engañarnos los unos a los otros.

Alejandro Cencerrado es físico, experto en Big Data, analista del Instituto de la Felicidad de Copenhague y autor del libro ‘En defensa de la infelicidad’.

sábado, 30 de marzo de 2024

MEJOR CÁLLATE


El beneficio de callarse
El silencio es una poderosa herramienta para ganar notoriedad, además de un aliado de la salud. En un mundo lleno de ruido y sobreestimulación, demos una pausa a nuestros cerebros.
Francesc Millares, 28.03.2024

Vivimos en un mundo de ruido constante, mucho más que en ninguna otra época que haya conocido la humanidad. Desde que las redes sociales han multiplicado las vías de comunicación, nuestro día a día es un bombardeo incesante. Mientras nuestro móvil nos manda el push de las últimas noticias, por otras aplicaciones nos llegan opiniones de Twitter, notificaciones de Instagram y otras redes, por no hablar de los temibles grupos de WhatsApp que disparan palabras y memes sin cesar. Camino del trabajo, hay quien escucha en el metro su programa favorito sin auriculares, hasta que entran dos raperos y, tras poner el equipo de música a todo volumen, empiezan a improvisar letras sobre los pasajeros. Ya en la oficina, el murmullo de las conversaciones de los compañeros son la banda sonora de la jornada. Ruido, ruido y más ruido. Es como si el silencio hubiera quedado relegado a los monasterios, o fuera un peligroso agujero negro que hay que llenar con cualquier cosa antes de que nos trague.

El ensayo Cállate, del periodista Dan Lyons, se abre con la siguiente pregunta: “¿Hace falta que todas las personas de este planeta expresen al mismo tiempo todas sus opiniones sobre todo lo que ocurre?”. La cita es del youtuber Bo Burnham, y anticipa la tesis del libro: justamente porque vivimos en medio de una cacofonía constante, cerrar la boca es una medida tan generosa y oportuna como terapéutica con uno mismo. Lyons asegura que aprender a callar nos ayuda a progresar profesionalmente, ya que reducimos las posibilidades de meter la pata, además de presentar ventajas para la salud. Sin duda, intentar transmitir tu mensaje en medio del caos de personas que pretenden lo mismo es altamente estresante, además de frustrante. Muchas veces, la persona que tiene más crédito es la que se mantiene a distancia de las polémicas o de la lucha por llamar la atención. Esto está en sintonía con dos claves de un libro de inspiración maquiavélica publicado en 1998 por Robert Greene: Las 48 leyes del poder.

La 4ª es decir siempre menos de lo necesario, y lo justifica así: “Ten en cuenta que cuanto más digas, más vulnerable serás y menor control de la situación tendrás (…) Las personas poderosas impresionan e intimidan por su parquedad. Cuanto más hables, mayor será el riesgo de decir alguna tontería”.

La 16ª utiliza la ausencia para incrementar el respeto y el honor, se anticipa varios años a la locura creada por las redes sociales, y dice: “Demasiada oferta reduce el precio: cuanto más te vean y oigan, tanto menos necesario te considerarán los demás (…) Un alejamiento temporal hará que hablen más de ti, e incluso que te admiren (…) Recuerda que la escasez crea valor”.

Estas dos recomendaciones van contra corriente respecto a lo que hacen millones de personas en las redes: darse codazos para ser vistas y oídas, aunque sea unos segundos en un reel. Lo que propone Greene es justamente lo contrario. En un mundo dominado por el ruido, la persona más interesante es la que calla, pues el silencio nos dota de misterio, que es el ingrediente clave de la seducción.

Como ya no estamos habituados a callar, volvamos al reciente libro de Dan Lyons, que propone cinco caminos:

Siempre que sea posible, no digas nada. A no ser, como reza un proverbio japonés, que tus palabras sean mejores que el silencio. En palabras del autor de Cállate: “Hay que ser Harry el Sucio, no Jim Carrey”.

Descubre el poder de las pausas. Los grandes oradores son conocidos por cómo gestionan el silencio. Espera dos segundos antes o después de hablar, respira, deja que la otra persona procese lo que acabas de decir. Un silencio a tiempo equivale a mil palabras.

Deja las redes sociales. La mayoría de las plataformas están diseñadas para crear adicción. Si por tu trabajo no puedes abandonarlas del todo, al menos dosifica su uso.

Busca el silencio. “La sobrecarga de información nos lleva a un estado de agitación y sobreestimulación constante, lo que provoca problemas de salud e incluso puede acortar nuestra vida”, asegura Lyons. Dale un respiro a tu cerebro a través del silencio.

Aprende a escuchar. Esta es una forma muy productiva de callar, pero requiere un esfuerzo activo. Implica poner los cinco sentidos en lo que el otro está diciendo, sin juicios ni parloteos mentales. Además, como señala el autor: “Nada hace más feliz a la gente que sentir que la escuchan y la ven de verdad”.

Cuando somos capaces de mantener la boca cerrada, lo que ocurre después es increíble, asegura Lyons, ya que nos sentiremos más tranquilos, menos ansiosos y con un mayor control sobre nuestra vida.
¡Atentos!

— En su libro El valor de la atención, el divulgador británico Johann Hari señala que nuestra capacidad de concentración ha entrado en una profunda crisis. Según estudios recientes, un adolescente solo logra concentrarse en una tarea durante 65 segundos de promedio, mientras que la atención de un adulto no rebasa los tres minutos.

— Una clave para recuperarla es entender que el cerebro humano no está hecho para la multitarea. “Somos muy de pensamiento único”, decía al autor un profesor del MIT. Para recuperar el foco hemos “apagar” los distractores y volver a hacer una sola cosa a la vez.