domingo, 24 de marzo de 2013

LA FALACIA DE EUROPA

Un familia tiene un grave problema al enterarse de la enfermedad grave de uno de sus hijos; tan grave que si no encuentran un hospital que lo opere en las próximas semanas posiblemente morirá. ¿Se imaginan a sus hermanos haciendo vida normal, despreocupados, porque la enfermedad no les tocó a ellos?
Unión Europea, la familia; Chipre (ahora), uno de sus hijos. Sus hermanos: ¡Uf!, menos mal que no nos tocó a nosotros, o... ¿ven? gracias a las medidas del Gobierno el hundimiento de Chipre no nos afecta y bla bla bla.
En Estados Unidos -y creo que ya lo he contado en alguna ocasión, los atentados del 11-S de las Twin Towers supusieron un verdadero shock en el país, o sea en la familia. Yo tuve la oportunidad de viajar a Nueva York en noviembre de ese mismo año, cuando los restos de las Torres Gemelas aún humeaban. Todos, y cuando digo todos me refiero al portero del hotel, al taxista, a la ama de casa, al ejecutivo de Wall Street... todos llevaban algo que te recordaba la unión de la familia, ya fuera una corbata, un pin con la bandera, una gorra, etc. Un país extenso, con idiosincrasias tan diferentes entre sus etnias pero que, ante un hecho como el de los atentados se une como la familia que son.
¿Ven algo parecido en Europa? Yo, desgraciadamente, no. Al final todos respiramos cuando Grecia o cuando Chipre porque no nos tocó a nosotros, pero ¿no se suponía que eran nuestros hermanos? ¿no les daríamos felices un riñón a unos de nuestros hermanos si de ello dependiera su vida?
No me imagino a Merkel donando un riñón ni de coña.

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