miércoles, 29 de junio de 2022

VUELVA USTED MAÑANA REVISITADO

Escribía, allá por 1833, el bachiller don Juan Pérez de Munguía, alter ego de Mariano José de Larra, su ya famosa frase "vuelva usted mañana".
  -Vuelva usted mañana -nos respondió la criada-, porque el señor no se ha levantado todavía.
  -Vuelva usted mañana -nos dijo al siguiente día-, porque el amo acaba de salir.
  -Vuelva usted mañana -nos respondió al otro-, porque el amo está durmiendo la siesta.
  -Vuelva usted mañana -nos respondió el lunes siguiente-, porque hoy ha ido a los toros.
  -Vuelva usted mañana -nos dijo el portero-. El oficial de la mesa no ha venido hoy.
  -Vuelva usted mañana, porque el señor oficial de la mesa no da audiencia hoy.
  -Vuelva usted mañana -nos decían en todas partes-, porque hoy no se ve.

La burocracia, verdadero perro con tres cabezas que debe guardar el Arca de la Alianza por lo menos, es el enemigo a batir no ya en los albores del siglo XIX sino en éste siglo XXI, quién lo iba a decir. La burocracia, o el burócrata, dos caras de la misma moneda, mantiene un control férreo sobre nuestras vida en general, por cualquier razón, pero si hablamos de nuestra vida profesional ya es el acabose. Homero se quedó corto describiendo el viaje de Ulises y la Divina Comedia lo propio con Virgilio. 
Para un arquitecto -sí, hoy vengo a hablar de mi libro-, una suerte de Sísifo moderno, el camino a recorrer no es otro sino un c a l v a r i o, con todas las letras. Aunque siempre hay honrosas excepciones, las mismas que confirman la regla, trabajar en la calle supone un hito de tal magnitud que conseguir que una obra termine su camino por el desierto, muchísimo más que cuarenta días con sus cuarenta noches, se convierte en una tarea de titanes. 
El "vuelva usted mañana" se ha convertido en "la Administración tal le requiere esto, lo otro y lo de más allá", una y otra vez. Licencias de obra con ilimitados informes sectoriales, preceptivos todos, vinculantes algunos: Cabildo, Costas, Consejo Insular de Aguas, Transición Ecológica, Tren del Sur, AENA, Ayuntamientos limítrofes, la Casa del Rey y el Vaticano, por si las moscas, ya que estamos, no vaya a ser que... 
Conseguida la licencia, con celebraciones varias como si de haber ganado un Óscar se tratase, comienza la obra, momento en el cual uno cree disfrutar de la profesión al ver cómo lo que ha pensado primero y dibujado después se va convirtiendo en algo tangible, pero ¡craso error! Cuando vemos la luz al final del túnel, cuando el propietario está feliz porque la obra ha terminado, cuando el carpintero finalmente ha colocado la última pieza del zócalo y el pintor ha retirado los cartones del suelo, ahí empieza de nuevo todo, ahí es cuando llegamos al infierno de Dante, a la tortura de Szell, al Ironman nórdico, al garrote vil patrio: conseguir la 1ª Ocupación. ¡Uf!, eso son ya palabras mayores. Ésta es la joya de la corona, el eureka de Arquímedes, el vellocino de oro, la piedra filosofal. 
¿Les gusta mi casa? Vamos, se las enseño. ¡¡¡Cuenta con 1ª Ocupación!!! Ohhhhh.
Mediante la Declaración Responsable, gran paso donde los haya, el arquitecto y el promotor, modestamente, con las cabezas gachas, sin querer molestar a nadie, presentan el documento de rigor, páginas y páginas que demuestran que la obra se ha hecho según la licencia, certificados, fotografías, costes, documentos visados por éste y aquél, y si nos apuras hasta análisis de orina y heces, por si acaso, no vaya a ser que... Dentro ya de la rueda de la Administración, el expediente en cuestión pasa del registro a la mesa del burócrata que, afilando el lápiz y pasándoselo por la lengua antes, comienza a puntear aquí y allí, babeante, preparado para la visita de inspección, perdón, de INSPECCIÓN, cual perro ladrador muy mordedor. 
  > Dos plantas, bien.
  > Retranqueo ajardinado, bien.
  > Altura reguladora, bien.
  > Cuarto de baño ventilado, bien.
  > Plazas de garaje, bien.
Tendrá mi informe en un tiempo prudencial, sentencia, mientras las gotas de sudor se deslizan por tu frente y raudo las secas para que nadie lo note, que uno es un profesional del asunto, ¿o no?. 
Pasa un tiempo prudencial, a veces más que prudencial, y llega la carta esperada, la carta donde te envían a Vietnam, donde te desahucian, donde te despiden, la que te manda Hacienda, el resultado de la biopsia; llega la carta de Urbanismo, un requerimiento, el primero, el que anuncia tormentón: si bien las modificaciones son no sustanciales, la obra cumple con los parámetros de referencia básicos, punto de sal y pimienta correctos... NO CUMPLE, de manera que se deja sin vigor la 1ª Ocupación y se le requiere para que... 
Y tú, mi niño, ¿qué quieres ser de mayor? Yo, arquitecto. Nooooooooooooooooooooo.
Nunca fue tan fácil plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. Nunca.
The Script, *Superheroes.

No hay comentarios: