No me gusta Wagner. Bueno, para ser justos, hay cosas que sí, y mucho, y otras no tanto. Es quizá demasiado intenso y acaba cansándome. El genio Wooddy Allen decía que cuando escuchaba a Wagner le daban ganas de invadir Polonia; a mi me pasa lo contrario, me siento polaco y no me apetece nada que me invadan.
El compositor estará unido siempre al recuerdo de mi amigo Paco, con el que comía todos los meses en La Hoya del Camello, con quien coincidía en la ópera y en los conciertos de la Sinfónica de Tenerife, con quien hablaba de viajes y de literatura y quien me daba consejos sobre el trabajo en la Administración (él fue la primera persona con la que hablé cuando me ofrecieron el puesto de arquitecto municipal hace ya veinte años). Paco, que era capaz de tragarse, completo, el Festival de Bayreuth y, además, disfrutarlo. Paco, que como todo amigo querido nos dejó demasiado pronto y sin avisar, durmiendo una placentera siesta.
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Wagner, *La cabalgata de las valkirias
(Introducción a la primera escena del tercer y último acto de La valquiria,
la segunda ópera épica de la tetralogía El anillo del nibelungo).
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