Termino en el gimnasio y, al despedirme de la monitora, que es también la dueña, me apoyo en el mostrador para hablar un rato. Antes estaba entretenido en la cinta mientras observaba a dos amigos, dos pibes, que entre los dos pesarían la mitad que yo, ayudándose mutuamente con los ejercicios de fuerza; debe ser más entretenido compartir el tiempo del gimnasio, pensé.
Volviendo al mostrador, me cuenta M que al llegar de Cuba a un pueblo de Gran Canaria lo hizo con un bebé, del que todos habían oído hablar: ¡llega de Cuba la familia de fulanita, y con una niña chica!
Y así fue, la historia se cumplió y otra familia de cubano-canarios emigraba a Canarias, desarraigándose y dejando atrás todo lo que eran y lo que tenían. El viaje fue en diciembre y ese enero, en Reyes, en la casa de cada una de las familias del pueblo había un juguete para la niñacubana. A mi amiga, la madre, se le saltaron las lágrimas cuando me lo contó, y a mi también.
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Celia Cruz, *Cuando salí de Cuba.
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