El PP no dirá nada y, si lo hace, habrá encontrado algo para echar mierda sobre Pedro Sánchez, Albares, el Gobierno y cualquiera que se haya cruzado por delante o tenga que ver con Gibraltar, los británicos y, si me apuras, con el accidente de Lady Di. Pero todos tenemos que felicitarnos porque ésta es una magnífica noticia, se impone el sentido común y se da un pasito más, aunque pueda parecer invisible, para la integración del Peñón en España, como debe ser.
¿No se ha dicho siempre ¡Gibraltar español! Pues eso.
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El paso fronterizo inaugura el paso libre en un momento marcado por la alegría de miles de personas: “La cosa pintaba mala, pero esto es histórico”.
Jesús A. Cañas, 15.07.2026
https://elpais.com/espana/2026-07-14/la-frontera-de-gibraltar-hace-historia-a-medianoche-hemos-esquivado-el-brexit.html
El taxista Tyrone Smith espera paciente a lomos de su moto en la frontera entre Gibraltar y La Línea, acompañado de su amigo con el que comparte nombre de pila y profesión. Espera paciente a que el reloj marque la medianoche. Los nervios están a flor de piel. Viene de tomar algo con su amigo en un bar de La Línea, se les hizo tarde y ahora están ahí apostados justo en las puertas históricas de la Verja. Miles de personas esperan en el lado español, embriagadas por la victoria de España en el mundial. El reloj avanza, el martes se convierte en un histórico miércoles 15 de julio. Los vítores y gritos se vuelven ensordecedores. “La cosa pintaba mala, pero esto es histórico. Estoy muy feliz”, acierta a valorar Smith arranca la moto y avanza. Paradojas de la vida, un gibraltareño acaba de convertirse en el primer ciudadano en cruzar desde el lado español hasta el británico.
Un 17 de febrero de 1909, el Gobierno inglés comenzó a construir la Verja de Gibraltar y justo en la madrugada de este 15 de julio ese paso se ha vuelto a convertir en la línea fronteriza prácticamente libre que era 117 años atrás. En ese lapso de tiempo da tiempo para demasiadas historias, máxime en un territorio envuelto en un constante conflicto de soberanía —con un cierre total de 13 años, incluido, impuesto por el régimen franquista— sobre el que han cabalgado como han podido generaciones y generaciones de linenses y gibraltareños. Las palabras “felicidad”, “ilusión” y “alegría” se han repetido de forma constante entre los miles de ciudadanos de un lado y de otro de la frontera que se han lanzado a cruzar por primera vez en un paso ya sin controles policiales. Esa emoción se contagiaba hasta en agentes fronterizos como el gibraltareño Dwayne Ignacio, último turno de control fronterizo en el lado llanito: “Esto no se me olvidará nunca. Me ha hecho mucha ilusión que me tocase estar aquí”.
El ministro principal de Gibraltar, Fabián Picardo, aún guarda en su despacho, en una urna triangular, la bandera de la Unión Europea que arrió la medianoche del 1 de febrero de 2020, cuando se materializó oficialmente la salida. Aquella fue una noche aciaga para él, marcada por la incertidumbre. Lo de esta madrugada ha estado justo en el otro espectro de los sentimientos. Oficialmente han sido él y el alcalde de La Línea, Juan Franco, los primeros en pasar, en un sencillo acto ceremonioso que ha incluido el derribo simbólico de un tramo del que se denominaba el último muro en pie en territorio europeo. “Estamos mucho mejor que antes, cuando estábamos en la Unión Europea. El Brexit era un gran reto, pero usamos la política para resolver problemas. Ya podemos decir que hemos esquivado al Brexit”, ha explicado Picardo.
“En una noche como esta me acuerdo de mi abuela, Rosario Bautista, costurera, a la que el gobierno de Franco le retiró el pasaporte en 1966 para poder ir a Gibraltar a trabajar”, ha explicado Franco. El alcalde asegura que el acto vivido en la medianoche de este miércoles “era un homenaje a las personas que se comían estas colas”. Además ha manifestado al Gobierno español su “total y absoluto agradecimiento”. “Con otra formación política esto no se habría dado”, ha añadido. Pero también ha puesto tarea al Ejecutivo para resolver toda la tarea pendiente, como la situación de los pensionistas, de los pescadores o incluso qué será de los terrenos libres que quedarán ahora en la frontera.
Era siquiera difícil de imaginar que esa decisión del Reino Unido que desaprobó masivamente el 95,9% de los vecinos de Gibraltar (40.000 habitantes) hace una década fuese a terminar con una mayor apertura del territorio británico hacia la Unión Europea. El tratado de más de 1.000 páginas que se firmó formalmente este martes en Bruselas y que contempla una amalgama de aspectos —desde la fiscalidad al medioambiente— tiene quizás su cara más visible en esa frontera entre Gibraltar y La Línea que cruzan cada día 15.622 trabajadores transfronterizos, 10.915 españoles, según cálculos del gobierno gibraltareño. Desde esta medianoche, ya no necesitarán DNI o pasaportes para pasar. Esos controles se trasladarán al aeropuerto, donde ya esta noche se podían apreciar los módulos provisiones construidos en el lado español para albergar a la policía.
Justo en esa zona, las máquinas llevan semanas trabajando a destajo en uno y otro lado para desmantelar garitas, marquesinas y edificios acumulados de una forma un tanto caótica en estas últimas décadas. Justo ahí el Gobierno de Gibraltar ha querido celebrar justo pasada la medianoche un acto de “hermanamiento” entre ambos lados. Y también ahí —pero ya en el lado español— se espera la visita del presidente español, Pedro Sánchez, al mediodía de este miércoles. En el programa, está previsto que el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, se reúna con los alcaldes del Campo de Gibraltar. Además, el presidente del Gobierno visitará la zona fronteriza, aún con obras a medio ejecutar.
Recuerdos lejanos
La gibraltareña Louise tiene 50 años, así que tiene recuerdos infantiles lejanos de echar mucho tiempo libre en la Roca o del largo viaje que había que hacer —barco a Tánger y otro barco a Algeciras— para visitar La Línea. También tiene recuerdos más frescos de una década de “inestabilidad” tras el Brexit. Por eso, la noche de este martes, solo podía expresar “alegría”. Acompañada de una amiga del Peñón, cruzó a cenar a La Línea “por aquello de pasar el pasaporte por última vez y ya luego volver sin nada”. “Es algo bonito para todas las partes. Soy profundamente optimista, tenía claro que iba a haber acuerdo. Ahora vamos a estar hasta mejor que antes de que se produjese el Brexit”, acertaba a valorar la gibraltareña, antes de cruzar hacia La Línea.
Después de idas y venidas del tratado, de décadas de tensiones en la frontera y de ese cierre franquista de 13 años, eliminar ese “síndrome de jaula”, como lo define un mando policial español, no será fácil. De facto, el paso libre recuperado no es el mismo que existía en enero de 1909, cuando la frontera funcionaba prácticamente como un paso franco. El Gobierno de Gibraltar tuvo que salir a aclararlo a principios de julio, después de palpar la “inquietud” de sus vecinos al ver cómo los obreros demolían esa valla metálica coronada de espinos y pilares de viejo hormigón. De los 1,2 kilómetros de frontera que discurren de mar a mar por el istmo que conecta al Peñón con el resto de la península, solo quedarán sin valla alguna unos 150 metros.
Ese espacio coincide justo con la parte de la frontera en la que antes estaban ubicadas las marquesinas y garitas y que atraviesan diariamente miles de personas. Desde esta medianoche, esa abertura no tendrá controles de pasaportes, DNI o vehículos, pero no estará desatendida. Como ya explicó el gobierno llanito, el lugar contará con constante vigilancia policial y cámaras de seguridad. El resto del perímetro verá sustituida una Verja por otra más moderna, a apenas unos metros de distancia. En el lado oriental —donde ya asoma los arcos de luces para la próxima feria de La Línea— será así para proteger la pista del aeropuerto, el túnel de paso de vehiculos, los depósitos de combustible y las instalaciones aduaneras. En el lado occidental será igual, en ese caso por la presencia de instalaciones militares británicas.
Todo el espacio fronterizo entre España y Gibraltar está, además, en plena transitoriedad. Después de despejar la zona del paso de marquesinas, garitas y vallas, esa apariencia expedita del presente mutará en un tiempo no determinado. El gobierno del Peñón ya ha adelantado que construirá zonas ajardinadas, una rotonda, un espacio para las fuerzas de seguridad, nuevas oficinas de turismo y una marquesina que sirva de intercambiador de taxis y autobuses, ya que los transportes colectivos de uno y otro lado no cruzarán. Pero aún queda por concretar entre ambas partes cómo será la distribución definitiva de carriles para el paso de vehículos. Lo que sí ha dejado claro Gibraltar es que en el resultado final estará bien plagado de banderas y elementos para que el recién llegado tenga claro que está entrando en el territorio británico. Más allá de esos nacionalismos que ya vendrán, la gibraltareña Tere Cacela, daba, a pocos minutos de entrar, lo que para ella era un titular periodístico de la noche: “Un Franco la cerró y otro Franco la abrió”.
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