De 'Ladrón de bicicletas' a 'Tiempos modernos': el retrato de la clase trabajadora en el cine
El cine se ha ocupado de los movimientos obreros y de las condiciones de los trabajadores desde sus inicios, aunque todavía queda escuchar estas historias desde una voz propia.
Begoña Piña, 30.04.2026
Hasta la muerte del fascista Benito Mussolini, la pobreza y la delincuencia estaban prohibidas en el cine italiano. Sobrevivían con comedias blancas rodadas en los estudios de Cinecittà, fundada de hecho por el dictador. A partir de 1945, la reacción a esos años de oscuridad fue extraordinaria, nació el neorrealismo italiano y revolucionó el cine mundial. Se rodaron algunas obras maestras y entre ellas, Ladrón de bicicletas, el tristísimo retrato de la pobreza y la desesperación de un hombre sin trabajo.
"Vives y sufres". En tres palabras, el personaje principal de este drama, Antonio Ricci (interpretado por Lamberto Maggiorani), explicaba la amarga realidad de millones de obreros pobres en el mundo. Vittorio de Sica ganó el Oscar, el Globo de Oro, el BAFTA y unos cuantos premios más, pero, sobre todo, rindió un magnífico tributo a todos los trabajadores de la historia, de entonces y de hoy. Nunca quedará vieja esta inmensa película.
Siempre Ken Loach
Cierto que desde aquellos años las condiciones laborales han mejorado sustancialmente en buena parte del mundo, pero cierto es también que el capitalismo feroz va ganando la partida y ahogando a los obreros cada día un poco más en la precariedad y la angustia. Podría escribirse la historia de este progreso y también de esta regresión, viendo las películas de Ken Loach, uno de los artistas más firmemente comprometidos con la clase obrera de la historia.
El cineasta británico ha explorado los avances del capitalismo y sus consecuencias en la calidad de vida de las personas, la deshumanización de los entornos laborales, la agresiva codicia de los empresarios, la condición de marginalidad de los inmigrantes… pero también los movimientos de solidaridad y el activismo.
Por Riff-Raff, Lloviendo piedras, Pan y rosas, La cuadrilla, En un mundo libre, Buscando a Eric; Yo, Daniel Blake; Sorry, We Missed You, El viejo roble… desfilan mineros, parados, inmigrantes, obreros ferroviarios y de la construcción, limpiadoras, carteros… y ellos son los héroes.
"El sistema de explotación ha llegado a la perfección, el obrero obligado a explotarse a sí mismo", sentenciaba en 2019, en una entrevista con Público, a propósito del estreno de Sorry, We Missed You, coescrita con su cómplice habitual, el guionista Paul Laverty. Entonces, se lamentaba Loach de que la solidaridad hubiera "muerto como cimiento social" y decía: "Hoy el desempleo es menor que hace unos años, pero se ha incrementado ese tipo de trabajo que no te permite vivir. Millones de personas conocen esta historia".
Cineastas de clase obrera
El cine ha sido, sigue siéndolo, territorio de las clases altas. La voz de cineastas de clase trabajadora apenas se ha escuchado en más de 130 años. Y, aunque esta revolución ha comenzado tímidamente, todavía las historias las cuentan los otros. Aun así, en el cine hay unos cuantos títulos imprescindibles que se han aventurado en el mundo de los obreros. La primera proyección pública de la historia, en 1895, estaba protagonizada por trabajadores, Salida de los obreros de la fábrica, de Louis Lumière (1895), y desde muy pronto, cineastas como Sergei M. Eisenstein o Charles Chaplin se ocuparon también de ello.
El primero, en 1925, rodó La huelga, su debut en el largometraje, donde denunciaba la represión contra los trabajadores que protestaban por sus condiciones y la connivencia de los empresarios con las fuerzas policiales. Y, por supuesto, Chaplin hizo Tiempos modernos (1936), genial retrato de la alienación de los trabajadores.
Todavía hoy se discute si fue justo el Oscar que ¡Qué verde era mi valle!, maravilloso melodrama de John Ford, le arrebató a Ciudadano Kane, de Orson Welles. El debate podría ser eterno, pero lo que es indiscutible es el alma y la humanidad inmensa que había en la película ganadora. Una familia de mineros de gales, en la que la confianza de los hijos por la unión sindical los enfrentaba a su padre, un buen hombre trabajador, narrada desde el recuerdo del miembro más joven. "Yo hacía las pequeñas tareas que podía mientras mi padre y mis hermanos se limpiaban el polvo de carbón de la espalda. La mayoría saldría de ellos, pero en algunos se quedarían de por vida. Es la insignia honorífica del minero del carbón".
Mineros en huelga eran también los protagonistas de Germinal (Claude Berri, 1993), con Gérard Depardieu encabezando el reparto, como hizo años antes en Novecento (1976), al lado de De Niro, donde Bernardo Bertolucci hacía un retrato de la Italia fascista, del enfrentamiento de clases y de la lucha del movimiento obrero desde la historia de amistad del hijo de un terrateniente y el de un bracero.
Un campesino y el hijo de la marquesa eran los amigos de la hermosísima Lazzaro feliz, historia de unos desheredados y de un hombre esencialmente bueno, atrapados en un mundo ajeno a su tiempo, de reglas feudales, de explotación y pobreza. Alice Rohrwacher ganó el premio del guion en Cannes con esta historia, un relato que contiene ecos de Fellini, de Ermanno Olmi, de Visconti…
Otros retratos de los trabajadores han ido ocupando espacios en el cine. Los lunes al sol, El buen patrón, Mundo grúa, El precio de la ambición (Glengarry Glen Ross), The Full Monty, Norma Rae, Recursos humanos, Símbolo de fuerza (F.I.S.T.)… imposible referirse a todos ellos, a los que, además, hay que ir sumando cada año nuevas películas y esperando la pronta llegada de las genuinas voces obreras al cine.
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