Juan Carlos Izpisua presenta indicios de cómo revertir el envejecimiento: “Es una pérdida de identidad a nivel celular”
El científico español, que trabaja para una empresa estadounidense financiada por millonarios que buscan eliminar los efectos de la edad, habla de sus últimos resultados.
Nuño Domínguez, 24.05.2026
“Si nadie me pregunta, sé qué es el tiempo. Cuando me lo preguntan, ya no lo sé”, escribió el filósofo Agustín de Hipona hace 17 siglos. Algo muy parecido pasa ahora con el envejecimiento: todos los humanos entendemos lo que es, pero si nos preguntamos por qué tenemos que envejecer y morir, ya dudamos. Les pasa hasta a los mayores expertos del mundo en la materia: como mucho, darán respuestas muy distintas.
El bioquímico español Juan Carlos Izpisua, que lleva décadas trabajando en Estados Unidos buscando su propia respuesta, ha explicado su nueva visión del tema: “El envejecimiento”, dice, “es una pérdida de identidad a nivel celular”; y es posible recuperarla con tratamientos experimentales. Esto significa que se puede revertir el envejecimiento y detener muchas de las enfermedades que lleva consigo.
En 2022, este farmacólogo y bioquímico nacido en Hellín hace 66 años cofundó Altos Labs. Era una nueva y misteriosa empresa financiada por algunas de las personas más ricas del planeta con un presupuesto de 3.000 millones de dólares. Era un volumen nunca visto en una compañía emergente de biotecnología.
Junto a Izpisua, otros primeros espadas de la investigación en envejecimiento, entre ellos Manuel Serrano y Pura Muñoz, también dejaron centros públicos para firmar contratos con Altos, donde se ofrecen sueldos que pueden llegar al millón de euros anual. Cuatro premios Nobel siguieron el mismo camino. El objetivo marcado era atípico: la empresa no buscaba una pastilla contra la edad, sino hacer ciencia básica hasta conseguir rejuvenecer las células humanas y, con ello, curar las enfermedades de la vejez, como el cáncer y el alzhéimer, entre muchas otras.
Este miércoles, Izpisua se subió al estrado del salón de actos de la Real Academia Nacional de Medicina, a pocos pasos del Palacio Real de Madrid, para ofrecer una conferencia en la que desgranó sus últimos resultados científicos, incluidos algunos que se publicarán en los próximos días. La sesión la organizó la Universidad Católica de Murcia, con la que colabora Izpisua desde hace una década.
La idea principal es que las células humanas funcionan de maravilla desde antes del nacimiento, cuando somos un embrión de apenas una semana, hasta que cumplimos aproximadamente 30 años. “Hasta entonces, si no tienes una enfermedad genética o sufres un accidente, no tienes que ir al médico”, explicó el científico en el salón de actos de la academia, coronado por retratos de algunos de los mayores médicos de la historia, y a pocos pasos del sillón donde se sentaba el Nobel español Santiago Ramón y Cajal. Es después de “la primera oleada de envejecimiento” cuando, según Izpisua, las células comienzan a perder su identidad. Es como si se desdibujaran sus funciones y dejasen de comportarse como deberían. Con el paso del tiempo, la respuesta al estrés de estas células ya no es óptima, y se transforman en células senescentes, viejas, que dan lugar a la fibrosis, que es la causa de muchas de las enfermedades asociadas a la vejez.
Para Izpisua, este fenómeno es la respuesta a por qué envejecemos. Su nombre científico es transición epitelio-mesénquima, un proceso fundamental para que las células puedan migrar durante el desarrollo embrionario y generar los diferentes órganos que formarán el cuerpo —la famosa gastrulación, el momento más importante de la vida de una persona—. Pero ya en la edad adulta, este fenómeno es el más desregulado en más de 50 enfermedades humanas, según explicó el investigador de Altos en su conferencia. Esta pérdida de identidad “es el primer signo de envejecimiento” medible, por encima del deterioro de las mitocondrias, el motor energético de las células, o los telómeros, que protegen de los daños en el ADN, resaltó.
Esta pérdida de identidad se expande por el organismo a través de la sangre, y anida en otros órganos, según sus últimas investigaciones. En un estudio con el Biobanco de Reino Unido, que atesora muestras biológicas de más de medio millón de voluntarios, su equipo ha comprobado que las proteínas sanguíneas relacionadas con esta pérdida de identidad son las que mayor mortalidad acarrean. “Hemos analizado un número elevado de enfermedades humanas, así como todos los órganos durante el envejecimiento, y lo que observamos es esa deriva celular especificada por una firma de transcripción genética que da lugar a una pérdida de identidad de las células”, explicó.
El investigador ha desarrollado una intervención experimental para revertir este fenómeno. Se denomina reprogramación celular parcial, y se inspira en el trabajo que le hizo ganar el Nobel de Medicina a Shinya Yamanaka, quien también trabaja para Altos. El nipón demostró que basta activar cuatro genes para transformar una célula adulta de la piel, por ejemplo, en una célula madre embrionaria capaz de crear cualquier tejido del cuerpo. Por primera vez, era posible echar hacia atrás el reloj del desarrollo y del envejecimiento.
En experimentos con ratones, Izpisua ha visto que la reprogramación celular parcial, una intervención similar a la de Yamanaka pero limitada en el tiempo a dos días por semana de reprogramación, alarga la vida. Y revierte, por ejemplo, los daños en el hígado y el metabolismo asociados al consumo de grasas y calorías en animales con obesidad congénita. Esta intervención también regenera los músculos dañados; y otros laboratorios han visto efectos rejuvenecedores parecidos en cerebro, corazón, ojos, riñones, páncreas, hígado. “Una sola intervención tiene efectos en todo el organismo”, razonó Izpisua. “Estamos tocando el corazón del proceso que da lugar a las enfermedades”, resume.
El científico es realista: introducir este tratamiento en humanos es posible, pero mucho más complicado. Antes hay que asegurarse de que la reprogramación parcial no causa daños, sobre todo el más temido: la aparición de tumores si el proceso de rejuvenecimiento va más allá de lo deseado. “Hemos tratado más de 7.000 ratones y en ningún caso hemos visto desde esta diferenciación a una célula embrionaria”, aseguró el científico.
Antes de dar el salto a tratamientos experimentales para pacientes, Izpisua se ha lanzado a aplicar la reprogramación parcial fuera del cuerpo. Lo va a hacer con órganos donados que no son aptos para trasplantes. El experimento, que se realiza en colaboración con el Hospital Clínic de Barcelona, aplicará la reprogramación parcial a vísceras dañadas para comprobar si puede reparar parte del daño acumulado. “Sabemos que un ratón no es un ser humano, pero tenemos que empezar de alguna manera a aplicarlo en personas”, señaló el investigador.
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