domingo, 23 de abril de 2023

ABRIL SONRÍE EN MADRID

 
Dotan, *Home.
Era una mañana y abril sonreía.
Frente al horizonte dorado moría
la luna, muy blanca y opaca; tras ella,
cual tenue ligera quimera, corría
la nube que apenas enturbia una estrella.

Como sonreía la rosa mañana,
al sol del oriente abrí mi ventana;
y en mi triste alcoba penetró el oriente
en canto de alondras, en risa de fuente
y en suave perfume de flora temprana.

Fue una clara tarde de melancolía.
Abril sonreía. Yo abrí las ventanas
de mi casa al viento... El viento traía
perfumes de rosas, doblar de campanas...

Doblar de campanas lejanas, llorosas,
süave de rosas aromado aliento...
...¿Dónde están los huertos floridos de rosas?
¿Qué dicen las dulces campanas al viento?

Pregunté a la tarde de abril que moría:
—¿Al fin la alegría se acerca a mi casa?
La tarde de abril sonrió:—La alegría
pasó por tu puerta—y luego, sombría—:
Pasó por tu puerta. Dos veces no pasa.

"Era una mañana y abril sonreía".
Antonio Machado


Vuelvo a casa esta mañana de domingo con un tiempo fantástico, cielo azul, 20°, nada en el horizonte que haga prever esa olaza de calor que los agoreros del tiempo nos avisan; ¡la mayor que se ha conocido en abril!, dicen.
En Madrid genial, como siempre, buen tiempo, gente y más gente: teatro (¡Ay, Carmela!), Thyssen (Lucian Freud), Bellas Artes, Retiro, largas caminatas y hasta un salto a Alcalá de Henares a ver la exposición de motos "Made in Spain", magnífica. En esta ocasión el hotel estaba en la Puerta de Toledo que, aunque menos céntrico que otros saltos a la capital, nos obligó a callejear y a disfrutar del Madrid menos concurrido, si es que esto se puede decir. El centro bullía. La segunda noche cenamos por la zona de Hortaleza, en un griego rico rico y con ambiente agradable hasta que un grupo cumpleañero nos rompió la noche. La anterior lo hicimos por la misma zona pero en un italiano con una carta corta pero sabrosa. Después de ambas nos dimos el correspondiente paseo para "bajar" la comida, sorteando las hordas y los múltiples caminantes arrastramaletas.
Un fin de semana corto pero intenso, cultural, de esos que me gustan y que sirven para desconectar, para recargar, como pequeñas catarsis.



























*¡Ay, Carmela!

PURA FOLOSOFÍA

DÍA DEL LIBRO (III)

 




DÍA DEL LIBRO (II)

DÍA DEL LIBRO

Hoy es 23 abril, Día del Libro y aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes, un día importante para todos los que compartimos la lengua española y más para todos aquellos que amamos la lectura. Un día perfecto, más siendo domingo, para tomarse un descanso de lo que sea y sentarse o tirarse a leer. En mi caso "La conjura de los suicidas", de Petros Márkaris, del que ya e he leído casi la mitad.

jueves, 20 de abril de 2023

PENÚLTIMA JOYA

Empecé anoche a leer este último cómic que me ha llegado, después de haberlo descubierto, sabido que se trata de una de las joyas de este tipo de literatura. Leí un buen rato hasta que sopesé las horas que me quedaban hasta que sonara el despertador, siempre pocas unos y otras.

ORO EN PAÑO


Visto con perspectiva, aquellas quejas recurrentes cuando éramos estudiantes acerca del latín, "que no sirve para nada", o las matemáticas "teniendo calculadoras", etc., parecen ahora un poco ridículas. reconozco que, por ejemplo, creo que ahora no sabría hacer una raíz cuadrada, cierto es que la calculadora nos ha vuelto absolutamente vagos al respecto, como ahora los GPS, las agendas en el teléfono móvil y todas estas comodidades de la era de Internet, pero ¡qué gozada poder discernir lo que vemos u oímos a diario!
La Filosofía nos enseña a dudar, a pensar; las Matemáticas a casi todo, el Griego y el Latín a disfrutar de y con las palabras, a reconocerlas, a saber hablar y escribir; la Historia y la Lengua otro tanto; ¿y qué decir de la Literatura y de la Música? Aquí ya me quedo sin palabras. Educación, el mayor tesoro que nos han regalado nuestros padres. Ahora, algo más sabios por viejos, ¡qué daríamos por tener tiempo como Fausto! 
BSO, Mon Oncle, Frank Barcellini. *Theme.

martes, 18 de abril de 2023

OTHER NEWS

 






DROPS

 


¿Cómo lo llevas?
> Pues mal, estamos en época de Elecciones...
Sí, ya me imagino.

¡Pues no!, no te lo imaginas, no puedes ni llegar a sospechar lo que supone trabajar en una administración donde los jefes se juegan el puesto, tal cual. Nunca nada es suficiente, todo es poco. Cada uno intenta encontrar su botón del pánico, una palabra de seguridad. En mi caso el amuleto mágico es un reloj, colocado exactamente frente a mis ojos, bajo ambas pantallas, a la izquierda de un calendario donde no le cabe nada más sobre cada número, para tener SIEMPRE presente la hora, o mejor dicho la hora de salida. Es mi único escape, pensar que llegará ese momento mágico.

GRETA GARBO, 33 AÑOS

 


CONTABLES Y CUENTISTAS

«Cuántas veces te sorprenden las palabras que brotan de tus propios labios, dichas sin pensar, por inercia. “No me vengas con cuentos”, reprochas a tu hijo, cuando enhebra excusas fantasiosas para justificarse. El espejo de su mirada te devuelve tu contradicción: lo dices tú, precisamente tú, que te ganas la vida contando historias y urdiendo cuentos. Tú, que has comprobado mil veces cómo una anécdota con rostro humano deja una huella infinitamente más honda que una idea abstracta. Tú, que ensalzas la habilidad humana para tejer narraciones y nuestra sed inagotable de escucharlas. Sabes que el cerebro asimila mejor la información encapsulada en un relato y, tal vez por eso, durante milenios, hemos transmitido conocimientos de generación en generación a través de mitos y fábulas. Las civilizaciones necesitan justo a esas personas que vienen con un cargamento de cuentos […]

Nos apasiona narrarnos a nosotros mismos, con el adorno de imprecisiones y exageraciones. A partir de la memoria —esa gran fabuladora—, armamos cada cual la propia historia y tratamos de persuadir a los demás para que confíen en esa frágil urdimbre de invenciones. Poseemos un cerebro narrativo que, por defecto de fábrica, tiende a adaptar los hechos a la trama de esa novela cuyo protagonista estelar soy yo. Como Don Quijote, las personas —y las naciones— creemos cualquier disparate que engrandezca al héroe ideal que llevamos dentro. A fin de cuentas, hemos tejido un mundo sustentado en la economía y la fantasía, en contables y cuentistas. Por eso, como escribe Antonio Basanta en Leer contra la nada, contar es el verbo que mejor define nuestra andadura humana. “Contar objetos. Contar historias. Pero, también, sabernos apreciados, tener la certeza de que se nos tiene en cuenta”. Somos así: puro cuento».

Irene Vallejo.
El País #ElAtlasDePandora

LO QUE NOS GUSTA Y LO QUE NO

 

En estos últimos años hemos visto el resurgir de toda aquella información que tenga que ver con las estrellas Michelin, publicadas en la Guía homónima desde 1900 por André Michelin, que se regalaba con la compra de neumáticos. En aquellos años, Francia contaba con 2400 conductores y la guía tenía información valiosa para los pioneros del automóvil: lista de mecánicos, médicos, planos de algunas ciudades y lista de curiosidades. La guía es popular por asignar de una a tres "estrellas de la buena mesa" a los establecimientos gastronómicos que, en referencia a distintos parámetros fijados por sus propios jueces, destacan en calidad, creatividad y esmero de sus platos. En cambio, asigna de uno a cinco cubiertos en función del confort y el servicio con que se sirve a los clientes cuando se trata de un restaurante, o de una a cinco casas por el mismo criterio si se refiere a un hotel.
En consecuencia, pueden existir establecimientos con un gran lujo (cinco cubiertos, por ejemplo) que tienen una sola estrella o ninguna; mientras que a veces sencillas mesas en cuanto a montaje y servicio, pero con una cocina distinguida pueden ser poseedoras de varias estrellas.
Este asunto de las estrellas, con el que nos bombardean desde los medios dada la categoría de los restaurantes en España, me recuerda a los jueces. Me explico.
Estas figuras del Derecho, que existen casi desde la que civilización lo es, han sido históricamente personajes anónimos, absolutamente desconocidos, dedicados a impartir justicia y poco más. Ahora los jueces son personajes públicos, famosos, de los que salen en las revistas e incluso conocemos sus nombres. Jueces-estrella, los llaman a veces. Estrellas, como las Michelin. Los pobres.
A mi, me van a perdonar, esto de los restaurantes con estrellas me produce bastante indiferencia, cada vez me atrae menos este mundo del espectáculo culinario, no está entre mis prioridades. Me gusta comer, claro está, como al que más, pero no necesito nada con reducción de nada, ni comida deconstruida, ni un puchero que cabe en un dedal (palabrita); unos huevos fritos con papas en Casa Ramallo y tan feliz.
Little Shop of Horrors, *Feed Me (Git It!).

AHMAD JAMAL, RIP

 
Ahmad Jamal, *It Ain't Necessarily So.

Ahmad Jamal, nacido Frederick Russell Jones (Pittsburgh, 2 de julio de 1930-16 de abril del 2023), fue un pianista estadounidense de jazz. Fue una de las principales influencias musicales de Miles Davis y está considerado como uno de los pianistas más relevantes de la historia del jazz. Es un pianista del cool y de la tradición clásica jazzística. La música de Jamal es innovadora y minimalista, y manifiesta un uso consciente de los espacios y de los silencios para subrayar los tránsitos entre la relajación y la tensión, con la intención de generar dramatismo. Impresiona antes que por su técnica por su virtuosismo, caracterizado por una gran economía de medios y unas líneas melódica y armónicamente inventivas. En sus tríos, suele dejar un gran espacio de libertad a la sección rítmica.

*Time On My Hands.

lunes, 17 de abril de 2023

DE BARES


El cinismo y la desazón general que me invade, ante tantos cambios e incertidumbre generalizada, no me impiden, no obstante, descubrir pequeñas noticias esperanzadoras que compensan la balanza. Hoy me animan los bares de pueblo después de escuchar una noticia esperanzadora en la radio y leerla en el periódico un día después.
Un pueblo pequeño sin un bar es como una comida sin pan. Funciona como bar, por supuesto, pero también como punto de encuentro, como casino, como sala de TV, de tertulia, de reuniones varias, te dodo. Sobre todo acompaña a tanta España anciana y solitaria de este nuestro país vaciado. 
Tras la iniciativa del partido Teruel Existe, se intenta poner de acuerdo al Congreso para dotar de beneficios fiscales a las tabernas rurales. Una magnífica iniciativa que, esperemos, se apruebe sin que los políticos, haciendo gala de su ceguera para ver las ventajas en los partidos de la oposición, se opongan. Sería de justicia.
Sintonía de "Crónicas de un Pueblo", TVE.

domingo, 16 de abril de 2023

CHINOS

Me pregunto cuánto ha de tardar la Naturaleza en empezar a rebelarse contra los humanos ante tanta barbaridad. En el cine y en la literatura ya lo han hecho, cuento los días para que ocurra en la vida real.

sábado, 15 de abril de 2023

MEA CULPA ¿MEA?

Benny Goodman, *Sing, sing, sing.

En occidente tenemos muy arraigado el complejo de culpabilidad por todo, ya se encargaron los curas, en mi caso, y nuestra cultura en general de meternos miedo con el pecado y todos los males del mundo si nos apartábamos de la senda trazada. Con los años, muchos ya, uno se ha desprendido del pecado pero no de la culpa, que nos persigue de una manera u otra, siempre. Uno se siente obligado por algo o por alguien, coartado para actuar con displicencia, confundiendo el saber estar y la educación con la hipocresía, así nos han educado. Mi educación escolar, clasista, conservadora y sesgada como la que más, dirigida a formar prohombres en el sistema y en el temor de dios, mangoneada por esa Iglesia llena de reprimidos y tarados peligrosos que no han hecho sino escupir hacia arriba y de los que cuesta sacudirse. Yo, pecador que no delincuente (Papa dixit), ando como pollo sin cabeza ahora que he vuelto a tomar una decisión importante en mi vida que no es otra sino un cambio. Ya pasé por esto mismo, allá por 1978, cuando decidí dejar el colegio y cambiarme al instituto. Si bien siempre he pensado que fue una de las mejores decisiones tomadas, cargué muchos meses con la culpa del cambio, soñé con el castigo divino y hasta aguanté una votación de mis "compañeros", que no amigos, de toda la vida que decidían si los pocos díscolos como yo autoexiliados podíamos compartir el viaje de fin de BUP con ellos; y sí, hubo gente que votó en contra. C'est la vie!
Esto que escribo me vino a la cabeza después de leer un artículo de Muñoz Molina sobre la juventud y la literatura, sobre Gironella, y sobre todo sobre Martín Vigil.


El depredador benévolo
En un piso del barrio de Salamanca, que imaginamos antiguo y cavernoso, Martin Vigil escribía cartas y tendía cebos a adolescentes, a quienes deslumbraba para abusar de ellos.
Antonio Muñoz Molina
EL PAÍS 15.04.2023
https://elpais.com/opinion/2023-04-15/el-depredador-benevolo.html

Uno no siempre dice la verdad sobre su educación lectora, unas veces por corregir el pasado, otras por simple olvido. Solo desde hace poco tiempo he vuelto a acordarme de que uno de los escritores a los que más admiré en mi primera adolescencia fue José Luis Martín Vigil, que ha regresado tristemente del olvido más de 10 años después de su muerte por una serie de sórdidas historias de abusos investigadas por Íñigo Domínguez. El tránsito entre el éxito abrumador y el descrédito irreparable puede ser muy rápido. Nadie puede desaparecer tan sin rastro como quien ha sido muy visible. Los lectores jóvenes de ahora no pueden imaginar la popularidad que tuvo Martín Vigil en los años sesenta y setenta, en aquella cultura literaria del franquismo que se ha borrado por completo de los estudios académicos y de la memoria común, y en la que predominaban superventas como las novelas de José María Gironella sobre la guerra civil y el Libro de la vida sexual del doctor López Ibor, sexólogo del Opus Dei. Había una propensión cautelosa a los temas “fuertes”, a las historias de insinuaciones sexuales, incluso de una cierta denuncia social. Ahora los autores que recordamos de aquellos años son sobre todo Miguel Delibes y Camilo José Cela, pero José María Gironella era mucho más leído que cualquiera de los dos. Los títulos de su trilogía sobre la guerra eran omnipresentes, y sugerían por sí mismos como una promesa de ecuanimidad en la rememoración: Los cipreses creen en Dios, Un millón de muertos, Ha estallado la paz. A Gironella llegué a saludarlo cuando ya era muy viejo, resignado a la oscuridad, tal vez también a la pobreza, después de haber vendido tantos centenares de millares de libros. Es posible que fuera mejor novelista de lo que recordamos.

Solo los títulos de las novelas de Martín Vigil competían en popularidad con los de Gironella. A los lectores incautos nos provocaban una sensación de atrevimiento y hasta de audacia, muy propia de aquella época, en la que había tan poca información y tan poca libertad, pero estaban surgiendo ya tantas expectativas, y en la que era tan fácil el gato por liebre. En una sociedad aislada, inquieta y medrosa, negociantes astutos como Cela o Dalí podían labrarse sin peligro una leyenda rentable de provocadores. El papel que ideó para sí mismo Martín Vigil fue el de aliado y cronista de una forma de rebeldía adolescente que no llegaba a desprenderse del cobijo de la Iglesia católica, que vindicaba una ardiente autenticidad frente a las hipocresías sociales, incluso una denuncia valerosa de la injusticia y la pobreza. En mi colegio eclesiástico, a los 12 o 13 años, yo dejaba sobre el pupitre una cierta novela de Martín Vigil y el título mismo ya era un manifiesto, un callado desafío: ¡Muerte a los curas!, Los curas comunistas.

En algunas de las novelas —Una chabola en Bilbao, Sexta galería— lo que nos atraía era una especie de apostolado o de obrerismo católico tan propio de la época como las misas con guitarras, las llamadas “misas de la juventud”, hacia las que nos atraía fatalmente nuestro inconformismo instintivo y muy poco informado. En alguna de aquellas misas alguien muy joven tocaba El cóndor pasa a la flauta en el momento de la consagración, y ahí se nos confundía un vago indigenismo con un residuo de la devoción a punto de extinguirse. Había curas viejos y feroces de sotanas brillosas que clamaban en los púlpitos contra el libertinaje de la juventud, los hombres afeminados con melenas, las chicas con minifalda, el desarreglo impío de las costumbres. El concilio reciente había abolido las misas en latín, pero ellos seguían amenazando con el azufre y el fuego del infierno, y nos aseguraban, cuando nos atrevíamos a confesarles que habíamos “pecado contra la pureza”, que no solo estábamos en pecado mortal: también por culpa de nuestro vicio se nos debilitaban los pulmones y la columna vertebral, y previamente a la condenación eterna nos estábamos ganando la tuberculosis y la hemiplejía.

Pero ya había otros curas, otros educadores católicos. En vez de acusarnos se ofrecían a comprendernos. La pubertad es más vulnerable todavía que la niñez. Despertar a la adolescencia en una sociedad oscurantista en la que el sexo es angustia, ignorancia y pecado, lleva a sentirse culpable sin saber de qué, a encontrarse tan perdido o perdida en el propio cuerpo como en el mundo exterior, que casi de la noche a la mañana ha dejado de ser el paraíso para convertirse en un lugar ajeno y hostil. De la autoridad grosera podíamos defendernos con un instinto visceral de rechazo, como del olor a sudor rancio y tabaco que a veces reinaba en la penumbra del confesionario. Más peligrosos podían ser algunos maestros suaves, benévolos, persuasivos, en los que el adolescente creía encontrar lo que más necesitaba, un adulto que se ponía a su altura y podía comprender lo que estaba sintiendo, lo que a nadie más podía contar, una voz de aceptación y no de condena.

Una voz así nos parecía escucharla en las novelas de Martín Vigil. Abríamos La vida sale al encuentro y el título ya estaba aludiendo a nuestro desconcierto, a nuestro desvalimiento. A diferencia de nuestros padres y nuestros profesores, lejanos en su hermetismo autoritario, Martín Vigil era el adulto cargado de conocimiento y experiencia en el que podríamos confiar, porque sabía lo que estábamos sintiendo, nuestro maestro, pero también nuestro cómplice, capaz en caso necesario de guardar un secreto. El peligro para un niño es el tío Sacamantecas y el Hombre del Saco, el monstruo que puede devorarlo. Para el adolescente, para el joven, el depredador más dañino puede que sea el maestro que lo deslumbra y que también se pone de su lado, el que comparte y acepta su confusión y al mismo tiempo, sin imponerle nada, le ofrece una guía, le anima a liberarse del miedo, y a atreverse a lo que desea, a ser él mismo.

Dice Íñigo Domínguez que al final de algunas novelas de Martín Vigil venía su dirección, para que los lectores pudieran escribirle. De eso yo no me acuerdo. Pero es posible que de haberla visto, yo también me hubiera animado a contarle por escrito mi admiración y mi gratitud, y hubiera esperado una respuesta, con la avidez ya olvidada con la que esperábamos entonces las cartas. Puedo imaginar lo que sintieran quienes sí recibieron una respuesta, la incredulidad, el halago, el nombre admirado en el remite, el propio nombre trazado en el sobre por la misma mano que escribía los libros, las palabras ahora exclusivamente dirigidas al destinatario de esa carta, llegada del reino fabuloso de la literatura, de una dirección particular de Madrid.

El depredador tiende con destreza su trampa y espera paciente a que caiga en ella la víctima. Su ventaja no es la fuerza física, sino la astucia de elegir la presa más débil. En un piso del barrio de Salamanca que imaginamos antiguo y cavernoso, el maestro escribía cartas y tendía cebos, experto tejedor de su tela de araña, y aguardaba el sonido del timbre, la llegada del elegido —en algún caso también la elegida—, el designado de antemano, el más herido, el más necesitado de lo que el maestro le había prometido, el profeta impostor, el lobo bajo una piel de cordero. Martín Vigil murió olvidado hace algo más de 10 años en una residencia de ancianos, y sus novelas desaparecieron hace mucho tiempo de las librerías, pero todavía hay personas marcadas para siempre por ese delito sin excusa que es la vulneración y el abuso de los indefensos.

jueves, 13 de abril de 2023

HEAUTONTIMOROUMENOS

La suerte tenía un precio
Desde tiempos inmemoriales, vemos en la buena fortuna un mal presagio.
Irene Vallejo
Ciudad de México, 7.07.2023
https://www.milenio.com/cultura/laberinto/la-suerte-tenia-un-precio-por-irene-vallejo

No lo entiendo, dice tu hijo. Tras una afortunada carambola en el juego, esa extraña frase había brotado de tus labios: “puedes darte con un canto en los dientes”. En un intento de explicar lo incomprensible, aclaras que ese canto no es una canción, sino una piedra. Sí, tu frase le anima a golpearse la dentadura con un pedazo de roca. Pero ¿por qué?, insiste el niño, como el sabueso que empieza a olfatear otra estrafalaria ocurrencia adulta. Y tú, empezando a perder pie, respondes que es una antigua costumbre, rara, muy rara. Algunas personas creían que, si tenías suerte, o si las cosas salían mejor de lo esperado, había que pagar un precio, sacrificar algo, provocarse dolor uno mismo. No lo entiendo, zanja él, mientras regresa entre risas y aleteos a su teatro de diversiones.

Quizás por algún temor ancestral, nos sentimos vulnerables ante la felicidad, da miedo incluso nombrarla. Tememos un brutal ajuste de cuentas: si todo nos sonríe, será porque una desgracia acecha a la vuelta de la esquina. A mayor suerte, mayor desastre. Ese presentimiento late en la historia griega del afortunado Polícrates, tirano de la isla de Samos. Cuando estaba en la cumbre de sus triunfos, recibió una carta del faraón advirtiéndole que acumular tanto éxito es peligroso. Te recomiendo que te deshagas de algún objeto que tenga mucho valor para ti: quizá al sufrir su pérdida podrás contrarrestar el exceso de tus victorias. Atemorizado, Polícrates zarpó en un barco, se alejó de la costa y temblando lanzó al mar su joya favorita: una sortija con una espléndida esmeralda labrada. Días después, un pescador capturó un pez para la mesa de palacio y, al abrirlo, los cocineros encontraron en sus tripas el mismo anillo arrojado a las olas. Cuando el faraón se enteró, supo que Polícrates tendría un final escalofriante. En efecto, poco tiempo después cayó en una trampa y murió crucificado por sus enemigos. Todavía hoy sigue vivo ese oscuro presagio, y tendemos a creer que nos cobrarán muy caro cada instante de felicidad. Como cantaba, por soleá, el jerezano Manuel Torre: “Estoy tan hecho a perder que cuando gano me enfado”.

No nos tratamos mucho mejor si, por el contrario, llueven los disgustos: ante errores y decepciones, nos asfixia el remordimiento o, peor aún, sentimos el impulso de castigarnos como penitencia, llegando incluso al extremo de las autolesiones. No en vano, la palabra “culpa” parece estar emparentada con colpus, en latín “golpe”. Terencio estrenó en la antigua Roma una obra teatral titulada Heautontimoroumenos, que significa “el que se atormenta a sí mismo”. Su protagonista educa con tal severidad y disciplina a su hijo que los rigores provocan la huida del joven. Tras meses sin saber de él, el padre vende su casa, sus propias ropas, sus muebles, todo, y se impone una vida sin placeres. Si era rígido con su hijo, ahora pasa a serlo consigo mismo. Este personaje doliente inspiraría a Baudelaire muchos siglos después un poema autobiográfico en Las flores del mal: “¡Yo soy la herida y el cuchillo, la bofetada y la mejilla! Soy el vampiro de mi sangre”. Pesimistas impenitentes, cuando nos cubre la noche oscura no esperamos el golpe de suerte sino más bien el golpe de gracia.

Mantenemos una sorprendente relación con la prosperidad y la desdicha: casi la misma. Pensamos en expiar la felicidad o la angustia, como si una carga amenazadora acompañase cualquier giro de la fortuna. Entre sus propuestas para el nuevo milenio, el escritor Italo Calvino reivindicó la levedad: ante las espirales opresivas, proponía quitar peso, pena y gravedad. Afirmaba que, según la ciencia, la estructura del mundo material se apoya en entidades sutilísimas, como los mensajes del ADN, los impulsos de las neuronas, los quarks, los neutrinos errantes en el espacio desde el comienzo de los tiempos. Escribió: “Tomen la vida con levedad, que no es ser superficial, sino deslizarse sobre las cosas desde arriba, no tener piedras en el corazón, soltar los nudos que nos aprietan”. Más vale cantar que darnos con un canto en los dientes. Los pájaros y los ángeles vuelan porque saben tomarse a la ligera.
The Mission (Soundtrack), *Gabriel's Oboe.

AUTOMATISMOS


Hoy sigo dormido mientras escribo, aunque pueda parecer lo contrario. Escribo por inercia, de manera automática, pero Morfeo mueve los hilos y no doy con la música que me deberá acompañar este jueves con sabor a viernes. Finalmente he escogido swing dance, a ver si termino de abrir los ojos.
¿Qué ocurre cuando leemos 23:00h? Nuestro cerebro transforma esta cifra en 11 horas. Así pasa con muchas otras cosas. Los nazis, otro ejemplo. ¿Quién no piensa automáticamente en el Holocausto, refugiados, Alemania, asco... Estoy terminando de ver una nueva serie de NETFLIX, "Transatlántico", ambientada en la Marsella de 1940, en plena II Guerra Mundial; dos estadounidenses y un grupo de adeptos montan un operativo para ayudar a artistas y refugiados varios a escapar de la Europa subyugada por los nazis. Alemanes-judíos, americanos, ingleses y africanos se mezclan con una pléyade de artistas e intelectuales que han terminado en Marsella intentando huir o dudando si hacerlo: Chagall, Peggy Guggenheim, Max Ernt, Walter Benjamin, Walter Mehring, André Breton, entre otros. Indescriptible la fiesta surrealista en la villa Air-Bel del capítulo 3.
Midnight Oil, *Beds are burning.

miércoles, 12 de abril de 2023

OTHER NEWS

 



PAZ


Irlanda merece paz
Las dificultades que ensombrecen el 25º aniversario de los acuerdos no deben comportar el regreso a etapas pasadas.
EL PAÍS
12 ABR 2023 - 05:00 CEST
https://elpais.com/opinion/2023-04-12/irlanda-del-norte-merece-paz.html


El acuerdo anunciado el 10 de abril de 1998 supuso renuncias y concesiones de protestantes y católicos, pero demostró ser una de las conquistas políticas más brillantes de finales del siglo XX. Ambas partes decidieron dar una oportunidad a un futuro en común, con instituciones compartidas de Gobierno autónomo. Unos y otros, unionistas y republicanos, Irlanda y el Reino Unido, acordaron —con el respaldo mayoritario en sendos referendos— que fueran los propios habitantes de un territorio lacerado por el nacionalismo de ambos bandos los que tuvieran la última decisión sobre su identidad constitucional, bajo el principio fundamental del consentimiento mutuo. Los norirlandeses serían lo que quisieran ser, pero con la condición ineludible de ponerse de acuerdo entre ellos.

Las armas callaron y la política democrática comenzó a abrirse paso. No todo fue fácil ni perfecto, y la visita de Joe Biden de estos días coincide con un momento de parálisis política. Los norirlandeses han sido incapaces de construir una memoria y una historia comunes respecto a las injusticias y crueldad inútiles que produjeron tres décadas de enfrentamiento. Perviven grupúsculos paramilitares unionistas y republicanos, marginales en su dimensión y muy vinculados a la droga y la delincuencia organizada, pero capaces aún —como han demostrado— de hacer daño. Y la justicia prometida tras aquel acuerdo sigue avanzando a duras penas, amenazada ahora con el agravante de un Gobierno conservador en Londres que ha hecho lo posible por imponer por ley un torpe intento de amnistía. La firme oposición de todos los partidos del espectro político norirlandés ha forzado a Downing Street a rebajar sus intenciones.

Pero sobre todo ha sido el Brexit y su consecuencia inevitable, el Protocolo de Irlanda, lo que han agitado el avispero cuando toda una nueva generación disfrutaba de una paz estable. La mayoría de los norirlandeses votaron en contra de la salida de la UE. La rebelión de los partidos unionistas frente a lo que consideraron una traición de Londres (la permanencia de Irlanda del Norte en el mercado interior comunitario), los llevó a la decisión de bloquear unilateralmente las instituciones autonómicas.

En esta semana de celebración del aniversario, Irlanda del Norte sigue sin un Parlamento o un Gobierno autónomos en ejercicio. Los unionistas culpan de la situación al protocolo firmado entre Londres y Bruselas, a pesar de los buenos oficios del primer ministro británico, Rishi Sunak, por reformar ese texto y dar más voz a los norirlandeses. La realidad, sin embargo, tiene también que ver con el hecho de que el Sinn Féin, el partido que durante años fue considerado el brazo político del IRA, obtuvo una victoria histórica en las elecciones autonómicas del año pasado, y correspondería a la vicepresidenta del partido, Michelle O’Neill, ocupar el sillón de ministra principal. Y esa es una imagen que espanta a los unionistas más recalcitrantes.

Si fueron capaces hace 25 años de dejar de lado unas diferencias mucho más drásticas e irreductibles para lograr la paz, es de justicia exigir al unionismo que se comporte con la responsabilidad democrática que exigen los tiempos y devuelva a Irlanda del Norte la estabilidad y la calma que permita seguir construyendo otros 25 años de paz.

martes, 11 de abril de 2023

180, TRES ERAN (SON) TRES


Verbalizarlo lo hace más duro, por eso creo que será la primera vez que escriba que vamos a cumplir sesenta años, los tres, que se dice pronto y rápido, pero ¡han pasado sesenta años! 
Recuerdo el viaje de la foto pero no el año, creo que ni siquiera habíamos los dieciocho. Más de cuarenta años han pasado y aquí seguimos, reunidos esta tarde para organizar la cascada de acontecimientos por nuestros próximos aniversarios. Yo no lo llevo bien, lo reconozco, me cuesta, más pensando en lo que queda que en lo que fue, pero me consuela vernos igual de unidos que siempre, o incluso más, con la misma confianza y con ese acervo de batallitas que sólo los mejores amigos atesoran. El Médano, El Hierro, La Gomera, Las Caletillas, Fuerteventura, Andalucía, El Puerto, Estados Unidos, Interrail ("el viaje"), Londres, el hotel, noches pre-selectividad -¡La Tarde!-, carnavales, palomas y abejas, helados, la arañita... Qué pena la inexorabilidad del tiempo, o ¡qué fortuna!
La Historia, la nuestra, es el viento que nos empuja hacia adelante. Empieza la mejor época de nuestras vidas; yo no lo dudo. No reason to stay is a good reason to go.
José González, *Stay Alive.