domingo, 3 de mayo de 2020

LO(S) IMPORTANTE(S) Y LO(S) QUE NO LO ES(SON)

Esto del confinamiento casero, obligatorio, nos debe hacer reflexionar un poco sobre lo que es y no es importante, y más aún, sobre las personas que lo son y las que no. Esto no se explica, se sabe o no. ¿Quién te ha llamado o mandado un mensaje o preguntado por ti en estos casi dos meses de soledad? ¿tal vez has sido tú el que lo has hecho? Pues la respuesta ya la tienes, 2+2. ¿Los amigos? ¿la familia? Los tuyos, los de siempre; ¿los demás? estos ya ni existen.

HUMOR NEGRO

SANTA CRUZ DESDE LOS CAMPITOS

Los Campitos, Santa Cruz de Tenerife.

I♥NY, FOREVER

NATURE

REVISITANDO A CICERÓN

¿Y la librería?
Dentro.

MUY BUENA TELEVISIÓN

En esto son muy imparcial ya que no me gusta y no la veo, pero al César lo que es del César. El programa "Entre ovejas" tiene un 10, por su naturalidad, los paisajes, el ritmo.
Entre ovejas es un programa de televisión emitido en La 1 y producido por El Terrat, que se estrenó el 3 de abril de 2020 a las 23:50 horas, aunque a partir del tercer programa fue reubicado en la noche de los miércoles a las 22:55 horas.1​ El espacio, narrado por Silvia Abril, está basado en el formato de Vivendi Sheep & Celebrities, que ha sido emitido en Francia a través de C8 y en Alemania por el canal WD. 

LOS NUEVOS MILLONARIOS


“Los de los pueblos pequeños somos ahora archimillonarios”
Los municipios y pedanías de menos de 5.000 habitantes acarician la vieja normalidad con paseos mestizos pero sin bares.
Laxe / El Saler - 02 MAY 2020 - 00:30 CEST

A Paco, marinero jubilado de Laxe (A Coruña), se le frunció el ceño cuando vio en la prensa hace meses que un extraño virus circulaba por China. “Supe que ese bicho vendría a Europa y a América”, recuerda. Para él, que tras nacer en una esquina de la península Ibérica recorrió las costas del Lejano Oriente y de la India hace 60 años a bordo de un petrolero de Exxon, el mundo es global desde mucho antes de que fuese bautizado así. A sus “70 y tantos años”, Paco rompió este sábado su confinamiento de casi 50 días paseando por primera vez junto al mar y con bastón, mezclado entre niños y deportistas pero con la debida distancia.

Laxe es uno de esos 6.800 ayuntamientos españoles y 3.000 pedanías (entidades locales menores dependientes de un municipio) elegidos para acariciar la vieja normalidad por no superar los 5.000 habitantes. En estos lugares que no conocen las aglomeraciones, no rige ninguna franja horaria. Abuelos y nietos pueden saludarse desde lejos si se cruzan por el paseo marítimo. “En los pueblos pequeños ahora somos archimillonarios. Ves las ciudades y se te cae el alma a los pies”, afirma Lola Costa, de 55 años, que ha desempolvado su bici después de 20 años para hacer carreras con su nieto Darío, de seis, en paralelo a las dunas de arena blanca. Esta pescadera respira optimismo: “Salimos de una guerra. Ardieron los montes y resurgieron. Acuérdate del Prestige y mira ahora el mar. Saldremos de esta, solo hay que adaptarse”. Las agujetas que seguro le regalará su tardío regreso al ciclismo las piensa combatir con “tres kilos de plátanos”. Y repite: “Se sale de todo”.

El patógeno aquel que tanto mosqueó a Paco ha infectado en Laxe a una sola persona, según los vecinos, pero el daño infringido es bien grande. Este municipio de Costa da Morte, donde el miedo se ha extendido más que el coronavirus, vive de la pesca y el turismo; la venta de pescado ha caído y la temporada de verano la dan por perdida. “Esta crisis le ha quitado al pueblo la poca vida que tiene”, lamenta Mari Carmen Correa, de 73 años, que ha superado el confinamiento en una vivienda con unas vistas al mar que conseguían cada mañana “levantarle el ánimo”. Ella que vivió seis años en Barcelona en un piso sin ventanas a la calle se ha acordado mucho de quienes desde sus hogares no pueden ver más allá de “un patio interior con tendales”.

¿Conseguirá la pandemia atraer población a esa España que pierde vecinos año a año? “La gente que es de ciudad prefiere la ciudad y seguirá. Y a los que nos gusta el rural lo valoraremos aún más. Cada uno tiene sus estructuras mentales y no creo que cambien”, sostiene Daniel Crespo, de 28 años, profesor de inglés en el instituto de Laxe, que retomó este sábado su vocación de corredor en mejor forma de la que imaginó durante el confinamiento, cuando quemó kilómetros caminando por el pasillo de su casa. La redera Rosario Toja, de 32 años, tampoco lo ve claro: “Estos días vamos a ser la envidia, pero eso no nos va a revivir”.

Como buen pueblo turístico, Laxe cobra vida callejera sobre todo los fines de semana y en verano. Más allá de las mascarillas y la falta de corrillos, este sábado tremendamente extraño. Noelia Cousillas, estudiante de Turismo de 20 años a la que la crisis pilló de Erasmus en Croacia, tiene claro qué es lo que falta: “Es la hora de los vinos y todos los locales están cerrados”. El pequeño Darío, el nieto de Lola Costa que pasa pedaleando como una bala, sueña con que llegue otra normalidad: “Esperemos que pueda volver este verano a navegar en la lancha con su abuelo y pescar, porque ese es su mundo”.

El Saler es otro mundo
Si los vecinos de El Saler han notado este sábado que se podía hacer ejercicio después de 48 días de confinamiento, ha sido por el gran número de ciclistas que han atravesado esta pequeña pedanía de Valencia, desde poco más allá de las seis hasta las diez de la mañana. “Han venido casi como antes, aprovechando el carril bici, y en grupos”, comentaba Raúl en un supermercado frente a la frondosa pinada que separa el pequeño núcleo urbano de la playa. Al ser dependiente administrativamente del Ayuntamiento de Valencia, los visitantes no llegan a salir del municipio a pesar de pedalear durante más de ocho kilómetros y de pasar casi a otro mundo.

"Aquí se vive muy bien, tranquilos, con los pinos, la playa y sin los coches de la ciudad”, apunta Juanjo, que trabaja de estibador. Opinión refrendada por Christian con un acento francés que denota su origen pero no oculta su dominio del español coloquial: “Se vive de puta madre. Y si tienes hijos, aún mejor. Mi mujer es de aquí. Fuimos a trabajar a Barcelona, luego a Valencia y hemos vuelto”, comenta en una de las escasas calles de El Saler, que cuenta con unos 1.700 habitantes censados, si bien muchos de ellos viven dispersos en algunas urbanizaciones, que se construyeron antes de la declaración como parque natural de La Albufera.

La calle se anima. Empiezan a salir y hablar vecinos desde los balcones. “Yo me he enterado hoy de que, como somos pedanía, tenemos las mismas normas que los pueblos”, comenta Rafa. Es decir, que las salidas a la calle en El Saler no se han dividido por franjas horarias ni de edad como en los municipios de menos de 5.000 habitantes. “Aquí estamos todos juntos, qué vamos a hacer si no. Yo no he salido del portal de mi casa, porque mi hija no me deja moverme. Me lo traen todo”, interviene Inés, una anciana que conserva un valenciano genuino pese a la cercanía con la castellanizada capital. “Yo sí que sabía lo de las pedanías, porque hay que estar al tanto de todo lo que pasa”, afirma Rafa en su supermercado, un punto de referencia ahora más que nunca, cuando están cerrados los bares, restaurantes y hoteles.

Se respira cierto aire de estío. El sol eleva la temperatura a más de 30 grados. Sin embargo, no hay nadie en la playa, algo impensable un sábado, con este calor, en un enclave como El Saler. No hay bañistas, nadie busca refugio en las dunas. Un hombre aparece paseando un perro y sin camiseta. Parece que lleva una toalla y tiene intención de lanzarse al agua, pero ante la presencia de extraños, tan solo se acerca a la orilla. El final, el único que se baña es el perro.

MARATÓN

Como tantos niños de mi generación, la sesión de cine de las 4, los domingos, era sagrada. En mi caso el cine estaba a la vuelta de la esquina, literalmente, y además era de mi familia, de manera que nunca nos perdíamos "la película de los domingos en el Rex". Louis de Funes era un habitual de aquellos matinées, lo recuerdo perfectamente: sus ruiditos con la boca, sus disfraces, sus locuras más surrealistas. Hoy, para celebrar lo-que-sea, voy a pegarme un maratón del actor francés. ¿Y por qué no?
Empiezo con estas tres:

DA GUSTO

Sí, da gusto volver a la normalidad, aunque sea de manera tan precaria. Vuelvo a leer los periódicos, donde poco a poco parece que las noticias cotidianas van encontrando un hueco en los titulares, pero todavía nos queda tiempo para que el dichoso virus no lo acapare todo como la NADA de Michael Ende. Mañana empezaremos la semana del día 50º, con la cabeza puesta en el futuro, en la vacuna y en las buenas nuevas. No queda otra.

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

NO A LAS CORRIDAS DE TOROS

DÍA 49º, QUE (NO) SERÁ EL ÚLTIMO


Es el momento de dejarlo sí, sin que llegue a la barrera del día 50º, así que dejaré de escribir estas pequeñas crónicas del coronavirus que volverán a ser mis modestas reflexiones diarias, mi música, mis libros, mis animales... estas crónicas sobre la vida misma o "mis vidas", como tantas veces me recuerda mi amiga G.
La vida parece diferente, algo ha cambiado y se nota. La gente está más feliz después de esta etapa abierta ayer, deporte, paseos, calle, ¡lo más normal del mundo convertido en toda una nueva aventura! Hoy Día de la Madre, reinventado. Nosotros hemos contratado un brunch online que llevarán a casa de mis padres sobre las 11, según parece.
Disfrutemos pues de este día 49º de encierro casero porque ya se ve el final, no cabe otra, y aterricemos esta mañana en Nueva York, formato libro. La música escogida es la famosísima canción de Gershwin "Let's call the whole thing off", que recordarán nada más empiece a sonar:

♪ You like potato and I like potatoe
You like tomato and I like tomatoe;
Potato, potatoe, tomato, tomatoe!
Let's call the whole thing off! ♪


De Nueva York poco puedo decir, no pararía de hablar, así que mejor se lo dejamos a alguien que sabe escribir y que, además, vivió allí 10 años -su marido, Antonio Muñoz Molina, era el director del Instituto Cervantes-, Elvira Lindo. Escribió dos libros sobre su estancia en la ciudad que se leen como caramelos, perfectos para los que conozcan NY y los que aún no han tenido la ocasión de visitarla: "Noches sin dormir" y "Lugares que no quiero compartir con nadie".
Mañana más, pero sin sombra de coronavirus.
Ella Fitzgerald & Luis Armstrong,
*Let's call the whole thing off.

sábado, 2 de mayo de 2020

EL FUTURO YA ESTÁ AQUÍ

EL EXPERTO DESPEINADO

ICON, El País. 02.05.2020

VACACIONES

RECUERDOS DE NZ

2009. Glaciar Franz Josef, costa oeste de la isla sur de NZ.

48º, QUE NO ES LO MISMO PERO ES IGUAL


Si ayer escuchábamos a Pavarotti en Turandot, hoy volvemos a Nessun Dorma, esta vez en forma de libro, para empezar nuestro 48º día de encierro. Juan José Millás escribe esta joya que es un placer leerla e imaginarla, sin desperdicio: "Que nadie duerma".
«Cuando estás con la mente y el cuerpo en el mismo sitio, la realidad adquiere una luz extraordinaria. Créeme.» El día en que Lucía pierde su empleo como programadora informática, su vida da un giro definitivo. Como si de un algoritmo se tratara, establece los siguientes principios en los que se basará su existencia futura: será taxista, recorrerá las calles de su ciudad, Madrid, mientras espera la ocasión de volver a encontrarse con el hombre del que se ha enamorado, y todos los momentos importantes tendrán como banda sonora el «Nessum dorma» de Turandot, ópera de la que se siente protagonista. Lo cotidiano y lo extraordinario se entremezclan en esta novela que tiene todas las claves del universo narrativo de Juan José Millás: la ironía, las distintas facetas de la realidad, el desdoblamiento del yo, la soledad y la constatación de una verdad inmutable: el espejo en el que miramos nuestras vidas nos devuelve siempre una perspectiva insólita ante la que solo cabe el más puro de los asombros. (fnac)
Música de Puccini de nuevo, escuchada ayer Nessun Dorma y para no repetirla, nos vamos a la ópera "Gianni Schicchi" y su famosísima aria O mio babbino caro.
Puccini, "Gianni Schicchi". *O mio babbino caro.

ADIÓS AL MES DE ABRIL


Joaquín Sabina, *¿Quién me ha robado el mes de abril?

viernes, 1 de mayo de 2020

APLAUSOS TAMBIÉN

ESTO YA EMPIEZA



DÍA 47º. QUE NADIE DUERMA: LAS ANTÍPODAS, UN LIBRO Y UN ARIA

1º DE MAYO, Día del Trabajador, viernes y 47º de confinamiento casero. Hoy trabajo, sí, quiero compensar el pasado día 27 de abril que me lo tomé libre porque estaba muy cansado y necesitaba desconexión absoluta, también laboral e informática, de manera que esta mañana será como otra más de la semana y esta tarde ya estaré libro para dedicarme el resto de este fin de semana al merecido dolce far niente. 
Encerrados como seguimos, parece hoy, día de fiesta, perfecto para hablar de viajes, literatura y música; lo primero una utopía, el libro una maravilla y de Turandot ¡qué les voy a decir! 
Apunten: Yarra Ranges National Park. Sólo para visitar este Parque australiano valdría la pena viajar a las antípodas, ¿no están de acuerdo? NOTA. Fíjense en el tamaño de los helechos, son gigantescos. En Nueva Zelanda los vimos tal cual, gigantescos, prehistóricos; de hecho son el emblema del país, desde los All Blacks hasta su posible futura bandera. 
La bandera ganadora del primer referéndum, pero derrotada en
el segundo referéndum en el cual se enfrentó con la actual.
Por último hablemos de libros, de lo mejorcito que me he leído en los últimos años: "Vestido de novia", de Pierre Lemaitre. Me lo recomendó mi hermano, en su momento, y yo no he parado de hablar de él siempre que tengo ocasión, como hoy mismo. Sólo les aclaro una cosa, no empiecen a leerlo en la cama; ahí lo dejo. No digo más porque esas mismas fueron las palabras que me dijo mi hermano, sin más explicaciones.
Sinopsis: Sophie Duguet no entiende qué le sucede: pierde objetos, olvida situaciones, es detenida en un supermercado por pequeños robos que no recuerda haber cometido. Y los cadáveres comienzan a acumularse a su alrededor...
Puccini, "Turandot". *Nessun Dorma
Luciano Pavarotti.