viernes, 12 de junio de 2026

PUES QUÉ QUIEREN QUE LES DIGA

Estoy indignado desde ayer, no se me quita de la cabeza, por este juicio paralelo que le han hecho a Zapatero en los medios. Aún sin juzgar pero ya sentenciado, veo ayer en EL PAÍS las fotos de todas las joyas familiares, conozco su tasación y hasta el más mínimo detalle de las alhajas.
A mi santa madre, qdltesg, precisamente en un viaje de visita a mi casa en Gran Canaria, le robaron todas las joyas que tenía en su cuarto, ni caja fuerte ni nada de eso, joyas que nunca recuperó. Algunas regalo de mi padre y otras heredadas de su madre y de su abuela. Viendo y leyendo todo este escarnio público in advance, me pregunto si mi familia las tenía inventariada, tasadas, fotografiadas, etc. Ya da igual porque volaron, pero aún tras el robo de las jojoyas no me hubiera gustado que todo el modesto ajuar de mi madre hubiera aparecido en el periódico para evaluación pública del respetable. Así y todo, alimentados por ese odio furibundo en el que parece que nos hemos instalado los españoles, le toca el turno del sufrimiento a Zapatero, qué le vamos a hacer. Sólo queda esperar que este señor pueda defenderse y explicar lo explicable. Y como dicen en las películas, si no ha sido trigo limpio que la justicia se lo demande, pero ¿y si todo tiene una explicación, quién le resarce el mal hecho?
"El que pueda hacer que haga", ni Nostradamus. Malos tiempos estos.

Llega el Papa a Los Rodeos -parece que la niebla se portó bien- y comienza su última etapa en España, hoy en Tenerife y desde aquí a Roma. Continúo atesorando los memes que me envían y dibujo con el portátil abierto y las imágenes de Santa Cruz a la espera del ilustre personaje; Don Pepito debe estar revolviéndose en su tumba por haber pasado primero por la isla de Canaria. Aquí no tenemos la basílica más alta del mundo pero podemos estar orgullosos de la acogida que año tras año dispensamos a esta pobre gente llegada en pateras y cayucos. Y si no que se lo digan a los habitantes de La Restinga, en El Hierro, donde ni siquiera tenían pan suficiente para alimentarlos.
Todos los discursos que ha pronunciado el Papa sobre la inmigración no son sino un recordatorio de que la solidaridad debe prevalecer en estos tiempos, una bofetada sin manos a la derecha y a los recalcitrantes reaccionario que los domingos se dan golpes de pecho en misa y después protestan por la inmigración.

Lástima que, como ocurrió con el COVID, cuando el Papa se vaya volveremos a ser los mismos, a decir lo mismo, a odiarnos igualmente. Condición humana.

El Papa habla en francés en el Centro de Inmigrantes de Las Raíces.

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