Unos años más tarde —en 1995— aparecía El fútbol a sol y sombra (Siglo veintiuno), obra del escritor uruguayo Eduardo Galeano (Montevideo, 1940—2015). Con una muñeca perfectamente entrenada para la literatura, Galeano ofrecía un compendio de la Historia del fútbol —contada con su particular estilo— en el que intercalaba pequeñas historias que recogían el alma del balompié. Todas, las grandes y las pequeñas, culminaban con una frase precisa que hacía las veces de perfecto remate a la red. El autor fue uno de los primeros en alertar sobre la deriva que estaba tomando el fútbol —la misma que la vida—: hacia los beneficios netos, la desigualdad, la falta de empatía y, eso sí, una constante fotografía del ser humano. Como muestra, aquella vez que se celebraba un partido en Quito. La madre del árbitro había fallecido el día anterior. Pese a ello, el trencilla decidió cumplir con sus obligaciones. Antes del inició del partido, se guardó un respetuoso minuto de silencio por la difunta madre. También se pronunció un sentido discurso alabando la profesionalidad y el compromiso del colegiado. El público aplaudió con emotividad. Cuando iban 15 minutos de partido, el equipo local anotó un gol. El árbitro lo anuló. Entonces, la grada se acordó de nuevo de su madre. “¡Huérfano de puta!”, dicen que se escuchó.
Fragmento que cita la anécdota del libro de Eduardo Galeano pertenece a un artículo del periodista y escritor español Galder Reguera. El texto original fue publicado en Babelia, suplemento cultural de EL PAÍS, bajo el título "Fútbol y literatura: el gol de la letra" (o incluido en sus habituales columnas y piezas donde entrelaza la literatura, el arte y el balompié, un tema que el autor bilbaíno —y director de proyecto de la Fundación Athletic Club— domina y aborda con ese estilo característico).
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