miércoles, 9 de marzo de 2022

SUPERHÉROES


Estamos tan acostumbrados a tener a nuestros padres con nosotros, con más o menos achaques, pero siempre al lado, que de alguna manera los convertimos en inmortales, nuestros particulares superhéroes. Nuestra cultura no nos prepara, en absoluto, para enfrentarnos con la muerte, a pesar de tenerla como espada de Damocles encima desde que proferimos nuestro primer llanto -que no será el último- al nacer. Con el tiempo terminamos topándonos con la realidad: nuestros padres son ancianos.
Anciano, qué palabra más dura y cuánto encierra, desde amor a sabiduría, gratitud hasta incertidumbre, memoria y presente. Pero un día llega lo inevitable y se nos rompe el alma, se nos oscurece el verde de los ojos de tanto llorar, se nos amputa una parte de nuestro cuerpo sin remisión. Y volvemos a empezar con este peso sobre el cuello que parece no aliviarse nunca, con esto desconocido encima para lo que nunca nos prepararon; la vida continúa, no hay más verdad que ésta, con ellos y sin ellos, pero siempre con nosotros.
Mozart, Requiem. *Lacrimosa

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