jueves, 4 de marzo de 2021

LA VIDA SIGUE

No sé si igual, que está claro que no, pero sí debemos seguir viviendo. Ahora, ¿de verdad es necesario el debate: ¿Carnavales, sí o no; Fallas, sí o no; Semana Santa, sí o no? Solo lo entiendo desde el punto de vista económico -no quiero ni pensar en el terrible esfuerzo de la hostelería por mantenerse a flote sin ingresos-, pero la parte lúdica me sobra. Ante tanta muerte me parece absolutamente frívolo hablar de la "pérdida de las fiestas", como si de Proust se tratase.

Almorcé ayer con mis padres y, al llegar a su casa, mi madre hizo el ademán de levantarse para darme un beso. Fue solo un segundo, se dio cuenta y me dijo: qué ganas tengo de que todo vuelva a la normalidad y poder saludarte como dios manda. Los padres se dan cuenta de todo y, para ellos, el no poder demostrar su apoyo en los malos momentos debe ser terrible.

Odio esta pandemia, odio en lo que nos estamos convirtiendo, me pone enfermo el morbo, el periodismo y la política basura, la beligerancia que todo lo impregna; te demando si no me gustas, te denuncio por esto o aquello; vayamos a los tribunales... ¿dónde ha quedado la bonhomía? ¿y aquello del love is in the air de antaño? Un mundo sin amor se va, y mejor no pensar adónde.


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