miércoles, 24 de enero de 2024

LÍNEAS RECTAS


El Jeep Cherokee ha sido siempre mi "coche" preferido. Conduje uno, automático y de 4000cc, durante más de 20 años y fui muy feliz. Desprenderme de él me costó, hasta escribí un pequeño panegírico en mi blog. Ya se había convertido en un vampiro además de convertir en un infierno la ITV anual. Así que con todo el dolor lo llevé al desguace y me compré el Citroën actual, cómodo y poco sediento.
Admiraba sus líneas rectas por encima de todo, líneas que se han ido redondeando con los años y que han conseguido que casi todos los coches se parezcan.
Y va que se aparece ante mi, mientras buscaba coches pequeños en la red para una amiga, un nuevo modelo que anuncia la web de la marca, aunque ignoro si ya está a la venta: Citroën Oli [all-ë]. Una belleza.







LLÁMAME

Una genialidad. 

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

 













SAVATER, ADIÓS A "EL PAÍS"

 


Estos últimos años me lo había preguntado tras leer sus artículos, ¿por qué El país permite estos comentarios tan críticos con su periódico una y otra vez? Decir "el peor Gobierno de la democracia " es, cuando menos, despreciar a todos aquellos que han votado una o varias opciones que han permitido formar ese Gobierno al que se critica, despreciando por tanto a la mitad más una de los españoles. La Historia está llena de frases como "el ........... (escójase una opción: mejor/ peor) mejor Presidente que ha tenido el país", repetida innumerables veces en periódicos, televisión y ahora en redes sociales; el truco consiste en repetirlo hasta que se torne verdadero.
Cifras, amigo Fernando, cifras. Este país nuestro, España ¡España!, irá como vaya, al borde de la sima más profunda o en la cresta de la ola, pero no me sirve que me lo digas tú, ni siquiera un ministro u otro que no van a morder la mano que les da, sólo haré caso de las cifras.
Claro que otros dirán que todas las estadísticas están manipuladas. ¿Qué nos queda entonces...? Cerrar el periódico y escuchar a María Callas.
Catalani, "La Wally",
*Ebben?... Ne andró lontana.

SIGNOS

Igual da que se trate de abejas o de moscas, de sabios o de ignorantes, de simpáticos o desagradable, de guapos o feos, habladores o callados, tímidos o echados pa'lante. Da igual. 
¿Qué importa entonces? Que sumen o resten, that's the question.
Las personas manipuladoras tienen eso intangible que es como una llovizna de aceite que no notas pero que, cuando menos te lo esperas, sientes tu piel embadurnada. 
Las personas tóxicas lo son en todos los aspectos, capaces de crear desasosiego allá donde abarca su sombra. Un encuentro con una de ellas puede llegar a modificar tus biorritmos, tu curva, tu día todo.
¿Qué poder tienen? No hay respuesta, al menos yo la desconozco; si bien, con los años, creo saber localizarlas. ¿Sí? A veces lo dudo y me preocupa. Pueden logar que pierdas el equilibrio, que veas espejismos, que dudes hasta de lo que crees más afianzado. 
Pocas armas tenemos para defendernos cuando somos jóvenes e inexpertos en la vida, ahora es algo más sencillo, que no certero, la experiencia acumulada te echa una mano.
Hasta que la Ciencia nos acabe descifrando el misterio, los agujeros negros cuanto más lejos mejor, aunque sea por si las moscas.

martes, 23 de enero de 2024

TODO LO QUE NO SE DA SE PIERDE

 

ADIÓS, OLD SPICE


¿Ha muerto el “olor de padre”? Cómo una generación se queda huérfana cuando un perfume clásico desaparece
El agua de colonia clásica de Old Spice ha sido descatalogada tras 86 años y ha dejado a muchos fieles sin un rasgo esencial de cómo nos presentamos ante el mundo: nuestra fragancia.
Guillermo Arenas. Madrid, 22-ene-2024

En la vida, uno puede perder muchas cosas. Dinero, tiempo, vergüenza o credibilidad, pero una de las más insospechadas, y no por ello menos trágica, es el olor. Hace unos meses eso le sucedió a hombres de todo el mundo cuando la compañía Old Spice decidió dejar de comercializar uno de sus productos más antiguos, Old Spice Eau de Toilette Original. La colonia, que en su versión primigenia había aparecido en 1938, había prestado su combinación de especias y madera al olor (y por lo tanto, a la personalidad) de varias generaciones.

La usaban hombres tan distintos entre sí como Elvis Presley o Woody Allen, cuando el mundo de la perfumería masculina estaba limitado a unas pocas fragancias ajenas al paso del tiempo. Era una de esas etiquetas que asociamos a lo que se podría llamar “olor de padre”: una misma fragancia que lo acompaña durante toda la vida y se convierte en parte de su personalidad y se transmitía de una generación a otra, así que a veces era también el olor de abuelo.

Uno de esos hombres que de pronto quedó huérfano de aroma es el periodista Fernando Palmero. Como otros, su relación con ella viene de la infancia. “Es la colonia que utilizaba mi padre. Cuando empecé a afeitarme, lo hacía con productos Old Spice y también empecé a utilizarla”, recuerda. Para él, la importancia de un perfume no reside en él misma, sino “en cómo se adapta a ti”. “Una misma colonia en otro cuerpo, en otra persona con otro tipo de características físicas, huele de forma diferente. Yo había encontrado en ella el punto de, no solamente sentirme cómodo por cómo me sentaba, sino también por la recepción de los demás. A la gente le gustaba cómo me quedaba esa colonia”.


Así muere un clásico
¿Por qué razón se deja de comercializar un producto que todavía tenía adeptos repartidos por todo el mundo? Cristina García, business leader de la división de Personal Care de Procter and Gamble, el grupo al que pertenece Old Spice, lo explica: “La eliminamos del catálogo hace unos meses porque vimos que en España y Europa ya no era tan relevante. Somos una marca de desodorantes, de productos para la ducha, y eso es en lo que nos estamos enfocando y en lo que somos fuertes. Básicamente, dejó de ser una prioridad”. Sin embargo, desde la marca son conscientes de que la colonia todavía tenía adeptos. “Tenemos un aftershave que huele igual, y sabemos que hay gente que lo usa a modo de colonia. Se lo echa en la mano y se lo aplica en el cuello”.

Esa solución de conveniencia, en el caso de Palmero, no logra suplir la ausencia de la colonia. “Ando literalmente a la búsqueda y a la caza de nuevos aromas, de nuevas colonias que me recuerden un poco a aquella”, cuenta. “Lo que me gustaba de ella era esa mezcla de madera y canela. Estoy encontrando cosas que recuerdan a canela, por un lado, y otras a madera, pero no encuentro ninguna que aúne esas dos esencias”. Inevitablemente, en esta pérdida también influyen los cambios en los gustos del público actual. “Hay un público más joven al que colonias como esta le huelen un poquito más a antiguo, por decirlo de alguna manera”, apunta Cristina García. “La gente ahora se está yendo a otro tipo de aromas más juveniles, o incluso vemos que se usa el desodorante a modo de colonia”.
Auge, caída y nostalgia de la “colonia de padre”

La descripción de la colonia original Old Spice nos habla de notas de salida de nuez moscada, limón o naranja, notas de corazón (las que se perciben pasados unos minutos y son más persistentes en un perfume) de canela, y clavel, cedro o vainilla en las de salida. “La madera y los cítricos han sido tradicionalmente las dos tendencias principales en la perfumería masculina”, explica Daniel Figuero, autor del ensayo Contraperfume (Editorial Superflua), en el que explora tanto la evolución de la perfumería como la manera en la que un olor se asocia a la memoria y a la construcción de la identidad. “Son fragancias o bien muy cercanas a la colonia como tal, que es una fórmula clásica que se lleva utilizando desde mediados del siglo XIX y es muy fresca, con el típico olor a limpio que se relaciona con los cítricos, o muy amaderadas”.

Hace no demasiadas décadas, esas eran las únicas opciones que la industria ofrecía para el público masculino. “En general, el cliente masculino es mucho más fiel a una fragancia, no sé si por comodidad, por pereza o, simplemente, porque una vez que se reconoce con un aroma le cuesta mucho cambiar. Eso pasa con estas fragancias clásicas de las que hablamos”, explica Figuero. “Haciendo un paralelismo con la moda, hay hombres visten lo que ya saben que funciona. Para ir a una oficina, por ejemplo, suelen optar siempre por azules o marrones. Con las fragancias es más o menos igual. Buscan una para todos los días, que funcione y siguen con ella”.


Ese clasicismo en el perfume, asociado a una imagen de lo masculino, permaneció casi inmutable durante décadas. “Tenéis que tener en cuenta que, en esa época, no había muchas opciones”, señaló Priscilla Presley en un encuentro con fans del que fuera su marido, Elvis Presley, en el que alguien preguntó cuál era su aroma favorito. Colonias como Brut y Aqua Velva eran otras de las omnipresentes en los baños, y casi siempre se asociaban al ritual del afeitado, como el toque final del proceso. “Aunque no es una fragancia especialmente conocida, Fahrenheit tiene una clientela muy fiel. Se lanzaron variaciones, como Fahrenheit Cologne o Fahrenheit Parfum, pero dio igual, se seguía demandando el eau de toilette original por pura fidelidad”, apunta Figuero.

Esa constante en la perfumería masculina comenzó a cambiar entre finales de los noventa y principios de los 2000. “No sé exactamente cuál fue el primero, pero sí que recuerdo que Opium, por ejemplo, sacó una versión del agua de perfume. Que la concentración de una fragancia cambie ya es un paso, porque el agua de perfume estaba dirigida normalmente a mujeres. Además, comenzaron a entrar un poco en la familia de los ámbar, a salir un poco de la madera o mezclarlas, introducir alguna flor…”.

Otro precursor fue CK One, un clásico juvenil de Calvin Klein. “En España sigue siendo un superventas. Era el comienzo de ese minimalismo unisex, sin distinciones para hombre y mujer, y heredaba un poco la idea de la colonia clásica de cítricos, pero con un toque marino, con un toque diferente. Luego salió Acqua di Gio [de Giorgio Armani] y se fue abriendo la puerta a experimentar un poco más”.

Sin embargo, las tendencias no han conseguido acabar con las colonias clásicas, al menos no del todo. Asociado a la memoria y a la construcción de la personalidad, el olor es algo un poco más complejo que sustituir los zapatos por zapatillas. Es lo que le sucede al editor web de ICON, Guillermo Alonso, que explica su fascinación por las colonias menos sofisticadas. “Me encantan esos perfumes deportivos, frescos y baratitos que siempre están en una sección deslucida y medio oculta de las droguerías”, cuenta. “Supongo que a uno le recuerdan a su adolescencia. Si tu adolescencia fue maravillosa, te llevan a un lugar seguro y mejor, pero si fue un tormento, a menudo te recuerdan al olor del amigo que te hacía sentir seguro o al de la persona que te gustaba. Hay una pulsión erótica en ello, aunque en realidad a esa pulsión apelan todos los anuncios de perfume. Eso no quiere decir que tengas ni que comprártelas ni que ponértelas toda la vida, pero a veces me acerco a esas secciones, huelo esas colonias asequibles y simplemente me acuerdo, durante un rato. Luego ya vuelvo a mi perfume formal, de adulto funcional, con cardamomo y guindilla y de fondo amaderado”.

“Es un punto de vista personal, pero creo que es bastante compartido, la fragancia es otra expresión de uno mismo”, defiende Figuero. “No es que se convierta en tu personalidad, pero es una expresión de personalidad igual que las prendas que eliges, que envían un mensaje al resto de las personas con las que estás. Pero además, la fragancia tiene un componente emocional altísimo, porque está muy asociada a las emociones y a la memoria. De hecho, la parte del cerebro que procesa los olores está prácticamente en la misma área que el sistema de memoria. Asociar a tu familia, a tu padre o a tu abuelo, con una fragancia específica es muy habitual. Otra cosa es que tú te atrevas a llevar ese mismo olor o no”.

De esa manera, llevar el perfume que usaba tu padre puede ser comparable, prosigue Figuero, con “llevar un reloj o una americana que hemos heredado de él, que es algo que estoy percibiendo que las nuevas generaciones hacen mucho. Ahora ves a muchos chicos jóvenes con cazadoras viejísimas de los ochenta. En cierto modo, llevar hoy en día una fragancia considerada tradicional creo que puede ser un gesto subversivo. Una manera de decir: ‘Puedo llevar esto y darle una visión nueva, quizá más irónica, o quizá más moderna, de como era en su origen”.

LAS GAFAS DE LE CORBUSIER

Tuve ayer otro día malo. Sí, esto ya está siendo como "Pedro y el lobo", lo sé, pero si no comparto mis neuras con ustedes ¿con quién entonces? Desmotivado como nunca aproveché para solucionar el problemilla de mis gafas rayadas y me acerqué a la óptica después de ver algunos modelos en su web, que por arte de magia habían desaparecido convirtiéndose en monturas de Gucci, Prada, etc. No, más bien no.
A la espera de la terminación de unos planos y por ende la dichosa Memoria, terminé de ver los dos capítulos que me faltaban de "Asesinato en el fin del mundo", me di una ducha y me acosté a leer a las 8, una horita o quizá algo más. 
Antes me entretuve unos minutos en buscar gafas baratas tal y como las quiero, redondas y que pesen poco, sobre todo la segunda premisa. Todas muy bonitas pero deben pesar un quintal, así que me temo que será una tarea ardua. ¿Qué hubiera hecho Le Corbusier antes esta necesidad? Obvio, cambiar de óptica. Pues decisión tomada.
Un día malo, comentaba.
Tras el enésimo desencuentro en la oficina y fallo en el interruptor de desconexión (suele funcionar mal), conduzco hasta Santa Cruz en mi coche-oficina ambulante mientras resuelvo dos problemas por teléfono -manos libres, por supuesto-, concreto una cita y le doy un golpe al interruptor que sigue sin pasar a modo OFF.
Y como no hay dos sin tres, puntada sin hilo, Ley de Murphy, castigo divino o cómo prefieras llamarlo, me comenta un amigo que está pensando en cambiar de trabajo y un concejal que quiere que trabaje alguna tarde, de manera que ya sólo me queda esperar a que me instalen una cama plegable en la oficina. Egoístamente feliz por la decisión de mi compañero, pensé en él por la tarde; lo del concejal aún en stand by, el tiempo que tengo es poco pero las horas extras se pagan bien. No logro despejar la x de la ecuación (¿o sería mejor probar a despejar la y?). 
Falta para las vacaciones, que este año ¡a saber!, pero llega el martes de carnaval y, antes, otro jueves más, mis favoritos. ¿Cómo irá la obra?
¿Qué música irá bien para esta mañana de reflexión compartida? No puede haber nada mejor que el primer movimiento del Concierto para piano nº1 de Tchaikovsky. Feliz semana.

PD. Es increíble el poder de curación de la música.
Tchaikovsky, *Concierto para piano nº1-I.

lunes, 22 de enero de 2024

JOYAS MUSICALES

 
Art of Noise, *Beat Box.

¡LO DEJO!


Del “Sí, señor” al “¡Me voy!”: así ha cambiado la relación con el trabajo en cuatro generaciones
El trasfondo socioeconómico ha contribuido a que los trabajadores de distintas edades valoren de forma diversa el peso del empleo en sus vidas.
Gorka R. Pérez, 21-ENE-2024

Hoy conviven cuatro generaciones de trabajadores: la Z o Centennial (los nacidos entre 1997 y 2011); la Y o Millennial (1981-1996); la X o GenX (1965-1980); y la del Baby boom o Boomers (1946-1964). Y de acuerdo con los resultados de varios estudios comparativos, su forma de entender el trabajo es completamente diferente. Con todas las precauciones, los expertos distinguen comportamientos y actitudes dispares entre los trabajadores en función de su edad.

Los ‘boomers’: la lealtad por encima de los sueños

Entre los 60 y los 78 años, es la generación con mayor representación en la pirámide poblacional actual, y la que cuenta con una trayectoria laboral media más larga de todas las generaciones de trabajadores. Aunque algunos de ellos ya están jubilados, muchos otros están a punto de hacerlo, y las estimaciones de la Seguridad Social determinan que sus pensiones serán más altas que las que se vienen cobrando. Han sido preparados para no cuestionar la autoridad. “Han recibido una educación muy disciplinada e incluso temerosa del poder”, dice Norbert Monfort, colaborador académico del Departamento de Dirección de Personas y Organización en Esade. “Con ellos se ha producido una suerte de pastoreo de ovejas, donde ninguna se rebelaba ante la autoridad”, añade.
En la época en la que se incorporaron al mercado de trabajo los empleos eran más estables, lo cual llevaba a muchas personas a realizar toda su carrera en una misma compañía. “Es que no estaba bien visto andar cambiando de empresa. Lo que se valoraba era la lealtad, entendida como una forma de mantenerse incluso en contra de las creencias particulares o de los sueños. Muchos trabajadores se han jubilado después de haber pasado años trabajando de algo que no les gustaba. Pero como tenían un sueldo garantizado no se planteaban ningún cambio”, completa Monfort. El problema, según ha detectado este experto, es que en muchas empresas se sigue operando bajo la mentalidad babyboomer, cuando en la plantilla ya no hay tantos trabajadores de esta generación. “Y eso es lo que hace tan complicada la retención de talento. Es necesaria una madurez conjunta entre empresa y empleado”.

Los ‘X’ o ‘GenX’: la lucha por el estatus

Han visto a los boomers como una referencia y buscan adquirir un estatus laboral similar. No conciben el trabajo en equipo de forma colaborativa, sino con el propósito de destacar por encima del grupo. Aunque se incorporaron al mercado laboral en otro contexto social, tienen entre 44 y 59 años, sus expectativas han sido las de vivir, como mínimo, igual que sus padres. “Esa concepción de centralidad que tenía el trabajo en la vida de sus antecesores ya no es tal, pero sigue siendo una parte fundamental en la estructura de sus relaciones sociales”, apunta José Manuel Lasierra, profesor de Economía Aplicada en la Universidad de Zaragoza, y autor del estudio Diferencias generacionales en el trabajo en España, publicado en 2019. “Todas las transformaciones que han ido produciéndose en la mentalidad de los trabajadores están relacionadas con la agrupación de experiencias vitales, y con la trayectoria de desregulación que han ido experimentando las relaciones laborales”, detalla. Por eso, incide en que el contexto económico y laboral, que todavía permitía experimentar carreras laborales prolongadas, no distingue demasiado a los trabajadores de esta generación de los de las anteriores.
“La categoría adquirida en el trabajo sigue siendo el elemento para medir el prestigio del individuo”, profundiza Monfort. De ahí que, igual que los boomers, todavía no desarrollen un espíritu crítico respecto del sistema de organización de las compañías. “Aunque pudieran empezar a darle más valor a su desarrollo profesional, sigue siendo una generación muy centrada en buscar el resultado, en obtener poder de mando dentro de las estructuras jerárquicas”, completa. En su estudio, Lasierra señala que “las actitudes y preferencias de los X por el ocio y la vida fuera de la empresa” hacen que “sus necesidades económicas posiblemente sean mayores que en los boomers”.

Los ‘Y’ o ‘Millennials’: desarrollando el pensamiento crítico

Son los primeros trabajadores que empiezan a cuestionarse la forma en la que trabajan. Reconocen los valores de sus empresas, pero reclaman que estos se cumplan. Obtener un buen salario sigue siendo un objetivo primario, pero se topan con el mileurismo. Debido a este estancamiento de sus rentas, con entre 28 y 43 años, comienzan a darse cuenta de que no van a poder vivir igual que sus padres y se rebelan contra esta situación. “Es ahora cuando empiezan a observarse unos cambios generacionales de mayor calado”, apunta el profesor Lasierra. “Empieza a germinar un cambio de pensamiento generacional. Una resistencia a mantener las dinámicas de trabajo anteriores, a pesar de que el contexto económico no les ofrece demasiadas oportunidades de cambio”, añade.
“Comienzan a darse cuenta de que los valores, que deberían ser un marco para las empresas, en realidad, están dentro de un marco colgado en la pared. Quizás no sean tan aventureros como los centennials, pero empiezan a romper con el egocentrismo”, detalla Monfort. A partir de esta revisión del papel del trabajo, no solo en el desarrollo personal del individuo, sino sobre un impacto en el colectivo, empieza a concebirse un nuevo orden de prioridades. “Considero que son los primeros que empiezan a darse cuenta de que están experimentando un retraso generacional respecto del modelo de vida tradicional”, ahonda Lasierra. “Los problemas para emanciparse, para comprar una vivienda, el retraso en la edad de maternidad, son ejemplos de esta incapacidad para seguir el ritmo de sus padres y sus abuelos”, concluye el profesor.

Los ‘Z’ o ‘Centennials’: el ansia de la inmediatez

Son los últimos en incorporarse al mercado laboral y los que parten con un planteamiento más aspiracional. “No soportan que sus trabajos no tengan un propósito, que lo que ellos hacen no trascienda”, señala Monfort. Pero el punto que los distingue de los trabajadores de otras generaciones es la inmediatez con la que ansían desarrollarse y progresar. “Muchos de estos trabajadores son todavía muy jóvenes y la mayoría viven con sus padres [los Z más mayores tienen 27 años]. Por lo que cuando entran a trabajar en una empresa que no les ofrece lo que ellos quieren, o no todo lo rápido que les gustaría, dicen: ‘¡Me voy!’. Y lo hacen sin ningún remordimiento”, describe Monfort.
Otro sobrenombre que se emplea para referirse al conjunto de personas dentro de esta horquilla de edad, es el de Generación de cristal. Se les atribuyen distintas capacidades: desde un mayor conocimiento de las herramientas digitales (por haber nacido con ellas), hasta una mayor sensibilidad emocional y menor tolerancia a la frustración. “No es que no asuman las jerarquías laborales. Es que provienen de un entorno en el que no están presentes. Y le dan mucho valor a la salud mental”, conviene Monfort. Y pone un ejemplo: “Muchos de ellos son aficionados a los videojuegos. Y en la mayoría de ellos lo que tienen que hacer es cumplir con una misión, no satisfacer lo que les demanda un superior”, detalla el experto.

ENTUSIASMO POR EL PROGRESO


Nadal, entusiasmado de ser parte de eso
Es curioso cómo se han fusionado el lenguaje capitalista y el deportivo, esa nueva forma de nihilismo e individualismo tan de moda, que hasta gana elecciones.
Íñigo Domínguez, 21-ENE-2024

Decía Montaigne, ya en el siglo XVI, que “nadie está exento de decir necedades, el mal está en decirlas con pompa”. Qué duda cabe de que es una de las lacras de nuestro tiempo. Continuaba diciendo: “Esto no va conmigo, que digo mis tonterías tan neciamente como las pienso”, palabras que suscribo, y siento que siempre lo paguen ustedes. Vivimos inmersos en una niebla de retórica de la peor especie. El último ejemplo, lo de Nadal. Al margen de consideraciones que ya se han hecho, me interesa cómo lo dijo, el lenguaje: “Mires por donde mires, en Arabia Saudí puedes ver crecimiento y progreso, y estoy entusiasmado de ser parte de eso”. Hemos hecho normales este tipo de sandeces, esta forma de expresarse. Su origen es claro: la publicidad y el mundo de la empresa, que omiten la verdad en aras del interés particular y del máximo beneficio, y la envuelven en conceptos positivos. Ha invadido todo, y ese rollo motivacional, del esfuerzo, de las metas, de aprender de los errores, de convertir los problemas en oportunidades. Qué pereza todo, qué gente tan inhumana. Es curioso cómo se han fusionado el lenguaje capitalista y el deportivo, esa nueva forma de nihilismo e individualismo tan de moda, que hasta gana elecciones: la ambición, la visión, el sacrificio, la excelencia, los objetivos, la importancia de los resultados y, sobre todo, esa pesadez estadounidense de cumplir los sueños, que a los pobres niños les meten en cualquier dibujo animado desde que tienen uso de razón. La palabra “sueño” ya es puramente comercial, nada que ver con lo que tenía Luther King. Pero ya es la forma general de hablar, y de relacionarse. Miren las redes sociales, el vecino del quinto dice cosas así: “Después de estudiar varias opciones, mi mujer y yo hemos decidido hacer una hipoteca, estamos muy ilusionados con esta nueva etapa”.

Si me ofrecieran a mí lo de Nadal no digo que no fuera corriendo, pero yo tengo excusa: no estoy forrado. ¿Qué excusa pones si ya lo estás, que te falta el ferrari color pistacho? Pues ahí tienes todo el repertorio de tonterías positivas, pues no debe haber trabas a la libertad, a los retos, a vivir la experiencia, a derribar los límites. Cuando oímos a Nadal decir esas cosas sobre su entusiasmo, traducimos mentalmente: “Le pagan un pastón”. Porque imaginen que hubiera dicho que está tan entusiasmado de ser parte de eso que lo va a hacer gratis, sin cobrar. Pensaríamos: este hombre se ha vuelto loco. Porque solo un zumbado o un fanático puede compartir esos valores, por no hablar de compartir ese clima. Es decir, sabemos que no se lo cree ni él —­aunque no digo que una fortuna no ayude a creerse lo que sea—, pero no le perdonaríamos que fuera verdad. Sí le perdonamos el cinismo, y eso es lo dañino, su contribución al cinismo general. Necesitaríamos creer de vez en cuando en los actos desinteresados, en los altos ideales, en la defensa de los más débiles, en la lucha contra la injusticia, pero la verdad es que cada vez lo ponen más difícil. Porque eso hoy equivale a ser tonto, te llaman progre, el mundo no funciona así. Si eres superhombre o supermillonario o superfamoso tienes razón en todo, da igual lo que digas, personificas el éxito, la única medida, la mejor versión. Los grandes deportistas son lo más parecido que tenemos a los héroes clásicos, pero qué difícil es que mantengan el personaje. En realidad, Nadal creerá que lo está manteniendo, que no tiene otras obligaciones más que ganarlo todo, por eso habla así, como siempre ha hablado. Seguro que está alucinando de que la gente se enfade.

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

 


ABSOLUTAMENTE


El tiempo huye
No tendría inconveniente en seguir el ‘carpe diem’ de Horacio siempre que ese día al que hay que agarrarse se me permitiera fabricarlo a mi gusto.
Manuel Vicent. 21-ENE-2024

El tiempo huye y no hay forma de pararlo. Horacio en su famosa oda Carpe diem propone a su amante Leucónoe, como solución, que no piense en el futuro y que se agarre a los pequeños placeres que la vida le ofrece cada día. Esta oda ha sido muy manoseada por todos los vendedores de felicidad al por mayor con sus libros de autoayuda. Pero los verdaderos discípulos de Epicuro saben que no todos los días son buenos para agarrarse a ellos a modo de salvación, porque hoy el mundo está en poder de los criminales e idiotas, hasta el punto que hay días en que Horacio y su novia darían lo que fuera por quedarse en la cama. Por mi parte no tendría inconveniente en seguir el consejo del poeta latino siempre que ese día al que hay que agarrarse se me permitiera fabricarlo a mi gusto. Debería ser un día de abril, de junio o de septiembre con sus luces y sus frutos correspondientes. Me tendría que despertar el canto de los mirlos y durante una agradable somnolencia, después de estirarme como lo hace mi perra, mientras sonaba el concierto de Brandemburgo de Bach, comprobar con grata sorpresa que no me dolía nada del cuerpo ni del alma. Un sol amoroso de 25 grados me permitiría pasear junto al mar para sentarme luego a media mañana en una terraza a la sombra de los plátanos ante una cerveza fría y unas aceitunas amargas y leer el periódico en el que no habría noticias de niños destrozados por las bombas, ni políticos rebuznando. Luego tendría una comida divertida con amigos y precisamente ese día al caer la tarde se produciría esa llamada tan deseada. Una voz muy segura por teléfono me haría saber que el sueño que he acariciado durante tanto tiempo por fin se había cumplido. Nunca sabría quién me había llamado ni de qué sueño se trataba. Y de nuevo en la cama me gustaría quedar dormido con las gafas caídas en la punta de la nariz y unos poemas de Walt Whitman entre las piernas.
Berstein, *Divertimento II, Waltz.

THANDIWE MURIU

 





I♥SF

 

BANKSY


New Banksy mural emerge among the destruction in Ukraine.

JUEVES

 


OLYMPUS ABOVE THE SERENGETI

Con 11° menos de diferencia llego esta mañana a La Esperanza con la intención sana de comenzar la semana. Toto entona su "Africa" en mi playlist "Nueva Zelanda" de Spotify. 

♫ The wild dogs cry out in the night 
As they grow restless, longing for some solitary company
I know that I must do what's right
As sure as Kilimanjaro rises like Olympus above the Serengeti
I seek to cure what's deep inside
Frightened of this thing that I've become♪

Ya, de entrada, me encuentro con dos reuniones y una visita de obra en el calendario online que me escriben, con la consiguiente gracia que la salida de la oficina me coincide con las reuniones en ella; hombre orquesta sí, pero prestidigitador no. Por ahora.
Anoche volví a tener uno de mis recurrentes sueños vívidos, esta vez se desarrollaba en Madrid, una ciudad que aparecía como cualquiera en la India, abarrotada y caótica. Recuerdo vagamente que buscaba "la entrada a la terminal e Iberia", preguntando en inglés a cada uno con quien me cruzaba. Terminó sonando el despertador y yo sin poder embarcar. Cosas que pasan.
Tuve calamares y risas el viernes con compañeras de trabajo, ópera el sábado y documentales sobre deportes extremos y naturaleza el domingo. En medio de todo esto pude pasear por Santa Cruz -aquí voy a todo caminando-, trabajar un poco -continúo con la Memoria del edificio que se va pareciendo ya a una novela de Michael Ende- a la que ya le va faltando menos y hasta leí algo. Ah, no, olvidaba la visita el domingo por la mañana a una casona lagunera que esta rehabilitando mi amiga B. Una joya, vamos. La casa. Y ella también.
Ópera corta de Berstein, "Trouble in Tahiti", a las 19:30h en la Sala de Cámara de la calatravada. Aunque un poco apretado el escenario entre cantantes, coro y músicos, menos mal que la orquesta era muy pequeña. Ambientada en un suburbio rico estadounidense, la historia representa el desencanto de Dinah con su esposo Sam, quien está más interesado en su carrera y en sus entretenimientos más que en su familia. Música americana, jazz, puro Berstein. Me gustó mucho.

Leonard Berstein, "Troble in Tahiti",
*I was standing in a garden.

Sábado calamares en La Punta. Risas en el restaurante, como siempre, dando cuenta de la pequeña cantidad ganada en el último gordo navideño.




Cena frugal tras la ópera y un par de capítulos para terminar de una vez la serie "La Mesías" cerrando el círculo. Ahora a embarcarse en los 7 capítulos de otra, "Asesinato en el fin del mundo" que me está gustando. Un guión a los Ágatha Christie, esta vez con una detective joven, escritora y hacker., ambientado en un aislado hotel islandés.
Ópera, TV, trabajo y lectura, ya estamos en domingo, mi día más odiado o, si no, el menos favorecido por mis biorritmos. A las 8 en pie, desayuno en La Laguna en buena compañía, visita de obra y a casa, medio cartucho quemado. Un grato y corto paseo hasta el Teatro Guimerá y a disfrutar de otro capítulo del European Outdoor Film Tour 2023: 6 maravillosos documentales y una entrevista a Nasim Eshqi, alpinista iraní exiliada (en Italia) a la par que activista por los derechos de las mujeres de su país. Más que interesante.
Paseo de vuelta a mi casa y nada más que contar.
Hoy empieza la semana, ¡animo!