lunes, 11 de mayo de 2020

¿CUÁNDO VOLVEMOS?

Llueve, la tarde se ha tornado desapacible. Primer día de la tan esperada Fase 1, mucho tráfico. Se empieza a notar mucho la diferencia, aunque deberemos esperar a que todo los comercios abran, empiecen a hacerlo las cafeterías, las terrazas, los restaurantes... Todo lo que se lee en los ya famosos BOE, Decretos, etc., parece estar escrito por alguien que nos odia; ya sé que no debe ser fácil, pero ¿es tan difícil explicarlo de forma sencilla? Para saber quién puede salir y cómo se abren debates diarios en todos los foros y a veces no se llega a la misma conclusión. 
Hablaba esta tarde con un amigo pesimista que cree en que nos llega otra gorda. Da miedo empezar a ver la luz, por un lado, y encontrarte con la visión del asunto completamente opuesta. El eterno vaso medio vacío. Terrible, ¡qué distintos somos!
Para compensar tanto color gris vuelvo a mis viajes, al menos en mi memoria, porque viendo el precio de los viajes entre islas no quiero ni pensar en lo caro que será viajar al extranjero, así que me quiten lo bailado, no hay otra. ¿Podremos organizar un viaje juntos a Jerusalén? Sería genial compartir ese lugar con tanta magia. Soñar es gratis, lo sé.

The Old City desde el Monte de Los Olivos. 
Iglesia de Santa María Magdalena, Monte de Los Olivos. 
 Mahane Yehuda Market.
Monte de Los Olivos, Basílica de Getsemaní.
Barbra Streisand & Rita, *Hatikvah.

LA NUEVA ANORMALIDAD

domingo, 10 de mayo de 2020

TV


El primer televisor con imágenes "en color" lo compró mi tío Pepe, para ver los partidos de fútbol, dijo gritando (él siempre hablaba gritando, siempre estuvo sordo, o tenía mala leche o ambas cosas). Yo ya había visto la tele en color en una tienda de electrodomésticos y dormitorios "modernos" de la C/ Méndez Núñez, a tiro de piedra de mi casa. La tele en color desbancó al blanco y negro pero siguió siendo el mismo bodrio de siempre, primero con la única cadena, luego dos y después con las teles privadas y Tele5, que no es lo mismo pero es igual. Tardaría unos años en ver la luz y apartarla de mi vida, pero finalmente llegó el momento, palabrita. 
Con las smart TV, tele a la carta, en streaming o como se quieran llamar las plataformas televisivas,
la oferta es ilimitada y, en general, con una lista de buenas películas y mejores series. Esto nos ha ayudado mucho a sobrellevar la pesadilla del confinamiento, sin duda. Hoy, por ejemplo, he estado viendo la serie "This is us", sobre una familia con trillizos a lo largo de las dos generaciones, padres e hijos. Muy entretenida y con un punto optimista que siempre se agradece.
Para terminar este fin de semana, final a la par que la Fase 0, una ópera poco conocida pero con una de sus arias muy famosa en España: "Luna", de José MAría Cano, estrenada en Valencia en versión concierto.
Mañana lunes, empieza la Fase 1, empieza lo bueno. 
"Luna", José Mª Cano. *Hijo de la luna.

SIN (CON) PALABRAS

TODO ES POSIBLE

KF



SAN FRANCISCO

Me encanta San Francisco, junto con NY es mi ciudad preferida de Estados Unidos y allí he ido muchas veces, solo o acompañado, buscando tranquilidad, desconexión, a celebrar mi cumpleaños, huyendo, en fin... En San Francisco me encuentro como en casa, allí vive uno de mis mejores amigos que siempre me ha hecho sentirme así, en un hogar, ¿se puede pedir más? 
Viendo ahora estas imágenes, más propias del comienzo de una peli de zombies, vuelvo a encontrarme cara a cara con la realidad de esta pesadilla que hemos vivido, que seguimos viviendo. Ahora sé que quiero volver, abrazar a mis amigos y pasear por sus empinadas calles y sus preciosos parques llenos de perros.

DESDE RADAZUL

OTRA VUELTA DE TUERCA

De alguna forma hoy es "el último día", pasamos a la Fase 1, tan bien explicada en las redes por ese personaje que lo único que ha hecho en su vida es matar toros torturándolos y que no se merece ni que lo nombre. Pues bien, pasamos a la Fase 1 y probablemente será casi la nueva normalidad, ¿acaso lo dudan? Es tanta la gente que ha salido en la Fase 0 que en esta siguiente será el acabose, que diría algún alarmista. El planeta recupera su ritmo normal y la naturaleza vuelve, mal que le pese, al segundo lugar en el que siempre está y los humanos recuperan el poder. ¿Habrá servido de algo esta pesadilla? ¿llegaremos a la tan ansiada vacuna sin una segunda ola?
Para mi ha supuesto, sobre todo, máxima soledad, gran tristeza y miedo -de ahí el alejarme completamente de las noticias- y el redescubrimiento del placer del sueño en forma de largas siestas en contraposición a muchas noches sin dormir. Ya se sabe que no se puede tener de todo.
Para hoy otra maravillosa música, el precioso vals de Musetta de La Boheme. ¡Feliz domingo!
La Boheme, Puccini, *Quando m'en vo.
(Nicole Cabell, Anna Netrebko, Rolando Villazón)

sábado, 9 de mayo de 2020

CARTAGENA

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE



RUN!

LA BIBLIOTECA DE AUSCHWITZ


La bibliotecaria de Auschwitz: así sobreviví a cuatro campos de concentración
Dita Kraus sobrevivió a cuatro campos de concentración nazis. En uno de ellos, en Auschwitz, custodió una diminuta biblioteca clandestina. Ahora, 75 años después de su liberación por las tropas británicas en Bergen-Belsen, cuenta por primera vez su increíble historia de coraje y superación. 
Martin Doerry / Fotos: Jonas Opperskalski / Der Spiegel

Los guardias de las SS ya se habían marchado cuando los soldados británicos llegaron al campo de concentración de Bergen-Belsen, en Alemania, el 15 de abril de 1945. Los libertadores encontraron entre los supervivientes, totalmente desnutridos, a una judía de 15 años llamada Dita Polach, de Praga. La chica había sobrevivido también a los horrores de Auschwitz, donde se había encargado de custodiar una pequeña biblioteca clandestina.
Hoy Dita vive en Israel con su marido, Otto Kraus, también superviviente de Auschwitz. Ahora, esta maestra de 90 años ha reunido sus recuerdos en el libro Una vida aplazada. En sus páginas cuenta cómo ella y sus compañeros lograron sobrevivir gracias a su inquebrantable confianza en que les aguardaba un destino diferente, mejor.

XLSemanal. Durante más de dos años usted sufrió los tormentos de varios campos de concentración. ¿Cómo le sigue afectando aquella experiencia?
Dita Kraus. Los recuerdos están constantemente ahí. Pero a veces se vuelven un poco borrosos. En esos momentos te preguntas si todo aquello ocurrió en realidad.

XL. No lo dudará en serio, ¿verdad?
D. K. Se te pasa por la cabeza. En el campo de concentración alemán de Bergen-Belsen, poco después de la liberación, me grabaron con una cámara. En 2002 fui al Museo de la Guerra de Londres donde conservan películas de aquellos tiempos. Me pasé un día entero en el archivo, viendo viejas grabaciones del campo. Pero no encontraba nada, no me veía, era terrible, lo único que veía era la miseria, los cadáveres. El segundo día, al cabo de horas, reconocí a Eva Kraus, prima del que luego sería mi marido, con un pañuelo azul de lunares en la cabeza. Yo tenía uno igual.

XL. ¿Uno igual?
D. K. Sí, tras la liberación robamos un abrigo del almacén del campo, y dentro de un bolsillo encontramos aquellos dos pañuelos. En la grabación la vi a ella. Y luego por fin, a mí, con unos soldados británicos en un jeep. Paré la película, incapaz de hablar, con el corazón latiéndome en la garganta. Me había encontrado.

Dita Kraus, en 1992, en la antigua Checoslovaquia, con sus padres.

XL. ¿Qué significó aquello para usted?
D. K. La confirmación de que había ocurrido de verdad, de que mis recuerdos eran ciertos. Verte a ti misma en una grabación después de tantos años es algo físico, material. Me afectó mucho.

XL. ¿Dónde empezó su odisea?
D.K. En Theresienstadt [gueto que las SS crearon en el pueblo de Terezín, en la antigua Checoslovaquia]. A mis padres y a mí nos llevaron desde Praga en noviembre de 1942.

XL. ¿Sabía lo que le esperaba?
D. K. No, solo que muchas amigas judías y mis abuelos ya estaban allí.

XL. ¿Cómo fue la llegada al gueto?
D. K. Al principio fue todo muy caótico, a mi madre y a mí nos cambiaron de sitio varias veces, muchas noches teníamos que dormir en el suelo. Y me enteré de que mi abuelo había muerto. Las cosas empezaron a irme un poco mejor en la primavera del 43, cuando me trasladaron a la sección reservada a las chicas, donde podía estar con compañeras de mi edad. A mis padres los llevaron a los barracones de hombres y de mujeres.

XL. ¿Cómo pasaba el tiempo?
D. K. Los jóvenes trabajábamos en un huerto, también había profesores que nos daban clase a escondidas. Yo cantaba en el coro, lo disfrutaba. Éramos un grupo estupendo de chicas y chicos, muchos de nosotros nos conocíamos de Praga. Para los niños aquello era mucho más fácil de sobrellevar que para los adultos.

XL. ¿Sabían que algún día los llevarían a Auschwitz?
D. K. Del campo salían transportes constantemente, pero no sabíamos adónde iban. Solo nos decían que «al Este». Hasta el último momento confiamos en que nosotros no acabaríamos en uno de aquellos transportes. Pero pasó, fue el 18 de diciembre de 1943.

XL. ¿Recuerda el viaje a Auschwitz?
D. K. El Holocausto empezó para mí en ese momento. Las condiciones en el vagón de ganado eran inhumanas. Pasamos dos noches y un día de pie, apretados. No había espacio, ni luz, apenas aire para respirar, no había una ventana en condiciones ni un retrete, solo un cubo.

XL. ¿Y de la llegada al campo también se acuerda?
D. K. Perfectamente. El tren hizo muchas paradas durante el trayecto, pero nunca abrían las puertas. El cubo se llenó enseguida, teníamos que estar de pie sobre los excrementos de los demás. Así hasta que por fin el tren se detuvo definitivamente. Abrieron las puertas y nos cegó la luz brillante de unos reflectores. Había hombres con palos, gritando «fuera, fuera», y empezaron a sacarnos a golpes del vagón. «Las mujeres aquí, en cinco filas», nos dijeron. Más atrás había hombres de las SS con perros ladrando sin parar, les costaba sujetarlos. Tuvimos que esperar hasta la mañana siguiente metidos en un barracón, sobre un frío suelo de cemento.

XL. ¿La separaron de sus padres?
D. K. Solo de mi padre, que se quedó con los hombres. Por la mañana, a las mujeres nos obligaron a ducharnos con agua fría y nos hicieron cruzar el patio hasta otros barracones, desnudas y a diez o 12 grados bajo cero, sin toallas, empapadas. Cuando llegamos, nos repartieron vestidos viejos que iban cogiendo de un enorme montón. De otro montón nos dieron dos zapatos desparejados. Luego nos tuvieron horas esperando sin agua ni comida para hacernos el tatuaje.

XL. A los que venían del gueto de Theresienstadt normalmente los trasladaban al llamado campo familiar de Birkenau.
D. K. De ese momento recuerdo sobre todo a una mujer, su imagen me viene a menudo a la memoria. Tenía el pelo blanco y estaba de pie en la caja de un camión. Cuando arrancó, perdió el equilibrio y cayó fuera. Llevaba una especie de chal que se abrió como una vela y cubrió su cuerpo inmóvil en el suelo. Allí se quedó, con el pelo blanco extendido alrededor de la cabeza, como el halo de una santa. Nosotras estábamos a unos metros, pero no nos dejaron acercarnos.

XL. ¿Cómo fue su vida en Birkenau?
D. K. A mi madre y a mí nos llevaron al bloque 6. Había recuento dos veces al día, fuera, bajo el frío, con nuestros vestidos andrajosos. Te daban algo de sopa, pan y un poco de margarina al día, nada más. Tampoco había privacidad. Las letrinas no eran más que una larga hilera de agujeros en una base de cemento.

XL. ¿La obligaron a trabajar?
D. K. Allí todo el mundo tenía que trabajar. A mí me tocó en el bloque de los niños. Y me encargaba de los libros, no eran más de diez o doce. Tenía que entregarles los libros a los prisioneros que cuidaban de los grupos de niños. Por cierto, uno de ellos era mi futuro marido, pero él todavía no se había fijado en mí porque yo era demasiado joven.

XL. ¿Qué sucedió con su padre?
D. K. Lo veía durante el recuento y, por la tarde, en las calles del campo. Luego, un día de febrero ya no apareció. Esa noche me escabullí hasta su barracón y lo vi tumbado, en aquella especie de grandes literas de tres pisos que había. No se movía. Todavía tenía a su lado el tazón de sopa. Al día siguiente ya no estaba.

XL. ¿Por qué su madre y usted pudieron salir de Auschwitz?
D. K. La verdad es que dábamos por sentado que también nos acabarían matando. Pero un día, a finales de mayo de 1944, cerraron el bloque infantil y nos dijeron que nos mandaban a trabajar fuera. Al principio no nos lo creímos, porque siempre nos mentían. Sin embargo, organizaron un proceso de selección del que se encargó Josef Mengele, el médico del campo. Teníamos que desnudarnos de cintura para arriba y decir tres cosas: edad, número de prisionero y profesión.

XL. ¿Por qué tenían que desnudarse?
D. K. Querían ver si éramos fuertes para trabajar. Cuando llegó mi turno, dije «16», aunque ni siquiera tenía 15 años, y luego «73305» y «pintora». Cuando lo oyó, Mengele me preguntó: «¿Pintora de retratos o de paredes?». Yo respondí: «De retratos». Y él me preguntó: «¿Puedes pintarme un retrato?». Y yo, con el corazón desbocado y un miedo terrible, dije: «Por supuesto». Entonces Mengele dijo: «Pasa». En un primer momento, a mi madre no la pasaron a mi grupo, así que se volvió a poner en la fila, pero esta vez entre dos mujeres totalmente famélicas. Y tuvo suerte, la metieron con nosotras. Mengele ni se dio cuenta de que antes la había rechazado, no miraba las caras. Antes de salir de Auschwitz estuvimos un par de días en el campo de mujeres de Birkenau. Aquel lugar era terrible, mucho peor que el campo de familias. Hasta que no nos vimos sentadas en el tren y con un trozo de pan en la mano no nos terminamos de creer que no nos estaban llevando a la cámara de gas.

XL. ¿Sabían adónde las llevaban?
D. K. No. Pero en el suelo del vagón había paja extendida, podías sentarte o tumbarte, así que no parecía que fuera a ser un viaje corto. El trayecto terminó en el puerto de Hamburgo. Teníamos que retirar los escombros de los bombardeos aéreos. También rellenar los cráteres de las bombas, un trabajo horroroso. Un día, como algo excepcional, nos permitieron comer en la cantina de una fábrica, pero solo después de que se hubieran marchado todos los trabajadores. Un chico -un aprendiz, creo- se me quedó mirando y luego siguió andando muy despacio, sin apartar sus ojos de mí. Al día siguiente pasó varias veces por donde estábamos trabajando, una de ellas me hizo un gesto de que tenía algo escondido para mí. Era un bocadillo.

XL. ¿Pudo hablar con él alguna vez?
D.K. No, ni siquiera sé cómo se llamaba. Tendría 16 años. Pero en aquellos tiempos cualquier detalle positivo era muy importante. Eran cosas que guardabas en la memoria. Poco tiempo después, nos llevaron a otros campos de trabajo, en Neugraben y Tiefstack…

XL. Eran subcampos del campo de Neuengamme, en Hamburgo. ¿Su madre estuvo con usted todo ese tiempo?
D. K. Sí, pero ella se solía quedar con las mujeres mayores, yo estaba más con las jóvenes.

XL. ¿Incluso en una situación tan terrible se seguían comportando como las adolescentes que eran?
D. K. Sí, tenías más confianza con las amigas de tu edad. Las chicas siempre estábamos juntas.

XL. Pero el hecho de tener cerca a su madre sería una ayuda.
D. K. Sí, claro, estuvo siempre a mi lado hasta el final, también en Bergen-Belsen.

XL. ¿Cuándo llegaron allí?
D. K. Ya no lo sé con seguridad; quizá, a principios de abril de 1945. Pero sí recuerdo que hicimos una parada en una estación de tren y que, en el andén de al lado, había un vagón con nabos para el ganado. Nos lanzamos sobre ellos y nos los comimos. Imagínese el hambre que teníamos.

XL. ¿Qué les aguardaba en el campo de Bergen-Belsen?
D. K. Nada más llegar vimos muertos sin enterrar. En Auschwitz eso no pasaba, los cadáveres se los llevaban. Pero allí no podías salir del barracón sin pisar algún excremento o tropezar con algún cadáver.

XL. ¿Cómo afecta una experiencia así a una chica tan joven?
D. K. Te vuelves apática, insensible. No sientes nada, pierdes todas las emociones.

XL. ¿Voluntad de sobrevivir sí tenía?
D. K. Es difícil decirlo, soy incapaz de expresar lo que sentía.

XL. ¿Y su madre?
D. K. Un día ya no quiso seguir adelante. Se quedó sentada en el suelo, se abandonó. Una amiga y yo hablamos con ella, le dijimos: «No puedes quedarte así, no puedes rendirte». Y entonces volvió a recobrar un poco el ánimo. Uno o dos días después llegaron los ingleses.


XL. En los días previos a la liberación de Bergen-Belsen no quedaba comida en el campo. ¿Cómo reacciona el cuerpo al hambre?
D. K. La naturaleza sigue unas reglas concretas cuando deja de tener alimento. Sabe a qué puede renunciar: primero a las reservas de grasa, luego a los músculos. Los pechos te desaparecen, se quedan totalmente planos, el vientre se hunde, los muslos pierden toda la carne. Al final podía meter la mano entera entre mis muslos, normalmente en una mujer no hay espacio para hacerlo. El cuerpo sabe exactamente qué es esencial y qué es lo que debe conservar durante el mayor tiempo posible.

XL. ¿Y en Bergen-Belsen no había nada de comida?
D. K. Ni comida ni agua, nada. Ni siquiera sopa. La gente se ponía enferma, muchos empezaron a tener diarrea. Querían ir a las letrinas, pero ya no podían. Se sentaban en el suelo, se recostaban y se morían.

XL. ¿Qué pasó tras la liberación?
D. K. Los ingleses llevaron un vehículo al centro del campo, allí podías coger comida, corned beef, de todo. Pero mi madre fue muy inteligente. Al principio solo nos dejó tomar azúcar y leche en polvo, y muy poco a poco. Muchos murieron porque sus cuerpos ya no podían tolerar la comida.


XL. ¿Cuándo regresó a Praga?
D. K. Antes de que pudiéramos marcharnos, cogí el tifus, estuve muy mal. Mi madre me cuidó. Tuvimos que esperar más de dos meses a que levantaran la cuarentena y nos permitieran volver a Praga. Pero al final mamá también se puso enferma, tenía el vientre muy hinchado. Murió dos días después. Luego ya sí me fui enseguida a Praga.

XL. ¿Seguía viviendo allí alguien de su familia?
D. K. Una tía que no era judía y que me caía muy bien. Y, para mi enorme sorpresa, también mi abuela, que había estado en el gueto de Theresienstadt hasta el final.

XL. ¿Recuerda lo que sintió cuando volvió a ver a su abuela?
D. K. Aquel momento no fue como podría pensarse. Yo todavía seguía embotada, insensible. Luché conmigo misma, se suponía que tenía que llorar. Mi madre había muerto, mi padre también, y mi abuelo. Pero no era capaz de llorar.

‘La bibliotecaria de Auschwitz’
La vida de Dita Kraus ha inspirado ya una novela, publicada en 2012 por Antonio Iturbe. Mientras se documentaba, el autor zaragozano adquirió un libro –The Painted Wall, de Ota B. Kraus- y en el ‘mail’ de confirmación de su compra, le sorprendió la firma: Dita Kraus. Ilusionado ante la idea de que aquella joven siguiera viva, Iturbe volvió a escribirle y, con el tiempo, acordaron verse en Praga. Allí Dita le contó su historia, reviviéndola incluso juntos donde los nazis, en el antiguo Protectorado de Bohemia y Moravia, crearon el gueto de Theresienstadt. En La bibliotecaria de Auschwitz (Planeta), Iturbe rebautiza a Kraus -la llama Edita Adlerova- y se centra en narrar la historia de una joven judía que se juega la vida al aceptar trabajar en la escuela clandestina del profesor Fredy Hirsch en Birkenau como responsable de la biblioteca pública más pequeña y recóndita que existió nunca.

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

SIN ÁNIMO POLÉMICO

Por si se quedaron pensando en la canción de Loquillo y los Trogloditas (de "15 años tiene mi amor" podemos prescindir), hela aquí:
Loquillo y los Trogloditas, *La Mataré.

I JUST WANNA BE (NEW) NORMAL

La nueva normalidad, dicen. Paradoja en sí mismo, o es normal o no, pero en poco tiempo me temo que lo nuevo pasará a ser lo normal.
Escuché hace un momento, a través de la ventana de mi despacho, ahíto, la odiosa "Resistiré" y me acordé de otras sobre esta pesadilla que rulan por Internet. Escuchando ésta de Bublé y amigos, por ejemplo, se entiende cómo el cursi Dúo Dinámico triunfó en España mientras fuera lo hacía Janis Joplin, Jim Morrison o Dylan, por ejemplo. El Dúo Dinámico, que cantaba cosas como "15 años tiene mi amor", ahora absolutamente impensable, y¡tal y como le pasa a Loquillo con la canción "La mataré", publicada a finales de los 80 y que ahora está vetada, a pesar de ser una de sus mejores canciones, sin duda. Pero así somos de relativos.
Nos vemos ya muy pronto, ¡feliz sábado! Los dejo con la siempre estupenda voz de Michael Bublé con su versión de "Gotta be patient".
Michael Bublé, Barenaked Ladies & Sofia Reyes,
*Goota be patient.

jueves, 7 de mayo de 2020

REM Y NO-REM

Hoy estoy cansado, más de lo normal, si cabe. Un amigo me decía esta tarde que "el cansancio es algo psicológico", jajaja, buenísimo. Psicológico, sí, le dije; despiértate a las 4:30 de la mañana, trabaja hasta las 14:30 y luego sigue al pie del cañón a ver qué papel juega la psicología en esto de lo que hablamos.
Una crema de espárragos verdes acabo de cenar y ya estoy en velocidad de descenso. Sólo quiero acostarme, entrar en la fase REM o en la que no lo es y negarlo todo, como diría Sabina.
Joaquín Sabina, *Lo niego todo.

I♥NY

LO ÚLTIMO DE BANKSY

Ni Batman, ni Spiderman: en la nueva obra de Banksy el héroe es una enfermera. El dibujo, aparecido en un hospital de Southampton, se subastará en otoño para recaudar fondos con destino a la Sanidad pública, según un portavoz del artista.

miércoles, 6 de mayo de 2020

EN EL FUTURO


Termino a hora de ver el primer capítulo de la serie de AMAZON "Upload", o cómo ver el futuro que nos espera, con más o menos aciertos, y adonde no creo que nos apetezca llegar. De todas formas, si Regreso al Futuro, por ejemplo, planteaba eso, el futuro, y muchas cosas siguen siendo sólo ciencia ficción -aunque nunca se previó la revolución que ha supuesto Internet (¿se pueden imaginar este confinamiento sin Internet?)-, ¿qué nos espera realmente? No lo sabemos y es muy difícil especular. ¿Seguiremos teniendo capacidad de asombro? El fax supuso un avance increíble, un salto de gigante para transmitir información, ni qué decir de Internet, pero ahora nos muestran tecnología novedosa casi a diario y ya poco nos sorprende.
Esta serie pinta bien y el protagonista me recuerda al Gandul (Jaime, para los que no estén familiarizado con el mote que le pongo a todos los niños cuando nacen y que perdura en el tiempo). Ah, y lo de gandul es porque van creciendo, no por vagos. Queda dicho.

Back to the future: *Theme.

AY LAS FASES

DESDE RADAZUL

TODO MENOS TÚ

Serrrat/ Sabina, *Me gusta todo de ti.

Qué gozada poderle cantar esto a alguien, con esta letra tan magnífica... "Me gusta todo de ti... pero tú no, pero tú no". Un 10.

OSCARS SO WHITE

'Hollywood' nos lleva a mediados de los 40, al entretenimiento después de la segunda guerra mundial y a un grupo de actores y guionistas que aspiran a dar el salto grande con la certeza de que bien por raza, bien por orientación sexual lo tienen todo en contra.
No es tanto un ejercicio de lucha y reivindicación si no más bien una visión de lo bonito que hubiera sido si esa batalla se hubiese librado, y ganado, en 1947. Y ya. La serie está llena de optimismo, del brillo esplendoroso con el que nos gusta rememorar las épocas pasadas, la fabricación de los sueños en celuloide, el glamur y la pasión.
Ryan Murphy e Ian Brennan muestran ese mejor lado de Hollywood: el de los sueños haciéndose realidad con la reflexión del "qué bonito habría sido si esto también hubiera pasado" y cómo sería hoy las ceremonias de los Óscar (y su #OscarsSoWhite actuales) si a finales de los años 40 hubiera habido avances en la diversidad de raza.
https://www.espinof.com/criticas/hollywood-nueva-miniserie-ryan-murphy-para-netflix-cuento-hadas-que-se-queda-superficie

OTHER NEWS




ROMANCILLO DE MAYO


España se ha vuelto deportista, no hay duda por la cantidad de gente que se ve paseando, corriendo, montando en  bicicleta o haciendo surf. Antes fueron los perros, ahora los niños; ¿será esta la nueva tendencia en el país? ¿estaremos inmersos en una nueva dinámica, empezando por mi? Los días son más largos, más luminosos, más calurosos, a la espera de la llegada del verano. Nos encaminamos, según dicen, hacia la "nueva normalidad", esperando que se trate de una nueva expresión inventada por los periódicos, nada más.
Joan Manuel Serrat, *Romancillo de mayo.
(álbum "Miguel Hernández")

martes, 5 de mayo de 2020

...MÁS QUE MIL PALABRAS

MIRLOS

Los mirlos pueblan mi jardín y es un placer escucharlos. Por esta zona de la isla uno se los encuentra continuamente, en los jardines, al borde de la carretera, en el campo. 

HI HO, HI HO

Parece que fue ayer cuando nos dijeron ¡a casa! Y a casa fuimos y nos encerramos y aguantamos, del primero al último -bueno, o al penúltimo, porque de todo ha habido-. Años suspirando por trabajar en casa y ahora desesperados por salir, si es que no hay quien nos entienda. El teletrabajo funciona, es un hecho, hasta se produce más, según empiezan a demostrar las estadísticas. Pero, ¿qué más da si hemos perdido la libertad más básica? Esperemos que esta pesadilla acabe pronto y que recuperemos, al memos, parte de nuestra normalidad. Yo, al menos, me estoy pensando muy seriamente la opción semipresencial. 
Blancanieves y los siete enanitos, *Hi-ho, hi-ho.