lunes, 15 de junio de 2015

ARCHIPIÉLAGO MACHANGO, GENIAL















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BATMAN FOREVER






SABIDURÍA

ANIMALES


OVER THE RAINBOW

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE








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MORIR POR LA ÓPERA

Mefistofele, Arrigo Boito. *Dai campi, dai prati.
Mefistófeles (título original en italianoMefistofele) es una ópera en cuatro actos, con prólogo y epílogo; con música y libreto del compositor italiano Arrigo Boito (1868), con la que pretendió introducir en Italia el estilowagneriano.
Boito empezó a considerar una ópera sobre el tema faustiano después de terminar los estudios en el Conservatorio de Milán en 1861. Mefistófeles es una de las muchas obras de música clásica que se basa en la leyenda de Fausto, y como muchos otros compositores, Boito usó la versión de Goethe como su punto de partida. Boito era un gran admirador de Richard Wagner, y como él escribió su propio libreto, algo insólito en la óper italiana de la época. La obra anterior más popular basada en la leyenda fue la ópera de Gounod Fausto, que Boito consideraba como un tratamiento superficial y frívolo de un tema profundo. Más aún, Boito despreciaba lo que él veía como bajos estándares operísticos en la Italia de su época, y decidió hacer su propia obra que se distinguiese, tanto musical como intelectualmente, de cualquier cosa que habían oído antes. Esperaba que sería un toque de atención y una inspiración para otros jóvenes compositores italianos. La partitura vocal para piano fue terminada en 1867 mientras Boito estaba visitando a unos parientes en Polonia.

GANAN LOS NAZIS, PIERDEN LOS JUDÍOS

El Museo Thyssen no devolverá el 'pissarro' expoliado por los nazis
Un tribunal desestima la demanda de una familia judía que pretendía recuperar su cuadro
MIGUELÁNGEL GARCÍA VEGA Madrid 15 JUN 2015 - 14:59 CEST
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/06/15/actualidad/1434373172_864135.html

El cuadro fue adquirido en 1976 por el Barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza y casi tres décadas después, en 2000, fue descubierto por casualidad en la primera planta del museo por Claude Cassirer, nieto de Lilly. Cinco años más tarde, la familia demandaba en los tribunales californianos a España y al museo exigiendo su restitución. Entonces, contaron su historia. 
El Museo Thyssen-Bornemisza parece que ha ganado la batalla final.Tras diez años de litigio, un juez federal de Los Ángeles ha desestimado una demanda que pretendía recuperar una pintura del maestro impresionista Camille Pissarro, Rue St. Honoré, aprés-midi. Effet de pluie (Calle St. Honoré por la tarde. Efecto de lluvia), que desde finales de 1992 cuelga en las paredes de la institución madrileña.
La obra, fechada en 1897, perteneció en su día a Lilly Cassirer, una acaudalada mujer judía que se vio obligada a desprenderse de la tela en 1939 por una cantidad ínfima (360 dólares) para conseguir un visado que la sacara del país y huir de una muerte casi segura en algún campo de concentración nazi.
Tras la guerra, así lo explicó la agencia EFE en su día, Lilly Cassirer reclamó por vía judicial la obra de Pissarro y en 1958 el Gobierno federal alemán la reconoció como su propietaria legal y le entregó una compensación de 120.000 marcos.
Hasta 2002, en California, siguiendo el relato que difundió la agencia española, la ley establecía la prescripción de supuestos delitos relacionados con obras artísticas en tres años desde el hallazgo de la pieza y, a partir de ese año, se cambió la norma para los supuestos que guardaban relación con el Holocausto, de tal forma que se amplió el plazo hasta el final de 2010. Ese año, la Corte Novena del Circuito Federal de Apelaciones en California consideró que dicho Estado se había extralimitado al legislar un asunto vinculado con las relaciones internacionales, algo que es competencia exclusiva de la autoridad federal. En 2011, los cargos contra España se desestimaron. Antes, en septiembre de 2010, había fallecido, a los 89 años, Claude Cassirer, quedando la reclamación en manos de sus herederos. Sobre todo, David y Ava Cassirer. A lo que se sumó el apoyo económico de la United Jewish Federation del condado de San Diego. No hay que olvidar que un litigio de estas características puede superar en costes legales el millón de dólares. Sin embargo, la disputa merece la pena en lo moral y en lo económico. El pissarro está asegurado en unos nueve millones de euros, pero dada la bonanza del mercado del arte es bastante fácil que en subasta duplique ese precio.
En 2013, en una sentencia inesperada, el caso se reabrió y volvió a ponerse sobre la mesa. Ahora el juez estadounidense John F. Walter hace suyas casi todas las alegaciones que en su tiempo presentaron los representantes legales del Museo Thyssen-Bornemisza, que básicamente se fundamentan en que Lilly ya fue compensada en su día por el Estado alemán con 120.000 marcos y que este caso debe dirimirse bajo la legislación y los tribunales españoles. Estados Unidos no puede ser un juez universal.
De todas formas, Evelio Acevedo, gerente de la Fundación Colección Thyssen-Bornemisza, ha contado en The New York Times que el museo está estudiando algún tipo de “reconocimiento moral” de las circunstancias en las que la obra fue expoliada (algo que nadie discute). La opción podría ser una placa próxima al cuadro que explique el origen y la triste historia de la pieza.
Pese a que las posibilidades de recuperar el cuadro son casi nulas, la familia Cassirer ha comentado que recurrirá la sentencia. En declaraciones al rotativo estadounidense, Laura Brill, abogada de los demandantes, sostiene que “los museos y los gobiernos de todo el mundo reconocen la necesidad de devolver el arte expoliado por los nazis a sus legítimos dueños”. Y añade: “Aquí nadie discute que elpissarro era propiedad de los Cassirer hasta que fue robado por los nazis en 1939”. Argumentos que no han servido para poner en duda que realmente la legítima propiedad de la obra corresponde a la Fundación Thyssen. El pissarro se queda en España.

UN POCO DE DESASOSIEGO Y UN BROWNIE

Después de un fin de semana en Gran Canaria, de lectura, música y ahijado(s), de relax en cualquier caso, pendiente de la salud de la madre de mi amiga Fina y de la constitución de los Ayuntamientos, comienza hoy una semana rara, por extraña, por diferente, por desconcertante. Empieza una nueva época, profesionalmente hablando, y estamos todos un poco en fuera de juego. Yo, que soy optimista aunque no lo parezca y creo que las cosas siempre tienden a ir mejor, aunque no lo parezca, repito, afronto estos nuevos tiempos con fuerza aunque con temor. ¿Qué nos depararán? quién lo sabe. Por lo pronto hoy, primer día de cambios, ha sido tranquilo, con altibajos y algunas despedidas que son siempre muy tristes. Además, la madre de nuestra amiga tan querida se va apagando y lo sentimos mucho. Parece que hoy el cambio, en este caso, ha sido para mejor y esperamos que el tiempo que le quede con nosotros lo haga con calidad de vida y sin dolor. Demasiadas muertes.
Una pequeña siesta después de comer (sí, ya sé que engorda, pero a veces la necesito como catarsis), y un café en el jardín estudiando una receta que tenía en mente cocinar. Una hora en la cocina y como nuevo, después una ducha y a sentarme este rato a actualizar el blog. El brownie, mi primer brownie, ha quedado aparentemente muy bien. No lo probaré hasta mañana, pues lo he hecho para regalar, aunque espero que el sabor esté a la altura del aspecto.

miércoles, 10 de junio de 2015

HANNS Y RUDOLF

Eran los meses de invierno de 1946. Hanns Alexander -alemán, judío- se propone encontrar a Rudolf Höss, el Kommandant de Auschwitz y responsable de la muerte de más de dos millones de personas. Höss había huido a través de un continente en ruinas y se ocultaba bajo una nueva identidad. Era, además, el único hombre cuyo test imonio podía garantizar que se hiciera justicia en Núremberg y saliera a la luz toda la dimensión del Holocausto. Rudolf Höss había nacido en una casa aislada de la Selva Negra en 1901, hijo de un padre fanático e intolerante, al que temía y despreciaba, y una madre distante que a menudo estaba enferma. Huérfano de padre a los trece años, su madre difícilmente podía asegurar la subsistencia de la familia, por lo que Rudolf se alista en la Cruz Roja cuando estalla la Primera Guerra Mundial, deseoso de servir a su patria. Es enviado al frente, donde cae herido dos veces, y al finalizar la contienda es condecorado por el Gobierno alemán. Hanns Alexander había nacido en Berlín en 1917, hijo de uno los médicos más apreciados de su tiempo. Por el espacioso y elegante apartamento de los Alexander, situado en el corazón de la comunidad judía de la capital de Alemania, pasaban conocidos pacientes como Albert Einstein, Max Reinhardt, Richard Strauss o Marlene Dietrich. Pero al tiempo que la situación económica y social de los Alexander era cada vez más sólida, el nazismo se enraizaba en la sociedad alemana de los años treinta. Rudolf se alista a las SS y Hanns ve cómo su mundo se hunde. A través de las vidas de ambos, este libro describe la historia de Alemania desde los años de la Primera Guerra Mundial hasta el horror de los campos de exterminio y la derrota del nazismo. Y saca a la luz por primera vez el apasionante relato de la captura de Höss.

http://www.casadellibro.com/libro-hanns-y-rudolf/9788416072460/2382956?gclid=cpnh9a7ihcycfwjmtaodqc8aga&utm_source=google&utm_medium=cpc&utm_campaign=93

EL KIT, MI MOTO Y LA OTRA

Probé ayer por la tarde mi moto, una vez implantado en ella el nuevo kit de transmisión, bajando a Santa Cruz para comer en casa de mis padres. Resultado: excelente, va de maravilla. Más suave, con una cadena ligeramente más ancha y con más tracción, o al menos a mi así me lo parece. Aparcada quedó junto a una preciosa y sobria Harley plateada y negra, y la noté feliz al regresar a casa.

SABIAS

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE


¿Y AÚN ME PREGUNTAS SI SOY REPUBLICANO O MONÁRQUICO?

El servilismo con la Corona lleva a situaciones tan absurdas como esta, una niña que cobra un sueldo por ser quién es, sin haber hecho nada más en su vida que llorar, mamar, cagar y hacer la primera comunión. Pocos comentarios quedan.


PAREJAS VENECIANAS


PAREJAS VENECIANAS 
Arturo Pérez Reverte

Nunca antes me había fijado en la cantidad de parejas homosexuales que se ven paseando por Venecia. Los encuentras caminando por los puentes, a la orilla de los canales, cenando en los pequeños restaurantes del casco viejo. No suele tratarse de dúos espectaculares, sino todo lo contrario: gente discreta, tranquila, a menudo con aspecto educado. Mirando a los demás aprendes cantidad de cosas, y en el caso de estas parejas siempre me encanta sorprender sus gestos comedidos de confianza o afecto, el reparto convencional de roles que suele darse entre uno y otro, la ternura contenida que a menudo sientes flotar entre ellos, en su inmovilidad, en sus silencios.

Pensaba en todo eso el otro día, a bordo del vaporetto que cubre el trayecto de San Marcos al Lido. Sobre la laguna soplaba un viento helado, los pasajeros íbamos encogidos de frío, y en un banco de la embarcación había una pareja, hombre y hombre, cuarentones, tranquilos. Se sentaban muy juntos, apoyado discretamente un hombro en el del compañero, en un intento por darse calor. Iban quietos y callados, mirando el agua verdegrís y el cielo color ceniza. Y en un momento determinado, cuando el barco hizo un movimiento y la luz y la gama de grises del paisaje se combinaron de pronto con extraordinaria belleza, los vi cambiar una sonrisa rápida, fugaz, parecida a un beso o una caricia. Parecían felices. Dos tipos con suerte, pensé.

Aunque sea dentro de lo que cabe. Porque viéndolos allí, en aquella tarde glacial, a bordo de la embarcación que los llevaba a través de la laguna de esa ciudad cosmopolita, tolerante y sabia, imaginé cuántas horas amargas no estarían siendo vengadas en ese momento por aquella sonrisa. Largas adolescencias dando vueltas por los parques o los cines para descubrir el sexo, mientras otros jóvenes se enamoraban, escribían poemas o bailaban abrazados en las fiestas del Instituto. Noches de echarse a la calle soñando con un príncipe azul de la misma edad, para volver de madrugada hechos una mierda, llenos de asco y soledad. La imposibilidad de decirle a un hombre que tiene los ojos bonitos o una hermosa voz, porque, en vez de dar las gracias o sonreír, lo más probable es que le parta a uno la cara. Y cuando apetece salir, conocer, hablar, enamorarse o lo que sea, en vez de un café o un bar, verse condenado de por vida a los locales de ambiente, las madrugadas entre cuerpos danone empastillados, reinonas escandalosas y drag queens de vía estrecha. Salvo que alguno -muchos- lo tenga mal asumido y se autoconfine a la alternativa cutre de la sauna, la sala X, la revista de contactos y la sordidez del urinario público.

A veces pienso en lo afortunado, o lo sólido, o lo entero, que debe de ser un homosexual que consigue llegar a los cuarenta sin odiar desaforadamente a esta sociedad hipócrita, obsesionada por averiguar, juzgar y condenar con quién se mete, o no se mete, en la cama. Envidio la ecuanimidad, la sangre fría, de quien puede mantenerse sereno y seguir viviendo como si tal cosa, sin rencor, a lo suyo, en vez de echarse a la calle a volarle los huevos a la gente que por activa o por pasiva ha destrozado su vida, y sigue destrozando la de chicos de catorce o quince años que a diario, todavía hoy, siguen teniéndolo igual que él lo tuvo: las mismas angustias, los mismos chistes de maricones en la tele, el mismo desprecio alrededor, la misma soledad y la misma amargura. Envidio la lucidez y la calma de quienes, a pesar de todo, se mantienen fieles a sí mismos, sin estridencias pero también sin complejos: seres humanos por encima de todo. Gente que en tiempos como éstos, cuando todo el mundo, partidos, comunidades, grupos sociales, reivindica sus correspondientes deudas históricas, podría argumentar, con más derecho que muchos, la deuda impagada de tantos años de adolescencia perdidos, tantos golpes y vejaciones sufridas sin haber cometido jamás delito alguno, tanta rechifla y tanta afrenta grosera infligida por gentuza que, no ya en lo intelectual, sino en lo mas elemental y humano, se encuentra a un nivel abyecto, muy por debajo del suyo.

Pensaba en todo eso mientras el barquito cruzaba la laguna y la pareja se mantenía inmóvil, el uno junto al otro, hombro con hombro. Y antes de volver a lo mío y olvidarlos, me pregunté cuántos fantasmas atormentados, cuántas infelices almas errantes no habrían dado cualquier cosa, incluso la vida, por estar en su lugar. Por estar allí, en Venecia, dándose calor en aquella fría tarde de sus vidas. 

martes, 9 de junio de 2015

DESCANSA EN PAZ PEDRO

Desde el domingo sabía que Pedro Zerolo estaba ya muy malito, así fue exactamente como me lo dijeron; "muy malito", qué mal rollo da escuchar esa frase. Esta mañana nos despertamos con la triste noticia de su fallecimiento, ¡maldito cáncer!
Pedro era lagunero, aquí vive parte de su familia, aquí se crió. No compartimos infancia pero la vida nos unió por otros menesteres, sobre todo porque ambos compartíamos un íntimo amigo, una "tía" y otros amigos comunes... Estas últimas navidades teníamos un almuerzo programado con Alejandro, pero a última hora no pudo ser. Lo he sentido mucho por él, por su marido, por su familia -su padre es una persona muy querida en las islas- y por mi amigo Alejandro, que sé se quedará con un vacío imposible de llenar. Así es esta vida, tantas veces cruel de manera innecesaria.
Todos, repito, todos los españoles, jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, gays o no, le debemos una parte importante de los avances sociales de los últimos años en nuestro país. ¿Alguien lo duda? Su compromiso con los homosexuales, con los inmigrantes, con las mujeres, con los más desfavorecidos, es su legado imperecedero. La Historia colocará, ya lo hace, su persona en el lugar que se merece, un político digno de admiración, sin duda alguna. Tristísima pérdida para el país, para las islas y para La Laguna. Descansa en paz Pedro.