domingo, 16 de agosto de 2026

519 NOCHES, Y NO ES UNA CANCIÓN DE SABINA


Dolores Vázquez, pregón, perdón y reparación
Una inocente durmió 519 noches en prisión por un crimen que no cometió. Nunca ha sido compensada por aquella injusticia que arruinó su vida.
Tereixa Constenla, 16.08.2026

La mujer que este viernes leyó el pregón de las fiestas de su pueblo durmió en una celda 519 noches. El sonido del cerrojo carcelario se le incrustó para siempre y ahora la asalta por sorpresa. Podría haber deseado que cayese un rayo sobre ciertos jueces, fiscales, periodistas, guardias civiles y tres cuartos de la población. Como entre todos le arruinamos la vida, el rayo dejaría el país semidesértico. Sin embargo, salió al balcón del Ayuntamiento y no maldijo a nadie. Sus vecinos la ovacionaron y ella dio las gracias y les recomendó unos zapatos cómodos para la juerga.

En algún momento del año 2000, la mujer que había ayudado a criar a los hijos de su pareja miró a su alrededor y no entendió por qué era mirada como la asesina de una de ellos. Le escupieron insultos los airados habituales y afrontó interrogatorios tan despiadados que un alto mando policial comentaría a los suyos que una mujer que aguantaba nueve horas sin derrumbarse ante la Guardia Civil solo podía ser inocente. La satanizaron en televisiones, radios y periódicos. Parecía culpable, decían. Era hierática y distante. Tenía un estilo de vida sospechoso: demasiado libre para vivir y amar. Daba el perfil. La primera piedra no fue nada comparada con las sucesivas.

En aquella sala judicial donde le llovían flashes que aún hoy le perturban el sueño solo podía refugiarse en el rostro solidario de su abogado, Pedro Apalategui, y de familiares que nunca dudaron de ella. Jamás hubo pruebas, apenas indicios que parecían extraídos de un tebeo de Mortadelo. Cito algunos del informe de la Guardia Civil. Uno: se había “atragantado al hablar” con alguien que la había llamado para avisarla de que los investigadores habían preguntado por ella. Dos: la mujer dijo “eso es que no tienen nada” durante una conversación pinchada. Tres, cuatro, cinco, seis y siete: reaccionaba con frialdad y ponía excusas y confeccionaba historias y acuchilló una foto y el día del crimen no paseó con una amiga como hacía habitualmente.

El jurado popular no lo dudó y la declaró culpable, aunque hubo dos justos (hombres o mujeres) que se opusieron. Puede que el jurado fuese rehén de sus emociones, pero tampoco el juez, un técnico especialista en derecho penal que podría haber devuelto el veredicto por inconsistencia, titubeó, y la condenó a 15 años entre rejas. En la cárcel incorporaron a aquella mujer que seguía diciendo que no había matado a nadie al programa de prevención del suicidio.

Mientras se preparaba la repetición de aquel juicio injusto, el verdadero asesino volvió a matar y la Policía (otra Policía) cayó sobre él. Sin embargo, el Tribunal Supremo se negó a indemnizar a la inocente que había dormido 519 noches en prisión. La mujer vendió su casa y se fue del país.

Hace unos años regresó a su pueblo atlántico, donde una alcaldesa sensible pelea para reparar lo irreparable. María Barral ha sido la primera autoridad que le pidió perdón y le organizó un homenaje. La mujer sigue sin recibir un euro para compensar una vida dinamitada. Veinte años después, la justicia sigue silbando.

A pesar de tantos calvarios, Dolores Vázquez ha demostrado que se puede vivir sin rencor. A pesar de que cada día del resto de su vida fue ella la que siguió pagando un precio por lo que no hizo, este viernes salió al balcón en Betanzos y defendió el derecho a la alegría.A

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