sábado, 15 de mayo de 2010

¡A LA CALLE!

Por Don Ricardo, hace 18 horas y 4 minutos.
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No sé si lo que voy a decir me va a costar algo o no. Me la pela. Se puede analizar e interpretar todo lo que se quiera, se puede decir más o menos, se puede estar más o menos cerca de Garzón. Sin embargo, no es Garzón. Podía haber sido cualquier otro. Garzón, por lo que sea, ha tocado a la derecha española, en sus dos vertientes: la pistolera de los falangistas, y la mafiosa de Mariano Gürtell. Y la derecha española, si por algo se caracteriza es por no perdonar. Es sanguinaria, asesina y cruel, cicatera miserable, rastrera, envidiosa y pobre de espíritu. En sus dos vertientes, la pistolera de los falangistas y la mafiosa de Mariano Gürtell. La derecha es caciquil, pretende que España siga siendo su finca, y los caciques, ya se sabe, usan para el trabajo sucio a capataces pelotas y lameculos, como el Juez Luciano Varela, como la jueza Margarita Robles, y como todos y cada uno de los miembros del Consejo General del Poder Judicial que esta mañana han decidido suspender al único magistrado que ha intentado aplicar en España un principio de la legislación universal, ese que dice que los crímenes como los que cometieron Franco y los militares golpistas durante cuarenta años, y siguen cometiendo hoy, vivos o muertos, porque sus víctimas aún no han aparecido, no prescriben nunca ni son amnistiables. España incumple la legislación internacional en materia de Derechos Humanos, y lo hace con la complicidad de esos jueces lameculos y baratos que deberían garantizar los derechos de las víctimas.
¡Que se mueran ahogados en sus propios vómitos y que sus cadáveres repugnantes, purulentos y podridos ya en vida no sean encontrados nunca por sus familiares!

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