martes, 25 de mayo de 2010

MARINA


¡Qué placer tan grande una cena inesperada (y esperada también) entre dos amigos! Esta vez me ha sucedido a mi, justo esta misma noche. Cené en casa con mi amiga Marina, a la que conocí hace muchos años en Nairobi y que está pasando una temporada en Tenerife. Hacía mucho tiempo ya que no nos sentábamos a hablar tranquilamente de los tiempos pasados, de los presentes, de lo humano, de lo divino, como lo hacíamos en la terraza de la casa donde yo vivía en Kenya, ambos con una enorme taza de café. Recordamos un estupendo fin de semana en Kilifi, donde reímos una noche hasta acabar muertos de cansancio, o los safaris que compartimos con nuestro grupo de amigos comunes, de sus hermanas, de su familia.
Cuánto puede llenar algo tan simple como una buena conversación, unos bonitos recuerdos, unas confidencias... al final siempre se trata de recuperar el tiempo perdido. A ver si entre ésta y la próxima conversación no pasan tantos años.

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