Hay un pacto tácito entre los que vienen de otro sitio y los que creemos venir de aquí. Ellos no explican, nosotros no preguntamos.
Juan José Millás, 10.04.2026
Hay gente, entre nosotros, que viene de otro sitio. La enfermera, por ejemplo, que hace días me sacó sangre en un centro de salud venía de otro sitio. Cuando éramos pequeños, un amigo mío y yo tropezamos, al volver del colegio, con un hombre muy alto que venía también de otro sitio. Se manifestó y se desmanifestó ante nuestros ojos en cuestión de segundos. Mi amigo y yo no nos dijimos nada hasta que un día, siendo mayores, nos encontramos en la calle y fuimos a tomar un café. Le pregunté si se acordaba de aquella escena y dijo que prefería no hablar de esas cosas. Pagué yo.
Hay personas que en la parada del autobús no esperan el autobús: esperan otra cosa. Eso es lo que quiero decir. Los que vienen de otro sitio no siempre lo saben. Tampoco se trata por tanto de una invasión organizada; más bien de un error administrativo del universo, una confusión de expedientes. Almas asignadas a un mundo que no es el suyo, cuerpos prestados, biografías aproximadas. Por eso, algunos parecen estar aprendiendo el funcionamiento de las cosas sobre la marcha: cómo se pide una copa de vino, cómo se espera el turno en la pescadería, cómo se finge interés cuando alguien habla de un bulto que le ha salido en la ingle.
Cuando volví al centro de salud para recoger los resultados, vi en la sala de espera a un hombre aturdido, con la boca abierta. Respiraba con dificultad, como si el aire de aquí le fatigara más que el de su lugar de origen. Durante un segundo, al pasar a su lado, pensé que iba a decirme algo en un idioma desconocido, pero que de algún modo entendería. No dijo nada. Nadie dice nada. Hay un pacto tácito entre los que vienen de otro sitio y los que creemos venir de aquí. Ellos no explican, nosotros no preguntamos. Seguimos entrando en el metro, sacándonos sangre, tomando café con viejos amigos que prefieren no hablar de ciertos asuntos. Y el mundo funciona, más o menos, gracias a esos silencios compartidos.
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