Me meto en la cama a leer a Alfredo Bryce con sueño y los latidos del corazón sonando en mis oídos, abro el libro y rápidamente la cabeza se aleja de Julius para recordar el día que fui a que me manosearan el cuello en busca del cáncer inoperable diagnosticado, cuando el médico se presenta en un cuarto donde yo esperaba pacientemente con un buenos días, soy el doctor fulano de tal, radiólogo, al que contesté hola, José Carlos, arquitecto, absolutamente avergonzado en ese momento e incapaz de disculparme por tal majadería debida a mis nervios, encuentro por otro lado con final feliz al decirme el médico que le dijo lo del cáncer no estaba en sus cabales, esto es el típico lipoma, vamos a operarlo en unos días y listo, por lo que yo salí contento y feliz para variar, pues todo acontecía durante mi baja por depresión que me llevó a ella el terrible sufrimiento de estos, aquellos, últimos años en el ayuntamiento, rodeado de mala gente, mala mala, que me hizo la vida imposible hasta conseguir que me fuera por la puerta de atrás y a los que espero no ver nunca más ni en pintura, allá se las arreglen ellos, porque la vida sigue para todos y tenemos que aprender de los perros y esa capacidad suya de sacudirse el agua como si nada, táctica perfecta para sacudirnos lo tóxico, dormir como un niño sin dar vueltas en la cama ni pintar grandes muros de blancos llamando al sueño y lograr concentrarse en la novela que nos llevamos a la cama, cualidad que me temo vamos perdiendo con los años y es tanta la batidora en nuestra cabeza que concentrarse en la lectura o en Morfeo se torna tarea ímproba, enseguida nos viene la lista de cosas que hacer al día siguiente, lo que dejamos hoy sin terminar, las verduras que comprar en el súper porque quiero hacer hoy tempura sin saber con qué completar la comida, quizá con algo de carne vegetal y salsa de curry, meterme con suma paciencia en la red en busca de la cultura berlinesa propuesta para este estivo, conciertos, exposiciones y la obligada visita ala remodelada Neue National Gallery de Mies, si hay o no vuelos directos porque odio a muerte las escalas, la fecha de clausura de otra exposición desconsolante de Calder y vuelta a la cabeza lo de ir al supermercado, un sábado, ya suponen la cantidad de gente, me espera tomarme con paciencia este sábado, beberme un par de cafés y un jugo de naranja para desayunar, acabo de acordarme que compré y están fresquitas en el compartimento de la fruta y la verdura de la nevera, y posiblemente salir en moto para moverla un poco que lleva tiempo sin arrancarse y luego acaba dándote un susto justo cuando sales con prisa al aeropuerto, todo después de leer el periódico y masticar todas esas noticias terribles que nos cuenta EL CASO, sea el periódico que sea porque hoy todos son EL CASO, esos que nos cuentan a primera hora las desgracias y los muertos y los desencuentros y la nada que se extiende como macha de aceite, esta vez sin los colores iridiscentes que le da la luz cuando se mueve, una mancha de aceite usado y espesa y oscura y muerta, noticias que me hacen olvidar el trabajo pues espero decisiones de clientes herreños a los que les proyectamos su cansa de descanso y que están decidiendo los materiales, trabajo que junto con la música logra evadirme y reconciliarme muchas veces, aunque no todas, nada es perfecto.
sábado, 18 de abril de 2026
ESA NOCHE
Me meto en la cama a leer a Alfredo Bryce con sueño y los latidos del corazón sonando en mis oídos, abro el libro y rápidamente la cabeza se aleja de Julius para recordar el día que fui a que me manosearan el cuello en busca del cáncer inoperable diagnosticado, cuando el médico se presenta en un cuarto donde yo esperaba pacientemente con un buenos días, soy el doctor fulano de tal, radiólogo, al que contesté hola, José Carlos, arquitecto, absolutamente avergonzado en ese momento e incapaz de disculparme por tal majadería debida a mis nervios, encuentro por otro lado con final feliz al decirme el médico que le dijo lo del cáncer no estaba en sus cabales, esto es el típico lipoma, vamos a operarlo en unos días y listo, por lo que yo salí contento y feliz para variar, pues todo acontecía durante mi baja por depresión que me llevó a ella el terrible sufrimiento de estos, aquellos, últimos años en el ayuntamiento, rodeado de mala gente, mala mala, que me hizo la vida imposible hasta conseguir que me fuera por la puerta de atrás y a los que espero no ver nunca más ni en pintura, allá se las arreglen ellos, porque la vida sigue para todos y tenemos que aprender de los perros y esa capacidad suya de sacudirse el agua como si nada, táctica perfecta para sacudirnos lo tóxico, dormir como un niño sin dar vueltas en la cama ni pintar grandes muros de blancos llamando al sueño y lograr concentrarse en la novela que nos llevamos a la cama, cualidad que me temo vamos perdiendo con los años y es tanta la batidora en nuestra cabeza que concentrarse en la lectura o en Morfeo se torna tarea ímproba, enseguida nos viene la lista de cosas que hacer al día siguiente, lo que dejamos hoy sin terminar, las verduras que comprar en el súper porque quiero hacer hoy tempura sin saber con qué completar la comida, quizá con algo de carne vegetal y salsa de curry, meterme con suma paciencia en la red en busca de la cultura berlinesa propuesta para este estivo, conciertos, exposiciones y la obligada visita ala remodelada Neue National Gallery de Mies, si hay o no vuelos directos porque odio a muerte las escalas, la fecha de clausura de otra exposición desconsolante de Calder y vuelta a la cabeza lo de ir al supermercado, un sábado, ya suponen la cantidad de gente, me espera tomarme con paciencia este sábado, beberme un par de cafés y un jugo de naranja para desayunar, acabo de acordarme que compré y están fresquitas en el compartimento de la fruta y la verdura de la nevera, y posiblemente salir en moto para moverla un poco que lleva tiempo sin arrancarse y luego acaba dándote un susto justo cuando sales con prisa al aeropuerto, todo después de leer el periódico y masticar todas esas noticias terribles que nos cuenta EL CASO, sea el periódico que sea porque hoy todos son EL CASO, esos que nos cuentan a primera hora las desgracias y los muertos y los desencuentros y la nada que se extiende como macha de aceite, esta vez sin los colores iridiscentes que le da la luz cuando se mueve, una mancha de aceite usado y espesa y oscura y muerta, noticias que me hacen olvidar el trabajo pues espero decisiones de clientes herreños a los que les proyectamos su cansa de descanso y que están decidiendo los materiales, trabajo que junto con la música logra evadirme y reconciliarme muchas veces, aunque no todas, nada es perfecto.
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