domingo, 3 de mayo de 2026

2 PERIÓDICOS

De izquierda a derecha: Patricia Fernández de Lis, Martin Baron, Alan Rusbridger y Daniel Innerarity,
en el Festival de EL PAÍS. Foto: Carlos Rosillo | Vídeo: EPV

Martin Baron y Alan Rusbridger: “Ni siquiera podemos ponernos de acuerdo en lo que son los hechos”
Los exdirectores de ‘The Washington Post’ y de ‘The Guardian’ dialogan en el Festival de EL PAÍS con Daniel Innerarity sobre privacidad, prensa y democracia.
Amanda Mars, 03.05.2026

Quien tiene la información, tiene el poder, suele decirse. Pero, ¿quién manda realmente sobre esta, los ciudadanos, los Gobiernos o las empresas tecnológicas? Dos periodistas de fama mundial, con una labrada de reputación de vigilar al poder frente las presiones y los peligros —de los abusos en la Iglesia a la inteligencia estadounidense, pasando por el Gobierno de Trump— se sentaron este domingo en Madrid para hablar de unos poderes y unas vigilancias que no hubiesen imaginado hace 10 o 15 años.

En el marco del Festival organizado por EL PAÍS con motivo de su 50 aniversario, Martin Baron, exdirector de The Washington Post y de The Boston Globe, un personaje de película por el equipo de investigación que destapó los abusos sexuales de la archidiócesis de Boston, y Alan Rusbridger, exdirector que lideró la revolución digital de The Guardian, dialogaron con el filósofo y ensayista Daniel Innerarity, en una charla moderada por la periodista de EL PAÍS Patricia Fernández de Lis, bajo el título de Quién nos vigila.

La revolución digital, que ha significado una fuerza democratizadora para el mundo y un motor de mil caballos para el crecimiento de la comunicación, ha desencadenado hoy también importantes riesgos que van más allá de la información y ponen en peligro la propia convivencia. “Ni siquiera podemos ponernos de acuerdo en lo que son los hechos”, lamentó Baron, que este lunes recibirá en Barcelona el Premio Ortega y Gasset de Periodismo junto a Sergio Ramírez y Svetlana Alexiévich. “Es un lugar peligroso en el que estar, no solo para la prensa, sino para la democracia en general”. El veterano periodista compartió una visión algo sombría del momento. “No es que quiera asustar a nadie”, apuntó con ironía, “pero los gigantes tecnológicos “están en control del mundo futuro”.

The Washington Post refleja a la perfección el impacto que pueden provocar los tecnomillonarios en el panorama de los medios. Jeff Bezos, dueño de Amazon, compró la legendaria cabecera en 2013, pocos meses después de que Marty Baron asumiese la dirección, y en este tiempo ha sido capaz de lo mejor y de lo peor. Durante los primeros años, dejó total independencia a Baron y suministró con cuantiosos recursos la expansión del periódico. A raíz de las últimas elecciones, con Baron ya fuera del diario, dio un giro de 180 grados: paró la publicación de un editorial defendiendo una candidatura (era la de Kamala Harris), las críticas al Gobierno se diluyeron y se procedió al despido de un tercio de la redacción.

Baron duda de que muchas de las informaciones que los periodistas de aquella primera Administración de Donald Trump (2017-2021), que le valieron lectores y galardones, se publicasen hoy. “Si publicamos algunas de esas historia, intentaría procesarnos”, dijo. “Y tampoco sé si Bezos estaría ya de acuerdo con que lo hiciéramos”, añadió, ya que el magnate tiene ahora importantes contratos de defensa con el Gobierno y, en su época, era visto como un enemigo del presidente debido a la cobertura que hacía de él el medio de comunicación del que era dueño.

Daniel Innerarity enmarcó la crisis de confianza en la prensa en un cuestionamiento generalizado de todo lo que tiene que ver con la “intermediación”, cuestionamiento nacido de la falsa sensación de independencia que puede generar la era digital: “Solo necesito a un médico para que me extienda recetas, porque el diagnóstico ya lo he conseguido en Google; un repartidor de comida no necesita a los sindicatos porque es un pequeño empresario y para qué necesito a los periodistas si ya tengo las redes sociales”, explicó. Y advirtió de que no cambiará en breve: “Nos tenemos que hacer a la idea de que viviremos en un entorno mediático caótico y el principal problema no son las fake news, sino la desorientación”, subrayó.

Ante el caos, ante las mentiras o la confusión inocente de la que hablaba Innerarity, gloria a los hechos. Es el principal mensaje que transmitió Rusbridger sobre este asunto y la vieja pregunta de la capacidad de objetividad de los periodistas y los medios. Los dos acontecimientos más trascendentales para él, dijo, habían sido el cambio climático y el Brexit, y en ambos casos, “hubiese querido que los medios contasen los hechos”. “En el caso del Brexit“, añadió Rusbridger, ”hubiera estado bien que los periódicos hubiesen contado las ventajas y riesgos desde ambos lados del argumentos, pero la mayoría de periódicos se dedicaron a decir a la gente qué había que votar”. Y remachó, “creo que fue un grave error de los medios de comunicación y veo que está pasando lo mismo con el cambio climático”. Este asunto, continuó, “ha quedado atrapado en medio de guerras culturales”, cuando lo primordial es salvaguardar “la centralidad de los hechos”.

Fernández de Lis pidió también propuestas, alguna manera de reaccionar ante los elementos. Hay algunas cosas que sí están en manos de los periodistas y los medios de comunicación, pese a la complejidad del momento. Baron defendió la necesidad de una “transparencia radical” por parte de la prensa. Para conseguir que los ciudadanos crean en los hechos, detalló, “es necesario que sepan cómo los hemos conseguido”. Por otra parte, y aunque resulte paradójico, los profesionales de la comunicación también deben mejorar sus capacidades de comunicación, muchas veces superadas por otro tipo de perfiles más agresivos o innovadores, como los influencers. Rusbridger abundó en esta idea: “A mucha gente no le va a satisfacer leer unas cuantas ideas en un texto, tal vez van a querer un vídeo, o una visualización de datos y solo nos van a dedicar dos minutos de tiempo si tenemos suerte”, si bien, admitió el peligro de “perder matices”.

El pesimismo, en cualquier caso, no solo es incapacitante, sino que puede convertirse en un instrumento de poder. Como advirtió Innerarity, muchos de estos nuevos gurús de la tecnología “hacen advertencias catastrofistas y no de forma desinteresada”. “Promueven el catastrofismo y venden un nuevo tecnosolucionismo”, alertó. Y añadió una conclusión, difícil de identificar como positiva o negativa: “Son capaces de inventar un videojuego en un garaje, pero no saben nada de la condición humana, de la política o la psicología”. Así que, acabaron concluyendo los tres, hay partido.

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