martes, 10 de diciembre de 2024

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

 

EL VASO MEDIO LLENO, SIEMPRE


Que no cunda el pesimismo. Diez ideas para afrontar el futuro
En un planeta en que Occidente dejará de mirarse el ombligo, nos animamos a proyectar un mundo en el que la vivienda sea un derecho y las redes sociales, un servicio público. Por soñar, que no quede.

Necesitamos buenas ideas para capear el temporal. Propuestas que alivien la negatividad. En un planeta en que Occidente dejará de mirarse el ombligo (y deberá compensar a los países que ha ido esquilmando), nos animamos a proyectar un orden con garantías universales de salud, educación y comida en el que la vivienda sea un derecho, y las redes sociales, un servicio público. Por soñar, que no quede.

Una nueva era: el mundo posoccidental
El mundo fue occidental tras las revoluciones liberales y la industrial. No siempre había sido así, pero desde hace siglos Occidente venía dictando el orden del mundo para situarse en el centro. La plenitud de esa hegemonía, tras la II Guerra Mundial y con el indiscutido liderazgo económico y militar de Estados Unidos, se materializó en los países de Europa donde, gracias a los impuestos que pagaban amplias capas de las clases medias, y una industria robusta, se apuntaló un Estado de bienestar que era garantía de paz social y aceptación de la democracia liberal.
Pero la convicción de que un nuevo ciclo de esa era de progreso se desarrollaría en un orden global liderado por Occidente, con intercambio de bienes (China, fábrica del mundo) y personas con cada vez menos fronteras, se ha demostrado ilusoria. Las placas tectónicas empezaron a moverse antes de la crisis económica de 2008. El futuro imaginado se bifurcó. Al tomar conciencia de estar en una globalización alternativa, que funciona según intereses y áreas de influencia geopolítica, hemos entrado, con soberbia o despreocupación, en el mundo posoccidental. Fuera de Occidente, la antigua hegemonía, y el orden asociado a ella, cada vez van siendo más cuestionados.
En Occidente, ante la incapacidad de las élites liberales para fijar un horizonte que garantice la calidad de vida del pasado, se ha ido extendiendo el desconcierto que impide interpretar el presente y, a la vez, la ira contra el inmigrante se ha convertido en la respuesta primaria a una crisis de modelo de desarrollo, como si los muros pudiesen encastillarnos en el mundo de ayer.
Esa ira es el sentimiento negativo del que se nutre el trumpismo, que vuelve a la Casa Blanca y que es un caballo de Troya en la Unión Europea. No hay reto más urgente que comprender este cambio de paradigma. Por Jordi Amat

Redes sociales sin ánimo de lucro que no creen adictos
La utopía de una red social limpia, sin algoritmos enloquecidos y juego sucio para robar datos ya la soñaron pensadores como Mark Coatney, un hombre de internet que dirigió Tumblr, la siempre añorada web de microblogging. Esa red social de Coatney sería global y se financiaría como los grandes museos, con donaciones de mecenas y subvenciones de gobiernos. Todas, aportaciones generosas e incondicionales. No se permitirían cuentas de marcas ni anónimas. Habría que registrarse con un documento de identidad oficial, aunque luego podría usarse un seudónimo. Y entre sus nobles objetivos no estaría la monetización.
Demasiado bueno para ser verdad, pero imaginemos qué ganaríamos con unas plataformas sin ánimo de lucro, como si fueran ONG o servicios básicos como la luz, el agua y el teléfono y no uno de los pilares del tecnocapitalismo:
Volvería el timeline cronológico. Uno podría ver los posts al tiempo que son publicados y no según mande el algoritmo. Volveríamos a interactuar con gente que nos interesa y no con bots o cuentas de nombres sospechosos. El odio bajaría a cotas soportables.
Morirían la economía de la atención y el scroll infinito. Nadie nos retendría ad infinitum para monetizar datos o exponernos a anunciantes. Acabaría la ingeniería para fabricar adictos (según NPR, 35 minutos en TikTok ya crean adicción). No sería rentable el drama ni la mentira (ni escribir ESTALLA, o SE ROMPE. Así, con mayúsculas).
Recuperaríamos la autonomía online. Al no haber nadie ganando dinero con nuestro vagar por internet, las redes y las plataformas volverían a ser herramientas a nuestro servicio, y no al revés. Superaríamos el miedo a ser irrelevantes y entrenaríamos la navegación consciente.
Y, finalmente, dejaríamos de ser data y contenido (o peor, creadores de ídem), y volveríamos a ser personas. Da igual lo que hagamos, poesía, recetas o vídeos de gatitos, todo es contenido, “un flujo indistinguible” destinado a desaparecer en ciclos cada vez más cortos. Nos merecemos ser otra cosa. Por Karelia Vázquez

Predistribuir: frenar la desigualdad antes de que se produzca
¿Y si repartimos la riqueza antes de todo? Los mecanismos de redistribución, allí donde se practican, consisten en recaudar impuestos para luego gastar ese dinero en servicios públicos, subsidios y ayudas sociales. Ahora imaginemos que la desigualdad fuera el agua que llena una bañera. Para que el recipiente no se llene, mejor sería cerrar el grifo que esperar a que esté llena y quitar el tapón. Ese es el punto de vista predistributivo, que defiende paliar la desigualdad antes de que se produzca, no venir después a poner tiritas.
El premio Nobel de Economía James Meade (compañero de John Maynard Keynes) influyó fuertemente en el concepto con sus ideas: “Reformar radicalmente los mercados y las relaciones de poder para empoderar a las clases asalariadas”, escribió, “pasar de una democracia de propietarios a otra de ciudadanos propietarios del sistema”. La predistribución ya era una prioridad para los socialdemócratas de los países nórdicos y del centro de Europa en la segunda mitad del siglo XX. Y para Jacob Hacker, paladín actual de la predistribución, de la Universidad de Yale, es preciso, fundamentalmente, regular el sector financiero y fortalecer el sindicalismo.
En la práctica, la educación pública es una institución fuertemente predistributiva. El Estado debe apoyarla, así como el empleo público, la vivienda pública, las políticas de formación y empleo o la idea de “herencia universal”, que consiste en ofrecer a cada persona un capital inicial para llevar a cabo sus proyectos vitales. Algo parecido es el baby bond. En cuanto al mercado y el sector privado, las prácticas predistributivas que se pueden dar son el salario mínimo, la regulación de los alquileres o profundizar en la democracia económica. La redistribución, que tradicionalmente se ha priorizado en Occidente, debería ser, según Hacker, solo un complemento a las políticas predistributivas. Por Sergio C. Fanjul
Reclamemos la verdad y el sentido común
Hemos entrado en una época de cambios radicales. Los nuevos populismos, sumados a los destrozos del cambio climático y la ruptura de paradigma que trae consigo la inteligencia artificial van a someter a nuestras antaño confortables sociedades occidentales a presiones para las que no fueron diseñadas.
Esta sacudida sería absorbible si viviéramos un tiempo de valores compartidos. Pero no es el caso. Décadas de neoliberalismo han hecho su trabajo. La precarización global, con un doloroso aumento de la inequidad, ha llevado a muchos a descreer de las instituciones y, lo que es peor, han desacoplado la idea de democracia de la de progreso. El resultado es que la gente, como señaló Noam Chomsky, ya no cree en los hechos.
Separada de los hechos, la creencia se ha vuelto un elemento volátil; creer en algo se ha tornado fe o conveniencia. En esa atmósfera del todo vale es donde vuelan libres las fake news y se crean con suma facilidad universos alternativos.
Ante esta crisis que tan bien han aprovechado Trump, Milei y sus epígonos, el mejor antídoto es volver al concepto de verdad como ajuste a los hechos, contrastable y en constante evolución. Un espacio especialmente grato al sentido común, esa herramienta que se fortalece con el escepticismo y evita la exageración. Más allá de cualquier ideología (o, mejor dicho, como parte de ella), la necesidad de dudar de uno mismo y buscar consensos basados en los hechos debería incorporarse, especialmente en los medios y las grandes estructuras políticas, como un principio de lucha contra esta ola de mentiras y odio que nos inunda. Que reclamar algo tan básico suene idealista nos debería hacer ver lo hundidos que estamos en el fango. Por eso es tan importante y perentoria esta discusión. Porque no tenemos mucho tiempo. Los bárbaros hace años que cruzaron la frontera y acaban de tomar, otra vez, la capital del imperio. Por Jan Martínez Ahrens

Reparaciones multimillonarias para el Sur Global
La exigencia de una justicia reparadora, capaz de aliviar los estragos pasados y presentes del legado colonial, se escucha cada vez con más fuerza en el Sur Global. Las nuevas generaciones piden explicaciones y justicia y dejan claro que hay heridas incapaces de curarse con el mero paso del tiempo. La justicia descolonizadora, con el foco en las víctimas, busca hacer las paces con esa historia, pero también más allá de la tipificación penal.
Un claro reflejo de este nuevo momentum poscolonial fueron las palabras del presidente ghanés Nana Akufo-Addo, pronunciadas el año pasado ante la Asamblea General de la ONU: “Ha llegado el momento de reconocer que buena parte de Europa y EE UU han construido su enorme riqueza gracias al sudor, las lágrimas, la sangre y los horrores de comercio de esclavos y siglos de explotación colonial. Tienen que pagar reparaciones”.
En la vanguardia está la restitución de obras de arte expoliadas por los colonizadores y que ahora viajan de vuelta —a ritmo paquidérmico y envueltas en embrollos legales— de museos europeos y americanos a sus orígenes. Son la punta del iceberg de un movimiento mucho más ambicioso.
Más espinoso es el tema de las reparaciones monetarias por la responsabilidad histórica en el comercio de esclavos, en primera línea del debate político en países como el Reino Unido. Patrick Robinson, juez de la ONU, concluyó el año pasado que el Estado británico, y el español o el francés, deberían pagar reparaciones multimillonarias a decenas de países por el daño causado y por su enriquecimiento, posible gracias al comercio de esclavos. Una de las ideas que se considera es la condonación de deuda en países del Sur Global con cargo a las reparaciones. En aras de la justicia, se barajan disculpas formales o la restitución de propiedades como tierras. La justicia climática, con el foco en la contribución histórica de los países industrializados a la emergencia ambiental, es para muchos otra cara de la misma moneda poscolonial. Por Ana Carbajosa

El derecho a la desconexión digital (no solo en el trabajo)
El reloj de pulsera es utilísimo. Si lo llevamos, no hace falta mirar el móvil cuando queremos saber la hora y no corremos el riego de caer en la ruta de perdición de WhatsApp, Twitter, Instagram, el correo, Bluesky y volver a empezar. Este es uno de los pequeños trucos que todos usamos para proteger nuestro tiempo y recuperar nuestra atención. Pero estos parches apenas alivian una relación con la tecnología que es cada vez más difícil y asfixiante.
Necesitamos desengancharnos de la tecnología. La desconexión digital ha de ser un derecho laboral, en especial en un contexto en el que el móvil y el portátil son herramientas utilísimas, pero con el efecto secundario de que siempre estamos disponibles. Además, en muchas empresas ha de cambiar una cultura que ha sustituido el presentismo y el calientasillismo por el whatsappismo, la exigencia de atención continua al teléfono.
La desconexión no ha de ser solo laboral: también se la hemos de exigir a las redes sociales y a sus algoritmos, que nos ofrecen un flujo interminable de contenidos diseñados para tenernos enganchados (e indignados) el mayor tiempo posible. Y también ha de ser familiar, en especial la de niños y adolescentes que acaban con un móvil entre las manos y pierden tiempo imprescindible de juego libre, un tiempo que ayuda a la reflexión, a la ensoñación y a la creatividad.
Nuestro móvil está repleto de aplicaciones programadas por ejércitos de ingenieros que han aprendido a explotar nuestras necesidades psicológicas y emocionales. Su objetivo es tenernos enganchados a un bucle infinito de publicaciones y notificaciones que convierten el teléfono en una máquina tragaperras. Ante todo esto, un reloj de pulsera tiene muy poco que hacer. La desconexión no es un problema de voluntad, sino estructural, y necesita regulación y modelos de negocio alternativos a la extracción de datos. No es solo que estemos indefensos ante la tecnología, sino que esta tecnología se ha diseñado sabiendo que lo estamos. Por Jaime Rubio Hancock

Neuroderechos: que nadie pueda espiar nuestra mente
Las neurotecnologías están reconfigurando nuestra relación con el cerebro y sus límites. Desde devolver la movilidad a personas con parálisis hasta decodificar pensamientos y emociones, estas herramientas avanzan hoy a un ritmo sideral. Empresas como Neuralink, de Elon Musk, ya están trabajando con dispositivos que conectan directamente el cerebro humano a sistemas digitales. Muchos laboratorios prometen restaurar funciones perdidas, tratar enfermedades (párkinson, depresión), e incluso mejorar capacidades cognitivas como la memoria y la atención. Estos desarrollos abren nuevas fronteras: reconstruir pensamientos y sueños a partir de señales cerebrales, controlar avatares virtuales con la mente o transformar la percepción musical directamente desde el córtex auditivo. Los avances en interfaces cerebro-computadora sugieren que podríamos interactuar con dispositivos o mundos virtuales de formas que parecían imposibles. La mente humana, turbopotenciada con silicio.
Pero esta revolución también plantea riesgos monumentales. El neurobiólogo Rafael Yuste, principal impulsor de los neuroderechos, lucha por alertarnos del reverso de estas tecnologías. ¿Qué ocurre si gobiernos o empresas utilizan estas herramientas para espiar nuestras emociones, manipular pensamientos o registrar recuerdos sin nuestro consentimiento? Yuste compara su papel con el de un Oppenheimer moderno, alertando sobre los peligros éticos y abogando por incorporar los neuroderechos en la Carta de Derechos Humanos. La libertad cognitiva, la privacidad mental y la integridad personal deben ser protegidas antes de que sea demasiado tarde. Este es un momento decisivo. Las neurotecnologías tienen el potencial de revolucionar la salud, la comunicación y nuestra relación con el mundo, pero también de invadir la última frontera de nuestra humanidad: nuestra mente. El desafío será equilibrar innovación y ética para asegurarnos de que este poder llegue a todos por igual y no deriva en explotación. Por Javier Salas

Creemos la garantía universal de salud, educación y comida
La inmensa mayoría de las teorías de justicia distributiva ofrecen los criterios del reparto de recursos sociales dando por supuesto un mínimo de “bienes primarios”, como los llama el filósofo político estadounidense John Rawls. Son pensadas casi siempre para sociedades con las necesidades básicas cubiertas, de ahí que entre esos bienes se incluyan otros que van más allá de las necesidades materiales indispensables y se extiendan a los derechos, enfáticamente proclamados en régimen de igualdad. El propio Rawls tuvo que reconocer, sin embargo, que la métrica con la que evaluamos la distribución de bienes y su jerarquización, el fundamento de su teoría de la justicia, no puede regir para aquellos lugares en los que falta lo imprescindible. En su último libro llegó a sugerir incluso que la justicia entre las naciones debía priorizar la provisión de los recursos básicos antes que exigir la satisfacción de determinados requisitos políticos.
Si la dignidad de la persona es el valor moral máximo, su respeto pasa por ofrecer una garantía universal de aquellos bienes, como la alimentación, la salud, la educación, sin los cuales no cabe hablar de las condiciones necesarias para llevar a cabo una vida con un mínimo decoro. Primum vivere, que diría el latino, después ya nos plantearemos las demás aspiraciones. Esto ocurre en amplias zonas del planeta, donde carecen hasta de agua potable, alimentos, medicamentos o infraestructuras esenciales para asegurar dichas condiciones de vida. En un mundo, además, donde esta miseria y menesterosidad convive con la opulencia más descarada y ominosa. Y este mismo contraste, tan aireado por los medios de comunicación globales, añade un factor ulterior de lesión moral de quienes sufren la indigencia: la humillación derivada de sentirse los parias de la Tierra. A la indigencia material se une, así, otro asalto a su dignidad, casi tan poderoso como la propia indiferencia que su situación genera. Por Fernando Vallespín

Los contratos de alquiler deberían ser indefinidos
Es un drama cotidiano, vivido en riguroso directo por millones de personas en España. “Aquí no hay quien viva”, se leía en una pancarta en la manifestación por la vivienda en Madrid el pasado 13 de octubre. “¡No se entiende, gente sin casa y casas sin gente!”, coreaban miles de personas en Barcelona el sábado 23 de noviembre.
La teoría es clara. El artículo 47 de la Constitución dice que todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada, y que los poderes públicos deben promover las condiciones necesarias y establecer las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho. La práctica es que, de un tiempo a esta parte, la vivienda se ha convertido en un grandísimo activo especulativo, un producto de inversión, donde las ganancias son de tal proporción que los fondos buitre —siempre oliendo jugosas oportunidades— han entrado de lleno a invertir, y los multipropietarios de pisos son uno de los grupos con mayor renta en España.
En situación de emergencia habitacional, ante un sistema que prioriza el beneficio de unos pocos a partir de una necesidad básica de una mayoría, las administraciones deben poner en marcha —con carácter de urgencia— un doble gran blindaje: por una parte, los contratos de alquiler deberían ser indefinidos (a no ser que la persona que lo tenga en propiedad lo necesite para un familiar). Por otra, la vivienda pública debería estar sujeta a protección permanente, esto es, debería ser de pública perpetuidad, sin posibilidad de introducirse en el mercado de compraventa.
Este blindaje es una coraza para proteger a las personas de las inclemencias de un mercado que solo ambiciona ganancias con mayor margen cada vez. Porque la vivienda es un derecho, no un negocio. “Mi casilla, mi quietud”, escribió Lope de Vega, y esa tranquilidad la queremos todos. Por Mar Padilla

Una gobernanza global de la inteligencia artificial
El vertiginoso desarrollo de la inteligencia artificial es un fenómeno que ya marca con profundidad la vida contemporánea, y todo hace presagiar que su impacto en el medio-largo plazo será extraordinario, inimaginable. Se trata de una revolución tecnológica llena de promesas; pero también de riesgos inquietantes. No hace falta irse al extremo de un mundo dominado por una IA fuera del control humano: hoy mismo ya tiene el potencial de causar graves problemas de seguridad, desestabilizar instituciones democráticas facilitando la manipulación de las opiniones o provocar una problemática disrupción del mercado laboral.
Es necesaria una gobernanza, que debe ser internacional dada la naturaleza de la tecnología y sus consecuencias. No serán suficientes esfuerzos nacionales. Debe haber una coordinación global que ofrezca garantías de explotar las promesas y reducir los riesgos. Ahora estamos a una distancia abismal de conseguirla.
Los expertos debaten sobre cómo avanzar en esa senda. Simplificando, puede optarse por un modelo con una o un conjunto de nuevas instituciones que centralicen la gestión, o por otro que trate de maximizar la capacidad de cooperar en un marco institucional difuso. En primer plano, se cita como modelo el sector de la energía nuclear, otra tecnología llena de promesas y riesgos, y su Organismo Internacional de la Energía Atómica —a la cual debería añadirse como referencia el Tratado de No Proliferación Nuclear—. Este modelo tiene el atractivo de prometer una coherencia de acción y una representatividad deseables. Sin embargo, el actual panorama geopolítico perfila como inviable la construcción de algo parecido. La alternativa parece la única opción realista a corto plazo. Pero ello no debe inducir a desistir en el esfuerzo de divisar un marco de gobernanza que ahora parece utópico. Hubo quienes imaginaban la UE en plena II Guerra Mundial. Por Andrea Rizzi

QUÉ SERÁ, SERÁ


La quinta ola yihadista, un nuevo capítulo
Los rebeldes que han derrocado a El Asad parecen alinearse con los intereses geopolíticos de Israel y Arabia Saudí en la guerra contra su enemigo común: Irán.
Javier Martín, 10.12.2024

Hace apenas tres años, a finales de agosto de 2021, publiqué en estas mismas páginas un artículo titulado Las cinco olas yihadistas, que lleva un destacado en forma de resumen que dice: “El regreso de los talibanes a Kabul se perfila como un nuevo y poderoso acicate para el islamismo radical en Oriente Próximo, el norte de África y el Sahel”. Hoy, esa quinta oleada radical islámica, azuzada por el mismo wahabismo de origen saudí que desató la primera en el siglo XIX —pero más evolucionado—, ha arrasado desde el norte de Siria la tambaleante dictadura de la familia El Asad y abierto las puertas a un eventual tsunami que amenazaría a Irán y cumpliría los sueños más húmedos de la coalición de ultraderecha que gobierna Israel bajo la mano teñida de sangre de Benjamín Netanyahu.

Hayat Tahrir al Sham, la organización que en apariencia lidera la heterogénea pléyade de grupos de oposición islamista que en apenas un suspiro conquistó Alepo y se ha apropiado ahora de las calles de la antigua capital califal, no enarbola junto al resto de sus lúgubres pendones la bandera de la democracia. Tampoco las que representan otros valores que comparte la humanidad desde la creación hace más de medio siglo de la Carta Internacional de Derechos Humanos. Su origen se enraíza en la lógica de la organización Al Qaeda y en particular en su evolución más actual, el Estado Islámico, aunque rompió vínculos orgánicos con ellos. Y bebe como ellas del wahabismo, la herejía radical islámica que a finales del siglo XVIII facilitó la creación del reino de Arabia Saudí moderno y que se difundió por todo Oriente Próximo y el resto del mundo islámico en la década de los ochenta del pasado siglo con ayuda de EE UU e Israel a través del llamado Puente de los Muyahidin, con el objetivo declarado de combatir a Rusia y su esfera comunista en Afganistán, y el afán menos visible de derrotar el islam político que emergía de la mano de organizaciones como la egipcia Hermanos Musulmanes y que amenaza igualmente a la familia real saudí.

Apoyado por los kurdos de Siria —a los que Turquía arma para, entre otras cosas, contrarrestar el movimiento independentista kurdo en el interior de sus propias fronteras—, el núcleo de Hayat Tahrir al Sham procede del llamado Frente Al Nusra, uno de los múltiples grupos financiados por Riad y con vínculos con el Mosad que combatieron al régimen de Bachar el Asad durante aquellos años de la segunda década de este siglo conocidos como las primaveras árabes. Su líder atiende al nombre de Abu Mohamed al Julani, aparece en la lista de los hombres más buscados por Estados Unidos —que ofrece 10 millones de dólares por su cabeza— y desde 2018, cuando la financiación saudí hizo que derrotara a grupos antes aliados con Al Qaeda y el Estado Islámico —que se sumaron a su causa—, controlaba la mayor parte de la región septentrional siria de Idlib, donde lideraba el llamado Gobierno Sirio de Salvación, bajo la mirada complaciente de Turquía y de los servicios de inteligencia de otras potencias regionales e internacionales.

El sanguinario y debilitado régimen de la familia El Asad resistía apoyado en dos recios pilares, Irán y el grupo chií libanés Hezbolá, que le prestaban hombres, armas e impedimenta para frenar el acoso rebelde. Y una tercera y arribista pata, la Rusia de Vladímir Putin, interesado en conservar activa la gran base naval que el Gobierno de Damasco le regaló en el puerto de Latakia a cambio de su apoyo político, económico y militar, y que le concede acceso libre al Mediterráneo. Desde hace más de dos años, los ojos de Moscú están concentrados, sobre todo, en la invasión de Ucrania. Hezbolá, por su parte, se ha visto obligada en el último mes a replantear su estrategia y a reconducir hombres y armas hacia su propio territorio tras la nueva invasión israelí del sur del Líbano. La Guardia Revolucionaria de Irán, teocracia que ya sufrió duramente con la aparición del Estado Islámico durante los coletazos de la Primavera Árabe, no ha sido suficiente para contener un avance rebelde que, pese a que suene extraño, parece alinearse con los intereses geopolíticos de los dos principales actores regionales —Israel y Arabia Saudí— en la guerra contra su enemigo común: el régimen de los ayatolás.

La primera de las oleadas yihadistas surgió en las imponentes montañas de Pakistán, Afganistán e India hace más de 200 años para combatir el colonialismo británico. La segunda, la más importante de todas, se desencadenó hace casi medio siglo impulsada por Washington en el marco de la Guerra Fría y el pulso imperialista contra la URSS, que había enviado sus tropas a conquistar el agreste territorio afgano. Ambas supusieron una mudanza, un giro en la esquina de la historia y la geopolítica mundial. La tercera (el surgimiento de los talibanes y Al Qaeda) y la cuarta (aparición del Estado Islámico) fueron simples evoluciones lógicas, pero con un impacto mediático desconocido hasta entonces que las hizo poderosas. La quinta está ahora en pleno desarrollo y sus efectos futuros se perfilan similares a los de la segunda, aunque aún son un enigma complejo de desentrañar porque incluyen a China, potencia que observa con satisfacción cómo sus émulos se enfangan por intereses de sus aliados —más que propios— en un conflicto histórico con trazas de eterno.

lunes, 9 de diciembre de 2024

SOLIDARIDAD

Juan Fermín Castro (86 años) y Fernando Roca (31). Residente en España desde hace
seis años, Juan contó a Fernando mil anécdotas de su Cuba natal.Ximena y Sergio

Voluntarios contra la soledad escriben la biografía de personas mayores
Pocas historias humanas con tanta intensidad emocional como el proyecto Tu Historia de Verdad Importa. Mayores conversan y narran su biografía a voluntarios más jóvenes durante meses. De cada vida saldrá un libro: llevan ya más de 900. Un ejercicio de memoria viva y de lucha contra la soledad no deseada.
Carmen Guri, 09.10.2024

“Tu protagonista se llama Germana, tiene 91 años y vive en una residencia a 13 minutos de tu trabajo”, decía el audio que envió a mi móvil Laura García, mentora voluntaria en la Fundación Lo que de Verdad Importa (LQDVI). “Vas a vivir una experiencia maravillosa. Es un voluntariado precioso”, explicó con entusiasmo poco antes de las presentaciones. No se equivocaba. Al conocer a Germana García del Barrio —Germa, como le gusta que la llamen— sentí que tenía que ser ella y no otra la persona sobre la que había que escribir. Fue un sentimiento mutuo…, algo así como el de conocerse de toda la vida, el inicio de una gran amistad que perdura más allá de las páginas de un libro escrito entre risas y lágrimas. Un libro que significa mucho para las dos, aunque no tanto como el hecho de haberse conocido.

Esta es la historia emocionante, alegre y a veces también dura de un proyecto de voluntariado con guion de película, o más bien de libro. Porque de eso se trata: de escribir la biografía de una persona mayor, acompañándola y escuchándola para al final poner en valor su testimonio. “Tu historia de verdad importa” son cinco palabras cómplices para los participantes, cinco palabras que dan nombre a la iniciativa solidaria que, desde 2016, propone la Fundación Lo que de Verdad Importa. De la intimidad y la magia de las emociones compartidas durante los nueve meses de proyecto, surgen profundos vínculos personales entre narradores y protagonistas que, en la mayoría de los casos, se mantendrán para siempre.

Como el de Juan Fermín Castro, de 86 años, y Fernando Roca, de 31. Entre ellos saltan chispas de cariño cuando se miran y hablan de su experiencia. “Fernando es para mí el hijo varón que nunca tuve”, comenta orgulloso este cubano que lleva seis años viviendo en Madrid con una de sus hijas. Nunca pensó que alguien querría contar su historia, porque es “un analfabeto”, dice con un hilo de voz. “Él es una persona muy humilde que se crio en una familia muy pobre”, continúa Fernando, que ha aprendido detalles de la vida en Cuba antes y después de la Revolución castrista gracias a las vivencias de su protagonista.

Juan y Fernando, en el proceso de recuerdo y escritura del libro.Ximena y Sergio

Aunque confiesa algo apesadumbrado haber perdido memoria, Juan le ha contado historias de las épocas de la zafra, cuando ayudaba a su padre a cortar caña de azúcar, recuerdos de aquellos tiempos de cartillas de racionamiento, y ha rescatado sus aventuras y desventuras como camionero, y el sentimiento de fraternidad y vecindad del pueblo cubano, y la evidencia de que ser bondadoso ha marcado su vida. Desde que falleció su esposa, Juan asiste al centro de día Geriacen, en el que se siente bien y que, según dice, le salva de la soledad. Mientras Fernando y él hacen planes para quedar otro día a comer en familia, y ante la pregunta de si es feliz, menciona a su esposa con los ojos vidriosos y al final sentencia: “Añoro Cuba”.

María Franco, directora de Lo que de Verdad Importa, cuenta cómo ella y sus dos socias, Carolina Barrantes y Pilar Cánovas, dieron forma al proyecto: “Vamos a empoderar a los mayores. Dejemos de lado la postura de ‘yo soy más joven y vengo a ayudarte’, y vamos a decirles que su historia de verdad importa y a preguntarles: ‘¿Te apetece trabajar en un proyecto de voluntariado conmigo y escribir juntos un libro?”.

Con esta filosofía antieda­dista de estrecha colaboración entre jóvenes y mayores, la fundación quiere aportar su granito de arena a la lucha contra la soledad no deseada que, según el Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada (SoledadES), afecta en España al 20% de las personas de más de 75 años.

En los encuentros semanales que tienen lugar hasta la entrega del texto, los narradores profundizan en la vida de los protagonistas y comparten recuerdos y sentimientos que a veces creían olvidados. Es un voluntariado que requiere “mucho esfuerzo, compromiso y responsabilidad”, explica Manuela Lacalle, coordinadora social de Tu Historia de Verdad Importa (THDVI) desde 2017.

Pepe Ortín (93 años) y Marian Silva (49). Ortín, diseñador y escaparatista,
trabajó con Balenciaga y firmó decorados para el Circo Price. Sigue activo.Ximena y Sergio

“Tu vida ya la conoces, pero cuando un desconocido te hace preguntas, profundizas y encuentras otro sentido a las cosas”, comenta Pepe Ortín. Este diseñador de 93 años llegó al proyecto a través de la Fundación MD Anderson Cancer Center de Madrid, con la que ha colaborado en proyectos de concienciación sobre la enfermedad que él mismo padece. A pesar de tener buena relación con sus hijos, al fallecer su esposa se sintió solo, lo que le llevó a aceptar la propuesta de sus terapeutas de participar en el proyecto. Desde que conoció a Marian Silva, de 49 años, ha encontrado esas conversaciones interesantes que no suele mantener con los de su quinta. “Con ella me he sentido joven, me ha demostrado que he hecho en la vida cosas valiosas que no solo eran trabajo, como yo creía hasta ahora”, confiesa.

Marian Silva explica que desde el primer día que fue a casa de Pepe y este la invitó a galletas, se ha sentido como Alicia en el país de las maravillas entre dibujos, ilustraciones, decorados y todo el desfile de famosos de la moda, la televisión y la cultura que han pasado por la vida de Ortín. Además, para ella ha supuesto un aprendizaje de cómo se vivía en una sociedad en la que estaba todo por hacer después de la Guerra Civil.

Detalle de uno de los cuadernos de dibujo de Pepe Ortín.Ximena y Sergio

Gracias a la extraordinaria memoria de Pepe Ortín, que ha descrito su vida con todo lujo de detalles, a la curiosidad infinita de Marian y a la complicidad entre ambos, juntos han completado un libro de unas 80.000 palabras, cuando lo habitual son entre 15.000 y 30.000, y ya piensan en un segundo volumen. “Si entras en el mundo de Pepe, ¡vas a flipar!”, exclama esta voluntaria, que llegó a sentirse desbordada por tanta información y confiesa que se le saltaron las lágrimas cuando acabó el relato. Para el protagonista de esta historia ha sido un reconocimiento a su trayectoria: “Me gustaría que lo viese mi padre y darle un beso”, dice con nostalgia. Nunca imaginaron, ni Pepe ni Marian, que un año más tarde se querrían tanto ni que cada uno formaría parte de la familia del otro.

Cuando Lucía González (52 años) y Lucía García-Figueras (24) conocieron a Manuel, primer candidato que les propuso la fundación, este las rechazó porque el proyecto le provocaba cierto desconcierto. “No estoy preparado para desnudar mi alma”, les dijo. Pese a la frustración inicial, madre e hija, que conciben el voluntariado como una forma de vida, se comprometieron a hacerle compañía, ya sin la presión de contar su vida. Y además se involucraron en el proyecto con una nueva candidata de la misma residencia. Desde el primer día, Rocío Martínez, de 93 años, les habló de su vida con mucho humor y sin darse ninguna importancia.

Rocío Martínez (93 años), entre Lucía González (52, a la derecha) y Lucía García-Figueras (24).
Entre la madre y la hija contaron la vida de Rocío. El libro fue un aliciente para las tres. Ximena y Sergio

“En mi época no hubiese podido contar mi vida porque las mujeres no figurábamos en ninguna parte”, comenta Rocío, sorprendida de poder hablar sin que alguien la pellizque y le diga que se está pasando. “Cuando empecé a andar, estalló la guerra, así que aprendí lo que la vida me enseñó. Yo no sabía hacer la o con un canuto”, dice con dulzura mientras dibuja la letra en el aire, “y me gusta ver a dos mujeres tan jóvenes trabajando juntas”. El libro ha sido un aliciente para las tres, pero valoran más el vínculo personal que se ha forjado entre ellas que el propio resultado final. “Ojalá fuese mi abuela”, confiesa la voluntaria más joven.

Lo normal en este proyecto de voluntariado es que los protagonistas pierdan el miedo a abrir su corazón a los narradores cuando sienten que les dedican tiempo en exclusiva y les prestan atención sin juzgarlos. Y cuando surge la complicidad con el narrador, aparece también la ilusión por ver su vida publicada en un libro, del que la fundación edita 10 ejemplares para cada protagonista.

El acompañamiento y la escucha activa refuerzan la autoestima de los mayores, pero no todos están preparados para hablar con un desconocido. “De hecho, este es uno de los factores que se tienen en cuenta a la hora de elegir a los candidatos, así como el nivel cognitivo y la situación de soledad en que se encuentran”, asegura Cristina Garzón, psicóloga de la residencia Bouco Madrid San Blas.

Para los más jóvenes, la idea de escribir un libro es una motivación extra a la hora de elegir este voluntariado, al que pueden llegar a través de la plataforma del Ayuntamiento madrileño Voluntarios por Madrid o de empresas que proponen esta iniciativa como actividad extralaboral. Los mayores son seleccionados por las residencias y centros de día que están concertados con la fundación en distintos lugares de España. Madrid es la comunidad donde está más asentado el proyecto y el Ayuntamiento colabora también en la selección de candidatos. Cualquiera puede contactar con la fundación a través de su web.

Eustaquio Hernández (89 años) y Emilio Magdalena (62). Sus hijos animaron
a Eustaquio a contar su historia. Querían leer sus memorias. Ximena y Sergio

No siempre es la soledad lo que lleva a los protagonistas de estas historias a participar en el proyecto. En el caso de Eustaquio Hernández, de 89 años, fueron sus hijos quienes le animaron a participar porque querían que escribiese sus memorias. Taquito, como lo llaman cariñosamente, vive feliz con su esposa, Clementina, en su casa de siempre. Es un hombre dicharachero que contagia alegría al contar anécdotas del pasado entre refrán y refrán. Emilio Magdalena, de 62 años, a quien le gusta escribir cuentos, ha sido la pluma que Eustaquio necesitaba para que sus experiencias no cayesen en el olvido. Ha intentado ser fiel a las expresiones características de Taquito, que tiene una facilidad asombrosa para recordar nombres y apellidos. En los días de conversaciones, que ahora recuerdan los dos con cariño, hablaron de los juegos populares de su infancia, de las curiosidades de la tienda que regentaba o de la crueldad de las situaciones vividas entre vecinos en tiempos de la guerra en Villabuena del Puente, su querido pueblo de Zamora. Para la familia de Eustaquio, el libro es un legado que será más valioso, si cabe, con el paso del tiempo.

El proyecto Tu Historia de Verdad Importa engancha. Hay voluntarios que sienten inquietud por escribir y repiten la experiencia. Esta iniciativa les da la oportunidad de practicar la escritura, además de dedicar parte de su tiempo a las personas mayores. Para ellos, cada historia es un aprendizaje distinto.

Iria Vázquez, de 48 años, que ha hecho de este voluntariado un proyecto educativo con sus alumnos en el colegio Fillas de María Inmaculada de Vigo, comenta que la implicación emocional ha sido tan fuerte que no podría repetir. “Porque he llorado y tengo una preocupación más en mi vida”, comenta. Tanto ella como los adolescentes Noa, Julia, Michele, Lucía, Noemí, José y Xavier adoran a Inmaculada Díez, de 84 años, una hermana de la congregación Religiosas de María Inmaculada que les ha enseñado lo que significa ser monja desde que con 12 años abandonó su casa y a su familia para consagrar su vida a Dios.

Inmaculada Díez Cifuentes (84 años) e Iria Vázquez (48). Religiosa y profesora. Convirtieron su experiencia en el
voluntariado Tu Historia de Verdad Importa en un proyecto educativo con los alumnos de un colegio de
Vigo. De izquierda a derecha: José Fabián Suárez, Noemí Rodríguez, Lucía Moreira, Inmaculada Díez,
Noa Parga, Xavier Nogueira, Anabel Jiménez, Michelangelo Benedetto e Iria Vázquez.Ximena y Sergio

Escribir este libro ha sido un trabajo en equipo que ha requerido mucho esfuerzo y disciplina. Los estudiantes, de 16 y 17 años, se han encargado de transcribir las grabaciones y sus textos han sido evaluados como asignatura. Iria ha narrado la historia y los alumnos han escrito el prólogo y el epílogo. Al acabar sintieron alivio y tristeza. Nunca hubiesen pensado que tendrían una compañera de 84 años a la que echarían de menos si no asiste a clase al menos una vez a la semana. Inmaculada se siente feliz con ellos. Sabe que hoy en día apenas se reza, pero ha intentado inculcarles valores. A cambio han compartido pizzas y aceitunas, han hecho trabajos de arcilla y, entre otras cosas, le han dedicado un rap compuesto por ellos mismos. Ni en sueños habían imaginado algo así.

Nunca se sabe cómo va a ser la relación entre dos desconocidos unidos por el azar. En el proyecto pueden coincidir personas de distinta clase social, nacionalidad, religión, ideas políticas o sexo, lo que hace que cada experiencia sea única. “En realidad, no sabemos cómo se sienten nuestros mayores”, comenta Elena Adrados, narradora en dos ediciones, psicóloga y directora del centro de día El Val de Alcalá de Henares. “Algunos de ellos cuentan cosas de las que nunca habían hablado y sus relatos desvelan emociones desconocidas para sus familiares”.

En el acto de entrega de libros de la séptima edición de THDVI, Nazario Ballesteros (93 años) dio pistas sobre algunos de esos sentimientos que a veces los acompañan en esta etapa de la vida. “No me llames viejo, porque la vida es un camino y todo el que nace envejece”, leía con lágrimas en los ojos y la voz quebrada, “llámame amigo, hermano, compañero” (fragmento del poema No me llames viejo, de Rosario Naranjo).

Puede ocurrir que el nivel cognitivo de los mayores vaya disminuyendo durante el proyecto. En estos casos el relato se completa gracias a la estrecha colaboración entre el narrador y los familiares del protagonista. Familias y amigos suelen involucrarse desde el principio, aunque esto no siempre sucede. Y esta aventura no siempre tiene un final feliz: hay protagonistas que fallecen antes de ver publicado el libro.

Entre emociones y recuerdos se han publicado hasta ahora más de 600 biografías en España, 300 en Francia —donde ­THDVI empezó en 2020— y otras 10 en las ediciones que se hicieron en campos de refugiados en Palestina (2018) y Jordania (2020).

Germana García del Barrio (92 años). Fue cantante de copla y grabó varios discos. Recuerda a
su madre, a sus adoradas amigas y a su esposo fallecido. Ximena y Sergio

Antes de acabar el libro, después de meses de confidencias, se llega a la conclusión de que la compañía es el regalo más preciado cuando la vida pasa, “y que cualquier historia merece la pena ser contada”, como comenta María Franco, para quien cada biografía publicada es la novela más maravillosa del mundo.

En ocasiones, mi nueva amiga Germa, como si fuese la primera vez, me vuelve a contar que su vida empezó fatal porque su madre falleció en el parto y, con lágrimas en los ojos, me recuerda el amor sin igual que vivió con su marido, del que siempre lleva una fotografía en el bolso. Cuando vuelve a su cabeza el recuerdo de que fusilaron a dos de sus tías durante la guerra, baja el tono de voz. Su cara se ilumina al recordar a sus amigas del alma, que fue cantante de copla y que grabó varios discos como “Germa, la voz que acaricia”. Y siempre termina diciendo que ha sido “felicísima” hasta ahora, que está en silla de ruedas en la residencia. Y entre suspiros pregunta mirando a los ojos: “¿Crees que algún día conoceré a mi madre? ¿Volveré a ver a mi marido? ¿De verdad que mi vida merece la pena?”. Cogidas de la mano y compartiendo la mirada le digo: “Tu historia de verdad importa”. Sonríe. Y me emociono.

EL MARTIRIO (bis)

¡Te pasaste Jose!, me decía mi amigo P al leer mi pequeña crítica a la ópera "La bella Susona" de la noche del pasado sábado. 
Yo no la entendí y no me gustó, me dijo, pero entiendo que haya gente a la que le guste e incluso que la entienda.
Me quedé pensando y quizá él tenga razón y me pasé, aunque en mi defensa diré que para mi el arte me alimenta y si no lo hace, pues a otra cosas y listo. La ópera es una de las pocas cosas que me logran evadir y que encuentro sublimes,. lo tiene casi todo; "La bella Susona" no me emocionó lo más mínimo.
Pero no quería volver a machacarla aquí sino mostrar una crítica seria que he buscado en Internet, por una persona presumiblemente muchísimo mejor preparada que yo al respecto: Jorge Amador Morales de codalario.com, La Revista de Música. Nótese que leí la crítica con interés y al acabar la compartí con mis amigos con una nota al margen: crítica como dios manda pero que no dice nada.
Juzguen ustedes.


Crítica de la ópera La bella Susona de Alberto Carretero en el Teatro de la Maestranza de Sevilla
La bella Susona…finalmente

Teatro de la Maestranza. Alberto Carretero: La bella Susona. Ópera en un acto para soprano, solistas, coro, orquesta y electrónica con libreto de Rafael Puerto. Daisy Press (Susona), Luis Cansino (Aben Susón), José Luis Sola (Guzmán), Federico Florio (Pulgar), Marina Pardo (Sor Gregoria), Andrés Merino (Diego de Merlo). Coro Teatro de la Maestranza. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Nacho de Paz, dirección musical. Carlos Wagner, dirección escénica. Nueva producción del Teatro de la Maestranza y del Auditorio de Tenerife.

Tras ser retrasado debido a la pandemia su estreno mundial, por fin ha visto la luz La bella Susona, la nueva ópera compuesta por Alberto Carretero con libreto de Rafael Puerto, no sin algo de autobombo por parte de la prensa local a la hora de enfatizar el hecho de ser la primera obra de un sevillano estrenada en Sevilla sobre una leyenda... sevillana. Fruto de un encargo de la sinfónica hispalense, La bella Susona pone en escena la leyenda basada en los hechos históricos que tuvieron lugar en 1485 y por los que una conspiración judía con apoyo musulmán trató de arrebatar el poder de la ciudad de Sevilla a los cristianos. En ese contexto, Susana Ben Susón, una hermosa judía sevillana del siglo XV e hija del importante comerciante Diego Susón, traicionó a su propio padre al revelar a su amante cristiano una conspiración liderada por aquel. Diego Susón fue arrestado y ejecutado por la Inquisición junto a los demás traidores mientras que Susona, repudiada por los suyos, se convirtió a un cristianismo que igualmente la rechazó junto a Guzman, su amor. A partir de entonces, Susona llevó una vida llena de remordimientos, retirándose a un convento. Pidió que tras su muerte su cabeza fuese colgada en la puerta de su casa.

Esta es, de forma sucinta, la historia de la que Alberto Carretero, catedrático de composición en el Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo de Sevilla, se ha servido para su tercera ópera (o segunda, ya que Renacer, estrenada en 2022 es posterior). En sus propias palabras, «es una historia de amor, traición y redención (...) su marcado carácter operístico aparece reflejado en el contexto de la época, con los mundos judío y musulmán (...) un homenaje a Sevilla como ciudad de ópera». Así pues, durante algo menos de ochenta minutos, en La bella Susona el compositor sevillano explora nuevas posibilidades dramáticas y expresivas con recursos electrónicos, una orquesta sinfónica amplificada y voces (también amplificadas) si bien el papel de Susona destaca sobremanera en importancia y presencia, siendo vocal y escénicamente muchísimo más exigido, con una presencia prácticamente continua sobre el escenario a lo largo de toda la función. La lograda partitura de Carretero destaca por su extraordinaria capacidad para generar una inmensa cantidad de atractivas texturas tímbricas que al mismo tiempo sugieren, evocan y, en cierto sentido, subliman cada situación, personaje o idea concreta a nivel instrumental. Al mismo tiempo resulta bastante interesante en lo que respecta al tratamiento de la voz, abarcando desde la mera declamación, el sprechgesang y otras técnicas vocales extendidas hasta el canto convencional. En definitiva, una obra en la que su compositor parece no renunciar a ningún recurso en favor de la expresión pero cuya representación, no obstante, parece verse lastrada de un limitado desarrollo dramático y una caracterización tibia de los personajes a excepción de la protagonista, ofreciendo un resultado global más descriptivo que narrativo, más oratorial que operístico; probablemente el exceso de idealización conceptual penaliza aquí el formato operístico.

No cabe duda de que la fantástica producción diseñada por Carlos Wagner ha paliado no poco este lunar, ofreciendo una gran complicidad estética con el universo sonoro de Alberto Carretero en base a unas acertadas proyecciones videográficas y una expresiva iluminación, así como un profundo trabajo escénico con los cantantes. Nacho de Paz, por su parte, dirigió musicalmente a la altura de las circunstancias en una función como esta, con tantas variables sonoras, y en las que todo estuvo en su sitio, obteniendo un afortunado equilibrio entre foso, voces y electrónica. Por su parte, Daisy Press, que debutaba operísticamente en nuestro país, brilló con luz propia en una caracterización muy lograda del rol protagonista. El versátil instrumento de la estadounidense, dotado de gran brillantez, atractivo tímbrico y elasticidad al circular por todos los registros, presentó una gran homogeneidad en los diversos planos interpretativos exigidos. En cuanto al resto del reparto, la solidez y buen hacer de cantantes de la solvencia de Luis Cansino, José Luis Sola, Marina Pardo o Andrés Merino, elevaron el nivel artístico de la representación.

BLANCO Y NEGRO VS. COLOR

¡Quién diría que las fotos en color son las de hoy!

Estos tiempos bélicos es fácil escoger un bando y lanzarse al agua defendiéndolo sin ver mas allá de lo aparente, soy consciente de ello, pero estaría bien tener una visión panorámica del asunto. Cuando cayó el régimen del Sha -basta leer "El Sha o la desmesura del poder", de Kapucinski, para entenderlo, las perfectivas de un gran cambio fueron enormes en todo el mundo. Ahora, viendo lo que es Irán, un régimen teocrático, islamista, radical y que, además, apoya causas terroristas o regímenes como en sirio, no hay palabras. Irán, Afganistán, la primavera Árabe y ahora Siria. Tras la caída de los sátrapas que gobernaban sanguinariamente estos países nos encontramos con democracias inestables que se inclinan a imponer la ley islámica. ¿Qué será del futuro de las mujeres? ¿y de las minorías? Mientras la religión siga siendo lo que es, me temo que la Humanidad no podrá nunca mejorar.

Abu Mohamed al Julani, nombre de guerra del líder de la organización
islamista suní Hayat Tahrir al Sham (HTS)

Busco con interés información sobre el líder rebelde Abu Mohammed al Jawlani, nombre que nos hartaremos de escuchar a partir de ahora. Bajo estas notas de la BBC NEWS MUNDO:

Quién es Abu Mohammed al Jawlani, el líder rebelde cuyo grupo (HTS) puso fin al régimen de Bashar al Assad en Siria

La fuerzas rebeldes en Siria entraron en Damasco y declararon el fin del régimen del presidente Bashar al Assad, de quien se informa que abandonó el país con su familia rumbo a Moscú, donde les han concedido asilo.
El grupo fundamentalista Hayat Tahrir al Sham (HTS, Organización para la Liberación del Levante), que encabezó el avance de los grupos insurgentes en la última semana, está comandado por Abu Mohammed al Jawlani.
Al Jawlani -que ahora usa su nombre real, Ahmed al Sharaa, en lugar de su nombre de guerra como señal de su repentino ascenso tras la caída de Assad- ha tenido una trayectoria de militancia en varios grupos islamistas, antes de llegar al comando de HTS.
Como tal, ha sido acusado de cometer abusos contra los derechos humanos.
Aunque en años recientes ha intentado presentar una imagen más moderada hacia el mundo, Estados Unidos continúa ofreciendo una recompensa de US$10 millones por su captura.
"Esta es una victoria de todos los sirios", declaró Al Jawlani durante el discurso que pronunció en la tarde del domingo en la emblemática mezquita de los Omeyas de Damasco.

Dudas sobre su biografía
Días atrás, Al Jawlani le dijo a la emisora pública de Estados Unidos PBS que nació con el nombre de Ahmed al Sharaa y que es un sirio cuya familia proviene de la región del Golán. Añadió que nació en Riad, capital de Arabia Saudita, donde su padre trabajaba en ese entonces, y que se crio en Damasco. Sin embargo, también hay informes que ubican su lugar de origen en Deir Ezzor, en el este de Siria. Según reportes de Naciones Unidas y la Unión Europea, nació en algún momento entre 1975 y 1979. Interpol afirma que fue en 1979. El diario árabe As-Safir dice que nació en 1981. También hay rumores de que estudió Medicina antes de convertirse en un militante islamista.

¿Cómo se convirtió Al Jawlani en el líder de un grupo islamista?
Se cree que Al Jawlani se integró al grupo yihadista al Quaeda en Irak después de la invasión de ese país en 2003 por una coalición liderada por EE.UU.
La coalición rápidamente destituyó al presidente Saddam Hussein y retiró a su partido Baaz del poder, pero enfrentó una resistencia concertada de una variedad de grupos milicianos.
En 2010, las fuerzas estadounidenses en Irak arrestaron a Al Jawlani y lo recluyeron en el Campamento Bucca, cerca de la frontera con Kuwait. Allí se especula que conoció a los yihadistas que más tarde formarían el grupo Estado Islámico (EI), incluyendo al que sería líder de esa organización, Abu Bakr al Baghdadi.
Al Jawlani ha declarado a los medios que después de que estallara el conflicto armado en Siria contra el presidente Bashar al Assad en 2011, Al Baghdadi coordinó para que él se fuera a ese país para iniciar un brazo afiliado a la organización allí. Al Jawlani se convirtió en el comandante de un grupo armado llamado el Frente Nusra (o Jabhat al Nusra) que estaba secretamente afiliado a EI. Ya en Siria se destacó por su accionar en el campo de batalla. En 2013, Al Jawlani cortó los lazos del Frente Nusra con EI y lo puso bajo el control de al Qaeda. Sin embargo, en 2016 anunció en un mensaje grabado que también había roto con este grupo.
En 2017, Al Jawlani declaró que sus combatientes se habían unido a otros grupos rebeldes en Siria para conformar Hayat Tahrir al Sham (HTS, Organización para la Liberación del Levante). Al Jawlani comanda el grupo entero.

¿Qué tipo de líder es Al Jawlani?
Bajo el comando de Al Jawlani, HTS se convirtió en el principal grupo rebelde en Idlib y las regiones aledañas, en el noroeste de Siria. La ciudad tenía una población de 2,7 millones antes de la guerra, que se estima que alcanzó unos 4 millones debido a la llegada de personas desplazadas. Allí controló el llamado "Gobierno de Salvación", que actúa como una autoridad local en la provincia de Idlib suministrando servicios de salud, educación y seguridad interna.
Al Jawlani expresó a PBS en 2021 que no seguía la estrategia de al Qaeda de una yihad global. Declaró que su meta principal era el derrocamiento del presidente Al Assad, y que EE.UU. y Occidente compartían su objetivo.
"Esta región no representa una amenaza de seguridad para Europa y Estados Unidos", afirmó. "Esta región no es un escenario para la ejecución de una yihad extranjera".
En 2020, HTS clausuró todas las bases de al Qaeda en Idlib, incautó sus armas y encarceló a algunos de sus líderes. También reprimió las operaciones de EI en Idlib. HTS impone la ley islámica en las áreas que controla, pero lo hace de una manera sustancialmente menos estricta que otros grupos yihadistas. Públicamente se relaciona con cristianos y otros no musulmanes. Los grupos yihadistas lo han criticado por considerarlo demasiado moderado. No obstante, organizaciones de derechos humanos han acusado a HTS de reprimir las protestas públicas y de abusos contra los derechos humanos. Al Jawlani ha negado estas acusaciones.
HTS ha sido clasificada como una organización terrorista por varios gobiernos en Occidente y Medio Oriente, y por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Debido a los vínculos pasados de Al Jawlani con al Qaeda, el gobierno de Estados Unidos ofrece una recompensa de US$10 millones por información que conduzca a su captura.
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Lectura recomendada para entender un poco más estos regímenes islamistas:


NOTRE DAME

 

Gustavo Dudamel dirige a la Filarmónica de Radio Francia en la reapertura de Notre Dame después de sus cisco años de restauración tras el incendio que la destruyó parcialmente. Un movimiento de la 5ª Sinfonía de Beethoven, por cierto.

OTHER NEWS

 







domingo, 8 de diciembre de 2024

SIRIA


No creo que podamos hablar de Primavera Árabe a estas alturas, si acaso de otoño o invierno, pero está claro que el sátrapa sirio El Asad ha sido el siguiente en caer. Sanguinario recalcitrante ha aguantado 13 años de guerra civil, claro está que con apoyo externo de Rusia e Irán.
Ya habrá tiempo para saber los hechos y condicionantes por los que estos dos países dejaron caer al mandatario sirio, o al menos lo que dirán los periódicos, las televisiones, la Historia. Por ahora es tiempo de ver el día de la marmota, un déjà vu constante: estatuas del dictador destruidas, pillaje y destrozos en el palacio presidencial, hombres y más hombres celebrándolo armas en ristre, etc. Ya pasamos por esto mismo anteriormente en Egipto, Túnez, Yemen, Bahréin, Libia... Antes lo vimos en Irán cuando Jomeini echó al Sha, o los talibanes volviendo al pasado en Afganistán. No está nada escrito aún (o sí), pero da miedo leer sobre los grupos "rebeldes" que han derrotado a Al Assad, una escisión de Al Qaeda, para empezar. De entrada las imágenes dan miedo, habrá que ver cómo se van sucediendo las cosas.
Por lo pronto El Asad estará ya bebiendo vodka y contando lingotes.

ATREZO


Aún no
Juan José Millás, 08.12.2024

Siempre me he preguntado por el fuego de esa chimenea que tan familiar resulta ya a los consumidores de los telediarios. ¿Será realmente de leña o lo provoca un chorro de gas productor de esas llamas que abrazan una pila de troncos falsos? Soy un experto en fuegos de chimenea y no me parece que esa leña esté bien apilada. De ser auténtica, podría desmoronarse en cualquier momento y caer sobre la alfombra provocando un incendio de horribles consecuencias. Dudo, en fin, de la sinceridad de ese hogar. Hay maneras increíblemente realistas de imitar las llamas y su movimiento en apariencia errático. Acuda usted a una gran superficie de mobiliario doméstico y lo comprobará.

Afirmémoslo, pues, sin temor: estamos ante un fuego de atrezo. Un fuego que trata de parecer lo que no es y que quizá lo consiga. Tal vez toda la habitación sea un plató. Tal vez las personas que actúan en ella sean meros actores. El mundo como representación. Observen, si no, la naturalidad teatral con la que Trump se inclina hacia Biden, haciéndole un comentario que obliga a sonreír a ambos. ¡Qué cortés resulta todo! No ya la chimenea hogareña, con sus adornos vegetales (quizá de plástico), sino la atmósfera genuinamente civilizada con la que estos dos sujetos se muestran ante la doliente humanidad. Me pregunto hasta qué punto este planeta en vías de extinción no es ya un set donde cada uno de nosotros representa, sin ser conscientes de ello, un papel en apariencia inocente, como ese fuego que pese a mentir sobre su origen, abrasa lo mismo que si procediera de un tronco de roble. La cosa es que no es lo mismo. Aún no.