Como cada mañana salgo de casa a las 6:55h, sin gato a la vista pidiendo su desayuno, y regreso sobre las 8:10, esta vez sí me esperaba Medianoche en la puerta para que lo dejara entrar a por su suculento pienso.
Hoy, durante la media hora de aparatos, -tren superior y un poco de piernas-, comparto zona del gimnasio con mi compañera de siempre, la que está en plana forma pero que suspira por su forma física de hace 15 años (sería una diosa del Olimpo), y con un pibe nuevo. Éste, de punta en blanco, ropa conjuntada, auriculares a la moda y móvil en ristre; de la media hora que pasé sacando al modelo que llevo dentro lo vi hacer una única serie de un ejercicio, el resto del tiempo, unos 28' de reloj, no se despegaba de su móvil. O sea, que si en media hora hace un ejercicio, calculo que saldrá del gimnasio a las 2 de la tarde, más o menos, si quiere que le cunda el día. Ah, lo mejor es que durante ese ejercicio que le vi hacer también se hacía selfies. Lo tenía todo, un cachas de catálogo.

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