domingo, 23 de febrero de 2025

ÁRBOLES

 































SIN (CON) PALABRAS

 

DOMINGO

Leyendo a Elvira lindo me han venido a la cabeza dos historias de las que, posiblemente, ya les haya hablado. No tienen que ver una con otra y sucedieron en diferentes lugares y en distintos años, pero ¡quién sabe si no está todo conectado ya en este mundo loco en el que vivimos!
Hace años, mientras un concejal que quería echarme me castigaba con atender al ciudadano un día tras otro, vino a verme un arquitecto amigo para hablar de las dudas que tenía respecto a un proyecto y, entre una una cosa y otra, terminamos hablando del rey Juan Carlos, de su cacería y de la rotura de la cadera que acabó precipitando la historia monárquica española. Él, muy serio, se quejaba de la magnitud en la que había terminado todo con estas palabras que resumían su arenga: pero Jose, al fin y al cabo, ¿de qué estamos hablando? ¡De un elefante!, ¡que sólo fue cargarse a un elefante! Educadamente, ya sin palabras, le dije: perdona, tengo que dejarte, tengo otra cita esperando fuera.
Mucho tiempo después, de hecho hace algunas semanas cenando en casa con unos amigos, habló uno de ellos sobre la locura a la que se había llegado con esto de la diversidad de géneros, sentenciando: no nos engañemos, todo acaba en dos géneros, los de toda la vida, hombre y mujer; lo demás son majaderías. Bueno, le respondía, hablar de esto tan frívolamente me pone muy nervioso, se nota que no conoces a ninguna persona o familia que hayan pasado por una de estas experiencias. ¡Yo no estoy siendo frívolo!, dijo después. Ya ya me había puesto a hablar con el comensal que tenía a mi lado para no entrar en polémica y fastidiar el postre, rico rico. 
Hoy, el artículo de Elvira Lindo, como les decía, me hizo recordar esto que les he contado.
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Manifestación en apoyo a los menores trans frente al Children's Hospital
de Seattle, el 8 de febrero.David Ryder (REUTERS)

El chico tiene miedo
En su toma de posesión, Trump anunció que en EE UU solo existirían a partir de ese momento dos sexos, una insólita amenaza referida a la intimidad de la ciudadanía convertida ya en realidad.
Elvira Lindo, 23.02.2025

Nos conocimos en 2004 en Nueva York y fue una amistad a primera vista. Era una chica de Boston, de clase obrera, orgullosa de serlo, experimentada, valiente, sarcástica con todo aquello que pudiera oler a esnobismo, porque a ella lo cool ni le atraía ni le correspondía, pertenecía al batallón de trabajadores que no suele protagonizar esas películas que tienden a hacernos creer que esa ciudad es la mejor para vivir aventuras cuando se es joven y se tiene tiempo. Si John Cheever la bautizó como la ciudad de los sueños rotos es porque los advenedizos, estadounidenses o no, llegan con las expectativas muy altas y luego se dan de bruces con la realidad. Mi amiga Jane no tenía tiempo ni dinero para perderlo en restaurantes, compartía piso en un barrio alejado a una hora de donde trabajaba y algunas noches volvía a casa, como tantos neoyorquinos, cenando en el metro. Un buen día se largó, dejó atrás esa vida extenuante y regresó a casa. Es una historia común y, sin embargo, la menos contada. Su viejo barrio volvió a acogerla. Cumplió entonces su deseo de ser madre, pero sola, porque no encontraba hombres a su altura. Aunque pequeña y enjuta, Jane esconde un gigante en su interior. La niña llegó y ella se esmeró en que fuera una niña feliz y cultivada. En esta nueva vida trabaja con criaturas con discapacidad y tiene esa convicción que una encuentra en algunos estadounidenses voluntariosos de que con su trabajo mejoran el mundo. Es la mujer fuerte entregada a los débiles. Me escribía contándome cómo el buen trato mejoraba la vida de niños muy difíciles. Hace unos cuatro años me confesó que andaba preocupada por su hija. La persona que más quería en el mundo flaqueaba, lloraba y ella no alcanzaba a saber el motivo. Una noche, de madrugada, el secreto de la tristeza le fue revelado: “No soy una niña, mamá”. Lo había intentado fingir por agradar a su madre, ponerse vestidos, adoptar ciertas maneras copiadas de sus compañeras, pero ya no podía más. Comenzaron las visitas al pediatra, al neurólogo, al psiquiatra. La niña llegó a confesar en la consulta que si no le prescribían pronto un tratamiento que le bloqueara las hormonas se tiraría por un puente. Durante un tiempo se autolesionó. Y así fue cómo comenzó la travesía o transición. Primero fue lo más fácil, el cambio de nombre, luego las inyecciones que le devolvieron, literalmente, la serenidad. Volvía a sonreír, ahora como un niño.

No puedo abordar este asunto desde una perspectiva teórica, siempre he comprendido mejor el mundo a través de pequeñas historias a las que presto toda mi atención; debe ser porque mi pensamiento responde más a lo literario que a lo abstracto, de tal forma que haber seguido los pasos de este muchacho hoy adolescente a través de las cartas (mails) de su madre y de las fotos que ella me ha ido mandando me ha hecho entender el proceso, la preocupación materna, la voluntad inquebrantable de una madre que siempre ha prestado amparo, y algo más arduo de expresar que se advierte mirando las fotos: el chico cambió de género pero la sonrisa inocente y traviesa le definirá siempre.

Hoy madre e hijo están muy asustados. Procuran rodearse de un círculo de personas sensatas, racionales, compasivas, tan asustadas como ellos. En el discurso de toma de posesión, Trump anunció que en Estados Unidos solo existirían a partir de ese momento dos sexos, una insólita amenaza referida a la intimidad de la ciudadanía convertida ya en realidad con la retirada de fondos a cualquier organismo que huela a diversidad, cuotas, tratamientos médicos o investigación. Este desprecio viene siendo transmitido en directo riguroso y escuchado, como en el caso de la inmigración, por la población afectada. El chico de mi amiga teme que le retiren el tratamiento y teme por su madre, piensa que pueden acusarla de inducir a un menor de edad a cometer un delito. Es una pequeña historia que resume el pánico de todo un país.

sábado, 22 de febrero de 2025

VOLABA AYER

Entre Tenerife y Gran Canaria, en un vuelo anterior al que había comprado y así adelantar algo de tiempo, con el kindle y otro libro en papel, todo entre las ropa y un par de carpetas con papeles que me traje de la oficina. Opté por el libro de toda la vida y continué sumergiéndome en esta delicia escrita por Eduardo Mendoza en 1978: "El misterio de la cripta embrujada". Media hora no da para mucho, más cuando tienes sueño acumulado, pero esta vez aguanté y saboreé esos treinta minutos como si fueran chocolate (con leche, el negro me gusta menos). Quiero recordar una conversación hace muchos años con mi amigo F el G sobre otras de sus novelas, "Sin noticias de Gurb", del año 1991, aunque igual la memoria me juega una mala pasada.
Ésta en la que ando es corta, el único defecto que le encuentro. La historia es ingeniosa, muy española, absurda, amena, muy bien escrita y extremadamente divertida.

Nos dice la Wikipedia: En Nueva York, donde Eduardo Mendoza trabajaba como traductor para la ONU, abandonando aquella España, en palabras del autor, "triste, amarga y violenta", y escribió “divirtiéndome como nunca lo había hecho". Finalizó el manuscrito en una semana y lo envió a la editorial Seix Barral, que ya había publicado su primera novela. Seix Barral publicó El Misterio de la cripta embrujada en 1978.
El comisario Flores es un inspector de la Brigada de Investigación Criminal. Ante el caso de la desaparición de una niña de un internado de madres lazaristas, el inspector decide buscar ayuda en un antiguo criminal depravado que está interno en un manicomio. Así llegan a un trato entre el interno y el comisario: si ayuda a resolver el caso, se ganará la libertad. Tras liberar al interno del manicomio, éste volverá a Barcelona tras cinco años de internamiento. Aunque ha recuperado el control de sí mismo, sigue teniendo su viejo instinto que le permite inventarse identidades, suplantar a otros o abrir puertas sin llaves. Volverá a ver a su hermana y se involucrará en una historia en la que un adinerado industrial catalán quiere esconder el cuerpo de un muerto. Intentando tapar esta muerte se producirán delitos varios (muertes, drogas...), que el exinterno conseguirá resolver con la ayuda de una exalumna del colegio, Mercedes. 

POR EL SIMPLE PLACER


ASMR: El placer de deportar migrantes según la Casa Blanca
La Casa Blanca ha grabado un vídeo para provocar el placer que experimenta Trump (y sus votantes) al humillar al migrante.
Nuria Labari, 22.05.2025

ASMR significa respuesta sensorial meridiana autónoma y describe una sensación física y psicológica que aporta calma y tranquilidad a quien la experimenta. Su efecto es realmente placentero y por eso los vídeos en ASMR acumulan millones de visualizaciones en internet. ¿Pero en qué consisten? Básicamente en realzar sonidos en primer plano como técnica de relajación. ¿Qué clase de sonidos? Pues susurrar al oído, pasar las páginas de un libro, arrugar una bolsa… Las derivaciones del ASMR son casi infinitas y cada vez más artísticas (la cuarta temporada de Stranger Things comenzó con cinco minutos de ASMR sin diálogos), pero siempre busca provocar relajación y tranquilidad. Pues bien, la Casa Blanca ha grabado un vídeo en ASMR para provocar en sus espectadores el mismo placer que experimenta Donald Trump (y sus votantes) cada vez que una persona migrante es humillada y deshumanizada.
El resultado de esta producción artística lo soltó la Casa Blanca desde su cuenta de X en un tuit que tituló “AMRS: Vuelo de deportación de extranjeros ilegales” y acumula más de 100 millones de visualizaciones. En esta grabación los ruidos placenteros los provocan el sonido de los grilletes al chocar con el asfalto, el tintineo de las cadenas que se utilizan para atar a las personas, las esposas al rozar las manos indefensas, el tintineo de las cadenas atadas a los tobillos del hombre que sube las escaleras del avión donde será expulsado de su propia vida. Las personas migrantes no tienen rostro en el vídeo, les han cortado literalmente la cabeza, su única forma de expresión son las cadenas que los atan. Su voz es el sonido que produce su sometimiento. Y el efecto que se busca con su exhibición no es otro que el del placer. Finalmente, el ASMR provoca una sensación física y psicológica, pero no la prometida: una necesita vomitar y está psicológicamente hundida al terminar el vídeo.
Comprendes que la banalidad del mal que descifró Hannah Arendt palidece frente a la obscenidad del mal que propone Trump. Una clase de mal que ya no se molesta en esconderse tras eufemismos o secretos. Si en el siglo XX el mal se escondía (la Solución final y la Stasi fueron secretos de Estado), la obscenidad del siglo XXI lo despliega y exhibe para aceptar (y defender) que el mal dirige el mundo y que cada uno de nosotros es, simplemente, una parte de ese mundo. Por eso EE UU lo dirigen dos empresarios sin escrúpulos convencidos de que las ganancias importan más que las personas. Y por eso cada vez que Trump encadena a un ser humano para expulsarlo de su país, lo que siente es que gana. Y que si su victoria trae dolor o vulneración de los derechos humanos, eso nada tiene que ver con su negocio, donde la expresión obscena del mal se ha colocado en el centro de la acción política. Soltar barbaridades es, para la ultraderecha del siglo XXI, una forma de publicitar un mal que necesita su propia expresión y propaganda. Una clase de mal que busca su lenguaje, su poética, su ASMR y su propio sentido moral. Trump y Musk han inaugurado la moral del mal y lo peor es que no se conforman con ser malos, quieren que lo seamos todos y que sintamos, además, el mismo placer que ellos ante el dolor ajeno. Eso es el ASMR de la Casa Blanca, la música del peor mundo posible.

ASMR: Illegal Alien Deportation Flight.

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

 




UN GRAN SILENCIO BENEFICIOSO

Terminada la semana en La Esperanza tras múltiples reuniones, visitas de obra e informes urgentes devidaomuerte, o más bien devidaymuerte, llego al sábado con ganas pero sin fuerzas. Espero a que abra la tintorería del cercano centro comercial para, una vez resuelto este asunto que no es baladí, sentarme a terminar una memoria compleja que debe estar terminada, a lo sumo mañana; ya ven a mi trabajo privado llegan las mismas consignas -léase inaplazable o sinónimo similar- de mi otro trabajo matutino. 
Los diez minutos que pasé tomando café con una tostada de pan alemán con salmó ahumado me han dado tiempo para saber de la revisión que Paul Preston hace de su inmensa biografía de Franco, que T ha destituido a no-se-quién, un general importante que había... (sic) promotor de la diversidad en el Pentágono, que Hamás continua su goteo de rehenes devueltos a sus familias mientras recibe a cientos de excarcelados, el horror contado por los ucranianos y un magnífico ¡cómo no! artículo de Muñoz Molina que transcribo aquí mismo.
Una semana que ha pasado con un poco de todo, como escribía, incluso una conversación delicada sobre lo de siempre, desprecios y desplantes que no hacen sino viciar el aire y poner obstáculos para que el ciudadano acabe sin solucionar su problema, el mismo ciudadano que con sus impuestos, tasa y demás aporta su grano de arena a nuestro sueldo mensual y para que trabajamos, o al menos esa es mi opinión.
> El agua no se puede poner.
> ¿Y eso por qué?
> Lo dijo Pepitadelospalotes. (Pepitadelospalotes de los cojones, pensé yo ipso facto).
Éste es el nivel, y al ciudadano que le den.
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Sons of the East, *What I do.

Tan callando
Hablando, en vez de entenderse, lo que hace muchas veces la gente es envenenarse, injuriar a personas que no son culpables, o difundir embustes.
Antonio Muñoz Molina, 22.02.2025

Hablando no se entiende la gente. Para comprobarlo basta con prestar algo de atención a los debates, por llamarlos de algún modo, que hay en el Parlamento, o escuchar una de las arengas que los líderes de los partidos dan a sus feligreses los fines de semana, empleando las armas incendiarias, aunque limitadas, de una oratoria consagrada a enardecer y persuadir a los ya persuadidos, la mayor parte de los cuales muestran un entusiasmo que tal vez no sería tan intenso si sus colocaciones y sus ingresos no dependieran tanto de la benevolencia selectiva del líder. Hablando a gritos y con crescendos de sarcasmo fácil y denostación del adversario, cada vez más el enemigo, lo que hace la gente es embriagarse de su propio sectarismo, y de los aplausos cautivos de sus subalternos, sin que en esas tiradas verbales se distinga una sola idea, sin que en el ruido de la artillería retórica, de una chabacanería deplorable, de una vulgaridad abismal, haya espacio para el menor intercambio de iniciativas capaces de aliviar los problemas que nos agobian y las amenazas que vienen aceleradamente hacia nosotros, todas las cuales exigirían un alto grado de conversación verdadera y concordia.

Decía Azaña que si las personas hablaran solo de las cosas que saben y cuando tienen algo sustantivo que decir, por España se extendería un gran silencio muy beneficioso para trabajar. Hablando, en vez de entenderse, lo que hace muchas veces la gente es envenenarse, o injuriar a personas que no son culpables de nada, o difundir embustes que luego ya no se pueden corregir. Un delincuente y estafador al que un juez o fiscal ha dejado en libertad provisional, no se sabe si por simple generosidad de alma o para facilitarle que destruya pruebas de sus delitos, acusa públicamente a una persona honorable, Ángel Víctor Torres, el ministro de Política Territorial, de encontrarse con prostitutas en pisos alquilados, y quien tiene que presentar documentos que acrediten la verdad de sus palabras no es el locuaz acusador, sino el calumniado. Ver a este hombre exhibiendo prolijos certificados de aerolíneas para demostrar que estaba en un avión el mismo día y a la misma hora en que se le acusaba de haberse encontrado en lo que antes se llamaba un picadero da una gran tristeza civil, sobre todo cuando se compara su expresión de dignidad herida con la cara de guasa y desvergüenza de quien solo ha tenido que decir mentiras para ganarse la atención de periodistas y políticos con tan pocos escrúpulos como él y de autoridades judiciales llenas de fe en su veracidad.

“El que sabe calla; el que habla no sabe”, dice un epigrama del Tao Te Ching. El que sabe calla no porque quiera ocultar a los demás el secreto de su conocimiento, sino porque para llegar a saber algo con cierto rigor y profundidad hace falta mucho tiempo de reflexión y estudioso silencio. A nuestro alrededor vemos, escuchamos, leemos, a personas que no saben nada y a las que, sin embargo, no les entra la lengua en paladar, pero como hablan alto y con aplomo parece que saben mucho, sobre todo cuando tienen el privilegio masculino de esas voces de bajo que parecen indicios de gran sabiduría. Hablando no se entiende la gente porque muchas veces el que habla está escuchándose a sí mismo, y el que tendría que escuchar aguarda con impaciencia el momento en que el interlocutor haga una pausa de tomar aire para quitarle la palabra. Quizás ese es el motivo del éxito de las notas de voz, que tienen la ventaja de que no hay peligro de interrupción para el que habla, ni esa molesta presencia verdadera del otro, que siempre es un incordio en estos tiempos de egocentrismo tecnológico.

Después de una temporada en la que por motivos profesionales me vi obligado a hablar con demasiada frecuencia, acabé tan fatigado que decidí someterme a una cura de silencio. Un peligro de hablar en público es que uno se acostumbra a ser escuchado sin interrupción y con un respeto en el que hay una parte inevitable de distancia jerárquica entre quien habla y el público, distancia a la vez física y mental que no llegan a reducir las preguntas de un coloquio. No hay comunicación verdadera que no sea igualitaria. Y la atención de un auditorio favorable puede fácilmente halagar la vanidad y relajar la propia exigencia, la conciencia crítica de uno mismo. Hay demagogos y populistas de la literatura igual que los hay de la política, y, como hablar suele ser menos trabajoso que escribir, se corre el peligro de que los golpes ingeniosos y los chistes en voz alta premiados con risas excesivas acaben corrompiendo el estilo, y hasta la inteligencia.

Dice un poema de W.H. Auden: “Las personas privadas en lugares públicos/ son más amables y más sabias/ que las personas públicas en lugares privados”. Sin la fatiga y la máscara de un escenario, la conversación verdadera y gustosa en el ámbito de la intimidad de las personas más cercanas cobra un valor terapéutico. De pronto hablando sí que nos entendemos, y la escucha atenta se corresponde con la confidencia y también con la confesión, con el relato confiado y veraz de lo que se ha vivido. El zumbido de un charlista sabelotodo en la radio o de un intoxicador profesional de la política suena como una inaceptable intromisión. Si no tenemos nada que decir o si hay cosas que es preferible callar para no hacer un daño inútil, lo mejor es quedarse en silencio, como quien despeja el escritorio o la mesa del taller en preparación de una tarea. Está bien escuchar música, a condición de que sea elegida y no forzosa, pero muchas veces puede ser preferible el silencio, que nunca está vacío ni es un espacio en blanco. Se han hecho muchas burlas sobre aquella pieza de John Cage, 4′ 33′', en la que el intérprete se sienta al piano y permanece inmóvil durante ese tiempo exacto, pero en ella hay una llamada de atención: en el silencio del pianista y del público se descubren todos los rumores posibles de los que de otro modo nadie habría sido consciente, como cuando en los días de la pandemia salíamos a la calle sin tráfico y nos llegaba el canto solitario de un gorrión en un árbol de la acera y el sonido de nuestros pasos, y el de nuestra respiración oscura tras la mascarilla.

A veces uno necesita el silencio como necesita un asmático un aire fresco y limpio que le inunde de los pulmones. Una mañana de este febrero soleado he viajado varias horas hacia el norte para sumergirme durante dos días enteros en un retiro de silencio, en una casa monástica pero no penitencial en una ladera que dominaba un valle atravesado por el fragor de un torrente, cerca del antiguo molino que aprovechaba la fuerza de esas aguas, y de una colina por la que un sendero alfombrado de musgo muy espeso ascendía hasta una ermita, en medio de un bosque de hayas y robles todavía con la desnudez del invierno, aunque en las praderas de hierba jugosa ya había estallado una policromía de pequeñas flores silvestres.

Del amanecer a la noche, durante esos dos días, he vivido entre un grupo numeroso de personas que permanecían tan en silencio como yo, compartiendo tareas y comidas, sin decir nada, sin necesidad de decir nada, pero unidos en una comunidad en la que cada uno tenía una presencia tan singular como los árboles del bosque. No teníamos que esforzarnos en improvisar conversaciones con el comensal de al lado. No nos hacía falta conocer opiniones o afinidades para sentir una fraternidad sin palabras. El último día, en la comida, terminó el voto de silencio. Ahora nos animaba la alegría de esa vida en común que de golpe se llenaba de palabras, y de carcajadas y brindis, pero en esas palabras que decíamos estaba la conciencia cuidadosa de su valor y su peligro.

jueves, 20 de febrero de 2025

EL CUARTO REICH

Un grupo de personas con la bandera del arco iris se paran frente a la embajada de
Estados Unidos en Madrid. Santi Donaire ((EPA) EFE)

EE UU pide a los proveedores de todas sus embajadas que certifiquen que no cumplen con políticas de diversidad e igualdad
La medida afecta a las empresas que operan bajo legislación estadounidense, a las que se les amenaza con congelar los pagos.
EL PAÍS, 20.02.2025

La Administración de EE UU acelera su cambio de rumbo desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. A raíz de la nueva regulación antidiscriminación aprobada por Washington que pone un cerco a las políticas de diversidad, igualdad e inclusión, las embajadas estadounidenses están pidiendo a sus proveedores locales que aseguren que cumplen con el nuevo marco y no aplican ninguno de estos programas. “La Embajada de EE UU en España, como todas nuestras embajadas en el mundo, está comunicando a nuestros proveedores locales de productos y servicios el nuevo marco de trabajo basado en las recientes órdenes ejecutivas firmadas por el presidente Trump”, detalla un portavoz de la oficina diplomática estadounidense en España. “Queremos asegurarnos que nuestros contratos cumplan con todas las leyes federales antidiscriminación y que los proveedores no operen programas que promuevan la diversidad, equidad, e inclusión, que violen las leyes federales existentes”, añade.

Todas las embajadas de EE UU tienen que acatar la orden presidencial de suprimir las políticas dirigidas a la diversidad, la igualdad y la inclusión, según confirman fuentes diplomáticas estadounidenses de otro país europeo. Las delegaciones estadounidenses en el exterior deben preguntar a sus proveedores que certifiquen que no aplican ninguna política interna “de diversidad e inclusión que viole las leyes antidiscriminación” federales. Este requisito deberá probarse a través de la firma un documento en el que se certifica el “cumplimiento de la conformidad sobre las leyes federales antidiscriminación”, según ha adelantado el diario El Confidencial, y afecta a las empresas sujetas a la ley estadounidense que colaboran con los organismos federales, en el que se incluyen las oficinas diplomáticas.

De no remitir la información requerida, las empresas se enfrentan a una congelación de los pagos. “Todos los proveedores del departamento de Estado deben certificar que no aplican ningún programa que promueve los DEI [programas de diversidad, igualdad e inclusión, en sus siglas en inglés] que violen cualquier ley antidiscriminación aplicable y acepta que dicha certificación es importante a los efectos de la decisión de pago del gobierno y, por lo tanto, está sujeta a la ley de reclamaciones falsas”, cita el documento remitido por la Embajada de España.

Fuentes empresariales estadounidenses en España explican que la obligación solo afecta a los proveedores directos de la Embajada de EE UU o de cualquier órgano o similar relacionado con el Gobierno Federal estadounidense o su Departamento de Estado, que incluye las oficinas diplomáticas. Es decir que, en general, las empresas de EE UU que operan en España se libran de esta imposición, siempre y cuando no sean proveedores directos de estas instituciones. Otras fuentes matizan que aún es pronto para saber cuáles serán las consecuencias reales de la nueva disposición y cómo se aplicará en la práctica.

Mientras tanto, la medida ya ha causado la reacción del Gobierno español. La Vicepresidencia Segunda y Ministerio de Trabajo, bajo el mando de Yolanda Díaz, considera que exigir a empresas que no apliquen políticas de igualdad y de diversidad para poder operar con Estados Unidos es una “flagrante vulneración” de la legislación nacional y ha asegurado que la Inspección de Trabajo y Seguridad Social vigilará que se cumpla la regulación vigente. En España es obligatorio para las compañías con más de 50 trabajadores poner en marcha un plan de igualdad LGTBI desde el año pasado y el departamento de Díaz recuerda que las compañías españolas “tienen que cumplir escrupulosamente tanto con los planes de igualdad y la normativa relativa a la igualdad como con la protección de la diversidad” previstos por el ordenamiento jurídico y constitucional. En este sentido, Trabajo afirma que “no permitirá que ninguna empresa esquive el marco normativo” nacional y “que se incumplan las obligaciones en materia de igualdad, diversidad y no discriminación para poder operar con EEUU”.

La Administración Trump, sin embargo, rema en el sentido opuesto. El magnate, acérrimo opositor de la ideología woke, está intentando revertir años de avances en materia de derechos civiles a golpe de órdenes ejecutivas. Erradicar las políticas de diversidad, igualdad e inclusión es una promesa que defendió durante la campaña electoral y ahora, ya en el cargo, se ha puesto manos a la obra. De hecho, el desmantelamiento de los llamados programas DEI ha sido una de las prioridades del nuevo inquilino de la Casa Blanca. Nada más llegar a la presidencia comunicó la suspensión de empleo de los funcionarios de las agencias federales encargados de fomentar planes de diversidad, equidad y obligó a que todos estos planes terminaran.

En la misma línea, decretó que debe primar “la contratación de personas comprometidas con la mejora de la eficiencia del Gobierno Federal” y se tiene que “impedir que se reclute a personas en función de su raza, sexo o religión, y que no estén dispuestas a defender la Constitución o a servir fielmente al poder ejecutivo”. De la misma forma, ha firmado una orden ejecutiva en la que entierra la identidad de género y solo reconoce “la categoría biológica de sexo” masculino o femenino.

miércoles, 19 de febrero de 2025

LA NAVAJA SUIZA

Dicen constantemente que uno debe irse a la cama con la cabeza tranquila, sin pantallas ni móviles, ni siquiera libros. Apoyar la cabeza en la almohada y desconectar hasta ganar el sueño, todo en uno. Pero he aquí que la mente funciona como una navaja suiza y, cuando menos lo espera uno, ésta empieza a desplegar sus gadgets como si no hubiera un mañana.   
Llegué a casa tarde tras un vuelo tranquilo donde leí un rato "El misterio de la cripta embrujada", intentando no reírme en alto. Éste lo leo en papel cuando viajo y "Cónclave", el otro con el que ando, en el kindle; sí, todo al revés, lo sé, es lo que hay. 
En la jardinera camino a la terminal me aborda un señor con pinta de alemán que me habla en inglés: I like your ring, me dice. Le explico que es una herencia de mi padre, regalo de mi madre tras la muerte de él y bla bla bla. Me dice que su padre tenía uno igual que debió haber heredado él también pero que "había desaparecido". ¿En el hospital? pregunté ingenuo. No, más bien "en la familia", respondió.
Ya en el taxi, habiéndome despedido del admirador del anillo, mi tesooooro, llego a casa, saludo a mi madre, muá muá, hablo con mi sobrino y me acuesto. Ahí fue cuando empezó la navaja suiza a desplegarse.
Hoy miércoles, mañana larga, posible obra al mediodía, visita a un amigo hospitalizado y reunión vespertina en Tacoronte. Otro día en el que me acostaré tarde, rendido, aunque espero que ya con la navaja guardada convenientemente. 
¿Cuándo días de 34 horas?, ¡como mínimo!
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Family of the year, *May I miss you.

martes, 18 de febrero de 2025