domingo, 15 de febrero de 2026

CON SUAVIDAD

TRES LIBROS Y UN CONCIERTO




La vida ante sí, de Romain Gary
Narrada por Momo, un niño inmigrante criado en el barrio parisino de Belleville, la novela cuenta su vida junto a Madame Rosa, una anciana judía superviviente de Auschwitz que acoge a hijos de prostitutas. Desde su mirada ingenua pero lúcida, Momo relata la convivencia entre marginados, el paso del tiempo y la enfermedad de Madame Rosa. La historia combina humor y ternura para reflexionar sobre la identidad, el abandono, la dignidad y el amor en medio de la pobreza.

El loro de Flaubert, de Julian Barnes
La novela sigue a Geoffrey Braithwaite, un médico inglés viudo obsesionado con la figura de Gustave Flaubert. En su investigación sobre la vida del autor francés —especialmente en torno a un loro disecado que pudo haber inspirado un pasaje de Un corazón sencillo— el narrador mezcla biografía, crítica literaria y reflexiones personales. A medida que indaga en Flaubert, también aflora el dolor por la muerte y las infidelidades de su esposa. La novela explora la relación entre vida y obra, la imposibilidad de conocer plenamente la verdad y la naturaleza esquiva de la memoria.

La ciudad de las luces muertas, de David Uclés
Ambientada en la posguerra española, la novela presenta una ciudad marcada por la derrota, la represión y el silencio. A través de una trama que combina elementos simbólicos y realistas, se retrata a personajes que intentan sobrevivir en un entorno devastado moral y materialmente. La historia indaga en la memoria histórica, la culpa colectiva y las heridas abiertas por la Guerra Civil, mostrando cómo el pasado condiciona el presente de quienes habitan esa “ciudad” oscurecida por el miedo y la pérdida.
Saint-Saëns, *Concierto Nº1 para Violonchelo.
Bruno Philippe.

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE


AYUSO x 2 (CENSURA SIN CENSURA)


Cipayuso
La historia de España y la de EE UU no se entenderían la una sin la otra, sin comprender cómo la civilización hispana fue saboteada por el imperio angloamericano.
Ana Iris Simón, 14.02.2026

Yo, Isabel Díaz Ayuso, quiero conceder la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid a los Estados Unidos de Donald Trump porque la libertad y la vida son los dos bienes más preciados de la humanidad. Libertad de expresión, como la que practica Elon Musk soterrando en el algoritmo las voces críticas; libertad de movimiento, como la de los hispanos en EE UU, que cada día tienen que moverse más para escapar entre redada y redada; libertad de elegir tu proyecto vital, si uno quiere ser metido en jaulas, deportado con grilletes o enviado al Cecot.

La vida también es un gran valor hispano que EE UU ha defendido con múltiples golpes de Estado e intervenciones militares, desde Nicaragua a Honduras y demás guerras bananeras, que entendemos porque a nosotros también nos gusta la fruta. Porque la historia de España y la de Estados Unidos no se entenderían la una sin la otra, concretamente sin comprender cómo la civilización hispana fue saboteada y expoliada por el imperio angloamericano.

Todavía queda en EE UU un legado que se transmite en nombres como Florida, Nuevo México, Texas, Arizona, Colorado y demás tierras que fueron robadas para bases militares, experimentos eugenésicos y ensayos nucleares. Nombres que, por cierto, causan burla entre los yanquis cuando algún latino los pronuncia bien en lugar de flórida, niu mécsicou o coloradou. Compartimos el uso del español como idioma, aunque en algunos lugares de EE UU haya que tener cuidado antes de hablarlo en voz alta o sea la lengua que Donald Trump retiró de la página de la Casa Blanca en su primer mandato y que acaba de insultar en el segundo, afirmando que nadie entiende ni una palabra de lo que habla el puertorriqueño Bad Bunny, como cuando los viejos imperios decían que los bárbaros hablaban ladrando.

El Nuevo Orden Mundial que proclamó Bush en su día necesita nuestra forma de ser y estar, concretamente de ser fuga de cerebros y mano de obra barata, y de estar sometidos y alienados. Madrid siempre ha mirado a Estados Unidos con admiración, la misma que sentimos por otros galardonados previamente. De Milei, admiramos la capacidad de condenar a los ancianos argentinos. De Israel, la maestría con la que arrasan hospitales, ante los cuales Madrid palidece, aun con sus mayores esfuerzos de abandonar residencias o degradar la sanidad pública.

Miramos con admiración a EE UU porque no se puede mirar de otra forma la complicidad con el genocidio o las redes de pederastia de Epstein. Los admiramos por ser el principal faro del mundo libre, especialmente ahora que Trump se entiende mejor que nunca con los autócratas de todo el globo, mientras amenaza al resto de Occidente con aranceles y anexiones, desde Groenlandia a Canadá. Es el faro del mundo libre contra las narcodictaduras ultraizquierdistas, a las que ha llevado la prosperidad mediante bloqueos y sanciones, y la libertad poniendo Guantánamo en Cuba o cambiando a Maduro por Delcy.

Por eso queremos que EE UU sea el país invitado en las fiestas madrileñas de la Hispanidad 2026, igual que se autoinvitaron en su día a invadir la Hispanidad en Panamá, Guatemala o República Dominicana. Queremos así celebrar con los norteamericanos el 250º aniversario de su independencia, que España apoyó y nos lo pagaron arrebatándonos Cuba, Puerto Rico o Filipinas, e incluso apoyando la Marcha Verde de Marruecos sobre el Sáhara español. Pese a todo, estamos en un mismo barco: el del decadente imperialismo gringo, que se va a pique junto a los cipayos que elegimos hundirnos con él.

La divina Ayuso
Lo que conecta Mar-a-Lago con la calle de Alcalá no es hipocresía, sino coherencia.
Mariam Martínez-Bascuñán, 15.02.2026

La divina Ayuso aparece en vídeo en una gala donde los presentes han pagado hasta 50.000 euros por entrada en la residencia privada de Donald Trump. Voilà! Con impunidad pizpireta, equipara al Gobierno mexicano con la dictadura cubana. Por supuesto, la presidenta no tiene competencias en política exterior y lo que hace en Mar-a-Lago no es diplomacia: Ayuso construye su perfil internacional en la cloaca de la nueva derecha global, donde la libertad se define por lo que condenas. Cuando todo lo que no es liberalismo de mercado es dictadura o narcoestado, esas dos palabras se vacían de significado. Es su función: permitir que quien dice defender la libertad se alíe con Trump, el mismo que dispara contra ciudadanos, amenaza con invadir territorios aliados, deporta masivamente y desmantela instituciones sin que importe. La libertad, en boca de Ayuso, no es un principio sino una marca que aplica selectivamente: libertad para Milei, dictadura para Sheinbaum. El criterio no es democrático sino de bando.

Mientras, por aquí, la Comunidad cercena la subvención del Círculo de Bellas Artes. No es una anécdota cultural sino un método de gobierno. Cuando desde la Consejería de Cultura se dice “hacéis cosas que no nos gustan” no están opinando: es un aviso. El cambio de modelo de financiación ―de subvención fija a dinero por proyecto aprobado por la Consejería― no es una mera reforma administrativa, sino la introducción de un principio de condicionalidad que transforma la relación cultura-poder. Solo se financia lo que “casa con el interés institucional”, es decir, del Gobierno. No hace falta prohibir, basta con que se aprenda que la independencia tiene un precio. Es censura sin censura, disciplinamiento sin huella formal. Y es un patrón. La misma lógica opera en la sanidad pública, degradada mientras se impulsa la privada; o en la universidad pública, asfixiada mientras crecen centros para ricos y la educación que apunta al “pin parental”, la santa moral de vuelta a la familia.

Lo que conecta Mar-a-Lago con la calle de Alcalá no es hipocresía, sino coherencia. Es un proyecto que tiene dos brazos: el simbólico, que construye una identidad internacional alineada con la nueva derecha global; y el material, que desmantela los espacios donde se produce un lenguaje alternativo. Los dos brazos trabajan juntos: el primero ofrece una narrativa mientras el segundo elimina los lugares donde podrían producirse narrativas distintas. Los ataques a la universidad, la sanidad o la cultura producen el mismo efecto: borrar los sitios donde las personas se encuentran como ciudadanas, no como consumidoras; donde adquieren un lenguaje para pensar colectivamente; donde la desigualdad se hace visible como problema político y no como fracaso individual. Cuando esos espacios desaparecen, lo que queda son individuos aislados, sin vocabulario democrático, cuyo malestar solo puede canalizarse a través del resentimiento, la identidad o la moral tradicional. Es el electorado perfecto para la derecha que Ayuso representa. Y aquí está el giro más oscuro: Ayuso no necesita que la gente sea de derechas. Necesita que no tenga las herramientas para ser otra cosa. No necesita convencer sino vaciar. No necesita ganar el argumento sino destruir el espacio donde los argumentos alternativos se producen. Wendy Brown lo llama “desdemocratización”. No es la supresión de la democracia formal; es la eliminación de las condiciones materiales y culturales que posibilitan la práctica democrática. En Mar-a-Lago se llama “mundo libre”; en Madrid “cambio de modelo”, y esconde algo más peligroso que una dictadura declarada porque no tiene nombre, ni huella, y cuando quieres denunciarlo te responden: ¡Es la libertad, carajo!

UNA CASA EN EL LAGO























sábado, 14 de febrero de 2026

AHS: NYC


Termino de ver la temporada 11 de American Horror Story: NYC. Esta vez el ley motiv de la serie es la epidemia del SIDA en una ciudad concreta, Nueva York, y la absoluta desidia de las autoridades por encontrar una cura. El antes llamado "cáncer homosexual" era un castigo divino y por tanto no se les hizo ningún caso a los contagiados, que morían y morían y volvían a morir sin remisión. Nada que ver con lo que fue posteriormente, casi 50 años después, la vacuna del COVID, que batió todos los récords en su creación.
La serie es muy dura.
Estos son sólo algunas cifras ilustrativas.

AIRE