La verdad es que estoy un poco harto del despliegue de EL PAÍS por su 50 aniversario, aunque supongo que era de esperar. Demasiado yo-yo-yo para mi gusto, pero a veces hay noticias que me parecen interesantes, como ésta.
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El escritor y columnista de EL PAÍS reivindica en su discurso durante la ceremonia de los Premios Ortega y Gasset de Periodismo la búsqueda de la verdad ante “las soluciones fáciles a problemas complicados”.
Josep Catá Figuls, 04.05.2026
El periodismo está de celebración, pero Manuel Vicent no quiere que los fastos lleven a perder el rumbo: “El éxito de un periodista no está en ser leído, sino en ser creído. La credibilidad es su único patrimonio, y su prestigio viene de ponerse al servicio del derecho del ciudadano a estar bien informado”, ha resumido el escritor y columnista de EL PAÍS en su discurso tras la entrega de premios Ortega y Gasset. Esta edición de los premios coincide con la celebración del 50 aniversario de la fundación de este diario, y Vicent ha querido rendirle homenaje: “En estos 50 años, por sus páginas han pasado los mejores intelectuales, analistas y periodistas del momento. EL PAÍS ha cumplido con su deber”.
Los periodistas galardonados en los Premios Ortega y Gasset dan cuenta de esta búsqueda de la verdad y una vocación de servicio público como brújula para el buen periodismo. Los premiados son tres periodistas y escritores de referencia global: Svetlana Alexiévich, Sergio Ramírez y Martin Baron, ejemplos de las palancas en las que todo profesional de la información debe apoyarse para ejercer su oficio, ha dicho Vicent. “Son tres figuras imprescindibles para entender el mundo en el que vivimos. Alexiévich, escritora y periodista, y Premio Nobel de Literatura 2015, nos ha explicado la realidad compleja del mundo soviético y postsoviético; Sergio Ramírez es un referente ético en América Latina, con una perspectiva centrada en la dignidad humana y dignidades fundamentales; y Martin Baron es reconocido por el periodismo y liderazgo, con el que trabajó en investigaciones de alto impacto, entre ellas la cobertura contra abusos de la Iglesia católica”, ha resumido.
El escritor, al tiempo que reconocía las trayectorias de los premiados, ha reivindicado “las marcas de identidad de EL PAÍS”: “La defensa de la democracia y de la libertad de expresión, la lucha por los derechos humanos, y por Europa”. Lo logrado, sin embargo, no está exento de retos. “El desafío consiste en continuar trabajando para que este periódico siga siendo un producto viable, solvente y de referencia en todo el mundo hispano, que dirija su información hacia la inteligencia de sus lectores, sin participar en el absurdo de las redes. Debemos unir nuestras fuerzas para seguir adelante sin perder la identidad”.
Vicent ha resaltado la importancia del oficio de periodista, y ha puesto en valor a las redacciones. Frente a los que proponen “soluciones fáciles a problemas muy complicados”, Vicent ha reivindicado “esa raza de periodistas que no buscan el escándalo, que no se creen intérpretes y conductores de la opinión pública, que solo sienten pasión por la información rigurosa, y son conscientes de que la moderación, el buen sentido, el análisis, el criterio y la opinión ponderada es la conquista más alta del espíritu, y es el arma más certera y elegante contra los adversarios”. Vicent también ha advertido de que el periodismo que él defiende “se ha convertido en una profesión de riesgo”: “No es fácil, hay que abrirse paso entre la basura mediática, bulos y calumnias, y hay que enfrentarse a la serpiente del escuadrismo fascista como sucedió en los años 30″, ha afirmado el escritor, quien ha avisado también sobre el desafío que plantea la inteligencia artificial: “El mundo está cambiando a una sorprendente velocidad, con tanta rapidez que vemos creer una extraña tierra bajo nuestros pies”.
El periodista Juan Cruz (a la derecha) conversa con Manuel Vicent (centro) y Joan Manuel Serrat,
antes de la ceremonia. Albert Garcia
Frente a la “sobrecarga de información” y al magma en el que resulta cada vez más difícil distinguir lo veraz de lo falso —“ya no podemos distinguir lo que oímos, lo que vemos y lo que leemos de lo que soñamos”, ha dicho Vicent—, el escritor ha recordado que solo hace falta una cosa: “Personas que cumplan con su deber, incluso los héroes de la modernidad, que son los buenos y arriesgados periodistas”.
Hacia el final de su discurso, Vicent ha apuntado que hay beneficios en esa ardua tarea de buscar la verdad. El beneficio de ir al quiosco, leer el periódico cada mañana, en papel o en la tableta. “Coger EL PAÍS como quien escoge un alimento informativo bien horneado, sentir el latido de lo real de la vida, junto con la sangre y la tinta, y luego leer la historia universal que nace y muere cada día. y ver como alrededor de sus páginas fluye el río de la gente”. Además, hay un valor añadido del que también se ha acordado Vicent: leer el periódico “te hace creer que eres un tipo interesante e inteligente”.
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