lunes, 20 de abril de 2026

EL PRECIO POR ENFRENTARSE AL MATÓN (VI)


León XIV se planta ante Trump
La reacción iracunda del presidente contra el Papa refuerza la autoridad moral de este más allá de los católicos.
Editorial de EL PAÍS, 20.04.2026

En su temeraria concepción de las relaciones internacionales, que considera la guerra como una herramienta de negociación y no como el último recurso, el lenguaje amenazante como una fase obligatoria en cualquier diálogo, la historia como una anécdota y la verdad apenas como una opción más sobre la mesa, pocas personalidades mundiales quedaban en teoría fuera del destructivo radio de acción dialéctico de Donald Trump. Pero los sorprendentes, reiterados e injustificados ataques lanzados contra el papa León XIV demuestran, una vez más, que es un personaje sin límites que tampoco tolera competencia en el ámbito de la infalibilidad.

Trump embistió en diversas ocasiones durante la semana pasada contra el líder de la Iglesia católica, con su habitual falta de respeto y distorsión de los hechos, después de que Robert Prevost declarara en voz alta lo mismo que han dicho otros líderes y ciudadanos en todo el mundo: amenazar con “borrar una civilización” de la noche a la mañana dando además un ultimátum, como hizo Trump en referencia a Irán, va más allá de cualquier bravuconada bélica conocida y constituye un desprecio inaceptable a la humanidad misma.

Desde su particular mentalidad de ganadores y perdedores, Trump calificó al Papa de “débil” y cuando el Pontífice respondió, en su inglés materno y su acento de Chicago, con un “no tengo miedo”, el mandatario recurrió al argumento falaz de insinuar que el Papa pretendía ignorar los muertos causados por la represión de la dictadura iraní. Abierta la veda, los colaboradores del actual presidente republicano se sumaron a la ofensiva. Incluso el vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, católico converso, se permitió dar lecciones de teología al Pontífice y, con una osadía pasmosa, explicarle al Papa lo que es una “guerra justa” para la Iglesia. Resulta que es un concepto desarrollado por Agustín de Hipona. Prevost, el primer Papa agustino, es uno de los mayores expertos mundiales en San Agustín. En el plano más folclórico, pero representativo del nivel de irreverencia, el presidente de EE UU ha compartido por redes una imagen de inteligencia artificial en la que aparece él como Jesús sanando enfermos y otra en la que Cristo le da ánimos.

Lo que seguramente no estaba en los cálculos de Trump han sido las consecuencias de este ataque. Mandatarios —incluyendo el español Pedro Sánchez—, políticos y ciudadanos de a pie de todo el mundo, católicos o no, han cerrado filas en torno a León XIV, quien no ha hecho sino lo lógico: condenar una amenaza de exterminio. Con sus insultos, el presidente de EE UU ha dado involuntariamente un espaldarazo de autoridad moral mundial —incluyendo el respeto del mundo islámico—, a un Papa que era un desconocido cuando fue elegido hace casi un año. Además, ha perdido valiosos aliados europeos, como la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, a quien ha descalificado tras defender a León XIV. El caso de Meloni es un importante recordatorio de que Trump no tiene aliados, sino vasallos.

Prevost ha alzado la voz para oponer el sentido común a la desquiciada retórica de un presidente de EE UU que está causando un inmenso daño a la ya precaria arquitectura de paz internacional y a su propio país. Y ha puesto frente al espejo —también en España— a aquellos que presumen de defender ideales cristianos mientras aplauden a quien los utiliza como una herramienta para perseguir únicamente su propio interés.

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