Anoche dormí poco, ora por haber terminado un proyecto aún desanimado, ora por estar nervioso sin causa conocida. El hecho es que a las 3:33h, fácil de recordar al ver los números en la tenue iluminación del reloj, me levanté como si hubiera disfrutado de un largo sueño, que no lo fue. Con la casa a oscuras comprobé aliviado que la tórtola seguía en su nido bajo la luz de la farola, aunque ya un poco preocupado por ignorar la fecha de la eclosión de los huevos, me preparé un café y me senté en el cómodo lounge chair de la biblioteca a leer un par de horas. Tenía la esperanza de que entre el silencio y la falta se sueño caería rendido con el libro abierto sobre el pecho, pero no fue así, quizá porque me entretuve con El Quijote; sí, por fin me he propuesto leerlo del tirón. Pero he aquí que mientras leía y miraba a través de la ventana del salón me pregunté ¿y si hoy no sale el sol? ¿Y si van pasando las horas y el mundo permanece sumido en la más profunda oscuridad? ¿Cómo sería vivir si luz? ¿Nos enfrentaríamos a una nueva sociedad vaticinada por Saramago en su ensayo sobre la ceguera? Aterrado por tal espantosa idea, despierto ya como el que más, dejé la lectura para otro momento y me afané en las labores más caseras que encontré, como ordenar los cojines, preparar la regadera, fregar la poca loza de anoche, escribir estas notas... Menos mal que ni el cambio de hora pudo cambiar los hábitos solares y mientras termino estas líneas veo que el amanecer es más que incipiente y que la moneda cayó en la cara que debía. Sí, esa misma.
domingo, 5 de abril de 2026
CARA O CRUZ
Anoche dormí poco, ora por haber terminado un proyecto aún desanimado, ora por estar nervioso sin causa conocida. El hecho es que a las 3:33h, fácil de recordar al ver los números en la tenue iluminación del reloj, me levanté como si hubiera disfrutado de un largo sueño, que no lo fue. Con la casa a oscuras comprobé aliviado que la tórtola seguía en su nido bajo la luz de la farola, aunque ya un poco preocupado por ignorar la fecha de la eclosión de los huevos, me preparé un café y me senté en el cómodo lounge chair de la biblioteca a leer un par de horas. Tenía la esperanza de que entre el silencio y la falta se sueño caería rendido con el libro abierto sobre el pecho, pero no fue así, quizá porque me entretuve con El Quijote; sí, por fin me he propuesto leerlo del tirón. Pero he aquí que mientras leía y miraba a través de la ventana del salón me pregunté ¿y si hoy no sale el sol? ¿Y si van pasando las horas y el mundo permanece sumido en la más profunda oscuridad? ¿Cómo sería vivir si luz? ¿Nos enfrentaríamos a una nueva sociedad vaticinada por Saramago en su ensayo sobre la ceguera? Aterrado por tal espantosa idea, despierto ya como el que más, dejé la lectura para otro momento y me afané en las labores más caseras que encontré, como ordenar los cojines, preparar la regadera, fregar la poca loza de anoche, escribir estas notas... Menos mal que ni el cambio de hora pudo cambiar los hábitos solares y mientras termino estas líneas veo que el amanecer es más que incipiente y que la moneda cayó en la cara que debía. Sí, esa misma.
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