sábado, 11 de abril de 2026

ALLÁ POR JAÉN


Sirva esta pequeña crónica para alabar las maravillas de éste, nuestro último viaje, a tierras andaluzas, esta vez en Jaén. Comienza como no podía ser de otra forma, visitando a la familia en Cartagena, al llegar y al despedirnos, visto y no visto, un viaje tipo sándwich. De entrada el tiempo, bueno, nos acompañó prácticamente todo el tiempo, nos libramos de una buena según auguran los agoreros para estos próximos que nos llegan. Así, con buen tiempo, nos dispusimos a comenzar un viaje que nos llevaría por tierras jienenses a Úbeda, Baeza y a Baños de la Encina desde donde retornaríamos a Cartagena y de allí a casa. Un viaje demasiado corto para tantos aviones y escalas, pero sarna con gusto no pica. seguiremos esperando la llegada del teletransporte.
Andalucía es siempre una apuesta segura y Jaén no lo iba a ser menos. Allí huele a aceite y a Historia, a moros, cristianos y judíos, a palacios, piedra y ladrillo, castillos y caballeros, burros y caballos; un viaje perfecto para seguir leyendo El Quijote, que aunque no fuere allí donde aconteciera tanta fazaña, bien valdría también Úbeda para empezar, Baeza en el intermedio y Baños de la Encina como despedida.
Con la mosca detrás de la oreja por si nos cruzaríamos en nuestro primer destino con "el pariente de Úbeda", cosa que no ocurrió (¡Ah!, ¿eres canario? Yo conozco a un médico canario que se llama Pepe, igual...), llegamos con el tiempo justo para comer en el mismo hotel, descansar un poco y salir a pasear en nuestro primer encuentro con la ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 2003. Puro renacimiento magníficamente conservado. ¿Quién no ha soñado alguna vez con pasear por sus cerros? Un trozo de pan, rico rico, con un chorro de aceite de oliva ya supone el aperitivo perfecto. Yo comí gambas de cristal rebozada y pez espada, lo poco que había para escoger donde la carne, la de ciervo en particular, es la reina absoluta.

El origen etimológico del topónimo Úbeda nos conduce a pensar en su significado en alguna lengua paleohispánica, concretamente a la Oretana. Existe documentación sobre la ciclópea "Torre de Ibiut", milenaria construcción defensiva en la Loma, donde surgió la ciudad y el topónimo. Después el tiempo corrompió el término que fue cambiando de Bahud, Betul, Betulon, Betula, Ebdete, Idubea, Obdah, Ubadzza hasta castellanizarlo como como Vbeda.

Imposible continuar el paseo por Úbeda sin hacer un sucinto recorrido por su historia: Prehistoria–siglo I a.C.: asentamientos íberos; presencia romana. Siglos VIII–XIII: etapa musulmana (al-Ándalus), ciudad fortificada. año 1233 (siglo XIII): conquista por Fernando III el Santo e incorporación a Castilla. Siglo XVI: esplendor renacentista con Francisco de los Cobos y Andrés de Vandelvira. Siglos XVII–XIX: declive. 2003 (siglo XXI): reconocimiento por la UNESCO junto a Baeza. 
Aquí van también algunas curiosidades de interés que animan este texto: en el año 1091, Alfonso VI consuma su discordia con el Cid en Úbeda. En 1212 se libra la batalla de las Navas de Tolosa también llamada batalla de Úbeda, siendo la ciudad asaltada, saqueada y destruida y prácticamente toda la población junto con los refugiados de Baeza, son pasados a cuchillo por las tropas cristianas. Dos años más tarde los Almohades la recuperan. En 1369, el rey Enrique II le restituye el título de ciudad, otorgándole su actual escudo de armas, distinguiéndola con el Lema de «Muy Noble, Muy Leal y Antigua Cibdad, reparo y ensalzamiento de los Reinos de Castilla». Posteriormente, en 1489, los Reyes Católicos visitan la ciudad y he aquí que cuenta la leyenda que frente a la Puerta de Granada, la reina Isabel prometió por primera vez no cambiarse de camisa hasta expulsar a los moros de sus dominios. En 1530 se prohíbe la construcción de balcones en voladizo para no quitar el sol y la luz a las calles.
Respecto al famoso dicho «andarse por los cerros de Úbeda», éste tiene su origen en la reconquista a los almohades de la ciudad jiennense de Úbeda, acontecida en 1233. Parece ser que uno de los más importantes capitanes del rey Fernando III "el Santo", Álvar Fáñez, desapareció instantes antes de entrar en combate y se presentó en la ciudad una vez que esta había sido reconquistada. Al preguntarle el rey dónde había estado, el otro, ni corto ni perezoso, contestó que se había perdido por los cerros de Úbeda. La frase fue tomada irónicamente por los cortesanos, pues los cerros de Úbeda, aunque tienen entidad, no son suficientemente grandes como para justificar el extravío de los soldados y se perpetuó como signo de cobardía.
 
Bueno, ya a partir de aquí sólo nos queda disfrutar de los maravillosos paisajes ubetenses.



















































Recorrimos Úbeda intercalando la ciudad de Baeza entre medio, adónde fuimos a pasar una mañana completa para comer allí antes de regresar al hotel. Declarada igualmente Patrimonio de la Humanidad, destaca a su vez como centro de producción de aceite de oliva. Denominada por el romancero Nido Real de Gavilanes merced a las hazañas de la Compañía de los Doscientos Ballesteros del Señor Santiago, fue un punto clave en la conquista de al-Ándalus por los reyes cristianos; pasando definitivamente al reino de Castilla en el año 1226.
Veamos el obligado resumen histórico baezano: Prehistoria–época romana (hasta siglo V): asentamientos antiguos; ciudad conocida como Vivatia. Siglos VIII–XIII: etapa musulmana (al-Ándalus), importante núcleo agrícola y defensivo. Año 1227 (siglo XIII): conquista por Fernando III el Santo e incorporación a Castilla. Siglos XVI–XVII: esplendor renacentista y cultural (destaca la universidad y figuras como Antonio Machado, ya en época posterior). Siglos XVIII–XIX: decadencia económica. 2003 (siglo XXI): declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO junto a Úbeda.

En Baeza pueden contemplarse restos de la Edad del Bronce, de la Época Romana, y de la Hispania visigoda, islámica y cristiana. No obstante, el más rico patrimonio monumental conservado corresponde a los diversos estilos artísticos presentes en la Baeza cristiana: desde el tardo-románico, gótico, renacentista, manierista, barroco y neoclásico.
Antonio Machado fue profesor de francés en su Instituto y le dedicó unos versos en "Campos de Castilla": 
Esta Baeza, que llaman la Salamanca andaluza, tiene un Instituto, un Seminario, una Escuela de Artes, varios colegios de Segunda Enseñanza, y apenas sabe leer un treinta por ciento de la población. No hay más que una librería donde se venden tarjetas postales, devocionarios y periódicos clericales y pornográficos. Es la comarca más rica de Jaén, y la ciudad está poblada de mendigos y de señoritos arruinados en la ruleta.

 

































































De vuelta a Úbeda...

































Y henos aquí que nos encontramos para despedirnos en Baños de la Encina, para empezar disfrutando de las vistas del magnífico Castillo Burgalimar, joya musulmana de Sierra Morena. Rodeado y flanqueado por una robusta y almenada muralla con catorce torres, más una decimoquinta torre del homenaje cristiana, el castillo apenas ha sufrido daños, ya sean causados por el tiempo o la acción humana. Representa por tanto un ejemplo perfecto de fortaleza andalusí del siglo XII, al mismo tiempo que posiblemente es uno de los castillos musulmanes mejor conservados de toda España. Su inestimable valor histórico y artístico es la razón por la que este castillo llegó a ser declarado Monumento Nacional en el año 1931.







Para terminar y después de un tira y afloja para poder entrar, tuvimos la gran suerte de ser los únicos en visitar, con una guía autóctona, de la Ermita del Cristo del Llano (siglo XVII) y su Camarín de la Virgen (siglo XVIII), declarada Bien de Interés Cultural en 2009. El Camarín se emplaza en un prisma de mayor altura que, una vez en su interior, ofrece una espectacular visión del barroco andaluz: la ilusión espacial se hace fastuosa en la bóveda polilobulada sobre trompas en la que estípites, hornacinas y pedestales, en yesería policromada, alternan con alegorías, iconografías de santos y evangelistas y hasta exóticas aves, frutas y vegetales, en un abigarrado decorativismo de estucos que gana aún más en intensidad con la incrustación de espejos. Se trata de un edificio construido en piedra de coloración rojiza de corte y asiento regular, con una nave con coro alto a los pies al que se accede a través de una escalera inserta en un volumen adosado en el lado oeste; crucero y presbiterio elevado sobre gradas, tras el cual se dispone el camarín. La sacristía y las escaleras que conducen al camarín se alojan en espacios adosados en el lado este de la cabecera.
Dicen que un tal Arthur Brisbane, periodista estadounidense, citó la frase "una imagen vale más que mil palabras" en una reunión de periodistas a principios del siglo XX, pero yo me inclino a pensar que pudo ser Calderón de la Barca intentando describir el Camarín a Francisco de Quevedo, en un encuentro que tuvo lugar frente a sor Juana  Inés de la Cruz en su convento. ¿Y por qué no?





















Y hasta más ver, que son señas de volver.

Juan de Arañés, *Chacona: A la vida bona (1580).

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