Sábado, hoy invitados en casa. En pie desde hace un rato, me tomo un café después de estas notas y empiezo a prepararlo todo. Bueno, todo, será algo sencillo y frugal, lo de menos es la comida, lo demás es la compañía, siempre.
Después de dos días fuera, donde he tenido dos de cal y una de arena, cansado, llegué anoche y dormí más o menos, algo desestabilizado. Hoy se prevé un día de catarsis y esto no tiene premio; es de bien nacido ser agradecido y al enemigo ni agua. Parece que el paso siguiente es el olvido, como la distancia.
Leo el periódico antes de hacer otras cosas, sin café, medio despierto, junto a un par de whatsaaps pendientes de anoche. Todo bien, la vida sigue y yo también, a pesar de los pesares y la mala gente, mala de verdad.
Sé que hoy todo es marketing, que compramos lo que nos dicen, lo que ellos quieren, aunque uno intente resistirse. Lo sé. Pero si he logrado no sucumbir al absoluto embrujo de Rosalía tampoco lo hago con Shakira y todo lo que rodea a sus conciertos en España. La verdad es que no me interesan nada, menos que nada. Leo el fervor, las noticias en las primeras páginas de la prensa, esta gira suya, y me siento cual Boyero ente una peli mediocre (mira que yo creo disfrutar más de todo que él), apático, aburrido. Me ocurrió con Bad Bunny, aunque aquél se movía con aires políticos y el morbo pudo más, con esta señora no se mueve nada alrededor, al menos es lo que yo percibo.
La gira de Shakira no me toca dentro ni fuera, los avances de T que han acabado con "asumir el control permanente" de la seguridad de Groenlandia sí. ¡Quién sabe lo que esto significa y qué va a ser lo siguiente!
Ay si la pobre Doris Day levantara la cabeza, ni ella sabría qué cantar...
Doris Day, *Qué será, será.
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