martes, 9 de junio de 2026

QUÉ LISTOS SON

Vuelve la pareja de tórtolas que tenemos en la zona a empollar desde hace unos días. Veo a una de ellas, o a las dos porque no las distingo, en el nido, sin moverse o, a lo sumo, cambiar de postura. Como la vez anterior, que se malogró, no sé cuándo eclosionará el huevo, pero todos esperamos que el pollito sobreviva y que tengamos una nueva tórtola cerca. Yo debo ser una de las pocas personas que quedan a las que aún les gustan las palomas, las aves en general. Me parece un lujo casi incomprensible y misterioso que las ciudades sigan teniendo a estos animales como moradores, sobre todo después del trato que reciben por parte de los humanos. Ahora creo recordar que leí algo sobre los jilgueros, que estaban desapareciendo. Al final nos cargaremos a todas las aves, tiempo al tiempo.
Si la tórtola empolla su vástago, el gato del barrio, Medianoche, sigue esperándome cada mañana cuando me ve llegar del gimnasio. Ve el coche y se acerca a la puerta de casa para que le abra y pueda dar cuenta de la comida que tiene siempre disponible en el vestíbulo; comida y agua, como un gourmet.
Gallinas también hay cerca, salvajes, que viven en las parcelas que no están edificadas y a las que veo desde la ventana picotear el suelo muchas tardes.
Resumiendo, el barrio costero donde vivo es un pequeño ecosistema con palomas, tórtolas, pájaros, gatos y gallinas, lo que lo convierte, junto a que siempre hay aparcamiento, en una zona privilegiada.

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