MÚSICA PARA UN SÁBADO

Francesco Cilea, "L'arlesiana". *E la solita storia.
(Lamento di Federico).

MIEDO A LA GUERRA


Apatía, ansiedad o incertidumbre: ¿cómo afrontar el miedo a la guerra?
El 41% de los españoles cree que una guerra mundial con armas nucleares supondría el fin de la humanidad. La psicóloga María Esclapez y el médico y activista Carlos Umaña reflexionan sobre el miedo a la guerra.
Eva Baroja, 04.04.2026

NOTICIAS

Las primeras páginas de los periódicos parece ser ya un reflejo de lo que la sociedad demanda, frivolidad. Tanto lees una desgracia bélica como una absoluta intrascendencia de los amores de tal o cual cantante. Para muestra un botón:


Esto es de EL PAÍS de hoy sábado. Comparten candelero noticias esperanzadoras como la del jubilado sobreendeudado para ayudar a su familia, la tristeza de que todas los centros de las ciudades acaben pareciendo lo mismo -igual que todas las mujeres y hombres con cirugía estética se acaban pareciendo a una misma señora- o la importancia de prestar atención, un artículo muy interesante. Estas tres se mezclan con las estúpidas declaraciones de la cantante Aitana sobre las infelicidades de su exnovio; pero ¿a quién le interesa esto?
Ni siquiera las interesantes y románticas noticias sobre el nuevo viaje a la luna logran apagar las de la Guerra de Irán. Inteligente maniobra la de T, pero no suficiente.
Quiero pensar que no es sino una táctica de supervivencia, de intentar por un momento olvidarse de la realidad y del feo mundo en el que habitamos. Siempre ha sido más fácil comentar una foto o un chiste que dar una opinión sobre una u otra noticia seria. La frivolidad es así, absoluta superficialidad. Qué pena. 

viernes, 3 de abril de 2026

TODOS RUBIOS CON LOS OJOS AZULES


Asquerosa
El clasismo dice que los racistas son siempre los pobres porque es ignorancia y no ideología. Qué más quisiera.
Najat El Hachimi, 03.04.2026

Los racistas siempre son esos descerebrados que gritan cánticos idiotas desde las gradas, esos que no ven en el espejo que son más moros que rubios noruegos. Ocho siglos de presencia musulmana en España bien que debieron dejar algún que otro rastro genético, pero el que se cree distinto del musulmán que no bote también vive en la fantasía de la pureza racial. “El problema no es que vinieran; es que luego se quedaron”, me soltó una vez un escritor justo antes de entrar a compartir mesa en un festival literario de enorme prestigio. Con el pelo más oscuro que el de todos mis abuelos juntos y la tez aceitunada, se expresó así en una catedral del debate intelectual. Y se quedó tan ancho. El clasismo dice que los racistas son siempre los pobres porque es ignorancia y no ideología. Qué más quisiera.

Me hubiera gustado que así fuera el otro día, cuando decidí pasar un rato en la zona de aguas de un gimnasio carísimo de la parte alta de Barcelona. Justo cuando estaba a punto de meterme en la piscina de burbujas, el único señor que ya estaba dentro se dirigió a mí con esa insolencia que solo tienen los hombres que no han limpiado un váter en su vida. “Te tienes que duchar”, me dijo. Y en vez de mandarlo a la mierda, me comporté como una buena ciudadana y le dije que ya venía limpia. Me hablaba en castellano forzado, gritando y despacio. Así se les habla a los salvajes y primitivos en los barrios ricos de mi ciudad. “¿Quieres tocarme para comprobar que estoy mojada?” No entendió la ironía, claro.

Tendría que haberle dicho que tenía una venérea, a ver si así se iba él y yo podía disfrutar del agua. Te llaman sucia, asquerosa, repugnante e infecciosa para que te vayas de los sitios en los que creen que no deberías estar. Vino al cabo de un rato, a hablarme en ese castellano para inmigrantes. Yo le respondí en el catalán con más vocales neutras y eles geminadas del que fui capaz para decirle que la mugre que él daba por sentado que cubría mi piel solo porque es más morena que la suya puede quitarse con agua y jabón, pero que su repugnante y enquistado prejuicio no se va ni con agua hirviendo ni con el desinfectante más potente. Entonces empezó lo típico cuando los racistas se encuentran con alguien que les planta cara: la negación, las acusaciones de paranoia. “¿Prejuicios yo? ¡Ninguno! Però què dius? Es que no sé si te has duchado o no. Bueno, bueno, no te lo tomes así y perdona si te he molestado". No señor, no me ha molestado que me llame sucia asquerosa. No es la primera vez ni la última. Por suerte, hace ya tiempo que sé que la roña está en sus ojos y no en mí, que el asqueroso es usted, el racista civilizado.

HOY COMO AYER

Win Mertens, *Their duet.

Que la música minimalista bebe de los clásicos no se puede negar, si no vean esta maravilla de Bach, escrita en el año 1722 y que perfectamente podría estar en cualquier disco de compositores como Philip Glass, Arvo Pärt o Win Mertens. ¿No están de acuerdo?
J.S. Bach, *Preludio en do menor.
Philip Glass, *Opening.

¡EUREKA!


Pastores que cobran de 3.000 a 6.000 euros al año por limpiar el monte con ‘ovejas bomberas’
Cada vez más comunidades pagan a ganaderos extensivos por servicios ecosistémicos que frenan los temidos incendios: “Si lo hiciera el Estado, le costaría mucho más”, dice una de las pastoras.
Miguel Ángel Medina, 02.04.2026

“Tau, ¡abre!”, grita Laura Martínez a uno de sus perros, que rápidamente gira y abre el rebaño para que cambie de dirección. “Arriba”, señala, y los animales obedecen, dirigiéndose hacia las faldas de un monte cercano a Bustarviejo. Esta ganadera lleva a sus cabras y ovejas a pastar a una zona designada como cortafuegos en la Sierra Norte de Madrid, por lo que la Administración le paga un dinero anual que, en su caso, ronda los 5.000 euros. “Es un reconocimiento a nuestra labor, pero la cantidad es muy pequeña. Si lo tuviera que hacer el Estado, le costaría mucho más”, se queja. Cada vez más comunidades pagan a rebaños bomberos por servicios ecosistémicos —limpiar el monte y crear cortafuegos— con cantidades que suelen oscilar entre los 3.000 y los 6.000 euros al año, aunque a veces es más. Pastores y ganaderos piden aumentar las ayudas para frenar el abandono de la ganadería extensiva, imprescindible para cuidar el monte.

Ese dinero no es la panacea, pero muchas veces ayuda a mantener este trabajo tradicional. “El acceso a los pastos es complicado, ha habido pastores que han podido poner cabras u ovejas porque con este sistema han accedido a nuevos pastos”, apunta Martínez, de 33 años, que regenta con su marido La Caperuza. Con su alrededor de 150 cabras, 25 ovejas y 100 vacas y terneros elaboran quesos artesanos y venden carne de ternera y cabrito de ganadería extensiva.


Además, gestionan 350 hectáreas en tres fincas, 50 de las cuales son cortafuegos designados por la Comunidad de Madrid, donde suele haber jaras y plantas aromáticas, que en verano son combustible para los incendios. “Lo ideal es tener vacas, cabras y ovejas, porque cada animal se encarga de un tipo de hierbas y matorrales: la cabra come más en alto y ramonea los arbustos, la oveja es más intermedia y la vaca prefiere las zonas más bajas”, dice, mirando al monte. En su caso, hacen rotación de pastos para que los suelos y la vegetación se recuperen.

Estos pagos se idearon más al sur. En 2007, se creó la Red de Áreas de Pasto-Cortafuegos de Andalucía (Rapca). “Hicimos una ecuación con índices para pagar a los pastores que tiene en cuenta la dificultad del terreno, la pendiente, el tipo de vegetación, la distancia al aprisco… Y también una metodología para ver cómo evaluar la labor. Con todo eso, se propuso un pago de 42 a 90 euros por hectárea”, explica Ana Belén Robles, investigadora de la Estación Experimental del Zaidín (EEZ-CSIC) y participante en esa primera experiencia, que todavía continúa. Los pagos no han variado mucho, aunque en otras comunidades —como Extremadura— pueden llegar hasta los 130 euros por hectárea. “Tiene que ver con esos servicios ecosistémicos que presta la ganadería extensiva, ya que la Administración se ahorra del 25% al 83% respecto a si tuviera que limpiar ese monte de forma mecánica”.


Fidel Delgado, presidente de la Asociación de Pastores por el Monte Mediterráneo, ofrece cifras actuales: “Unos 200 pastores extensivos cobran por estos servicios, aunque si hubiera más presupuesto se podría extender a casi 4.000. Y mantienen limpias unas 6.000 hectáreas”. Los contratos se hacen por licitación pública. “Al pastor se le encargan trabajos con criterios técnicos: los cortafuegos con más distancia de un camino, con más piedras… Sitios donde es más difícil llegar con las máquinas”, dice. La cantidad varía, según las hectáreas incluidas. “Un pastor con unas 400 ovejas viene percibiendo al final de año de 3.000 a 6.000 euros anuales”, dice.

Uno de ellos es Balta Juicio, de 59 años, que limpia con sus 500 ovejas —con las que produce leche y carne— un cortafuegos de unas 100 hectáreas en Lanjarón (Granada) y prefiere no decir cuánto le pagan por esta labor “para no despertar envidias”, aunque está en la parte alta de la horquilla. “Cuando llevas al ganado a las zonas de cortafuegos, comen los primeros días, pero luego hay que obligarlas y a veces hay que darles después pienso. Así que la ayuda sirve para comprar paja o pienso”. En su opinión, habría que hacer siembras en los cortafuegos para cultivar vegetales que inciten al ganado a permanecer más tiempo allí.

15 veces más barato que apagar incendios

Otra es Santiaga Martín, de 58 años, que pastorea con sus 400 ovejas un monte público en la Sierra María de Los Vélez (Almería): “Nos suelen pagar una media de 1.000 euros al año, que suelo usar para abonar los pastos por los que me cobran. Los técnicos de la Junta de Andalucía evalúan a final de año cómo han quedado las zonas y, según eso, nos pagan”. Cree que estas ayudas son un primer paso, pero hay margen de mejora: “Debería haber cada vez más pastores haciéndolo, pero no lo dotan de más partidas presupuestarias. Y es una pena, porque prevenir es 10 o 15 veces más barato que apagar incendios”. Delgado cree que las cantidades son muy pequeñas y dice que, en Andalucía, el precio no se ha actualizado desde 2007; aumentarlas, afirma, ayudaría a frenar el abandono de la ganadería extensiva.


¿Cómo funciona? Lo explica Jorge Izquierdo (62 años), que lleva a sus 3.000 ovejas, 40 cabras y alrededor de 600 vacas por Colmenar Viejo (Madrid): “Un ingeniero de montes de los bomberos nos enseña las fajas que hay que limpiar en un mapa. El retén forestal lo desbroza y nosotros hacemos mantenimiento con las ovejas para que no crezca la vegetación. El pastoreo en la faja puede durar 20 días, pero no puedes estar ahí todo el tiempo, porque la oveja se come lo que le interesa y lo que no le gusta tarda en comerlo”. En su caso, suele cobrar de 2.000 a 4.000 euros al año por estos servicios ecosistémicos.


Es lo mismo que hace Álvaro Martín Prieto, de 52 años, que con sus 400 ovejas limpia montes por Madrid —a veces llega hasta la Casa de Campo—, por lo que recibe unos 5.000 euros anuales: “El monte no se puede mantener sin los pastores. Los terrenos de media montaña, con poca agricultura, han sido abandonados, y ya en los veranos no hay una huerta, un prado segado, nadie hace leña, y al final se queman hasta los pueblos”.

Se hace también en Extremadura, que paga de 107 a 133 euros por hectárea de cortafuegos, a veces con un desbroce previo. “El programa sirve como prevención activa de incendios forestales, y además facilita a los pastores de caprino infraestructuras ganaderas en aquellas zonas que presentan mayor riesgo de incendio forestal”, señala un portavoz. Mientras, en la Comunidad Valenciana puede llegar a los 120 euros por hectárea, con un máximo de 8.000 euros por pastor.


Otro tanto impulsa el Cabildo de Gran Canaria, que paga a unos 40 pastores por crear lo que denomina como paisajes mosaico. “Los pastores van a las zonas designadas, que tienen alto riesgo de incendios, y pastorean ahí. Nosotros lo certificamos con GPS. Las ayudas pueden llegar a los 12.000 euros al año, lo que les sirve de ingreso complementario”, apunta Raúl García Brink, consejero de Medio Ambiente del Cabildo.


En Galicia tienen un proyecto, Life —con fondos europeos—, que contempla “un pago único compensatorio por mantener limpias durante 30 años 30 hectáreas de montes vecinales en Vilar de Gomareite (Ourense)”, como cuenta Serafín González, de la Misión Biológica de Galicia (MBG-CSIC). Allí, Samuel Formoso lleva a pastar sus vacas: “Mantienen la vegetación a raya y ayudan a salvar el cardiño da lagua (Eryngium Viviparum)”, apunta Formoso, que cede los 68.000 euros del pago a la Comunidad de Montes vecinales de la zona para recuperar el terreno, antes degradado.

Rebaños de fuego

En Cataluña, Ramats de Foc (Rebaños de fuego) impulsa un sello para reconocer los servicios ecosistémicos de los ganaderos. “Es un distintivo que se muestra en carne, quesos o leche cuyos rebaños ayudan a gestionar el territorio”, dice Merlès Martínez, coordinadora del proyecto de la Fundación Pau Costa. Ya se han sumado unos 100 rebaños. “Estamos intentando impulsar el pago por servicios ecosistémicos, que es imprescindible para el mantenimiento de los paisajes y la biodiversidad, y queremos que sea de unos 400 euros por hectárea. Si la administración tuviera que hacerlo, le costaría de 800 a 1.000”, añade Martínez. La decisión depende de la Generalitat de Cataluña.

De vuelta a la Sierra Norte de Madrid, Laura Martínez se protege del fuerte viento, mira a su rebaño y hace una reflexión similar: “Un retén forestal vale mucho más que limpiar el monte con cabras y ovejas. No nos pagan lo mismo que a las máquinas, pero sí es importante que le den valor al trabajo que hacemos”. Robles, del CSIC, concluye: “El monte no se puede mantener sin pastores, son los vigilantes de la montaña. Para ellos, el pago por los servicios ecosistémicos es un reconocimiento y una motivación”.

VIERNES SANTO


Ayer fui un día raro, Jueves Santo, del amor fraternal. No hice nada, l-i-t-e-r-a-l. Bueno, cociné -el ramen estaba muy bueno, me otorgué un 10 al plato-, leí un rato, me eché una siesta, vi la película "Pillion", que no me gustó y procrastiné con el trabajo, no termino una memoria atragantada. Acabó este día de fiesta viendo una española en NETFLIX, "53 Domingos", una suerte de obra de teatro con 4 actores que, la verdad, me aburrió y no terminé, yéndome a la cama a las 22:30h, como en los oscuros tiempos del Ayuntamiento.
Tras un sueño reparador -con muchas pesadillas también- empiezo este Viernes Santo con más ganas, a ver, nunca se sabe lo que finalmente deparará el día. Por lo pronto no hay calima, el cielo luce azul y la tórtola continúa empollando. Hoy prepararé una tortilla de papas para almorzar. 
Todavía no he tenido fuerzas para abrir el periódico y enfrentarme con las noticias desesperanzadoras de hoy, aunque sé que finalmente encontraré alguna positiva, así soy.